Bretaña (bretagne) HIST.
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Historia
HISTORIA. La Península de B., región francesa noroccidental, tuvo una personalidad histórica que aún conserva. Poblada desde muy antiguo, nos quedan importantes restos megalíticos en los menhires de Locmariaquer, Plouarzel y los alineamientos de Carnac y Herbignac; igualmente importantes son los enterramientos de la baja B. correspondientes a la época de Hallstatt (v.), aglomerados en el golfo de Morbihan. En esta época debió tener lugar la invasión céltica o armoricana, cuyos pobladores conocemos por las campañas de César y de los cuales los más importantes fueron: los vénetos, los coriosolites y los osismianos que, vencidos por César, no pudieron ser romanizados hasta Claudio I (50 d. C.). La pervivencia actual de la lengua celta (v. CELTAS I11) en la bretona atestigua la importancia de este periodo.Sobre este poblamiento inicial se superponen las primeras migraciones desde Gran Bretaña en los s. iv y vi, mientras la dominación merovingia en Francia provocaba ya movimientos nacionalistas en B. de los que sólo conocemc, a un oscuro caudillo llamado Waroch. La cristianización del país, desde el s. in, afectó profundamente al pueblo bretón con la particularidad de mezclarse con las viejas tradiciones célticas y mágicas cuya supervivencia fue muy amplia. La administración carolingia convirtió a B. en una Marca que gobernaba Rolando y luego el conde Wido a finales del s. VIII; sin embargo, su dominio nunca llegó a ser efectivo y reyezuelos nacionalistas bretones, como’ Morvan o Nominoe, procuraron gobernar el país de modo que los carolingios (v.) hubieron de ceder y aceptarlos como duques de la Marca.La Bretaña independiente. A la muerte de Ludovico Pío (v.), el duque Nominoe, al declararse vasallo de Lodarlo y no de Carlos el Calvo, a quien le había correspondido la región, se aseguraba una independencia práctica por la lejanía de Lotario, con la cooperación de una iglesia feudalizada y poderosa. Presa de las crisis sociopolíticas del s. Ix, las incursiones normandas alcanzan fácilmente el país, favoreciendo a su vez el surgimiento de luchas dinásticas intestinas. Estos s. Ix y x son también los de la iniciación cultural a través de las abadías de Landevennec y Redon. El s. x, en el que las invasiones normandas fueron especialmente intensas, es el siglo feudal por excelencia, complicado por las ambiciones de los feudales de Anjou y Nantes e, incluso, de Guillermo el Conquistador, que pretendió apoderarse del ducado sobre el que aducía complicados derechos familiares. Las reivindicaciones inglesas y normandas culminaron en 1113 con la cesión por Luis el Gordo de Francia (tratado de Gisors) a la monarquía anglonormanda de la soberanía en el ducado de B., que quedaba como feudo inglés. La dominación inglesa fue reforzada por la administración de Enrique de Plantagenet.Entre tanto, el s. xii presenciaba la importante aportación bretona a la cultura medieval encabezada por intelectuales como Abelardo o Étienne de Fougéres, obispo de Rennes; pero, más que en realizaciones concretas, la cultura bretona aportaba un espíritu imaginativo legendario que extendieron sus juglares por toda Europa. Durante el s. XIII, la dependencia nominal de Inglaterra se contrarrestaba con el gobierno de algunos miembros de la casa real francesa en un largo periodo de paz que contrasta con la época de la guerra de los Cien Años (v.), en la que B., enredada por sus intereses, tomaba partido por los ingleses y sufría la lógica devastación. El final del s. xiv señalaba la inclinación del país hacia la monarquía francesa manteniendo, sin embargo, un difícil equilibrio con los ingleses, encarnado en el duque Juan IV que intentaba así conservar su precaria autonomía. La política belicista de sus sucesores, tomando partido contra Luis XI (v.), en una coalición angloborgoñona que fracasó, produjo la anexión definitiva y legal del ducado, casando Carlos VIII con la heredera, hija de Francisco II. Con la anexión, la prosperidad bretona, en base a su industria ganadera y pesquera, se amplió al campo textil (Rennes y Fougéres) y al de lá impresión, a partir de 1474, con talleres como el de Tregier (que en 1499 imprimía el primer diccionario de lengua bretona), muestra del nuevo espíritu renacentista.La muerte de Carlos VIII (v.), sin herederos, presagiaba una vuelta al feudalismo, que se evitó con un nuevo matrimonio de la duquesa viuda con el rey de Francia Luis XII, pudiéndose llegar en la época de Francisco I (1532) a la inclusión definitiva de B. en la corona francesa, entregándose el título de duque al Delfín.Bretaña francesa. El protestantismo no tuvo gran expansión en B., pero los conflictos religiosos del s. xvt francés ofrecieron a algunos bretones la posibilidad de intentar una vuelta a la antigua autonomía. Tal fue la actividad de uno de sus gobernadores, el bretón Mercoeur, cuñado de Enrique III, que entró en relaciones con Felipe II de España para que le apoyara en su rebeldía contra la corona francesa. La aventura terminó en 1598 por la enérgica política de Enrique IV, y B. no volverá a intervenir en aventuras revolucionarias, dedicándose a su renovación económica. Esta tarea, en base a su potencia marítima, reforzada por la política de Luis XIV con la reforma del puerto de Brest y sobre todo de SaintMalo, estuvo dirigida a la colonización de las Antillas y otras actividades oceánicas, en las que sobresalieron los corsarios DuguayTrouin y Mahe de la Bourdonais. La revitalización bretona culminaba con el novelista Alain René Lesage (v.), creador, con su Gil Blas, de la novela realista francesa.La monarquía del Despotismo Ilustrado del s. xvili provocó, con su centralismo, algunas reacciones en defensa de los antiguos privilegios bretones, la más caracterizada de las cuales fue la Conspiráción de Pontcallec, que terminó trágicamente en Nantes en 1720, pero que no fue la única ni la última. La Revolución contó con el decidido apoyo de B. hasta el punto de que el Club Bretón de París es el origen del Club de los jacobinos aunque, en general, los representantes bretones en la Convención, inclinados a la moderación, estuvieron al lado de los girondinos. Tal postura fue duramente castigada en el Terror, en el que Carrier, en Nantes, realizó una auténtica matanza. Asimismo, el descontento campesino se identificó con otros del mismo tipo de regiones próximas (La Chouannerie) y tuvo en el país caudillos ilustres como Bois Hardi, Boisgny y Georges Cadoul. B. dio a la Revolución un gran general, Moreau y otro al Imperio, Cambronne; pero su aportación intelectual en el xix y el xx fue mucho más intensa: Chateaubriand (v.), Renan (v.), Villiers de L’IsleAdam, julio Verne (v.), Joseph Loth, Jules Simon y Aristide Briand (v.). V. t.: FRANCIA IV y V.C. ÁLVAREZ SANTALÓ.
BIBL.: A. REBILLON, Histoire de Bretagne, París 1957; H. WAQUET, Histoire de la Bretagne, París 1964; E. DURTELLE DE SAINT SAÜVER, Histoire de la Bretagne des origines á nos jours, París 1935.
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