Barbizón, Escuela de (pintura) ARTE
Categoria:
Arte
Agrupación de pintores que recibieron este nombre en el segundo tercio del s. xix por haber fijado su residencia y establecido sus talleres al aire libre en la pequeña localidad de Barbizón, en el frondoso bosque de Fontainebleau, no lejos de París. Pese al tiempo en que actuaron, su estética no participaba de los postulados románticos ni procedía de ellos. Más bien lo contrario, porque, dado que el Romanticismo atribuía gran importancia temática a la humanidad, tanto en su historia pasada como en su comportamiento político contemporáneo, los hombres de B. se proponían evitar tales asuntos, revirtiendo pura y estrictamente a la contemplación y reproducción de la naturaleza. Y como quiera que el bosque de Fontainebleau ofrecía, aparte de soledad, mil facetas cambiantes, llegó a convertirse en un verdadero santuario del paisajismo francés, no sin que se adhiriera al grupo más de un pintor de otra nacionalidad.A modo de precedente, contaban con la personalidad y con la obra del entonces casi desconocido Georges Michel (17631843), "el Ruysdael de los arrabales", que, buen conocedor del paisajismo holandés, se había obstinado en no pintar otra cosa que los alrededores de Montmartre, entonces pleno campo, fiel a su sentencia favorita de que "el que no puede estarse pintando toda su vida un espacio de cuatro leguas, no es más que un chapucero". Algo más de cuatro leguas tenían su centro en B., pero los artistas de la escuela procedieron de acuerdo con la sentencia. No les interesaba el paisajismo mitológico de Poussin (v.), ni el lumínico de Claudio Lorena (v.), sino la fidelidad enteramente objetiva de un Hobbema o de un Ruysdael, de modo casi panteísta y eludiendo la intervención de modelos humanos. De la principal personalidad de la escuela, Théodore Rousseau (v.), ya hay información suficiente en su ficha de esta misma obra. Trataremos de dar brevemente las de sus compañeros. Quizá el más importante después de 61 sea el bordelés Narciso Díaz de la Peña (180876), hijo de emigrados políticos españoles y falto de una pierna a consecuencia de la picadura de una víbora. Su arte conoció dos vertientes, una de colorismo anecdótico y pintoresco, otra la de su adhesión a la escuela que ahora nos importa, y en la que colaboró mediante conceptos acaso más frívolos, desde luego menos duros que los de Rousseau, prestando gran atención a los juegos de luz y haciendo un poco demasiado risueño acaso hasta femenino y placentero el escenario de robustas encinas y espeso follaje.Con N. Díaz de la Peña llegó a B. Jules Dupré (1811-89), a su vez intérprete muy personal del lugar; artista vigoroso, con mucha pasta sobre el lienzo, no perdía jamás de vista la unidad del fragmento de naturaleza enfocado. No se dejaba llevar por el detalle, pese a la completa gama utilizada, y daba las sensaciones luminosas con más rigor que Díaz de la Peña. Son inestimables sus bocetillos y dibujos realizados al aire libre, de primera intención. Otro activo integrante del grupo fue Charles Daubigny (1817-78), el que, sin embargo, pronto prefirió paisajes más abiertos y despejados, como los del valle del Oise. En sus obras hay una frescura, una nítida claridad que da más sensación de obra espontánea que la específica de B. Paul Huet (180369) es menos puramente paisajista, tendiendo a lo teatral, como en su celebrada obra Inundación en el parque de Saint Cloud, de 1855 (Louvre). Artista menos conocido, pero muy sensible, era Antoine Chintreuil (1814-73), excelente observador de cielos y atmósferas. Unos u otros pintores no franceses, como el inglés William Kennedy participaron por algún tiempo en las tareas del grupo de B., y aún procedería hablar, con relativa ligazón a éste, del animalista Constantin Troyon (1810-65), cuya diferencia con respecto a sus compañeros es la de que si éstos incluían alguna vez animales de labor en sus paisajes como formas accesorias, 61 las convertía en principales. En fin, la escuela de B. tuvo la importancia de señalar escenarios frescos y vivos que, paralelamente a los de Corot (v.), acabarían de abrir las puertas de la visión impresionista (v. IMPRESIONISMO). Como todos los movimientos sinceros y arrojados, tuvo la desventura de sobrevivir y vulgarizarse tras la indudable grandeza aportada por sus fundadores. Pero desempeñó un papel capital en la historia de la pintura francesa del s. XIX.V. t.: PAISAJE.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: E. MICHEL, La Forét de Fontainebleau, París 1909; F. HENRIET, Charles Daubigny et son oeuvre, París 1878.
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