Biblia VII REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
VERSIONES DE LA BIBLIA.3. VERSIONES LATINAS. Las versiones de la B. al latín más importantes por su antigüedad son dos: la más antigua, denominada Vetus Latina, y la llevada a cabo por S. Jerónimo, conocida con el nombre de Vulgata, a finales del s. iv y principios del v. De estas dos trataremos aquí. Posteriormente, sobre todo después de la aparición del protestantismo, se hicieron algunas otras versiones de los textos originales de la B. al latín clásico. Hay que citar en primer lugar la versión interlineal del A. T. hebreo incluida en la B. Políglota de Alcalá (151417; v. VI, 8A), y la realizada por Alfonso de Zamora (v.). Es conocida sobre todo la hecha por el teólogo dominico Santes Pagnino (Lyon 1527; Colonia 1541), literariamente fiel, revisada y reeditada, entre otros, por Miguel Servet (Lyon 1541), Roberto Stephanus (Ginebra 1557; el N. T. de la trad. de Beza) y Arias Montano (en la Políglota de Amberes, 1572; v. vi, 8B). Sebastián Münster publicó una versión fiel, pero no literal del A. T. (Basilea 153435); más libre, pero bastante fiel fue la del pastor de Zurich Leo Judae, continuada a su muerte por T. Bibliander (Zürich 1543); igualmente fiel fue la trad. del clasicista Sebastián Castellio (Basilea 1551); Juan Piscator revisó y editó (164345) la trad. de M. Tremellius y F. Iunius. Erasmo (v.) hizo una trad. del N. T., publicada en 1516, de la que se hicieron otras a lengua vulgar; T. Beza (v.) también hizo una trad. del N. T., literal, pero doctrinalmente tendenciosa (Ginebra 1556), que alcanzó más de cien ediciones.La Vetus Latina. Sus orígenes. La documentación, llegada hasta nosotros, de este antiguo texto latino de la B. es. abundante, pero fragmentaria. No sabemos con exactitud cuándo, ni cómo, fue realizada esta versión. Los testimonios de su existencia se remontan hasta la segunda mitad del s. ii (citas bíblicas en latín de los más antiguos escritores cristianos de Occidente); en época más tardía se hallan ya textos más completos y seguros, aunque siempre fragmentarios.La lengua de Occidente más empleada corrientemente en todas partes fue, durante los primeros siglos, el griego. La primera comunidad cristiana de Occidente de que tenemos noticias es la iglesia de Roma; S. Pablo escribe a los romanos, por los años 57/58, en griego; el evangelio se difundió en Roma, sin duda alguna, en griego, y en griego se celebraba la liturgia. Durante largos años el griego fue la lengua cristiana del Occidente latino. El primer texto bíblico que circuló en Occidente, fue, indudablemente, griego; es probable que los primeros predicadores cristianos trajeran consigo los textos del A. T. y que éstos fueran los que utilizó la joven Iglesia. Nada sabemos de textos bíblicos de procedencia judía en el seno de la Iglesia. En cuanto a los escritos que más tarde constituirían el N. T. (v.) debieron también ir llegando de Oriente a Roma y a otras iglesias poco a poco. El influjo del latín en el Evangelio de Marcos, p. ej., prueba que ambientes de lengua latina no han sido ajenos a la elaboración final de este texto.Si bien el paso definitivo al latín se efectuó a mediados del s. iv, su uso comenzó en Occidente mucho antes. En la segunda mitad del s. II se utiliza ya el latín en escritos teológicos, y se hacen traducciones de importantes escritos como el Pastor de Hermas (v.) y la Epístola de S. Clemente (v.). Los Papas del s. iiz mantenían correspondencia en griego con obispos orientales y en latín con los de África (cfr. G. Bardy, o. c. en bibl., 121 ss.). Tertuliano (v.) escribió casi todas sus obras en latín y editó en latín algunas compuestas en griego. El bilingüismo era corriente en los ambientes cultos cristianos; no cabe, sin embargo, afirmar lo mismo para grandes sectores de la población cristiana de Occidente ya durante el s. ir, y menos durante el s. III. De aquí que la necesidad de una traducción de la B. al latín tuvo que sentirse muy pronto.Los primeros intentos de traducción de la B. al latín son del s. II. Tertuliano (1602-20) atestigua ya la existencia de un texto latino; cita con frecuencia la B. y, aunque traduce directamente del griego, en muchos casos el texto que cita indica que está utilizando una traducción; en dos ocasiones se refiere a traducciones incorrectas del griego (Adv. Marcionem II, IX, 12; De monogamia XI, 11). Las Actas de los Mártires de Scillium, en África del Norte, indican que dicho grupo de cristianos poseía libri et epistulae Pauli viri iusti; eran gentes rústicas y con toda seguridad no conocían el griego. Hasta hace poco se consideraban los escritos de S. Cipriano de Cartago (m. 258; v.) como el más antiguo testimonio de un texto bíblico latino fijo y uniforme; es seguro que Cipriano utiliza una versión latina ya tipificada de la B. Estos datos, que convergen todos en África del Norte, hicieron pensar que la primera versión latina de la B. provenía de África.Estudios más recientes, sin embargo, han mostrado que en la misma época de S. Cipriano se usaba en Roma un texto latino de la B. que no coincide exactamente con el del Norte de África, es el texto bíblico contenido en los escritos de Novaciano (v.). La traducción de la Epístola de S. Clemente Romano, hecha probablemente en la primera mitad del s. II, muestra indicios de una traducción latina del A. T. Estos hechos ponen de manifiesto algunos puntos importantes: no es exacto que el latín cristiano se originara en África, Roma ha jugado un papel más importante que ninguna otra parte del Imperio en el proceso de latinización del cristianismo; los datos que poseemos hoy señalan a Roma como el origen de la primera traducción latina de la B.; traducción que se remonta, a más tardar, a la mitad del s. II.No hay, sin embargo, que pensar en una traducción uniforme de la B. desde el primer momento; probablemente se emprendió de forma anárquica; S. Agustín y S. Jerónimo se lamentan de la multiplicidad de formas con que han sido traducidos los textos bíblicos. Es poco, no obstante, lo que se puede decir de los orígenes de esta primera versión, de si fue una o si fueron varias, de sus mutuas relaciones y dependencia. En el estado actual de la documentación conocida podemos distinguir varios grupos: el grupo europeo al que probablemente se refiere S. Agustín cuando habla de la versión ¡tala; el grupo africano representado, como texto típico, por la B. citada por S. Cipriano; a éstos habrá que añadir el grupo hispano que, después de los estudios de T. Ayuso (v.), aparece como grupo suficientemente caracterizado.Características e importancia del texto de la Vetus Latina. La Vetus Latina es una traducción hecha sobre el texto griego de los Setenta (v. VI, 2), utilizando buenos códices griegos de la llamada forma occidental. En cuanto traducción se distingue por su extremada literalidad; las construcciones y el mismo vocabulario se resienten constantemente del influjo griego. Este excesivo literalismo tiene, sin embargo, la ventaja de hacer fácilmente legible el texto griego que subyace, con lo que la Vetus Latina se transforma en un elemento importante para la crítica textual griega de la Biblia.El latín utilizado en esta versión es el vulgar; los traductores se preocuparon, sobre todo, de hacerinteligible el texto bíblico al pueblo. Por eso, este texto tiene hoy un doble interés: es un testigo importante del proceso de vulgarización del latín que irá posteriormente evolucionando hacia las lenguas romances; y constituye un muestrario excepcional en el proceso de creación y evolución del llamado latín cristiano.Historia posterior de la Vetus Latina. La antigua versión latina no tuvo larga vida. La aparición de la Vulgata de S. jerónimo señaló el principio de su ocaso. El cambio de texto en las iglesias de Occidente fue, sin embargo, lento; todavía en la época de S. Gregorio Magno (m. 604) se usaban ambos textos de forma más o menos parecida. Puede decirse que la Vetus Latina dejó de usarse en el s. ix. Estos largos siglos de convivencia de los dos textos en las iglesias cristianas produjo su mutua contaminación. Prácticamente no existen hoy códices vetuslatinos que puedan considerarse inmunes de esta contaminación con formas textuales de la Vulgata.Principales códices. Prescindiendo de las citas del texto bíblico contenidas en antiguos escritores cristianos, son numerosos los códices que total o parcialmente contienen formas de la antigua versión latina. B. Fischer (Vetus Latina, I. Verzeichn¡s der Sigel für Handschriften und Kirchenschrifteller, Friburgo 1949) enumera 453. Damos una lista de los principales, utilizando la numeración de B. Fischer e incluyendo entre paréntesis la antigua nomenclatura en letra minúscula y el nombre con que es conocido:1. (k, Bobiensis) s. IV. Contiene Mt y Mc. Edición fotográfica, Turín 1913.
2. (e, Palatinus) s. V. Evangelios. Ed. L. F. K. Tischendorf, Leipzig 1847.3. (a, Vercellensis) s. IV. Evangelios. Ed. A. Gasquet, Roma 1914.4. (b, Veronensis) s. v. Evangelios. Ed. E. S. Buchanan, Oxford 1911.5. (d, Cantabrigensis) s. v. Evang. y Act. Ed. fotográfica, Cambridge 1899.7. (g1, Sangermanensis) s. IX. Vulgata con partes de Vetus Latina. París, Biblioteca Nacional (fondo latino 254).8. (ffz, Corbeiensis) s. v. Evangelios. Ed. E. S. Buchanan, Oxford 1907.10. (f, Brixianus) s. VI. Evangelios. Ed. Bianchini, Roma 1749.14. (rl, Usserianus) s. VII. Evangelios. Ed. T. K. Abbott, Dublín 1884.64. (r, rz, r;, q) s. vi y VII. Fragmentos del N. T. de Freising. Ed. D. de Bruyne, Roma 1921.100. (Lugdunensis) s. vrr. Heptateuco. Ed. U. Robert, París 1881, Lyon 1900.116. (Quedlinburgensis) s. v. 14 Reyes. Ed. DegeringBSckler, Berlín 1932.134. (Oscensis, Biblia de Huesca) s. XII. Vulgata entera con Tob y Idt de la Vetus Latina. Madrid, Museo Arqueológico 485.410. s. IX o X. Salterio mozárabe. Madrid, Biblioteca Nacional, Vitr. 5,1. Este Salterio es una de las muchas muestras de Salterios mozárabes hispanos. Pertenece al tipo de Salterio mozárabe representado por el del códice Complutense (Univ. de Madrid, 31). Otra variante es la del contenido en la Biblia Cavense (s. IX) (cfr. T. Ayuso, Psalterium UisigothicumMozarabicum, en Biblia Polyglotta Matritensia, VII, Madrid 1957).La Vulgata. Los defectos intrínsecos de la antigua versión latina de la B., y la multiplicidad de formas textuales siempre en aumento por las incesantes correcciones a que era sometido el texto, produjeron una gran confusión que hizo sentir pronto la necesidad de una traducción nueva y uniforme de la B. para todo el Occidente cristiano. El papa S. Dámaso (366384; v.), haciéndose eco de esta necesidad, encargó hacia el a. 382 a S. Jerónimo (v.), a la sazón su secretario, la revisión del texto latino de los Evangelios. En el año 383 S. jerónimo presentó al papa Dámaso el resultado de su trabajo. Los criterios seguidos en esta primera labor los expuso S. Jerónimo al Papa en una carta: no pretendía hacer una nueva traducción de la que muchos se maravillarían, intentó solamente corregir el antiguo texto latino a tenor de los mejores códices griegos que tuvo a su disposición. Corrige errores claros y enmienda el texto para llevarlo a la "verdad griega", pero mantiene, siempre que le es posible, el texto antiguo.A esta primera revisión siguió la del resto del N. T. No sabemos exactamente cuándo la realizó, ni la profundidad con que la llevó a efecto. El mismo S. Jerónimo habla en dos ocasiones de haber realizado una revisión del N. T. (De viris illustribus, 135 y una carta a S. Agustín del a. 404); tuvo que ser de todas formas bastante superficial. Siguiendo los mismos criterios y utilizando como base el texto griego, revisó también el A. T.; de ello poco conocemos: el Salterio, llamado Galicano, y el libro de Job. Anteriormente había hecho ya una revisión del Salterio, pero muy superficial, según confesión propia; no es seguro, sin embargo, que el llamado Salterio Romano corresponda a esta primera revisión realizada en Roma.La obra más empeñativa de S. Jerónimo fue, sin duda, la traducción directa del hebreo de todo el A. T. al latín. Comenzó su trabajo por el a. 390, viviendo ya en Belén, y no lo concluyó hasta el 404. A todo su conjunto de trabajos sobre el texto bíblico es a lo que se denomina B. Vulgata.Valor e importancia del texto de la Vulgata. En términos generales, puede afirmarse que el texto de la Vulgata es bueno, particularmente allí donde S. Jerónimo hizo una labor de traducción directa. Con todas sus limitaciones, la Vulgata era incomparablemente superior a la versión antigua. No obstante, dada la diversidad de la labor de S. Jerónimo sobre los textos, un juicio sobre la Vulgata no puede ser uniforme. En el N. T. la revisión fue sustancialmente buena, aunque demasiado ligera, utilizó excelentes códices griegos probablemente del tipo del códice Vaticano y Sinaítico.La versión directa del A. T. es la obra típicamente jeronimiana. Los libros históricos que tradujo al principio son los mejor logrados. Los traducidos al final, Pentateuco y Josué, son una versión más libre y menos cuidada. Esta traducción del A. T. se resiente constantemente de influencias diversas: el texto griego, consultado a través de las Hexaplas de Orígenes (v.; v. t.VI, 2) es claramente perceptible sobre todo en los libros proféticos; igualmente el antiguo texto latino seguía todavía influyendo, no sabemos si consciente o inconscientemente, sobre las nuevas traducciones. El texto hebreo sobre el que trabajó S. Jerónimo no era muy diverso de nuestro texto masorético (v. ANTIGUO TESTAMENTO II); él mismo afirma haberlo copiado en la sinagoga de Belén.La historia de la Vulgata. La historia posterior de la Vulgata es la de su lento imponerse en las diversas iglesias de Occidente, la de la corrupción de su texto y de las sucesivas revisiones de que fue objeto hasta las primeras ediciones después de la invención de la imprenta. El Conc. de Trento en 1546 la declaró sústancialmente inmune de error y texto oficial de la Iglesia Católica (Denz.Sch. 1506,1508).La Vulgata no se abrió paso fácilmente al principio, no eran fáciles de vencer ni ciertas suspicacias que suscitaba el nuevo texto, ni la inercia que hacía difícil desplazar el uso al antiguo. Durante los primeros siglos de uso, la Vulgata sufrió alteraciones en su transmisión manuscrita debido en parte a su permanente contacto con los antiguos textos vetuslatinos. Ya en el s. vi Casiodoro (v.) vio la necesidad de revisar el texto de la Vulgata, y 61 mismo lo realizó, en parte, a base de antiguos códices jeronimianos; es poco lo que de esta revisión se conoce hoy; se ha supuesto que el famoso códice Amiatino representa esta recensión, aunque no es seguro. Por. orden del emperador Carlomagno, Alcuino (v.) efectuó una nueva recensión del texto de la Vulgata a finales del s. VIII; la revisión fue cuidadosa, los códices de que se sirvió eran de proveniencia inglesa o irlandesa. Otra revisión importante es la realizada, casi en la misma época, por el benedictino español Teodulfo (m. 821), obispo de Orleáns; su trabajo debió ser excelente, aunque tuvo poco éxito, su recensión quedó pronto marginada por la alcuiniana; utilizó códices de proveniencia española.Principales códices. Damos una breve lista de códices de la Vulgata, que contienen la Biblia entera, elegidos entre la mole inmensa de documentación manuscrita existente. No damos referencia o sigla abreviada de cada códice por no haber un criterio uniforme entre los críticos.1. Amiatino, finales del s. VII o principio del VIII. Cotejado en la BSLVV (edición crítica de la Vulgata de los monjes de la abadía de S. Jerónimo de Roma, 1 Florencia, Sacra Biblioteca Laurenziana.2. Romanus, s. IX. Cotejado en BSLVV. Roma, Biblioteca Vallicellana, 6.3. Ottobonianus, s. VII/VIII. Cotejado en BSLVV. Roma, Biblioteca Vaticana, lat. 66.4. Londinensis, s. IX. Cotejado en BSLVV. Londres, Museo Británico, lat. 24142.5. Cavensis, s. IX. Visigótico. Cotejado por BSLVV. Ma. nuscrito 14 de la abadía de la Cava dei Tirréni.6. Legionensis o Biblia visigótica de S. Isidoro, s. X. Cotejada en BSLVV. Biblioteca de S. Isidoro, 2. León. 7. Complutensis, s. X. Cotejado en BSLVV. Biblioteca Univ. de Madrid, 31.8. Toletanus, s. X. Cotejado en BSLVV. Biblioteca Nacional, vitr. 4. Madrid.9. Oscensis, s. XII. Cotejado en BSLVV. Museo Arqueológico, 485. Madrid.10. Burgensis, s. X. Cotejado en BSLVV. Biblioteca capitular de Burgos.V. t.: LATINA, LENGUA Y LITERATURA II.MIGUEL ÁNGEL R. PATÓN.
BIBL.: Las ediciones más importantes de textos de la Vetus Latina son: P. SABATIER, Bibliorum sacrorum latinae versiones antiquae, seu Vetus ltalica et caeterae quaecumque in codicibus manuscriptis et antiquorum libres reperiri potuerunt, 3 vol., Reims 173943, París 1751. El Vetus Latina Institut de Beuron (Alemania) ha emprendido una nueva edición del antiguo texto latino: Vetus Latina, Die Reste der altlateinischen Bibel, Nach Petrus Sabatier neu gesammelt un herausgegeben ron der Erzabtei; han aparecido hasta el momento el Génesis de B. FiscaER (Friburgo 1949) y los primeros fascículos de las cartas de S. Pablo por H. J. FREDE y de las cartas católicas por W. THIELE. Una óptima edición de los Evangelios ha sido realizada por A. JÜLICHER, Itala, Das neue Testament in altlateinischer Oberlieferung, comenzada en 1938 y todavía no concluida. Por lo que respecta a los textos retuslatinos hispanos, disponemos de las publicaciones del infatigable y malogrado investigador mons. T. AYUso (v.); en los Prolegómenos (Madrid 1953) de su obra monumental La Vetus Latina hispana se halla una amplia información, no sólo sobre la Vetus hispana, sino sobre los problemas en general de la Vetus Latina, con bibliografía abundante; han aparecido hasta el momento: El Salterio, Madrid 1962 y El Octateuco, Madrid 1967. Otros estudios recientes sobre la Vetus Latina son: H. J. FREDE, Altlateinische PaulusHadschriften, Friburgo 1964; W. THIELE, Die lateinischen Texte des 1 Petrusbriefes, Friburgo 1965.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.