Caciquismo LIT.
Categoria:
Literatura
La palabra "cacique" se incorporó a la lengua castellana, procedente al parecer de la lengua de Santo Domingo, en tiempos del descubrimiento de América. Los caciques eran los jefes de tribus o reyes en América Central y del Sur. Era institución normal entre los aborígenes americanos. Pero posteriormente, el término llegará a tener un sentido de fenómeno político de gran generalidad y de corrupción política y social. Así, Pratt Pairchild, define el c. como: "Forma corrompida de ejercicio del poder político o administrativo por una persona o cacique, fundándose en arbitrarias consideraciones de índole personal o parcial que da lugar a peligrosos abusos. Generalmente el cacique tiene una base local y arraiga con más facilidad en las comunidades rurales o de bajo nivel cultural". Es un fenómeno más histórico que actual, especialmente agudizado en el s. xix, basado en unas condiciones que el progreso social, político y técnico tienden a hacer desaparecer. pobreza, ignorancia, pasividad, débil espíritu de asociación, falta de autonomía en la comunidad local (por eso en los países anglosajones no se da) y subdesarrollo en conjunto. También suele llamarse c. al sistema político en el que la democracia parlamentaria es falseada por una oligarquía que controla extralegalmente los órganos de gobierno. Entendida de una u otra forma se habla de 61 sobre todo con relación a España e Hispanoamérica.El caciquismo en España. El fenómeno del c. es especialmente característico del s. ’xix español, aunque posteriormente ha seguido teniendo manifestaciones en la vida política del s. xx. A su auge contribuyó la azarosa vida social y política del xix y el que los mismos partidos políticos se apoyasen frecuentemente en 61 para sus programas. Aunque la mayoría de los escritores y políticos han criticado duramente el fenómeno, no han faltado, sin embargo, algunos que lo consideraban como algo inevitable o que veían en 61 si no un hecho política y socialmente positivo, sí al menos algo que podía ser utilizado para efectos buenos. Así, p. ej., Antonio Maura (v.), al menos en alguna época de su vida, sostenía que el c. "es un órgano indispensable de la vida nacional, el único que puede salvar a España de la anarquía". Sánchez Toca lo calificaba como "patriciado natural", y asimismo formulan juicios favorables al c. el marqués de Campo Grande y Gregorio Marañón (v.).Pero la mayoría de los autores, como hemos dicho, se han opuesto resueltamente al c., por considerarlo perjudicial para el desarrollo político del país, además de ver en él el responsable del retroceso en la preparación política de las masas rurales. Buen exponente de esa actitud negativa es la opinión de Joaquín Costa (v.; o. c. en bibl.): "El sustantivo cacique lleva consigo el adjetivo malo, aunque no se exprese y sin necesidad de expresarlo, como lo lleva implícito el sustantivo "ladrón", el sustantivo "estafador". Y no cabe distinguir entre caciques buenos y caciques malos, por la misma razón que no cabe se distinga entre estafadores buenos y estafadores malos, entre homicidas buenos y homicidas malos. Habrá en la aplicación grados y atenuaciones, pero el principio es siempre uno mismo: ¡si es bueno, no es cacique! ".En esa misma linea Lucas Mallada (v.; o. c. en bibl.) afirmaba: "Los repetidos y azarosos cambios liberales de nuestros siglos han sido impotentes para exterminar el caciquismo, el mayor enemigo que en España tienen la libertad y la democracia. En el fondo subsistía tan poderoso y tan influyente por más que al exterior fuera cambiando de trajes, y unas veces cubriera su cabeza con una boina, otras con el morrión del miliciano y otras con el gorro frigio". Gumersindo de Azcárate dijo que el cacicato era la "constitución real" de España y no la escrita y promulgada el 30 jun. 1876, y el célebre penalista y sociólogo Salillas escribió que "el cacicato es nuestra verdadera constitución política" (o. c. en bibl.). Por su parte, Costa señalaba que el c. en España "forma un vasto sistema de gobierno, organizado a modo de una masonería por regiones, por provincias, por cantones y municipios, con sus turnos y sus jerarquías, sin que los llamados Ayuntamientos, Diputaciones provinciales, alcaldías, gobiernos civiles, audiencias, juzgados, ministerios sean más que una sombra y como una proyección exterior del verdadero gobierno..." y, en otro lugar, afirmaba: "El Sr. Moret dijo que el caciquismo es consecuencia de la centralización administrativa; que no contando éste con la savia de la opinión, se sostiene manteniendo al caciquismo, para que éste le dé el triunfo en las elecciones". Y un periódico del siglo pasado, en pasaje que recoge Costa decía: "El exagerado centralismo de la Administración pública pone en manos del nuevo señor feudal armas mucho más poderosas que las que hicieron posibles las opresiones de los tiempos medievales... ".En cualquier caso, hay que decir que se trata de una realidad ya superada, al menos en líneas generales, aunque pueda pervivir en algún territorio o sector aislado. Nuevas circunstancias sociales, culturales y técnicas, la emigración en muchos casos redentorá, las mayores posibilidades de promoción de las clases menos favorecidas, las mayores posibilidades de comunicación e información, los mismos cambios en la forma de funcionamiento de la Administración pública, etc., fueron primero limitando y luego haciendo desaparecer el c. de los medios rurales. No es ciertamente que en esos medios todo esté resuelto y no quepa hablar con respecto a ellos de problema alguno, pero se trata de problemas nuevos, diversos de los que en torno al c. existían.Caciquismo en Iberoamérica. En Iberoamérica hay un fenómeno que muestra cierta semejanza fundamental con el c. español, si bien en la mayoría de aquellos países presenta modalidades por los problemas derivados de la condición social del indio y el mestizo frente al criollo o al extranjero de cualquier origen. Algunos autores ponen en relación ese fenómeno con los problemas surgidos al acabar la época colonial, sosteniendo que al producirse la independencia no siempre se consiguió sustituir las estructuras de gobierno de la colonia por otras nuevas que fueran a la vez democráticas y eficientes. De esa forma dice julio Icaza Tigerino (o. c. en bibl.) la reforma emprendida "consiguió enemistar y enfrentar a los antiguos señores con su pueblo, convertirlos en explotadores de masas, en demagogos políticos que llevaban a sus campesinos a la revolución o a las urnas electorales de la misma manera que los antiguos señores medievales llevaban sus mesnadas a la guerra... El personalismo esencial de nuestros pueblos, propio de su tradicional feudalismo, impedía la creación y funcionamiento de entidades como la Administración, el Fisco, etc., con el carácter impersonal del Estado liberal moderno".Conviene señalar, sin embargo, que esos juicios deben ser matizados teniendo presente las diferencias que existen entre los diversos países hispanoamericanos: países con población predominantemente de origen europeo y fuerte clase media (como Argentina, Chile o Uruguay), países con fuerte mestizaje (como México), países con población india numerosa y no plenamente integrada (como Perú o Bolivia), etc. Por lo demás, también aquí, con los cambios sociales, las eventuales manifestaciones de c. tienden a desaparecer o han desaparecido ya.J. TOBÍO FERNÁNDEZ.
BIBL.: J. COSTA MARTÍNEZ, oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España, urgencia y modo de cambiarla, Madrid 1901; E. GIL ROBLES, oligarquía y caciquismo. Naturaleza, causas, remedios, urgencia de ellos, Salamanca 1901; J. ICAZA TIGERINO, Sociología de la política hispanoamericana, Madrid 1953; R. MACfAS PICAVEA, El problema nacional. Hechos, causas y remedios, Madrid 1899; L. MALLADA, Los males de la patria y la futura revolución española. Consideraciones generales acerca de sus causas y efectos, Madrid 1890.
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