Brancusi, Const Antin
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Biografía GER
Escultor rumano, uno de los máximos renovadores de la plástica novecentista; n. en Pestisani Gorj, cerca de Turgu-Jiu, en la Rumania meridional, el 21 feb. 1876, m. en París el 16 mar. 1957. Su oficio inicial fue el de ebanista y su primera afición la musical, habiéndose construido él mismo un violín para acompañarse en el canto gregoriano, que dominaba. Una beca le permite seguir, de 1898 a 1902, sus estudios de escultura en la Acad. de Bellas Artes de Bucarest, donde realiza un Antinoo de absoluta perfección, y en lo sucesivo, modelo anatómico para la facultad de Medicina. En 1902 emprende un largo viaje a pie hasta París, donde llegará dos años más tarde, deteniéndose en varias ciudades suizas y en Munich. Hasta 1906 cursa estudios en la Escuela de Bellas Artes y en dicho año Rodin se fija en una de sus obras y le ofrece un puesto en su taller, que B. rehusará por contar ya con principios estéticos muy diferentes: los de llegar a la máxima simplicidad del volumen, evitando cualquier sensación de blandura y de huella de modelado. Este viraje, un tanto brusco, se advierte ya en obras como la Cabeza de niño, de ca. 1906 o las dos versiones de El beso, ambas de 1908. A partir de esta fecha es continua y lógica la evolución de B., preocupado por eliminar del bulto todo accidente superfluo, magnificando la forma inicial y dándose con preferencia a los esquemas de carácter más embrionario posible. El embrión, el núcleo vital, las primeras formas del ser son por él convertidas - las más de las veces bajo un canon ovoide-, a similitudes figurativas, bien que esta figuración resulte cada día más impresionantemente geométrica y antirromántica.Obras como Prometeo (1911), El recién nacido (versiones de 1915 y 1920), Escultura para ciegos (1924) o La foca (1943) maravillan por su condición de síntesis extremada, por su sumisión a una morfología prevital, más que vital y por su condición táctil, que, en efecto, las hace más accesibles que otras a los privados de la vista. Ciertamente, ninguna de estas obras maestras, renovadoras de la escultura de nuestro tiempo y difícilmente susceptibles de seguimiento ajeno, alcanza la inaudita perfección de su fácil, increíble y ejemplar hallazgo de abreviaturas, cual es el Pájaro en el espacio en sus varias versiones, con el mayor dinamismo y la más escueta línea hecha belleza. Antes y después de éstas sus obras principales - la última famosa, aparte de su entidad propia, por el proceso que el escultor mantuvo contra las autoridades aduaneras norteamericanas-, B. ensayó muchas otras formas, como la Columna sin fin, de Turgu-Jiu (1937), en las que fuese cual fuere el material elegido, la factura recordaba sus principios de carpintero y ebanista. No obstante, las materias que gustó de trabajar con mayor insistencia fueron el mármol y el bronce, ambos pulimentados. Esta predilección fue respaldada por B. en máximas como las que siguen: "El pulimento es una necesidad que reclaman las formas relativamente absolutas de determinadas materias"; "La simplicidad no es un fin del arte, pero se llega a la simplicidad a pesar de uno mismo aproximándose al sentido real de las cosas".Otros de sus pensamientos, de orden más general, merecen reproducirse: "Cuando dejamos de ser niños, estamos muertos"; "Lo bello es la equidad absoluta"; "No busquéis fórmulas oscuras o misteriosas".
Esta nobilísima claridad de pensamiento se acompañaba con el vivir austero y humildísimo del gran escultor, al que el reconocimiento mundial de su calidad no consiguió sacar de su estudio, más bien laboratorio de formas vivas, del Impasse Ronsin, de París, reinstalado a su fallecimiento, componiendo sala especial, en el Museo de Arte Moderno de la capital francesa. En la historia de la escultura europea, el ejemplo y la dedicación de B., el gran artista que jamás deseó ser otra cosa que un campesino rumano, cantor litúrgico en la iglesia ortodoxa de la rue Saint.Jean-de.Beauvais, sólo pueden parangonarse con los de otros artistas de su talla, el español Pablo Gargallo y el inglés Henry Moore, pero quizá superando a ambos en total entrega al culto de la sencillez.
J. A. GAYA NUÑO.
BIBL. : D. LEWIS, Constantin Brancusi, Londres 1957; CH. ZERVOS, Constantin Brancusi, París 1951; H. P. ROCHÉ, Souvenirs sur Brancusi, (L’Oeil), III, 29, 12.Guarda este contenido en tu perfil
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