Borgoña, Casa de (portugal) HIST.
Categoria:
Historia
Los orígenes de la personalidad política de Portugal arrancan de Alfonso VI de Castilla (v.), cuando en 1093 concedió a su hija natural Teresa, casada con el cruzado borgoñón Enrique de Lorena, los territorios comprendidos entre el Miño y el Duero (v. ALFONSO I DE PORTUGAL, ENRfQUEZ), con el título de condado. Más o menos las regiones que, conquistadas por Fernando I de Castilla, se apoyaban en las bases de Lamego, Viseu y Coimbra. El paso decisivo en la consecución de la autonomía de este condado vino dado por la situación derivada de las discordias entre la hija de Alfonso VI, Da Urraca (v.), heredera de las coronas de León y Castilla, y su esposo Alfonso 1 de Aragón y Navarra el Batallador (v.). La infanta Teresa primero y luego su hijo Alfonso Enríquez, harán realidad este proyecto de independencia, ratificado por la victoria sobre los musulmanes en Ourique (1139), el empuje reconquistador hasta el Tajo, y los sucesivos acuerdos con los monarcas castellanoleoneses. Cuando muere Alfonso Enríquez, quedan aseguradas las bases de la primera dinastía portuguesa.Primera etapa: reconquista y reconstrucción (11851279). La prosecución de la tarea reconquistadora de Alfonso Enríquez, que tiene su momento culminante en la toma de Lisboa, es uno de los objetivos primordiales de sus sucesores. Al lado de la reconquista y la consiguiente repoblación, los primeros B. portugueses mantendrán unos contactos ininterrumpidos con los restantes Estados del occidente europeo: Los agentes de éstos serán primordialmente las órdenes religiosas (cistercienses, franciscanos, etc.), cruzados europeos (francos, frisones, alemanes, llegados al calor de la aventura musulmana) y provenzales huidos del Languedoc ante la persecución antialbigense.El heredero de Alfonso Enríquez, Sancho I (11851211), más que por sus acciones bélicas, ha pasado a la Historia por su inquietud reconstructora (característico es su apodo de el Poblador). De esta forma se echarán las bases de una intensa política de colonización a base de elemento francés en el valle del Tajo, y se ejerce una gran protección sobre las órdenes religiosas (caso, p.ej., de los cistercienses de Alcobaga), como células esenciales de reconstrucción económica en un país víctima aún de las razias tanto de musulmanes como de cristianos. Sin embargo, tanto los privilegios concedidos a las órdenes religiosas como a las militares (Calatrava, Temple, etc.) van a crear para un futuro inmediato un peligroso precedente, _ya que los monarcas sucesivos habrán de luchar denodadamente para separar en su reino las jurisdicciones eclesiásticas de las civiles.Bajo los sucesores de Sancho 1, atraviesa el reino un periodo de peligrosa anarquía. Son, en primer lugar, los problemas derivados del embrollado testamento del segundo B., resueltos a duras penas por Alfonso II (121123), retrasando consiguientemente el proceso reconquistador. El desorden aumentará bajo su sucesor, Sancho 77 Capelo (122348), hombre de quebrantada salud. Dividido el reino en una serie de facciones, su salvación habrá de venir del exterior, en la persona de un hermano del monarca, D. Alfonso, educado en Francia en la corte de S. Luis. En 1246 estalla la guerra civil y Sancho II se ve obligado a ir al destierro.Bajo Alfonso III (124879) se pone término a la reconquista portuguesa, con la particularidad de que la empresa será ya exclusivamente lusitana: la última colaboración de cruzados extranjeros (toma de Alcacer do,Sal) había mostrado cuán enojoso resultaba a veces este apoyo. De ahí que también "la cruzada" de las Navas de Tolosa (v.) en 1212, en la que colaboraron algunos caballeros portugueses enviados por Alfonso II, fuera una empresa exclusivamente ibérica. Siguiendo esta línea de conducta, la ocupación del Algarve por Alfonso III (1263) será tarea totalmente lusitana. También su segundo matrimonio con una castellana, la infanta Beatriz, puede ser considerado como síntoma de un simbólico acercamiento entre los reinos peninsulares. Alfonso 111 dará también un gran impulso a la tarea reconstructora. Incluso bajo el triste reinado de su predecesor se habían seguido promulgando fueros para villas y lugares (Marvao, Salvaterra de Extremo, Santa Cruz de Villarisa, Corvas). Por otra parte, para Alfonso III, el apoyo de las ciudades, en las cuales va surgiendo una incipiente burguesía, representa un magnífico elemento en su lucha contra los abusos de los grandes. En 1254, con la primera reunión de Cortes en Lamego; queda signada esta alianza entre monarquía y tercer estado. Las cartas de libertad a las comunas se multiplican y Lisboa se convierte en el gran centro oficial del reino. Sin embargo, hay un aspecto de fracaso en la labor del monarca; su lucha contra los nobles que, de rechazo, le acarrea la animadversión del otro estamento privilegiado, el eclesiástico. Así, al morir en 1279, el peso de la excomunión ha caído sobre él.Segunda etapa: estabilidad (12791367). En este periodo, la monarquía portuguesa seguirá impulsando el proceso de reconstrucción interior. Portugal se verá libre incluso de la guerra de los Cien Años (v.), iniciada en los primeros lustros del s. xiv. Solamente problemas de tipo familiar son los que turban, por algunos momentos, la paz de que se goza. Bajo D. Dionís (12791326; v.) alcanza la casa de B. su momento de mayor apogeo, desde todos los puntos de vista: interior, cultural, económico, etcétera. Se echarán incluso las bases para la futura expansión ultramarina. Sin embargo, al igual que su antecesor, los últimos años de su vida se verán turbados por algunos conflictos, con la Iglesia, pero sobre todo por discordias de tipo familiar que, bajo Pedro I, alcanzan su aspecto más dramático. Así, cuando Alfonso IV (132656) sube al trono, es un hombre amargado por el alejamiento a que había sido sometido por su padre, en beneficio de su numerosa descendencia bastarda. Los problemas familiares le atormentarán desde un principio: el abandono de su hija María por el rey de Castilla Alfonso XI (v.) y las turbulentas relaciones de su heredero, el infante D. Pedro, con Inés de Castro. El primer problema, sin embargo, no será inconveniente para una estrecha colaboración castellanoportuguesa en la batalla del Salado (v.) en 1340, frente a la última de las invasiones africanas, la de los benimerines. Al igual que en la jornada de las Navas, todos los reinos ibéricos colaborarán en una empresa exclusivamente peninsular. El segundo de los problemas familiares resultó más espinoso, ya que su fruto (los infantes D. Juan y D. Dionís) se podía convertir y, de hecho se convirtió (v. Avís, CASA DE) en bandera de propaganda de grupos de descontentos, capaces de encender una guerra civil. Al lado de esto, los amores en sí del heredero y la Castro, de los que luego se apoderó la leyenda, no tienen más que un significado puramente anecdótico.El reinado de Pedro I (135667) coincide con la pugna en Castilla entre Pedro I el Cruel (v.) y su hermano bastardo Enrique de Trastámara (v. TRASTÁMARA, CASA DE). En un principio, aconsejado por los hermanos de Inés de Castro, trató de medrar, a expensas de ambos contendientes, pero más adelante intentará ejercer el papel de mediador entre los dos bandos en lucha. Por lo demás, su política interior es una mezcla de paternalismo y brutalidad, que le han hecho pasar a la historia con el mismo apelativo (el Cruel) que su coetáneo, Pedro I de Castilla. Carácter del cual fueron víctimas miembros de la alta nobleza, como Diego López Pacheco, Pero Coelho y Alvar Gonralves. Al morir en 1367 dejó un heredero, Fernando, hacia el cual no había sentido ningún afecto, y varios bastardos: Juan y Dionís (de Inés de Castro) y Juan de Avís. Todos ellos serán los protagonistas de la crisis que se avecine sobre Portugal.Tercera etapa: la crisis de la dinastía (136783). La regresión demográfica (consecuencia de la peste negra; v.) y el asentamiento en Castilla de una dinastía rival, la casa de Trastámara (v.), van a poner en peligro la obra llevada a cabo por los monarcas portugueses. A la muerte de Pedro I el Cruel, Fernando I de Portugal alegó derechos al trono castellano frente a Enrique de Trastámara. Junto con Aragón, el reino de Granada y la flota inglesa, formará parte de la política de cerco contra la nueva dinastía castellana. Sin embargo, la solidez interior de la Castilla de Enrique II, unida al hecho de que el duque de Lancaster alegaba sus derechos semejantes a los de Fernando, hicieron fracasar esta política. La flota portuguesa fue rechazada de la desembocadura del Guadalquivir y Fernando hubo de abandonar las comarcas gallegas ocupadas y firmar, ante la inminente invasión de su suelo por fuerzas castellanas, el tratado de Santarem (1373). Los acuerdos son impugnados en 1381, ya bajo otro monarca castellano, Juan I. Fernando se consideró fuerte gracias al concurso militar inglés, pero esto no fue más que una vana ilusión; nuevamente la flota portuguesa era derrotada por la castellana a la altura de Saltes. Los auxiliadores británicos del duque de Cambridge causaron más daño que otra cosa en Portugal. Los acuerdos de paz se volvieron a precipitar (Yelves, 1383). La baza fundamental de ellos sería el enlace de Juan 1 de Castilla con la infanta Beatriz, hija de Fernando y de la impopular Leonor Téllez de Meneses. El monarca portugués estaba gravemente enfermo. El matrimonio, consumado en 1383, fue una llamada a engaño por las dos partes que lo planearon: para Leonor Téllez, que lo único que pretendía era encontrar un protector para su hija. Para el monarca castellano, porque pensó que era buena ocasión de llevar a cabo en un futuro próximo la unión de los dos reinos, saltándose algunas cláusulas de los acuerdos, que imponían la perduración de su separación. El espejismo de eliminar del flanco occidental de Castilla un aliado de su rival naval, Inglaterra, debió sin duda cerrar los ojos a Juan I.Cuando Fernando muera en 1383, el rey de Castilla optará por una rápida intervención en Portugal para asegurarse este reino. Pero sólo conseguirá agudizar una crisis que desembocará en la entronización de la Casa de Avís (v.). V.t.: PORTUGAL IV.EMILIO MITRE.
BIBL.: T. SOUSA SoAREs, Notas para o estudo das institupoes municipais da Reconquista, "Rev. Portuguesa de Historian I (1941); A. H. OLIVEIRA, A sociedade medieval portuguesa. Aspectos de vida quotidiana, Lisboa 1964; P. MEREA, Introducáo ao problema do feudalismo em Portugal, Coimbra 1912; C. SÁNCHEZ ALBoRNoz, La Curia regia portuguesa. Siglos XII y XIII, Madrid 1920; M. A. NUNES COSTA, Noticia de Curia em Coimbra no ano de 1254, "Rev. Port. de Historia" (1964); F. LopEs, Crónica de D. Fernando, Barcelos ’1933; S. DIAs ARNAUT, A crisis nacional dos fins do século XIV, I, Coimbra 1960; P. E. RUSSELL, The english intervention in Spain and Portugal in the time of Edward III and Richard II, Oldord 1955; L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, Política internacional de Enrique II, "Hispania" (1956); AMADOR DE LOS Ríos, Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Madrid 1960.
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