Burke, Edmund
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Biografía GER
N. en Dublín ca. 12 jun. 1729, de padre protestante y madre católica. Se educó en el Trinity College. Desde que en 1750 dejó Irlanda para cursar Derecho en el Middle Temple, su carrera pertenece a la política inglesa. No obstante siempre insistió en la defensa de los católicos irlandeses incluso después de retirarse de la vida pública. M. en Beaconsfield el 8 jul. 1797.Parlamentario whig, de temperamento impetuoso y espíritu poco sistemático, no escribió ningún tratado. Sus ideas se expresan en cartas, discursos y panfletos de ocasión, lo cual da lugar a contradicciones aparentes. Orador de gran estilo, anuncia el romanticismo en Inglaterra, si bien él mismo no es todavía un romántico. En la historia del pensamiento inglés su figura señala el límite entre dos centurias y, tal vez, como filósofo político, solamente Locke pueda comparársele. Su pensamiento pertenece al estilo de la sabiduría ciceroniana. Está muy influido por la tradición tomista y por el pensamiento político y filosófico ingleses, especialmente por Hume; su respeto religioso por la tradición y su admiración por la edad de la caballería le convierten en precursor del romanticismo. Su única obra teórica versó acerca del origen de los sentimientos estéticos, a favor de la emancipación del sentimiento y del instinto contra la razón.
Los aspectos claves de su carrera fueron su intervención apasionada a favor de la libertad de los colonos americanos en su disputa con los ingleses, y en la cuestión India contra el gobernador Warren Hastings, así como su oposición a la Revolución francesa. Todo esto le dio ocasión de exponer magistralmente su concepción de los principios del sano gobierno, si bien pocos han sido más adversos que él al dogmatismo. Por eso resulta ante todo un contradictor del racionalismo político: la historia no puede ser objeto de especulación porque consiste en un largo depósito de tradiciones, de prudencia y de moral incorporados en los usos y en las civilizaciones; niega que las constituciones puedan hacerse: sólo pueden crecer gracias a la acumulación del "patrimonio razonable de los siglos". B. odia las abstracciones y admira la Constitución inglesa porque establece y refleja realmente las libertades concretas de los ingleses. Es como "un estado particular del pueblo de este reino, sin ninguna referencia a cualquier otro derecho más general o anterior". Veía en la tradición política el oráculo que el estadista debe consultar y el resumen de los resultados conseguidos. Es incluso árbitro de la razón. Por eso sus creencias políticas fundamentales, que fueron siempre las mismas, pueden resumirse en que las instituciones constituyen un vasto y complicado sistema de derechos prescriptivos y de observancias consuetudinarias; que esas prácticas son hijas del pasado y se adaptan al presente sin solución de continuidad y que la tradición constitucional y social debe ser reverenciada como la religiosa porque constituye el resultado de la inteligencia y de la civilización colectiva.
Su escrito más importante lo constituyen las Reflexiones sobre la Revolución francesa, escritas con ocasión de un elogio de la misma pronunciado por el no conformista Dr. Richard Price en la Sociedad Revolucionaria, y de un sermón del mismo. B., inicialmente, había visto con simpatía la Revolución, interpretándola como movimiento popular contra el absolutismo; pensaba que se inspiraba en la práctica inglesa y en el ejemplo norteamericano. Sin embargo, sus excesos, que culminaron en el guillotinamiento de la familia real, le convirtieron en su más encarnizado adversario. Por eso B. señala la ruptura entre la tradición inglesa del liberalismo, empíricamente conservadora y evolucionista a la vez y la tradición del liberalismo "galicano" o francés, racionalistamente revolucionaria y jacobina. B. creía profundamente que el hombre nunca podía llegar a ser amo clarividente de su destino.
Su idea central es la libertad, que debe ser "viril, moderada y ordenada".Rechaza la libertad abstracta que proclamaban los revolucionarios y contrapone su doctrina de las libertades concretas, que ya expusiera al defender a los colonos norteamericanos. La libertad es producto de un proceso histórico afincado en las costumbres, en los hábitos, en los sentimientos. Por ende, los problemas políticos no se centran en la verdad y en el error, sino en el bien o en el mal como límite, y, desde luego, en lo que conviene al temperamento del pueblo. La novedad de la Revolución consiste en ser "la primera revolución filosófica" llevada a cabo por hombres que desprecian el poder del azar y olvidan que "tal vez la única cosa de la cual, con alguna seguridad, somos responsables, es tomar en cuenta nuestro tiempo". Frente a la abstracta "Declaración de derechos" invoca lo particular, lo único, lo "maravilloso de las diferencias naturales de lugar, tiempo, costumbres, experiencias y personas". La naturaleza no es un universo racional, sino aquello en que la Providencia permite que participemos de modo normal. La igualdad como principio político es contra natura. La sociedad que deriva de convenciones es el verdadero estado de naturaleza. Su fin es proteger los derechos de los hombres mediante la victoria de la virtud sobre las pasiones. Entre esos derechos, por tanto, se cuentan el de ser gobernado, el derecho a las leyes y el derecho a las sujeciones.
Postula el gobierno de una "aristocracia natural" caracterizada por la práctica de la disciplina personal y de virtudes severas. Le horroriza el legalismo en el sentido de racionalización de las funciones sociales. Éstas las desempeña cada uno de modo espontáneo y natural. Repudia la idea de representación política como legalización de una abstracción. El gobierno supone una minoría interesada en el bien público y un parlamento en el cual ésa pueda ser criticada y donde un partido pueda exigirles responsabilidad en interés de todo el país. En un discurso clásico defendió la independencia de juicio y de acción del parlamentario el cual, una vez elegido, responde del interés total de la nación y debe a sus electores su mejor juicio libremente aplicado, tanto si coincide con ellos como si no. Fue el primero que vio con claridad el papel del partido político en un régimen parlamentario. Enemigo de las ideas abstractas en política, demasiado sencillas para encajar en los hechos, consideró la Revolución francesa como castigo de Dios. Su doctrina, además de determinar una línea de pensamiento liberal que se prolonga en los países anglosajones y en Tocqueville y en algunos pensadores continentales aislados, influye también en el pensamiento contrarrevolucionario, de tradicionalistas como De Maistre, De Bonald, etc.
D. NEGRO PAVÓN.
BIBL. : Fuentes: Collected Works, ed. W. WILLIS y F. W. RAFFETY, 1906-07; Reflexiones sobre la revolución francesa, Madrid 1954; Textos políticos, México 1942. Tratados: I. TOUCHARD, Historia de las ideas políticas, Madrid 1961; G. H. SABINE, Historia de la teoría política, 2 ed., México 1963, 445- 454; I. I. CHEVALIER, Los grandes textos políticos, Madrid 1955; C. BRINTON, Las ideas y los hombres, Madrid 1957.Guarda este contenido en tu perfil
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