Buffon, Conde de (Georges-Louis Leclerc)
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Biografía GER
I. Vida y obra científica. II. Literatura.I. VIDA Y OBRA CIENTÍFICA. Científico naturalista francés, n. en Montbard (Borgoña), cerca de Dijon, el 7 sept. 1707 y m. el 16 abr. 1788 en París. De familia rica, recibió una educación esmerada, primero en Francia, luego con estudios en Inglaterra, de lo que le vino la admiración por los científicos ingleses, traduciendo la obra mecánico-fisiológica de S. Hales Vegetable Statics (1735) y las Fluxiones de Newton (1:740). Esto le valió su elección como académico, no por ser naturalista, sino por considerársele físico y matemático. Sin embargo, al ser nombrado intendente del jardín real, el famoso Jardin des Plantes, empezó a ocuparse de Historia Natural, entendida por él no en el sentido sistemático de Linneo, contra el que intentó polemizar, sin que este gran botánico y zoólogo tuviese en cuenta a B. para nada, sino en el sentido descriptivo y literario de Plinio, a quien tomó como modelo para la publicación en 1749 de tres volúmenes de Historia Natural que aparecieron bellamente editados en París. El resto de su vida se dedicó a ampliar esta su obra fundamental; en 1788 se había publicado una edición con más de 30 tomos, de la que se han hecho numerosas reediciones y traducciones a otros idiomas. Por dicha obra se le considera naturalista y, además, un gran escritor (en el vol. X de la Historia Natural se recoge el célebre Discurso sobre el estilo); también se le ha incluido a veces entre los enciclopedistas, pero, en verdad, este autor no formó parte de dicho grupo de científicos, literatos y filósofos.
Atento a todas las tendencias científicas y novedades de su época, recogió los estudios anatómicos de Daubenton, siguió el método expositivo de Condillac, se adscribió al pensamiento y teorías embriológicas de los epigenistas, siguiendo a Bonnet, pero, sobre todo, describió los hechos de la naturaleza, el volcanismo, la vegetación, los animales, sin seguir ningún método u ordenación sistemática y aún más, negando valor y significado a la sistemática de su contemporáneo Linneo. Por sus intentos para explicar la vida y costumbres de los animales en relación con el ambiente en que viven y atendiendo a su distribución geográfica, se le suele considerar como fundador, o al menos precursor, de la ecología animal. No podemos olvidar, sin embargo, el papel importante que en ese aspecto desempeñaron los grandes historiadores de Indias y naturalistas españoles del s. XVI, singularmente Gonzalo Fernández de Oviedo y el jesuita P. José de Acosta, tal como ha señalado, con toda objetividad, el gran historiador de la zoología Víctor Carus.El conocimiento de la vida y obra de B. se puede tomar de sus propias publicaciones, tales como la Histoire Naturelle (1749), Epoques de la nature (París 1778) y, sobre todo, en su vasta Histoire naturelle, générale et particuliere, 36 tomos, París 1749-88. Además, tenemos la biografía de Henry de Buffon titulada Buffon, sa famille, ses collabora!eurs e! ses familiers (París 1863), y las notas biográficas de Lebasteur Collec!ion des Classiques Populaires (París 1859) y de L. Roule, Buffon et la descrip!ion de la nature (París 1924). La importancia y el significado de B. en la Historia Natural y, sobre todo, en la Zoología están ampliamente estudiadas en las obras de Radl y en la de V. Carus, que se citan en la bibliografía.
Dejó B. un discípulo predilecto, Lamarck, que tanta importancia tuvo en el desarrollo de las doctrinas que él llamó transformistas.
BIBL. : E. RADL, Historia de las teorías biológicas, la parte, trad. F. DIEZ MATEO, "Rev. de Occidente" cap. XI, Madrid 1931, 268-295; iD, Historia de las teorías biológicas, 2a parte, trad. F. GARCIA DEL CID, "Rev. de Occidente", cap. I y II, Madrid 1931, 1-20; V. CARUS, Histoire de la Zoologie, trad. francesa P. O. HAGENMI!LLER, notas A. SCHNEIDER, París 1880, 414-418.
RAFAEL ALVARADO.
II. LITERATURA. El envejecimiento de las obras científicas es un fenómeno natural y hoy cuesta trabajo leer un tratado de Historia Natural o de Anatomía escrito hace dos siglos. Sin embargo, las obras de B. todavía se leen con agrado, aunque sus teorías científicas estén ya superadas, lo que, sin duda, ha de ser atribuido a los valores literarios que contienen. Es seguro que cuando la Academia Francesa, en 1753, decidió elegirlo como miembro (sin que B. hubiera presentado su candidatura, como es costumbre), los académicos tenían conciencia de lo que en las obras de B. correspondía más a la estética que a lo científico, pero a lo que el naturalista atribuía un valor fundamental: el estilo. "Estas cosas (los conocimientos) están fuera del hombre, pero el estilo es el hombre mismo" y las bellezas que encierra son "más preciosas para el espíritu humano que las que puedan constituir el fondo del asunto", escribió precisamente en el Discours sur le style, pronunciado en el día de su recepción como académico y que es la única obra de B. dedicada a materias ajenas a su específico campo de estudio. En el Discours se contiene un conjunto de normas dirigidas más que a los literatos a los científicos que escriben o desean escribir.
El estilo, tal como B. lo considera, es lo contrario de una retórica y, a veces, resulta un poco rígido por estar demasiado sujeto a normas. Se podría definir como un estilo científico, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta el carácter del formulador de los preceptos. La primera regla debe ser el orden. Las ideas han de estar perfectamente claras y ordenadas, condición indispensable para conseguir la armonía. La belleza no se conseguirá por el rasgo ingenioso sino que procederá del perfecto ensamblamiento de las partes y de la exactitud de las palabras elegidas: "Escribir bien es, a la vez, pensar bien, sentir bien y expresarse bien". La fantasía ha de ser excluida. Frente a Rousseau y a Diderot, amigos del ornato y de los neologismos, B. cree, con Voltaire, que la lectura de los clásicos debe bastar como fuente de vocabulario.
De acuerdo con el ideario clásico, el estilo ha de ser el reflejo directo del pensamiento y es lo más valioso de la obra escrita. "Las obras bien escritas son las únicas que pasarán a la posteridad", "el estilo no puede desaparecer, ni transportarse, ni alterarse: si es elevado, noble, sublime, el autor será igualmente admirado en todos los tiempos; porque no hay más que la verdad que sea duradera e incluso eterna. Y un estilo bello no lo es, en efecto, más que por el número infinito de verdades que manifiesta".
C. ALONSO BLANCO.
BIBL. : BUFFON, Recueil d’études, París 1952; E. GUYENOT, Les Sciences de la vie aux XVlIe et XVllle siecles, París 1940; I. ROGER, Les Sciences de la vie au XVllIe siecle, París 1963.
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