Calendario HIST.
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Historia
HISTORIA: v. CRONOLOGÍA.CALENDARIO LITÚRGICO. Con el adjetivo litúrgico, el c. toma el sentido de tabla en la cual se indican los ciclos y las fiestas que la Iglesia celebra en el decurso del año. Por una parte, se distingue del c. civil, ya que indica como principio del año una fecha diferente y variable y distribuye los periodos según criterios propios (v. AÑO LITÚRGICO) y, por otra parte, coincide con el civil en cuanto a la fijación de las fiestas no movibles.Formación del calendario litúrgico. Los orígenes y desarrollo del c.1. están estrechamente relacionados con la formación del año litúrgico (v.). Fundamentalmente, el c. l. depende del c. judío, fruto, a su vez, de diferentes culturas. La originalidad del c. judío es el valor de signo que le dieron sus autores; un sistema para distinguir, de forma racional, los días, las semanas, los meses y los años, equivalía a responder lógicamente a las reglas misteriosas que Dios ha impuesto a su creación (Gen 1,14 ss.). Los judíos instituyeron y fijaron en su c. las primeras fiestas religiosas, tal como lo hacían otros pueblos, partiendo de la observación de los fenómenos cósmicos; no obstante, los hebreos se distinguían de los demás por la santificación del sábado (v.), las memorias de las intervenciones divinas en su historia y por una serie de fiestas sin relación directa con los ciclos cósmicos (v. FIESTA II).En tiempo de Jesucristo, el c. oficial de los judíos era de base lunar; el año, de 354 días, se componía de 12 meses, de 30 y 29 días alternativamente. Como a cada año le faltaban il días para completar el ciclo solar, los iban sumando hasta formar un mes suplementario cada trienio con tres días más que los meses ordinarios; en la reforma romana, estos tres días se llamaron epactas, nombre que entró en el c.l. cristiano. También, posiblemente en esta época, existió otro c. descrito en el Libro de los Jubileos, que distribuía el año con base solar en 364 días, 52 semanas repartidas en cuatro estaciones de 13 semanas cada una; el mes era de 30 días, pero cada trimestre y luego cada siete años se debían agregar otros días, ya que los años y los meses resultaban cortos con respecto al curso solar. La coexistencia de dos c., con unos cómputos rudimentarios, ha dificultado el cálculo de la fecha exacta de la Pascua en que Jesucristo instituyó la Eucaristía (cfr. A. Jaubert, La date de la Cine, París 1958).Para conocer el origen del c.l. y la terminología empleada oficialmente en el mismo, además de la fuente judía se han de tener en cuenta los c. griego y romano. Según el griego, los ciclos del tiempo duraban 19 años, de acuerdo con el número de oro, es decir, conforme a la óbservación de que cada 19 años las fases de la Luna se repiten en los mismos días; aunque esta división no era perfecta desde el punto de vista astronómico, el número de oro se inscribió en los c. cristianos y se empleó particularmente para determinar la fecha de la Pascua. En cuanto a los c. romanos, sabemos que poco antes de la Era cristiana (45 a. C.) se impuso para el Imperio romano la reforma del c. decretada por julio César: se estableció que el año constara de 12 meses, a partir del mes de marzo. Los meses se distribuían en 30 6 31 días, excepto el último, febrero, que tenía 28 y, cada cuatro años, 29. El primer día del mes, en que se festejaba la Luna nueva, se llamaba calendas; el 13 6 15, según los meses, correspondientes al plenilunio, recibía la denominación de idus; nonas era el nombre que designaba el primer cuadrante de la Luna. El día se repartía en cuatro horas, prima, tercia, sexta y nona, y la noche en cuatro vigilias. De estas divisiones nació la distribución de las horas canónicas cristianas, de santificación del tiempo por la plegaria, que entraron a formar parte de la terminología de los c.l., al igual que las referentes a las reparticiones del mes (v. OFICIO DIVINO).Al multiplicar los ciclos lunares (19 años) con los solares (28 años según el cómputo romano), se obtuvo una tabla que permitía conocer las fechas de la Pascua y de las fiestas que dependen de la misma, durante 532 años. Con el fin de saber el día y el domingo en que da comienzo el año litúrgico, se compuso otra tabla siguiendo la reforma de julio César, y se introdujo en el c.1. con el nombre de letras dominicales.Cabe notar todavía en relación a la terminología de los c. l., que éstos han continuado usando básicamente la forma hebrea de numeración de los días: primero, segundo, etc., hasta el sábado. Delante de la numeración ponen el nombre de feria, siguiendo así a los romanos, pero no en el sentido de fiesta que éstos daban al vocablo. La única innovación cristiana ha sido el cambio de nombre a la feria primera por el de día del Señor o Domingo (v.). En cuanto a la denominación de los meses, se adoptó la romana.Los calendarios litúrgicos. Lo mismo que el año litúrgico, inicialmente el c.I. se estructuró a partir de la fiesta de la Pascua (v.); de la Pascua dependen los ciclos litúrgicos más importantes. La determinación de la fecha de la Pascua fue un caballo de batalla entre los primeros cristianos; es famosa la controversia que a este respecto se suscitó en el s. ii. El conc. de Nicea (a. 325; v.) determinó que se celebrara la fiesta de la Pascua después del equinoccio de primavera (fijado en el 21 de marzo), el domingo siguiente a la aparición de la Luna nueva (cfr. H. Leclerq, Páques, en DACL XIII,15211559).Sin embargo, los primeros c. l. cristianos que se conocen no se refieren a los ciclos del Temporal, sino a las fiestas no movibles del Señor y de los santos. El más antiguo que ha llegado hasta nosotros es del 354. Escrito por F. D. Filocalo, consiste en una lista indicativa de los fastos romanos y de las festividades tradicionales paganas, con unas referencias a los datos de la muerte, aniversario y lugar de sepultura de los Papas en Roma, desde Lucio (m. 254) hasta Silvestre (m. 335), y de los mártires a los que se daba culto. Cabe notar que encabeza la lista la fiesta de Navidad.Hacia el 363 se redacta un c. para la iglesia de Antioquía, "con los nombres de nuestros señores los mártires y los victoriosos, con los días que recibieron su corona", del que poseemos la versión siriaca. Contiene una lista de los mártires anteriores a Diocleciano (v.), * llamados "antiguos", los de la "gran persecución", empezada bajo el mencionado emperador, y los de la persecución de Juliano el Apóstata (v.). Forma parte del c. la fiesta de la Epifanía y la memoria de "todos los confesores de la fe" (viernes después de Pascua).Aunque no hayan llegado hasta nosotros, al menos de una forma completa, se puede suponer que todas las iglesias locales poseían ya en el s. iv sus c.l. propios. De hecho, desde esta época, en la que se va formando el año litúrgico, aparecen por doquier los primeros esbozos de lo que serán más tarde los c. l. Éstos se irán desarrollando hasta ya entrada la Edad Media, pero, sobre todo en Occidente, desaparecerán y serán sustituidos por el común como consecuencia de la unificación de la liturgia. No obstante, han subsistido siempre en las diferentes comunidades cristianas algunas fiestas indicadas en sus c.1. propios.Para la elaboración de los c. l. han tenido un gran influjo los martirologios (v.), compilaciones que recogen los nombres de los santos de las diferentes iglesias. El más antiguo conservado, falsamente atribuido a S. jerónimo, es de la mitad del s. v; fue base de los posteriores, y menciona de ordinario tan sólo el día, el lugar y el nombre de cada santo; algunas veces añade una breve noticia sobre las circunstancias que acompañaron su muerte. Durante la Edad Media hay una gran profusión de martirologios, en los cuales, no siempre con criterios científicos, se resumen las vidas de los santos y se señalan las festividades del ciclo Temporal. En 1584, Gregorio XIII (v.) decide poner fin a los abusos introducidos en los martirologios y ordena que se prepare una edición depurada del Martirologio Romano. Se suceden diversas ediciones, siempre revisadas, hasta que Pío X, en 1913, publica la edición típica, añadiendo las fiestas más recientes; después, gracias a la obra de los bolandistas (v.), se han hecho más correcciones. El proceso seguido por los martirologios ha contribuido a formar y revisar el c.l.Hacia un nuevo calendario. Gregorio XIII (m.1585), además de la reforma del martirologio, quiso corregir las deficiencias del c.l. tradicional, de acuerdo con los avances de la ciencia. Seguir el cómputo de Julio César significaba dejar cada año 11 minutos sin contar; lo que sumaba un día cada 128 años. Esta cantidad imponía un retraso en la fecha de la Pascua cada vez mayor; en el s. xvi el equinoccio real de la primavera correspondía ya al 11 de marzo del c. Para enmendar el error se añadieron 10 días, volviendo a coincidir en el 21 de marzo el equinoccio real con el convencional, según lo establecido por el conc. de Nicea; con el fin de minimizar el error que aún quedaba, se decidió suprimir los días bisextiles cada cuatro siglos. Más o menos pronto, la mayoría de naciones se adherieron a esta reforma, pero los cristianos ortodoxos juzgaron arbitraria la decisión, por lo cual las diferencias sobre la fijación de la Pascua han continuado.La reforma del c.l. de Gregorio XIII tenía una perspectiva claramente litúrgica. Con todo, el contenido interno del mismo siguió el proceso de la decadencia y de las revisiones litúrgicas posteriores. En el s. xvi el Santoral se ha impuesto sobre el Temporal; en el c. l. sé distribuyen las fiestas según categorías o grados, existentes ya en la Edad Media, pero aumentados en esa época: dobles de primera y segunda clase, dobles mayores y ordinarios, semidóbles y simples; muchas fiestas de los santos (dobles) e incluso de devoción, prevalecían sobre los domingos, considerados como semidobles. A pesar de diversos intentos paila poner fin a este estado de cosas, es en el s. xx, con S. Pío X, cuando se produce una primera revalorización del domingo. En el pontificado de Pío XII se publica un documento importante para la reforma del año litúrgico, y consecuentemente del c.: el decreto Cum hac nostra aetate (en AAS, 22 abr. 1955), y durante el de Juan XXIII otro, presentado como Código de rúbricas del Breviario y del Misal (en AAS, 15 ag. 1960). En el primero, se insiste sobre la primacía del domingo; se suprime la categoría del semidoble; se dejan sólo las octavas de Navidad, Pascua y Pentecostés; se consideran únicamente como privilegiadas las vigilias de Navidad y de Pentecostés; se reducen muchas fiestas de santos; en una palabra, se pone más de relieve y se da primacía al sentido del Temporal. En el nuevo Código de rúbricas, además de concretar mejor las disposiciones del documento anterior, se suprimen fiestas del Santoral duplicadas y algunas de las que carecían de fundamento histórico, además de otras de devoción, y se simplifican las categorías de la fiesta y sus prolongaciones. A partir de entonces, las fiestas se dividen en fiestas de primera, segunda, tercera y cuarta clases. Se precisan los límites de los ciclos litúrgicos, y para favorecer aún más la purificación del c.l. universal de la Iglesia, se promueven los c.l. propios de las diócesis y de las órdenes religiosas.,El nuevo calendario litúrgico. El conc. Vaticano II indicó que no se oponía a la fijación de la Pascua en un domingo determinado si dan su consentimiento los que están interesados, especialmente los hermanos separados de la comunión con la Sede Apostólica. Tampoco se opone a las gestiones de la autoridad civil, en orden a introducir un calendario perpetuo en la sociedad, siempre que se garantice la semana de siete días con el domingo, a no ser que existan razones gravísimas en contra, de las que juzgaría en su momento adecuado la Sede Apostólica (cfr. Apéndice a la Const. Sacrosanctum Concilium, n° 1 y 2).La reforma del año litúrgico pedida por el Vaticano II (Sacr. Conc. 107) exigía la reforma del c.; el nuevo c. ha sido promulgado el 21 mar. 1969, y publicado en edición típica, ese mismo año, por la Políglota Vaticana. Los principios que se han seguido en la revisión del c. han sido: en primer lugar asegurar la preeminencia de la celebración del misterio de Cristo sobre las fiestas de los santos, principio ya seguido en las anteriores revisiones del c., y en segundo lugar adaptar la celebración del misterio litúrgico a la situación de la Iglesia en el mundo actual. El Santoral ha sufrido modificaciones de acuerdo con los criterios siguientes: a) universalidad católica: no sólo en gran mayoría santos romanos; b) universalidad de la vida cristiana: no sólo religiosos o clérigos; c) representatividad en la expresión de la santidad: no sólo un género de santidad, sino muchos aspectos de la misma; d) testimonio de la historia plurisecular de la Iglesia: que todos los siglos estén representados en el c.; e) actualidad: si se exceptúan los misterios de la vida de Cristo y de la Virgen, la historia de la piedad cristiana ha seguido una línea parabólica: en alguna época el culto a algún santo ha sido muy apreciado y luego se ha ido apagando poco a poco. En todos los trabajos de la revisión del c. se ha tenido en cuenta una investigación histó. rica muy profunda. V: t.: AÑO LITÚRGICO;FIESTA III y IV.A. ARGEMÍ ROCA.
BIBL.: H. STERN, Le Calendrier de 354, París 1953; B. MARIANI, Breviarium Syriacum, Roma 1956 (ed. del c. de Antioquía); H. DELEHAYE, Commentarius perpetuus in Martyrologium Hieronymianum ad recensionem H. Quentin, Bruselas 1931; H. QUENTIN, Les Martyrologes historiques du moyen dge, París 1908; R. AIGRAiN, L’Hagiographie, ses sources, ses méthodes, son histoire, París 1953; H. DELEHAYE, Martyrologium Romanum ad formam editionis typicae scholüs historicis instructum, Bruselas 1940; N. NILLEs, Kalendarium Manuale utriusque Ecciesiae orientalis et occidentalis, Innsbruck 1896; N. MAURICE DENISBOULET, El calendario cristiano, Andorra 1961; C. SÁNcHEz ALISEDA, El calendario litúrgico romano, "Rey. española de Teología" 8 (1948) 409455; L. MEESSEN, Oecumenisme et réforme du calendrier, "La MaisonDieu" 81 (1965) 107128; R. GAzEAu, La réforme du calendrier, "Ephemerides Liturgicae" 76 (1962) 389417; A. DIRKS, Les travaux du "Consilium" sur la réforme du calendrier liturgique et du psautier, "Orientations pastorales" 102 (1965) 275282.
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