Bárbaros, Pueblos I. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
1. Introducción., El lenguaje corriente de nuestros días da a la palabra bárbaros un significado peyorativo, muy diferente del que el vocablo tuvo en su origen. B., para un romano, no significaba más que "extranjero". Sin embargo, los historiadores, desde época muy temprana, acuñarán un nuevo concepto basado en una idea equivocada: la de que unos pueblos semisalvajes, súbitamente, en vertiginosa cabalgada desde lejanos países cayeron a finales del s. Iv, como un vendaval, sobre el rico y culto Imperio romano, destruyéndolo pasando a cuchillo a sus habitantes y no dejando piedra sobre piedra. Pero esta imagen es falsa. La idea catastrófica de las invasiones b. no es sostenida hoy por ningún historiador. Sin embargo, conviene resaltar este hecho porque todavía es una idea latente en la cultura popular. Los pueblos exteriores al Imperio romano traspasaron las fronteras en una ósmosis continua, ’a veces acelerada en fulgurantes invasiones frenadas por el ejército de Roma, pero en general pacífica y de acuerdo con los Emperadores, hasta que en la segunda mitad del s. Iv el lento transvase de población se convirtió en una verdadera oleada invasora. Pero no hubo ningún choque cultural terrible; una parte verdaderamente importante de los b. estaba completamente latinizada y, además, existía una cierta "barbarización" del mundo romano, que se fue acentuando durante los 100 años siguientes, hasta que el Imperio desapareció para dar paso a los diferentes reinos germanos.Es bien cierto que hubo guerras constantes durante este tiempo, pero la idea de un bando formado por romanos y otro constituido por b. es rudimentaria e ingenua. Convertido el Imperio romano en un campo de batalla, los b. aparecen formando parte del ejército romano, luchando entre sí muchas veces en defensa de Roma, otras por rivalidades tribales, otras, por supuesto, contra el ejército imperial, que desde hacía muchos años estaba constituido en su mayor parte por b. Y b. eran también sus mandos militares.Independientemente de la teoría catastrófica de la invasión bárbara, es también corriente la idea de que el periodo de las grandes invasiones es una época de turbación entre dos grandes etapas de estabilidad: la del Imperio romano y la nuestra. Esta idea debe ser también rechazada, pues realmente lo que en verdad resulta excepcional no es la época de invasiones, sino la etapa de paz romana, que es sólo un alto en medio de un torbellino de invasiones que, desde los albores de la Prehistoria, se prolonga hasta la Edad Moderna. ¿Es entonces nuestra época otra etapa de descanso? ¿Volverá. el mundo a conocer otra larga era de invasiones "bárbaras"? Modernos filósofos e historiadores coinciden en opinar que nuestros días son los últimos de la civilización llamada occidental, que vive hoy la crisis de su desaparición abocada a rápida decadencia; y hoy también se señala una serie de pueblos "exteriores", que viven más allá de las fronteras de nuestra civilización, no ya desde un punto de vista geográfico, sino social y económico; cultural, en suma. El conocimiento de la historia de las invasiones bárbaras y de la destrucción del Imperio romano puede servir quizá de respuesta a muchos de los problemas que se plantea el mundo moderno.2. Roma y los pueblos "bárbaros". En el s. V a. C. nace para la historia un pequeño villorrio sobre unas colinas a orillas del Tíber, en el centro de la península itálica. Lenta y trabajosamente los hombres que viven en 61 van creando una entidad política y cultural más grande, y más potente. Roma (v.) se convertirá en un mojón fundamental en el camino de la vida humana desde las más remotas etapas geológicas hasta el estelar mundo del futuro. Durante 1.000 años casi exactos, los hombres de Roma forjarán una cultura, un modo de vida que formará parte, ya para siempre, del acervo espiritual de la especie humana. De un pequeño villorrio nacerá un Imperio fabuloso, estable, rico y organizado que, cumplido su ciclo vital tras una agonía de más de 200 años, sucumbirá a manos de unos pueblos exteriores, que durante siglos habían permanecido deslumbrados al otro lado de las fronteras, sin atreverse a penetrar. Hasta hace poco tiempo, los historiadores, captando la importancia del hecho, acostumbraban a fijar, con la invasión de Roma, el fin del mundo antiguo y el principio de la Edad Media. Hoy sabemos que, en realidad, las invasiones bárbaras fueron el último episodio de la Edad Antigua y que durante dos o tres siglos la cultura latina y el espíritu germánico se fundieron, al calor de la religión cristiana, hasta producir una nueva civilización directamente entroncada con la de Grecia y Roma.Durante toda la historia de Roma, la presencia de los pueblos b. fue permanente. Unas veces penetraron en el Imperio, como los cimbrios y los teutones (en el s. ii a. C.), no en son de guerra, para ser destruidos por el potente ejército romano; pero, las más de las veces, arrojados de sus tierras por las conquistas romanas, penetraron en calidad de esclavos. Así, la población bárbara en el interior del Imperio siempre fue permanente. Educados en la cultura de Roma, los b. del interior abonaron el campo para laspenetraciones futuras. Con la llegada del Imperio, tras la desaparición de la República romana, los b. fueron adquiriendo una jerarquía cultural dentro de todas las capas sociales; liberados muchos de ellos de la esclavitud, se convirtieron en campesinos y artesanos y, después, fueron formando poco a poco parte de los cuadros del ejército. Olvidados los romanos de cuanto debían a su potencial militar, el ejército fue poco a poco convirtiéndose en mercenario. En el s. iv tribus enteras de b. fueron contratadas para guarnecer las fronteras del Rin y del Danubio. No fueron ya contratos a nivel personal, ahora se establecía un pacto (foedus) con un caudillo bárbaro; se le abonaban anualmente las soldadas de todos los guerreros o se le concedían unas tierras para cultivar; a cambio de ello los b. defendían al Imperio de invasiones exteriores. Poco a poco los jefes b. fueron adquiriendo nombramientos militares. Sólo un paso separaba al ejército romano de estar formado por sus propios enemigos. Y este paso fue dado a lo largo del s. v, casi insensiblemente. Cuando esto ocurrió, los habitantes del Imperio, acostumbrados a las tropas bárbaras, que vivían dentro de las fronteras con sus familias, no se dieron prácticamente cuenta de lo que ocurría. Los b. probablemente tampoco. La ficción de la autoridad imperial se mantuvo durante muchos años. Dividido el Imperio por Teodosio en Occidental y Oriental, cuando el jefecillo hérulo Odoacro depuso en el 476 al último Emperador, Rómulo Augústulo, envió la corona y el cetro imperial al Emperador de Oriente, Zenón. Los b. no quisieron conscientemente destruir el Imperio, sino formar parte de él. (V. t.: ROMA II).
En realidad sólo un caudillo bárbaro concibió un Imperio diferente del de Roma: Atila, rey de los hunos (v.), logró un efímero reino de las estepas desde el Ural al Rin. Pero, aun así, su capital de casas de troncos procuraba ser un calco de una ciudad romana; Atila construyó termas, tenía en su corte bufones y poetas, celebraba fiestas a la manera de Roma e intentó una rudimentaria organización administrativa. Pero, vencido por un ejército de b. y romanos, aunque logró llegar a las puertas de la Ciudad Eterna, no pudo dar una continuidad a su obra: a su muerte en el 453 el Imperio huno se disolvió.3. Distribución de los bárbaros en las fronteras del Imperio. Había b. eri todas las fronteras del Imperio romano. Podemos distinguir tres grandes frentes: a) En el S y SE, pueblos africanos y árabes, que vivían en arcaicos estadios culturales, con poca densidad de población, fragmentados en débiles tribus enfrascadas en querellas intestinas. No representaron una amenaza para el mundo europeo hasta el s. VII, unificados por el islamismo. b) En el E, el Imperio persa. Bajo los Sasánidas, Persia constituyó una entidad cultural independiente, enfrentada a Roma, pero sin apetencias de invasión. Encerrada en sus fronteras, Persia se bastaba a sí misma y tenía suficiente fuerza para rechazar de sus límites asiáticos a los pueblos nómadas de las estepas siberianas. En gran parte, la resistencia persa empuja a los pueblos amarillos hacia el N del Caspio para que, atravesando los Urales, impulsen a su vez a los pueblos del Oriente europeo hacia las fronteras del Imperio romano en el Rin y en el Danubio. c) En el N y NE, los pueblos germanos (v. GERMANIA I), que sirven de parachoques de Roma frente a los eslavos situados al E de Europa. En el caso de los germanos se da una mezcla de las dos situaciones anteriores. No hay ni una cultura superior ni una organización política, como en el caso de Persia, pero tampoco se encuentran, tan atrasados como los pueblos del sur del Mediterráneo. El número de los germanos es considerable y su organización suficiente. Por otra parte, la extensión de las fronteras con el Imperio es enorme y sólo los separan del mundo romano las estrechas cintas de agua de dos ríos. Los contactos son muy frecuentes, como ya hemos señalado. Cuando en el s. iv coinciden dos hechos, la debilidad creciente del Imperio y el desplazamiento incontenible hacia Occidente de los pueblos eslavos y particularmente de los hunos, los germanos atraviesan el Imperio por todas las fronteras.La cultura de los germanos y la de los latinos proceden, además, de un tronco común: el tronco indoeuropeo. Efectivamente, las modernas investigaciones lingüísticas nos hablan de unos pueblos, los indoeuropeos (v.), con un hogar cultural en Europa, desde las Islas Británicas al Asia central, que hablaron idiomas hermanos, indicativo de una cultura también gemela. Es éste un descubrimiento de la gramática comparada. Se distinguen asimismo dos grandes grupos: el oriental (indoiranio, armenio y baltoeslavo) y el occidental (¡talocéltico, germánico y griego). De este grupo occidental, por tanto, se distinguen históricamente dos formas culturales similares: la latinohelénica y la germánica, es decir, la cultura grecoromana y la de los pueblos germanos que implica también la céltica. La primera evoluciona rápidamente, la segunda queda más atrasada hasta que, tras el torbellino de las invasiones, se funden de nuevo. No debe extrañarnos, por tanto, esta fusión de latinos y germanos, puesto que es común una serie de elementos culturales básicos: la familia patriarcal, el carácter campesino, las concepciones morales, la religión, la mitología y una serie de premisas jurídicas. Incluso los esquemas sociales elementales (sacerdotes, guerreros y productores) nos hablan, no de una diferencia fundamental de concepto, sino más bien de distintas etapas de evolución.Los germanos formaban un mundo relativamente unido del que los romanos tuvieron conciencia desde la época de César. Pero una serie de pueblos diversos, incluso desde el punto de vista antropológico, formaban parte del mundo germánico. Ya los historiadores antiguos vieron en ellos distintos grupos y razas; Plinio y Tácito ensayan varias clasificaciones. Los historiadores modernos tampoco mantienen un criterio único sobre los pueblos germánicos. En general, se habla de "germanos de las estepas", "germanos de los bosques" y "germanos del mar". Las formas culturales de estos tres grupos son diferentes entre sí y diferentes a su vez de las de Roma, pero existen una serie de caracteres comunes, fáciles de concretar; cuando se introducen en el Imperio se mezclan una y otra vez. El grupo germano más importante es el de los godos, divididos a su vez en visigodos (v.) y ostrogodos (v.), división que encontraremos también en los vándalos (v.) (asdingos y silingos), suevos (v.) (cuands y marcomanos como ramas principales), francos (v.) (salios y ripuarios entre otros) y en general en todos los pueblos germánicos; ello da idea de su fragmentación. Además de los citados, penetran en el Imperio otros muchos pueblos germánicos: burgundios, alamanes (v.), lávaros, lombardos, sajones (v.), frisones, anglos, daneses, en sucesivas oleadas, incluso hasta el s. VII.Tras los germanos y empujándolos hacia Occidente, los pueblos de las estepas asiáticas se internan también en el Imperio, pero sin llegar a asentarse en él. En realidad fue la expansión de los nómadas de Asia la que precipitó la destrucción del Imperio romano, ya que, aun en plena decadencia, no sabemos el tiempo que hubiera podido resistir el Occidente romano a la penetración bárbara; pues no debemos olvidar que la resistencia del Imperio oriental o bizantino (v. BIZANCIO I) se prolongó casi 1.000 años más. De los pueblos asiáticos (alanos (v.), ávaros e incluso turcos, cuya avanzadilla fueran los búlgaros); el más importante fue el pueblo huno. Los hunos eran un pueblo de rudimentaria cultura, permanente a caballo, con el rostro cicatrizado y sin barba, de piernas cortas y baja estatura, cubiertos de pieles de ratas; infundían pavor a los romanos. Bajo el caudillaje de Atila, los hunos crearon un Imperio con centro en la llanura panonia y, tras empujar a los germanos ante ellos, invadieron el Imperio romano de Occidente. En el 451 fueron derrotados frente a los muros de Orleáns por un ejército de romanos y visigodos, pero Atila volvió en el 452 y llegó a Roma como hemos señalado anteriormente, para retirarse a instancias del papa León I.4. Vida y costumbres. Es tradicional la idea que nos legara César de una Germania cubierta de bosques y lagunas y un sistema de propiedad comunal. Sin embargo,ya Tácito en el s. I de nuestra Era nos habla, aun señalando la existencia de asociaciones comunales, de propiedad privada e incluso de grandes explotaciones con siervos trabajando la tierra. Este concepto de propiedad privada es, no debemos olvidarlo, el elemento fundamental de la estructura jurídica de Roma. Por otra parte, el nomadismo bárbaro se presenta ya en tiempos del Imperio extraordinariamente atenuado. Y los germanos aparecen viviendo en villas formadas por casas de madera y conocedores de una rudimentaria artesanía y un comercio incipiente. Las agrupaciones políticas de los germanos tienen en general carácter monárquico, pero en todo caso el poder supremo corresponde a una Asamblea general de hombres libres armados, que se reúne los plenilunios y que elige a los reyes o al consejo que ha de gobernar la comunidad.
El ejército estaba formado por todo el pueblo en armas. Cuando había que realizar largas marchas, las familias de los soldados iban en retaguardia en carros que transportaban los enseres domésticos. Los jefes militares eran elegidos y el ejército estaba fundamentalmente formado por infantería, aunque también había soldados a caballo. Como armas defensivas usaban el casco y el escudo y como armas ofensivas la lanza y, no siempre, la espada. Los germanos creían en la existencia del alma y rendían culto a las fuerzas de la Naturaleza y a los antepasados. En cuanto a los dioses de su mitología pueden parangonarse a los grecorromanos; tenían, no obstante, dioses protectores de la tribu y toda una teoría de seres intermedios entre los hombres y los dioses.Dos elementos culturales originales tendrán marcada repercusión en el futuro: la sippe, palabra que designa el fuerte vínculo familiar formado por los parientes de una persona que se sentían unidos hasta llegar a la venganza de sangre; y la fidelidad, juramento especial que unía hasta la muerte a los soldados y siervos con su señor. Estos dos elementos, particularmente el segundo, tuvo gran importancia en la sociedad de la Alta Edad Media y se integró dentro de la estructura feudal (v. FEUDALISMO; RÉGIMEN SEÑORIAL).Cuando los b. empiezan a penetrar en el Imperio, Roma establece dos formas de asentamiento; los letes, verdaderas colonias de guerreros que, a cambio de defender las fronteras, recibían tierras de cultivo; conservaban sus costumbres y su derecho nacional y estaban bajo la autoridad de un prefecto nombrado por el Emperador. Los primeros pueblos que penetraron en el Imperio aceptaron esta modalidad. La segunda forma de asentamiento es la federación. El rey b. firma un pacto, f oedus, con el Emperador por el cual recibe una cantidad anual y, al frente de sus guerreros, que no reconocen más autoridad que la suya, entra a formar parte del ejército del Emperador ante quien es únicamente responsable. Estos ejércitos aliados se mueven en todas direcciones por el Imperio, con sus familias; en el 398 los dos Emperadores que acababan de recibir de manos del español Teodosio un Imperio dividido (Arcadio y Honorio), promulgaron una ley por la cual los ciudadanos debían ceder una tercera parte de su casa y tierras para los federados que se establecieran en la comarca. El edicto se cumplió en muchos lugares, pero bastantes federados exigieron dos terceras partes.5. Asentamiento en el Imperio. Los pueblos germanos, bajo la presión de los eslavos y especialmente de los hunos, comienzan a penetrar en el Imperio en calidad de federados. En el 376, los visigodos cruzan el Danubio y dos años más tarde vencen al emperador Valente en la batalla de Adrianópolis. El sucesor de Valente, Teodosio (v.), establece como federados en la llanura panonia a los ostrogodos en el 380, y en el 382 a los visigodos. Pero los visigodos aspiran a establecerse en Italia. Aprovechando una primera irrupción de vándalos y alanos, pasan los Alpes en el 401, ponen sitio a Milán y en el 402 se enfrentan al general Estilicón (v.) en Pollenza; alejados de Italia, vuelven de nuevo en el 403 y son derrotados en Verona. Pero el ejemplo de los visigodos es seguido por los ostrogodos que entran en la Península en el 405 al mando de Radagaiso, para ser derrotados estrepitosamente al año siguiente en la Toscana; Estilicón condenó a muerte a Radagaiso.Sin embargo, el Imperio no podía resistir mucho más. El 31 dic. 406, atraviesan el helado Rin hordas de vándalos, alanos y suevos. Los francos, establecidos también por un foedus en esta frontera, son derrotados, y el nuevo emperador Constantino firma otro foedus, esta vez con los burgundios, y los invasores, perseguidos, penetran en. la península Ibérica en el 409. Hasta el 411 vagan por el país sembrando el terror. Suevos y vándalos asdingos se establecen en Galicia, silingos y alanos en el Sur; sólo la Tarraconense queda libre de b. a cambio de un fuerte tributo. En el 429, bajo el empuje de los visigodos, vándalos y alanos pasan al África. En el 439, el vándalo Genserico forma un reino en Cartago y unos años después, en el 455, saquea Roma. En España quedan los suevos con los visigodos que habían llegado a la Península para combatir a los otros b. En efecto, en el 408, de nuevo los visigodos, al mando como anteriormente de Alarico (v.), invaden Italia. Esta vez nadie podrá detenerlos. Obrará Alarico a su antojo y dispondrá del Senado y del Emperador que huirá a Rávena. Sitiará Roma tres veces, siempre en demanda de dinero y, en el 410, entrará a saco en la ciudad retirándose con cuantioso botín y numerosos prisioneros, entre ellos Gala Placidia, la hermana del Emperador. Muerto en Italia el mismo año, le sucederá su cuñado Ataúlfo, que en el 412 penetrará en la Galia y en Hispania. Dos años después, Ataúlfo se casará con Gala Placidia, pero muerto en el 415, se sucederán los asesinatos a causa de la corona visigoda. Triunfador Valia, se establece en un territorio cedido por el Emperador a caballo de los Pirineos con capital en Tolosa. A partir de este momento, los visigodos irán penetrando en la península Ibérica, empujados por los francos. Los visigodos se irán haciendo cada vez más independientes del poder nominal de Roma. Desde el 418 al 484 consolidarán el reino de Tolosa, pero a partir de esta fecha irán cediendo territorios del N de los Pirineos a los francos, hasta que éstos los derrotan en el 507 en la batalla de Vouillé, mandados por el gran rey Clodoveo (v.), que acababa de abrazar el catolicismo.El hecho más importante de estos años de intervención europea de los visigodos es su participación, al lado del romano Aecio, en la lucha contra Atila, el rey de los hunos. Dirigidos por el rey Teodoredo y su hijo Turismundo, los visigodos contribuirían decisivamente en la victoria sobre el asiático en el 451 (batalla de los Campos Cataláunicos, frente a Orleáns), pero Teodoredo murió en el combate, siendo sustituido por su hijo, que reinó hasta el 453.A partir del 455, el Imperio estaba acabado. Los burgundios se habían apoderado de todo el valle del Ródano. Britania (v.) había pasado a poder de sajones, anglos y jutos. Los vándalos atacaban Italia por el S, en el a. 468 el rey vándalo Genserico se apoderaba de Cerdeña, Córcega, Baleares y Sicilia, tras derrotar a las escuadras de Roma y Bizancio, que se aliaron ante el poder vándalo en el Mediterráneo. Un suevo, Ricimero, quitaba y poníaEmperadores a su antojo; a su muerte, tras disputas entre rivales al trono, el general Orestes sentó en 61 a su hijo Rómulo Augústulo. Era el 475. Al año siguiente, el jefe hérulo Odoacro le asesinó. Y nadie recogió la diadema imperial que el bárbaro envió a Constantinopla. Pocos años después los ostrogodos, al mando de Teodorico el Grande, fundan en Italia un nuevo reino bárbaro. Dividida así Europa entre los germanos, el Imperio Occidental se convierte sólo en un recuerdo permanente que, a lo largo de toda la Edad Media, mantendrá viva la idea, siempre permanente en los pueblos europeos, de una unidad hasta el momento no conseguida.
V. t.: ROMA III;GERMANIA I;VISIGODOS;OSTROGODOS; HUNOS; SUEVOs; VÁNDALOS; ALANOS; FRANCOS.A. MONTENEGRO DUQUE.
BIBL.: E. A. THomrsON, The visigoths in the time of Ulfil, Oxford 1966; fD, The early germans, Oxford 1965; P. COURCELLE, Histoire littéraire des grandes invasions germaniques, París 1964; F. LoT, Les invasions germaniques, París 1945; L. MUSSET, Les invasions. Les vagues germaniques, París 1965; P. RICHE, Les invasions barbares, París 1953; F. ALTHEIM, Attila et les Huns, París 1952; 1. HUBERT1. PORCHERW. VOLBAcH, La Europa de las invasiones, Madrid 1968; G. DUMEZIL, Les dieux des Germains, París 1959; R. ABADAL Y DE VINYALs, Del reino de Tolosa al reino de Toledo, Madrid 1960.
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