Bellver, Ricardo
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Biografía GER
Escultor español, n. en Madrid en 1845, m. en la misma ciudad en 1924. Descendiente de una familia de artistas valencianos, estaba destinado a representar la culminación de su apellido. Tan sólo a los 17 años, hace una interesante efigie de Tucapel, el héroe de La Araucana, y, a los 19, un bello bajorrelieve de ninfas y sátiros. En 1870 va pensionado a Roma; su envío en bajorrelieve también, Entierro de S. Inés, es pura delicia lineal, más que clásica. Conclusa su pensión romana, presenta en la Exposición Nacional de Bellas Artes su Angel caído y obtiene por él - otro resultado hubiera constituido injusticia- primera medalla. Ya volveremos sobre este total acierto; en tanto, y hasta que concluyó su vida, B. se vio obligado a hacer obras de encargo, a muchas leguas de su clara inspiración. La estatua de la Fama, coronando el mausoleo de Goya, Meléndez Valdés y Donoso Cortés; el monumento a Juan Sebastián Elcano, para el Ministerio de Estado; las grandes efigies de S. Andrés y de S. Bartolomé, para S. Francisco el Grande, que resisten el cotejo con las de Jerónimo Suñol; y los tímpanos de la catedral de Sevilla, equivocadísima empresa, bien de aquel tiempo, para competir inútilmente con los de los escultores cuatrocentistas. Aún, otro error, el del sepulcro del Cardenal Silíceo, en el Colegio de Doncellas Nobles, de Toledo. O el del Cardenal Lastra, en la catedral sevillana. Pero B. podía arriesgarse a mil errores cuando contaba en su haber escultura tan espontánea, tan exactamente venida del cielo como es El Angel caído, en el Retiro madrileño. La hermosura y la perfección del joven demonio, el ritmo vertical que acompaña a sus alas incluso en la caída, la sensación de catástrofe en que vemos sumirse al derrotado, incluso la generosidad y nobleza del escultor, que no desea incorporar a su antihéroe elementos de fealdad - se contenta con añadirle unos cuernos casi imperceptibles- todo ello hace de la obra maestra de B. una de las cumbres más irrecusables de nuestra mejor escultura decimonónica. Pero, por estar situada en uno de los puntos vitales de Madrid, no se ve.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL. : I. A. GAYA NUÑO, Arte del s. XIX, en Ars Hispaniae, vol XIX, Madrid 1966, 303-307; M. E. GÓMEZ MORENO, Breve historia de la Escultura española, Madrid 1951.Guarda este contenido en tu perfil
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