Borgoña (bourgogne) HIST.
Categoria:
Historia
HISTORIA. Su nomenclatura a lo largo de la historia ha abarcado distintos territorios, recibiendo el nombre de sus invasores burgundios y manteniéndolo gracias a la importancia de uno de sus viejos componentes: el ducado feudal de B. La primitiva población de este territorio estuvo constituida por los eduos, mandubos y sequanos y, una vez sometida la Galia, los territorios de estos pueblos entraron a formar parte de la provincia romana lionesa. Una antigua fortaleza, el Castrum Divionense, llegará a convertirse en la ciudad de Dijon. Cristianizada en los s. I y iI, afectada por las invasiones bárbaras desde comienzos del s. in hasta el s. v, fue incorporada en este último al reino burgundio y, cuando éste quedó absorbido por los francos (v.) en el s. vi, siguió idéntico destino. Al dividirse el reino franco, B. correspondió a Childeberto, como parte del reino de Austrasia que heredó Teodorico y, por último, a Clotario II, bajo el que mantuvo B. una cierta autonomía, administrada por "mayordomos especiales".Cuando los merovingios (v.) se apoderaron definitivamente del reino franco, B. perdió este trato especial en su administración. Bajo la órbita merovingia la denominación de B. abarcaba un extenso territorio desde el lago de Ginebra a la región de Orleáns y de la región parisina a la lionesa.La creación del ducado. Con la escisión del imperio carolingio en el tratado de Verdún (843), este vasto territorio de B. se fraccionó en dos zonas, cada una de las cuales se constituiría como una región histórica independiente: una, al E del Saona y el Ródano, que correspondió a Lotario y dará lugar al Franco Condado (v.) o condado Borgoñón; otra, al S del Saona qué quedó para Carlos el Calvo y fue el núcleo del ducado de B. A pesar de la aparente simplicidad de esta división, el nombre de B. se aplicó confusamente a ambas regiones y a otras circundantes como Provenza (v.) (denominada Baja B.) y las tierras sobre el Jura (que se llamaron Alta B).Restringiéndonos al ducado de B., éste pasó sucesivamente por el dominio de Ricardo el justiciero (en el tránsito del s. ix al x) y sus hijos con los que, en pleno régimen feudal, B. se ve desgarrada en luchas fratemas entre Hugo el Negro y Hugo el Blanco. Este momento es también el de la aparición de la cultura abacial con la fundación de Cluny (v.), que fue durante dos siglos uno de los centros espirituales de Europa y origen de los comienzos de una revolución arquitectónica europea: el románico. Igualmente se discute si el renacimiento de la escultura parte de B. o bien del Languedoc (abadía de Moissac); pero lo cierto es la existencia de magníficos pórticos y capiteles (Vézelay, Autun, Magon y, sobre todo, el coro abacial de Cluny). La lucha de los hijos de Ricardo por el ducado terminó en el a. 938, por el tratado de Langres que lo otorgaba a Hugo el Blanco o el Grande, quien lo transmitía a su hijo Otón y, por muerte de éste, a su otro hijo Enrique, mientras el tercero de ellos subía al trono de Francia con el nombre de Hugo Capeto.A lo largo del s. xi se inician los primeros intentos de independencia del ducado con respecto a la corona francesa, por la ambición de Otón Guillermo, aunque la corona pudo sofocarlos y, en previsión de males mayores, sustituir al duque rebelde por un hijo del rey de Francia, Enrique, quien a su vez, y diez años más tarde, abandonaba el ducado para reinar en 1027. El s. xii presenciaba en B. la introducción de una nueva fórmula de espiritualidad con la reforma cisterciense (v.) que también aportaba nuevas fórmulas culturales sobre todo en la arquitectura.Con la coincidencia de que por dos veces el ducado de B. había sido regido por el heredero del trono de Francia, parecía que B. se constituiría en propiedad del Delfín; pero con la subida al trono de Enrique, en 1027, el ducado fue entregado a su hermano Roberto y, a partir de él, esta rama Capeta se constituye en señores de B. hasta 1361. A lo largo del s. xii uno de estos Capetos (v.), el duque Odón Borel, que por su espíritu de aventura vino a España y entroncó con la familia real de Castilla, inició la intervención ducal en las disputas monacales entre cistercienses y cluniacenses, características de la Baja Edad Media borgoñona (el monasterio de Citeaux (v.), cuna del Císter, se había fundado en el gobierno de Odón); y, simultáneas a las luchas espirituales, no faltan en los s. xii y xiii nuevos intentos de independencia y fraccionamiento por parte de algunos vasallos del ducado, principalmente el conde de Nevers, que fueron sofocados por los sucesores de Odón, Hugo II el Pacífico, Od6n II y Odón III, quien además hubo de luchar contra las ambiciones anexionistas del emperador Federico Barbarroja, para lo que estrechó las relaciones con su pariente el rey de Francia, Felipe Augusto, política en la que insistieron sus sucesores, que participaron con la corona en las luchas contra los ingleses y los albigenses (v.).Borgoña, la última corte medieval de Europa. El s. XIV se inicia siendo duque Roberto Il y con la constante política de acercamiento a la corona, justificada en esta ocasión por ambiciones del conde Roberto de Flandes, peligroso vecino. A cambio, el duque apoya a la corona en la lucha contra el poder temporal del Papado y favorece igualmente la "aventura siciliana" de Carlos de Anjou. Avanzando el siglo, y después de unos años de crisis en el ducado por la falta de herederos varones, el rey de Francia Juan II el Bueno que había defendido el interregno de B. frente a las apetencias del rey de Navarra, Carlos entrega el feudo a su propio hijo Hardi, con la condición de que B. volvería a la corona en el caso de una nueva ausencia de herederos varones. Así se inicia la segunda familia de duques borgoñones que en menos de un siglo acumula los nombres más gloriosos de la historia de B. (v. BORGOÑA, CASA DE): Felipe II Hardi (13631404), Juan Sin Miedo (140419), Felipe II el Bueno (141967) y Carlos el Temerario (146777).B. en esta época, traspasa su propio marco y "hace" historia francesa e incluso europea. Tal circunstancia se debe, no sólo a la magnífica personalidad de los duques, sino a las especiales características de la coyuntura centroeuropea, con la aparición, en el s. xv, de la unidad nacional francesa, que va a encontrar en el extenso ducado una auténtica rivalidad, primero, y, con la posterior complicación de la intervención del Imperio, el enfrentamiento no ya con un feudo rebelde, sino con una política extranjera que lo domina. A este periodo, comprendido entre 1363 y 1477, se le conoce como el Siglo de Oro de B. En primer lugar, se produce una importante ampliación de su territorio, gracias al matrimonio de Felipe Hardi con Margarita de Flandes que aportaba como dote Flandes, el Franco Condado y el Artóis; con este refuerzo territorial, B. aparece como una potencia de primer orden, en una privilegiada posición estratégica entre la monarquía francesa y el Imperio alemán. La historia de B. en este apogeo ha sido vívidamente recogida en la obra del historiador Huizinga (El otoño de la Edad Media), sobre los testimonios de los propios historiadores borgoñones de esta época, Olivier de la Marche, Froissart y Chastellain. La cultura borgoñona se mantiene como el último espíritu medieval en Europa, en un espléndido florecimienta de trovadores, poetas y cortesanos. Ejemplo vivo de este espíritu arcaico con respecto a las nuevas corrientes espirituales y políticas lo constituye el último duque: Carlos el Temerario (v.).Carlos emprendió una política de prestigio que resultaba, por primera vez, enfrentada a la corona francesa, hasta entonces tan ligada a B. Efectivamente, mientras se oponía con todas sus fuerzas a la incorporación de B. a la unidad francesa que estaba realizando Luis XI (v.), trataba con el Emperador la posibilidad de crear un auténtico reino borgoñón. Su derrota y muerte en Nancy (1477) terminó con sus proyectos; pero no sirvió al rey de Francia para anexionarse el ducado, ya que la hija del Temerario casaba con el emperador Maximiliano y le aportaba como dote el Franco Condado y Flandes. Luis XI retuvo militarmente el viejo ducado de B. que anexionó a la corona en 1478, aunque permitiendo en 61 cierta autonomía representada por el gobierno de unos Estados Generales de B. que se reunían con frecuencia periódica en Dijon.A partir de este momento la B. histórica se identifica con la trayectoria de la Francia moderna y contemporánea, mientras la fracción que recibió Maximiliano pasaba al dominio español por el matrimonio de Felipe el Hermoso (v.) con Da Juana de Castilla (v.). V. t.: FRANCIA IV y V; BORGOÑA, CASA DE.C. ALVAREZ SANTALV.
BIBL.: E. PETIT, Histoire des ducs de Bourgogne de la race capétienne, ParísDijon 1885; 1. BILLOUD, Les états de Bourgogne, París 1922; R. POÜPARDIN, Le royaume de Bourgogne (8881038), París 1907; M. CHAUME, Des origines du duché de Bourgogne, Dijon 192531; 1. HUIZINGA, El otoño de la Edad Media, Madrid 1961; 1. Ric~, Les ducs de Bourgogne et la formation du duché du Xle au XIVe siécle, París 1954.
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