Barbarismos LIT.
Categoria:
Literatura
1. Concepto. Es un defecto de lenguaje que consiste en el empleo de una palabra, expresión o construcción tomada de una lengua extranjera e impropia de la lengua en que se usa. Cabe distinguir entre b. propiamente tal y solecismo. Aquél es un error cometido por el empleo de una palabra, expresión o construcción inexistente; el solecismo consiste en el mal uso de una palabra, expresión o construcción existente.El término b. procede del griego bárbaros (extranjero), a través del latín barbarus. Desde el punto de vista etimológico es, por consiguiente, equivalente de extranjerismo, y ha tomado un matiz peyorativo, que hace alusión al empleo incorrecto de una forma extranjera en lugar de la propia de la lengua. Solecismo, por su parte, también es palabra de origen griego y, aunque cabría discutir su etimología, suele admitirse que viene de soloikismos, habitante de Solis en Cilicia, haciendo alusión a las incorrecciones lingüísticas de los colonos griegos de esa ciudad.No es raro encontrar el término galicismo (v.) cómo sinónimo de b., aunque en realidad galicismo debe ser reservado para denominar una palabra o giro de origen francés. Tan marcada afición han mostrado algunos autores al uso de galicismos que se ha creado el término galiparla para designar su estilo.En un sentido más amplio, de acuerdo con la Real Academia Española se denominan b. una serie de defectos de lenguaje, entre los que se incluyen las faltas de ortografía y las acentuaciones erróneas (como "pántano" en lugar de pantano, "telegrafo" en lugar de telégrafo, "telégrama" en lugar de telegrama, "périto" en lugar de perito) hasta los arcaísmos (como "asaz" o "remembración") y los neologismos (v.) contrarios a la índole de la lengua, pasando por las faltas gramaticales ("yo cabo" por yo quepo, "cuala" para el femenino de cual, "te se ve el plumero" por se te ve el plumero) e incluso defectos o incorrecciones de pronunciación ("dino" por digno, "defeto" por defecto), sin excluir el ceceo y el yeísmo (V. ANDALUCÍA IV).2. Epocas de introducción. Barbarismos en español (así como en la mayoría de las lenguas no aisladas) se han utilizado siempre, aunque con mayor o menor intensidad según las circunstancias. Unas veces han procedido principalmente del francés; otras, del inglés; en algunas ocasiones, del italiano, de las lenguas indígenas americanas e incluso del alemán o del portugués. En general, proceden del francés y del inglés.Ya en la Edad Media, después de numerosos germanismos (v.) introducidos por las invasiones de los bárbaros y en gran parte asimilados por el idioma español, penetran galicismos procedentes de la lengua de oil y del provenzal, podría decirse que en intercambio de los numerosos términos españoles prestados a la lengua francesa. Las auras ultrapirenaicas que llegan a España con los caballeros franceses combatientes en la Reconquista, con los peregrinos a Santiago de Compostela, con los monjes cluniacienses, con las princesas y nobles francesas que casan con príncipes y nobles españoles, con la lírica provenzal, etc., aportan al idioma español gran cantidad de palabras, expresiones y construcciones; unas cobrarán carta de naturaleza, mientras que otras serán desechadas como b. contrarios a la lengua española. Entre las primeras cabe citar vinagre, manjar, mesón, monje, deán, mensaje, vianda y pitanza. En cambio, desaparecen voces como Tonta (deshonor, vergüenza; en francés honte, de origen germánico), de volonter (de buen grado, a gusto; en francés actual volontiers), cosiment (preocupación, reflexión; de origen provenzal), sen (sentido; palabra provenzal), f olín (locura, insensatez; también provenzal, parecida a la forma folie del Norte), etc.Otro momento de gran intercambio lingüístico entre Francia y España es el de las guerras de Italia, que motivan la aportación de no pocos italianismos (v.) en relación principalmente con el mundo del comercio y la navegación y otros referentes a las letras y a la guerra.La llegada de los Borbones con sus modas, costumbres, ideología y estilo arquitectónico supone en el espíritu español una conmoción que se acusa notablemente en las letras y en la lengua. La imitación de lo francés cautivará a algunos sectores que pueden considerarse precursores de ciertas tendencias de los afrancesados. La moda se reflejará en el corsé, el pantalón, la chaqueta, el polisón, el miriñaque y los términos satén y tisú. En el mobiliario conoceremos el sofá, el secreter y el buró. La influencia en la vida social se verá reflejada en las expresiones gran mundo, hombre de mundo, petimetre y ambigú... Una vez más, del alud de palabras y expresiones que nos invaden en esa época, algunas conseguirán carta de naturaleza; otras, en cambio, acabarán por ser desechadas. Durante los s. XVIII y XIX se produce una irrupción de anglicismos (v.) digna de tenerse en cuenta. El espíritu revolucionario inglés de exportación, en contraste con su conservadurismo tradicional, hace que recorran Europa los términos mitin, comité, líder, club... junto con otros como repórter o reportero, interviú, confort, turismo, dandy y tílbury. La influencia de los deportes ingleses, así como inventos en relación con el ferrocarril, el tranvía y la navegación proporcionan gran número de términos a otras lenguas, entre ellos fútbol, match, gol, golf, bridge, póquer, tranvía, vagón, túnel, ténder, wagonlit, single, yate, bote, singlar y singladura.3. Estado actual. En nuestros días, la avalancha de palabras y construcciones extranjeras tienen tal ímpetu que ha promovido reacciones mucho más fuertes que otras veces. Las relaciones con los extranjeros se han hecho muy frecuentes por el incremento del turismo, las corrientes de emigración, los intercambios culturales, los cursos de extranjeros, etc., sin contar con el poder de la radio y la televisión. Por otro lado, los corresponsales de prensa, radio y televisión en el extranjero redactan con urgencia y a vuelapluma crónicas y noticias que son traducciones con premura de párrafos enteros o al menos algunas frases de periódicos del país. Las adaptaciones al español se multiplican con harta frecuencia y hacen decir "cortina de hierro" (rideau de fer) en lugar de telón de acero, y bajo ciertas influencias hablan del "revanchismo alemán" y de las "fuerzas de parachutistas... " o de "masacres" por matanzas, de "plantas" (industriales) por fábricas o factorías, de "administración" por gobierno, de "exprimir" por expresar, "clarificar" por aclarar, "erradicar" por desarraigar. Otras veces, el cronista ha de expresar o dar nombre a algo que no tiene denominación en su idioma o él no la conoce, y en lugar de esforzarse en buscar o descubrir la denominación apropiada, se conforma con reproducirla dándole a lo sumo una ligera apariencia de adaptación. De ahí la contestación y sus contestatarios que contestan el orden establecido, los conocimientos del profesor o superior, o sencillamente las más elementales normas de convivencia social y de buena educación. Un pequeño esfuerzo y sobre todo un mejor conocimiento de la propia lengua servirían para evitar semejantes b. introductores además en español de una molesta e inútil homonimia.Hemos aludido a las informaciones y crónicas de la prensa, radio y televisión como vehículos de difusión de b. dignos de tener en cuenta por la influencia de estos medios de comunicación. La televisión ofrece aún otra fuente de propagación de b. con los doblajes de telefilmes. Podría pensarse que la premura característica de informaciones y noticias no tendría nada que ver con estos doblajes. Pero no es así. Razones de economía urgen también aquí su traducción o adaptación, realizada generalmente en laboratorios establecidos en México o Puerto Rico y que deben procurar una lengua apta para la proyección en España y en los países hispanoamericanos. A pesar de los inconvenientes que supone en cuanto a la introducción de b., no podemos dejar de señalar las ventajas que lingüistas muy expertos y sensatos han visto en este hecho, por cuanto puede contribuir a la unidad del español en el mundo de habla española, siempre que se pongan los medios para evitar que sea vehículo de difusión de b. con sello americano.4. Causas. El b. en su sentido propio es más frecuente entre las clases cultas que en las populares. El pueblo español, y de una manera especial en zonas rurales, es más reacio a las modas, costumbres y palabras venidas de fuera; el campesino español se ha distinguido como uno de los que mejor hablan. El b. es, con frecuencia, hijo de la presunción y del esnobismo que, pretendiendo hacer gala de erudición, suele ocultar una solemne ignorancia. Por eso podríamos decir que, la mayoría de las veces, el b. es consecuencia de la ignorancia. Aun en los casos de más deslumbrante presunción es fácil reconocer un interés por hacer gala de unos conocimientos que no logran disimular la poca seguridad en la semántica de la propia lengua y en los fundamentos de la gramática. ¿Qué podemos pensar de una crónica en que, a pesar de su brevedad, se nos dice, entre otros dislates, que "las autoridades policiales de Roma consignaban al rector una documentación fotográfica impresionante... de los daños causados por tales gentileshombres en la Ciudad Universitaria... para saber cuáles procedimientos entiende adoptar en el riguroso respeto de la Ley... para eliminar manifestaciones de minorías facciosas que, superando los confines de la protesta civil, deliberadamente contestan los principios fundamentales del régimen de la libertad... y turban la vida escolástica italiana..."En lugar de emplear los nombres de ciudades en la forma tradicional en lengua española, como Burdeos, Londres, Nueva York, Maguncia..., algunos dicen Bordeaux, London, New York, Mainz..., disculpable en ocasiones por la ignorancia puesta de manifiesto sobre todo en nombres como Anvers o Antwerpen por Amberes, Bruges o Brugge por Brujas, AixlaChapelle o Aachen por Aquisgrán, Kdln por Colonia, etc.
5. Polémica. El empleo de palabras, expresiones y construcciones extranjeras siempre ha motivado polémicas entre partidarios y enemigos de su aceptación en la lengua española dándose las denominaciones de puristas y reaccionarios a los que se oponen a su difusión, y de liberales y progresistas a los que la fomentan o al menos la ven con simpatía, complacencia o indiferencia.Frente a actitudes como las mantenidas por la Carta del Bachiller de Arcadia al Capitán Salazar, a mediados del s. XVI, contra los italianismos, y la que generalmente ha observado la Real Academia de la Lengua, que, p. ej., en el s. XVIII insistía en que se deben "desterrar las voces nuevas, inventadas sin prudente elección", y las que se producen en nuestros días en contra de los b., o al menos dando un toque de atención contra su proliferación y su empleo innecesario, conocemos otras que ven con agrado y aplauden la multiplicación de neologismos en la lengua española, sean o no extranjerismos, lo mismo si son o no justificados.Arremetiendo contra los puristas y tratando de justificar los galicismos, exclamaba Feijoo: "¿Pureza de la lengua castellana? Antes se debería llamar pobreza, desnudez, sequedad". Más sensato se muestra Unamuno en Sobre la lengua española cuando dice que "meter palabras nuevas, haya o no otras que las reemplacen, es meter nuevos matices de ideas". Y Emilio Lorenzo (El español de hoy, lengua en ebullición), aceptando la postura de Unamuno, afirma con acierto que "es posible dejar paso libre a cualquier expresión extranjera que venga a añadir un matiz nuevo a otra nueva, que por las especiales características de sus contornos semánticos no rija plenamente en el terreno específico en que aquélla pretende instalarse". Hay, sin embargo, palabras, añade, que "vienen a suplantar, sin título alguno que las avale, voces españolas perfectamente sanas, sin añadir un ápice a su valor significativo". Este justo medio es el que parece más acertado: ni oposición sistemática e inconsciente a todo término extranjero, sea o no necesario o conveniente, ni menos aún entrada libre.La historia del español, como podemos ver en Historia de la lengua española, de Rafael Lapesa, ha conocido en el curso de los siglos la irrupción, adaptación y asimilación de numerosas palabras, expresiones, sonidos, giros, construcciones y estructuras de otros idiomas. Recordemos la influencia germánica y la árabe y las aportaciones del francés, inglés, alemán e italiano en el curso de los siglos. No debe, pues, inquietarnos demasiado esa crisis que se agudiza, tanto en España como en Francia e Italia, de una invasión de palabras extranjeras. Bienvenido sea el término que añade un matiz nuevo o sustituye alguna palabra enferma por envilecimiento o por desgaste, o resuelve un caso fastidioso de homonimia. Pero cuando esos términos pretendan suplantar voces españolas perfectamente sanas, sin añadirles ningún matiz especial, desechémoslos."Frente a los extranjerismos idiomáticos de todo orden, recuerda Emilio Lorenzo, el peligro no estriba en dejarlos entrar, sino en el riesgo... de que la lengua acreedora no sepa rechazar lo superfluo ni depurar y encasillar lo necesario y fértil en su sistema". Gracias a Dios, podemos tener confianza en el idioma español, que goza de buena salud y se asienta sobre cimientos muy firmes, siendo capaz, una vez más, de encauzar la irrupción de extranjerismos, y adaptar a sus complejos sistemas fonológico y gramatical las voces que serán seleccionadas como aptas para entrar en su léxico. Con este criterio de prudente moderación y de selección no debe asustarnos la aparición de voces extranjeras en la lengua española. Las protestas de los puristas orientarán a la comunidad lingüística, que es en definitiva quien decide, ya que la misma Academia acaba por admitir cuantas palabras hace suyas el pueblo. Y éste, por grande que sea la ignorancia de la lengua española en amplios sectores, a veces los considerados más cultos, y por grande que sea el afán de novedad y de esnobismo que caracteriza a no pocos impacientes y pretenciosos, selecciona con un criterio muy real, haciendo suyas las palabras que realmente convenga y desechando las inútiles o poco apropiadas.6. Barbarismos de léxico. Aun en el peor de los casos, el b. lexical no es tan temible como el gramatical. Las protestas y las voces de alarma claman, no sin razón, contra las palabras extranjeras, pero rara vez se protesta contra los b. gramaticales, sobre todo los que se refieren a la sintaxis. Desgraciadamente, se descuida con harta frecuencia el estudio de la gramática, en particular la sintaxis. De ahí que, por un lado, se introduzcan con facilidad en este campo, y, por otro, que sean menos frecuentes e intensas las voces de alerta y de repulsa contra ellos.Se pueden aceptar sin reservas las palabras de origen extranjero que designan algo que no tiene aún nombre en español y aquellas otras que añaden un nuevo matiz a las ya existentes. Así, cuando surgió el ferrocarril se aceptó tren (del francés train), túnel, trole, ténder, vagón... del inglés. Más recientemente se ha aceptado rádar o radar, nylon (pronunciado nailon). Y antes se admitió gol, golf, póquer...Pero ¿qué necesidad tenemos de decir "toilette" en lugar de aseo, o "trousseau" en lugar de equipo de novia y ajuar? Y así podríamos seguir con una larga, interminable lista que iría desde "bibelot", "complot", "debut" "chapó"... hasta telefonazo (recientemente admitido), "golpe de ojo", "cortina de hierro", "puerta de emergencia", "telón de fondo", "tabla de materias"..., pasando por enseñante (consagrado recientemente en documento de carácter más o menos oficial, como absurda condescendencia a la demagogia anticátedra), "revanchismo", "parachutista", "tricotar" y el absurdo "coordenados" que vemos en numerosos comercios en expresiones como "vestidos y sus coordenados", "cuarto de baño y sus coordenados". El desconocimiento de la lengua ha dado entrada en el mundo del correo a expresiones como "carta recomendada" (del francés lettre recommandée) en lugar de carta certificada, "entrega especial" (del inglés special delivery) en lugar de correspondencia urgente, y "caja postal" (del inglés postal box o del francés boite postale) en lugar de apartado de correos.Las bases conjuntas hispanoamericanas, los intercambios, las maniobras conjuntas y el material de guerra americano, entre otros factores, amén de las crónicas periodísticas, de la radio y la televisión, han contribuido a familiarizar, sin justificación suficiente, "fuerzas armadas" para designar al ejército y a las tropas, "fuerzas aéreas" para designar la aviación militar. Gracias a Dios ha desaparecido el horrible galicismo "parachutista" que durante años fue un peligroso y absurdo cancurrente de paracaidista. La guerra del Vietnam ha impuesto la "escalada de los bombardeos...".En el mundo del comercio nos encontramos con medidas "standard", con estudios de "marketing", con cifras y ventas "récord", con los "stand(s)", el poder de los "trusts", la organización de "boicots", la explosión de un "boom", y la multiplicación de "slogans...".En los juegos y deportes, aparte de numerosas palabras, perfectamente adaptadas y acertadamente admitidas en el léxico español, como deporte y deportista, gol, golear y goleador, fútbol (que tuvo un serio contrincante en balompié...), oímos con harta frecuencia vestir un "maillot", jugar un "match", derrotar en el segundo "round", la parcialidad del "réfere", lograr un nuevo "récord", las noticias de un "repórter...".Las modas, las vestimentas y las costumbres han sido particularmente afectadas por la influencia extranjera, que proporciona una avalancha de palabras, con las que nos sentimos familiarizados. Unas han pasado a enriquecer el léxico, otras luchan por adquirir carta de naturaleza y no pocas acabarán por desaparecer. Un rápido recuento nos ofrecería "smoking", frac, chaqué, "jersey", "hanorac", "pullover", "sweter" o "suéter", chapó, "renard", "flirt", "hippy", "snob", "policeman", "gentleman", "dandy", "chic", "girl", "lady"...En la casa entramos por el "hall" o "jol", se toma un "whisky" en el "living", instalado con todo "confort", y nos ofrecen unos "fondants" o unos "marrons glacés", mientras en el "office" preparan un "lunch", o un "cocktail", o sencillamente unos "sandwiches"; alguien echa o lanza un "golpe de ojo" al "buffet" y también a los "bibelots" colocados aquí y allí; y no falta quien pregunta por la "toilette" o el "water"; alguno, después de "flirtear" con una "girl", se despide repitiendo "merci" al mismo tiempo que promete un telefonazo para fijar un próximo "rendezvous" en un "restaurant" donde conoce al " maitre".B. como "remarcable", "pitoyable" o "veritable", lo mismo que algunos adverbios en mente como "usualmente", "mismamente", "otramente", "ningunamente", y adjetivos en cional como "educacional" hieren un oído español por poco sensible que sea.La multiplicación de diminutivos formados con el adjetivo pequeño ("pequeña casa", "pequeño libro", "pequeña mesa"..., en lugar de casita, librito, mesita...) son un calco improcedente del francés, muy pobre en diminutivos formados con sufijos.No es raro, por influencia extranjera, confundir el significado de un adjetivo o emplear uno en lugar de otro. Y así se dice "un tiempo dulce" o "un clima dulce" (del francés un climat doux, un temps doux) en lugar de un tiempo suave y un clima suave; "las plantas salvajes" y "unas florecillas salvajes" (por influencia del inglés wild o del francés sauvage que sirven para designar salvaje y silvestre), en lugar de las plantas silvestres y unas florecillas silvestres; y se habla de "anuncios clasificados" y de "documentos clasificados" (por influencia del inglés classified) en lugar de decir anuncios por palabras y documentos reservados, confidenciales o secretos. Algunas agencias de viajes anuncian "viajes redondos" (round trip) en lugar de hablar sencillamente de viajes de ida y vuelta. 7. Barbarismos gramaticales. A pesar de lo desagradable de tales expresiones y de lo absurdas que son, más graves aún resultan los b. gramaticales, especialmente los sintácticos. Pasaremos por alto algunos extraños usos de proposiciones, por influencia francesa unas veces e inglesa en otros casos, o incluso regional alguna vez, como "esperar por alguien" o "aguardar por uno", "ir en Vigo" en lugar de ir a Vigo, "motor a aceite pesado" por motor de aceite pesado, "embajador cerca de la Santa Sede" por embajador ante o en la Santa Sede, etc., sin olvidar los "timbres a metálico", "las acciones a tomar" o "ejercicios tácticos a realizarse" para "alcanzar una victoria del enemigo" (en lugar de sobre el enemigo). Prescindiremos también del empleo de artículo ante nombres de países en casos en que el español correcto no lo emplea: "visitar la España", "viajar por la Francia", "recorrer la Alemania"...También se está introduciendo, por influencia francesa e inglesa, la construcción "el Sr. y la Sra. Laplane" (M. et Mme. Laplane, Mr. and Mrs. Fitz) en lugar de el Sr. Laplane y Sra. o los Sres. (de) Laplane.Más graves son construcciones como "es por esto que...", "es... que...", y el abuso de los gerundios, sin contar con otros b., no de origen extranjero, como "lo hay que decir", en lugar de hay que decir(lo), o "te se ha caído" en lugar de se te ha caído. Con harta frecuencia se emplea el gerundio en casos contrarios al español correcto: "una orden disponiendo su cese", "un avión transportando una carga nuclear", "un museo poseyendo ricas colecciones", "un bolso conteniendo una gran cantidad de dinero"... También es frecuente la construcción estar más gerundio: "todo el expediente estaba siendo revisado", "la vía está siendo reparada con toda urgencia"... Menos frecuente es el empleo indebido del participio de presente. De todas maneras alguna vez encontramos construcciones como "una mujer muy viviente" (une femme tris vivante) en lugar de urna mujer muy viva, muy despierta o despabilada, o "un pueblo muy sufriente de la sequía" (un peuple tris souf frant de la sécheresse) en lugar de un pueblo que sufre o padece mucho a causa de la sequía.Si cabe cierta condescendencia con las palabras extranjeras que tratan de introducirse en la lengua, nuestra oposición, en cambio, debe ser enérgica cuando se trata de estructuras gramaticales tan contrarias a la idiosincrasia de la lengua española. El remedio más eficaz será siempre el estudio y práctica de la gramática y el familiarizarse con las estructuras básicas mediante unos modelos bien seleccionados y fáciles de grabar en la mente.J. CANTERA ORTIZ DE URBINA.
BIBL.: R. J. ALPARO, El anglicismo en el español contemporáneo, Madrid 1964; fD, Diccionario de anglicismos, Panamá 1950; S. FERNÁNDEZ RAMÍREZ, Gramática española, Madrid 1951; R. LAPESA, Historia de la lengua española, Madrid s. a.; E. LoRENZO, El español de hoy, lengua en ebullición, Madrid 1966; A. RUBIO, La crítica del galicismo en España (1726-1832), México 1937; M. SECO, Diccionario de dudas de la lengua española, Madrid 1964; J. TERLINGEN, Los italianismos en español desde la formación del idioma hasta principios del siglo XVII, Amsterdam 1943.
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