Bolivia LIT.
Categoria:
Literatura
LITERATURA. La república de B., conocida como :,l país del Altiplano, es una nación varia y compleja, cuya zona altiplánica sólo comprende la cercana a la capital, La Paz, en los límites con el homónimo peruano, y, en cambio, abarca sierras templadas con valles ubérrimos, como el de Cochabamba, regiones tropicales y selvaticas como la de Santa Cruz de la Sierra, y altitudes ásperas, como las mineras de Oruro. Su literatura es reflejo de tales diferencias, así como de las variantes raciales que la pueblan: indios quechuas, aymarás, mestizos, blancos y hasta algunos negros entre los yungas cercanos a La Paz. Desde los tiempos coloniales, aquella comarca, conocida entonces como Alto Perú, y que formaba parte del virreinato del Perú, dispuso de la facilidad de una importante universidad, la de Chuquisaca (llamada después, de Sucre), donde se educaron muchos de los más importantes próceres de la región del Río de la Plata, entre ellos Be1grano. Sin embargo, mientras los platenses acudían a la universidad nombrada, numerosos hijos del Alto Perú iban a la Univ. de S. Marcos de Lima. La especialidad en Chuquisaca fueron artes y leyes.Primeros escritores. Uno de los primeros escritores vinculados al Alto Perú, es el lusitano Enrique Garcés, minero y poeta, alabado por Cervantes en su Viaje del Parnaso (1585), traductor de Petrarca y Camoens. Entre los más importantes ingenios virreinales que reciben luces de Chuquisaca figura Diego de León Pinelo (160871), hermano del famoso bibliógrafo D. Antonio. Diego pasa después a Lima y es rector de S. Marcos. El Alto Perú, salvo Chuquisaca, era un vasto y accidentado campo de trabajo minero, donde se hallaban las más ricas vetas de plata del mundo, las de Potosí. La vida intelectual se concentró en la universidad y sus alrededores.La independencia de B. se produce el 6 ag. 1825, después de la batalla de Ayacucho, y son chuquisaqueños y universitarios, entre ellos el Dr. Casimiro Olañeta, hijo del general español del mismo nombre, quienes incitan a Bolívar y a Sucre a proceder a proclamar dicha emancipación. Uno de los escritores bolivianos que toma parte en aquellos primeros debates es el contradictorio y andariego Vicente Pazos Kanqui (17791835), hombre enciclopédico y enciclopedista, autor de Memorias históricopolíticas (1834), libro abigarrado, valeroso y erudito. Pazos Kanqui actúa en los movimientos libertadores del Río de la Plata y viaja intensamente por Europa. Las sangrientas y repetidas luchas políticas que tanto perturbaron la vida boliviana no permitieron el desarrollo de una literatura adecuada, con el ritmo y el tono con que se desenvolvían la peruana, la argentina, la neogranadina y la chilena. El aislamiento de las diversas regiones del país, la distancia entre el núcleo central de la nación y su lejano puerto de Antofagasta, situado en medio de un desierto, perturbaron el intercambio de ideas y la renovación de ideales. Con el romanticismo empezó a florecer una literatura pesimista y estética, de larga y profunda duración.Evolución literaria. Si pudiéramos sintetizar la evolución literaria de B. en unos cuantos nombres, los menos discutibles y los más preclaros, se podrían citar los de Nataniel Aguirre, Gabriel René Moreno, Mariano Baptista, Ricardo J. Bustamante (v.), Ricardo Mujía, Ricardo Jaimes Freyre (v.), Alcides Arguedas (v.), Franz Tamayo, Juan Francisco Bedregal, Augusto Céspedes (v.), Fernando Díez de Medina, Jesús Lara, Humberto Palza, Augusto Guzmán. Nataniel Aguirre (184388) provenía de una familia cochabambina, descendiente del gobernador intendente, brigadier español José González de Prada. Pasó algún tiempo en Lima, con sus familiares peruanos, y dedicó su actividad a la política y a las letras. Aunque escribió varias obras, su nombre está ligado al de la novela Juan de la Rosa (1885), que es la historia del movimiento emancipador de Cochabamba en 1812, en el cual actúa un muchacho llamado Juan, a quien han dado como apellido el nombre de su madre, Rosa, que trabajaba como reeovera, o sea, abaeera en la plaza del Mercado de la ciudad. La trama es dramática, y el personaje un hombre perseguido por la desdicha, lleno de fuego juvenil. Aguirre traza un cuadro maestro del lugar y del momento. Alcanza dimensiones épicas. Marcelino Menéndez Pelayo consideraba esta novela como una de las primeras en las letras hispanoamericanas del tipo romántico. Las obras del erudito Gabriel René Moreno (1834-1908) y de Mariano Baptista no son de estricto carácter literario, aunque sean de correcto estilo y las del primero de auténtico vuelo literario. Se tiene, con razón, a René Moreno como uno de los más lúcidos y perfilados estilistas, como se ve en Los últimos días coloniales, libro de una auténtica belleza literaria. Surge con rasgos absolutamente definidos y preeminentes en la poesía, Ricardo Jaimes Freyre, coetáneo de Rubén Darío, uno de los valores del modernismo (v. moDERNIsmo m), que dio gloria a las letras bolivianas.El país atraviesa, a raíz de la guerra del Pacífico (v.), en que perdió su litoral, una aguda crisis espiritual. La reflejará años más tarde José Eduardo Guerra en su Itinerario espiritual de Bolivia (1936) y Gustavo Adolfo Otero, en susEiguras de la cultura boliviana (1952), dos libros indispensables para calar en aquel drama colectivo. Si Jaimes Freyre, por su actitud esteticista y su proximidad casi inmediata a los sucesos, no se percató según su obra de aquella angustia, y persistió en una actitud fundamentalmente artística, se debió no sólo a razones temperamentales, sino también a la circunstancia de no residir en B. su país y hallarse en xnás frecuente y directo contacto con las corrientes europeas que inspiraban al modernismo.Eso no ocurre con Alcides Arguedas. Su padre lo hace viajar a Europa precisamente cuando el ministro plenipotenciario de Chile en La Paz, Abraham Konig, confirma la teoría de que "la victoria crea derechos" y logra la ratificación del tratado de paz de 1879, confirmando la cesión de la costa boliviana. Por esto acaso la obra de Arguedas se aparta del tono modernista y se hace seca y adusta. Su pesimismo hizo escuela. Así como, en cambio, no la haría la obra de un cuasi contemporáneo suyo, acaso uno de los más depurados poetas de América, Franz Tamayo, hombre y artista tercamente instalado en una órbita de arte puro, musical, metafórico, sin relaciones con la realidad inmediata, salvo en el poema Scopas, uno de los más altos y sostenidos de la historia literaria de B. La adhesión a los modelos helénicos visible en Prometheida, Scherzos, Scopas y su identificación con los orientales, patente en Los Nuevos Rubbayat, ofrece una imagen desconcertante de lo que puede un artista solitario, estudioso y tenaz, a pesar del medio que lo rodea y en las peores circunstancias. En el caso de Tamayo, debe tenerse en cuenta que fue, en cierta manera, un político marginal, a quien eligieron presidente de la República en una de las coyunturas menos favorables para el desarrollo de la obra pedagógica y estética a que él estaba llamado: ello ocurrió durante la guerra del Chaco (v.) (193438).El impacto de la guerra del Chaco. Podría decirse, sin temor a error, que B. se ha visto espiritual y materialmente dividida por dos grandes sismos colectivos: la guerra del Pacífico y la guerra del Chaco, y sus consiguientes convulsiones sociales. La literatura no pudo escapar a los requerimientos de ambas conmociones. En los entreactos aparecen escritores de tendencia universalista, como Adolfo Costa du Rels, diplomático y novelista, educado y durante largo tiempo residente en Francia, cuyo idioma dominaba; escribió en francés una novela psicológica sobre tema boliviano. Tierras hechizadas; Armando Chirveches Arróspide (18801928), amargo y trágico, autor de novelas de crítica social, como La casa solariega y La candidatura de Rojas (1912), quien terminó suicidándose en París; Juan Francisco Bedregal, cuentista fino, autor de Figuras animadas y rector de la Univ. de S. Andrés de La Paz (194045). Con la guerra del Chaco, la actitud esteticista y la pugnacidad crítica desaparecen o se atenúan para dar paso a la critica apasionada y al relato crudo y doloroso. Podrían juzgarse tal vez como escritores de transición, entre otros, a Gustavo Adolfo Otero y a Humberto Palza, ambos ensayistas y periodistas, el primero autor de reportajes polémicos y, al par, de dos libros macizos y compactos: La vida social durante la colonia (1943) y la ya citada Figuras representativas, de páginas de una rara penetración crítica. Palza, consagrado a la filosofía durante su largo destierro en Chile y antes en su considerable permanencia en los EE. UU., es autor de El hombre como método; pero todo lo que este sector representó fue barrido por la guerra del Chaco, que da vida a un nuevo estilo de política y de literatura.En lo que se refiere a novelas y relatos del Chaco, no pueden omitirse Augusto Céspedes (n. 1904), A. Torres Ramallo, Óscar Cerruto (n. 1905), Jesús Lara, Porfirio Díaz Machicao y Raúl Gonzálvez Botelho, y, en cuanto al ensayo penetrante y estético, al par que simbólico, a Fernando Díez de Medina. Díez de Medina, que empezó como poeta en Velero matinal (1934), ha significado una busca reiterada y controvertida del alma boliviana. En sus libros, todos ellos de una tensión evidente, ha tocado todos los temas, pero siempre dentro de una concepción predominantemente estética y lírica, inclusive el planteamiento de las bases del movimiento político que encabezó, llamado simbólicamente Pachacuti, como uno de sus libros. Dos de sus obras están dedicadas a sendos artistas huraños y excelentes: Franz Tamayo (El hechicero del Ande) y el belga Víctor Delhez (El arte nocturno). Polemista inveterado, como ministro de Educación procedente del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario, 1954), trató de poner en marcha sus ideas respecto a la materia, coincidentes en parte con las de Tamayo. Quizá represente uno de los mayores valores de exportación cultural de su patria.En cuanto a la novela de la guerra del Chaco, ha servido para dar solidez y limar las excrecencias de los relatos bolivianos. El pozo de Augusto Céspedes, Sangre de mestizos y Repete de Jesús Lara y Chaco de A. Torres Ramallo, revelan ya una nueva tónica, más moderna, de la que fue precursor Aluvión de fuego (1935) del poeta Óscar Cerruto. Este último oscila entre el monólogo joyciano y el relato escueto de guerra, los otros se consagran al aspecto exterior predominantemente o al análisis psicológico de los personajes. En igual posición se sitúa Porfirio Díaz Machicao con El estudiante enfermo. En general, tanto en el lado paraguayo como en el boliviano, la guerra del Chaco rompe los diques del viejo romanticismo y comunica al también viejo naturalismo un impulso vital, lírico y desgarrador, característico del nuevo tiempo. De toda suerte, se nota que, desde el punto de vista formal, el uso cotidiano de los idiomas indígenas influye, como en Guatemala, sobre la sintaxis de los autores bolivianos, acerca de cuya novelística ha escrito Augusto Guzmán un volumen esclarecedor, La novela en Bolivia, libro en el cual se incluye el propio autor, que ha publicado una novela reconstructiva sobre la antigua Asunción, pareja a la de Manuel Frontaura sobre el viejo Potosí. Sacudida B. por grandes conmociones sociales y políticas, desde 1946 y en especial desde 1952, la actividad intelectual boliviana atraviesa una dura etapa de revisión, cuyos resultados son todavía una incógnita.LUIS ALELRTO SANCHEZ.
BIBL.: E. FINoT, La literatura boliviana, México 1953; R. ViLL.kLonos, Letras bolivianas, La Paz 1936; G. A. OTERO, Figuras de la cultura boliviana, Quito 1952.
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