Brujas, Escuela de (pintura) ARTE
Categoria:
Arte
El amplio prestigio alcanzado desde sus talleres de B. por la producción de H. Memling (v.) y de G. David (v.) motivó un natural deseo, por parte de los amantes de la pintura, de poseer a toda costa obras de los dichos artistas o de otros a ellos afines. De aquí el enjambre de pintores que actuó en la indicada ciudad durante la primera mitad del s. xvi, pero ya en plano de inferioridad respecto a los ilustres aludidos. Pronto llegaría el momento en que B., con su canal marítimo obstruido, viera su progresiva ruina comercial y artística y el irremediable traspaso de su gloria al puerto de Amberes.Con todo, se impone una breve revisión de los últimos pintores de B., y a la cabeza debe figurar Adriaen Isenbrandt, acaso nacido en Haarlem ca .1455, pero trasladado a B. donde obtuvo el título de maestro pintor el 29 nov. 1510, como discípulo de G. David. En 1536 era directivo de su gremio y m. en julio de 1551. Es preciso recordar que no firmó ninguna de sus obras, pero las muchas que se le atribuyen son de absoluta unidad estilística, con abundancia de versiones de la Virgen y el Niño ante fondos arquitectónicos o bien de dulces y pintorescos paisajes, que todavía trata este maestro con el amor y el pormenor de los mejores cuatrocentistas. Pieza maestra de su producción es Nuestra Señora de los Dolores, en la iglesia de S. María, de B., con el curioso expediente de presentar a la Dolorosa ante un retablo de fantástico renacentismo cuyas fingidas pinturas vienen a ser efectivo acompañamiento de la figura central.Artista acaso menos delicado pero más cuantioso será Ambrosius Benson, de fecha y lugar de nacimiento oscuros, desde luego italiano, pero que el 21 ag. 1519 ingresaba en la gilda de pintores de B., ciudad en la que muere en enero 1550, no sin, a lo que parece, haber actuado en España. En efecto, se advierte en su considerable producción gran cantidad de acentos italianos, pero los que predominan, sin duda a instancia de las clientelas, son los flamencos. Así, hace pasar a su repertorio temas propios de Flandes como el de la Virgen Deípara con acompañamiento de sibilas y profetas (Mus. de Amberes), y en verdad, lo trata con mayor fuerza y convicción que otros de sus colegas. Aparte otros temas religiosos, uno de los géneros más afortunados de Ambrosius Benson es el retrato, tanto masculino, ya de pleno espíritu renacentista, ya sin débitos primitivos, como femenino, en este caso usando del expediente un tanto reiterativo de presentar a sus retratadas como sibilas o como la Magdaléna. Y, en fin, no se olvidará su presagio del concepto de desnudo femenino, luego tan reiterado en la pintura flamenca, mediante su airosa Eva (Col. de Pret, Vordensteyn, Schoten). Pero, en verdad, lnsenbrandt y Benson son las dos únicas figuras importantes de la casi extinta Escuela de B.Todavía se puede mencionar a actuantes de tercera categoría, anónimos y normalmente designados por sus obras o temas más conspicuos. Uno de ellos es el maestro de la Santa Sangre, así llamado por el retablo de este nombre, en B., que durante tiempo fue considerado obra de G. David, ya que tanto se esforzó el anónimo maestro por imitarle, pese a que realmente había sido discípulo de Q. Metsys (v.). Una afortunada Lucrecia, de la que se conservan varias versiones, es de lo más personal del maestro de la Santa Sangre.Otro representante de la escuela es el maestro de la Magdalena Mansi (por la Magdalena, ahora en el Mus. de Berlín, antes en la Col. Mansi); es tan buen colorista como impersonal en su factura, siendo quizá su mejor pieza la Virgen y Niño del Metropolitan Mus., de Nueva York.Es imposible traer a este resumen ni siquiera los nombres de los numerosos maestros, o los que, sin llegar siquiera a esa mínima y tantas veces engañosa identificación, llenan las salas de muchos museos, generalmente con trípticos de temas religiosos pintados de modo maquinal e industrializado, piezas que rara vez merecen sino una mirada de compromiso. Estas obras no hacen sino mostrar que hacia 1550 ó 1560, la vitalidad creacional de la preciosa capital de la pintura que había sido la ciudad de B. estaba enteramente exhausta. Era natural que se hubiera cumplido un ciclo histórico y que esa capitalidad pasase, con todo su honor, a la ciudad de Amberes:J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: H. FIERENSGEvAERT, La peinture á Bruges, Bruselas 1922; G. MARLIER, Ambrosius Benson et la peinture á Bruges au temps de Charles V, Bruselas 1957.
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