Baleares IV. Historia Antigua. HIST.
Categoria:
Historia
Son varias las fuentes antiguas que se refieren a las islas B., algunas de ellas con prolijidad de detalles descriptivos. Durante la Edad del Bronce, las islas, y especialmente las dos mayores, no se hallan apenas ligadas a la península Ibérica, sino que siguen más bien otro rumbo, vinculadas a otros centros del Mediterráneo.Primeras noticias en las fuentes clásicas. Las primeras noticias sobre su población, debidas a los griegos son un tanto confusas. El Periplo de Avieno denomina con el nombre de Gymnesia a la isla de Ibiza, a la vez que llama gymnetes a los habitantes de la costa peninsular del cabo’, de La Nao. Quizá esta ambigüedad se debe a unas po1bles relaciones entre las poblaciones de Ibiza y las del litoral levantino. Según cuenta Estrabón, los rodios se establecieron en las islas Gymnesiai, en uno de sus largos viajes por Occidente hasta la península Ibérica; sin embargo, la arqueología no ha confirmado hasta ahora tales noticias. Los primeros en establecerse fueron los cartagineses, en el 654 a. C., en Ibiza. Mallorca y Menorca no fueron dominadas por extranjeros hasta su conquista por los romanos.En cuanto a la denominación y número de las islas a través de las fuentes literarias, hay variaciones. Las noticias más antiguas, como antes se ha dicho, hablan de unas Gymnesiai. El Periplo de Avieno parece desconocer a Mallorca y Menorca. Hecateo cita dos islas frente a las costas españolas: Meloussa y Kromyoussa, sin especificar qué nombre corresponde a cada una de ellas, lo cual hace suponer que los griegos las conociesen por estos nombres. El apelativo de Balearides, que en la Antigüedad eran solamente Mallorca y Menorca, no aparece en textos hasta mediados del s. II a. C., con Polibio. Estrabón cree que la denominación proviene de los púnicos. Los romanos las llamaron siempre por este nombre y resulta aceptable que tal apelativo fuese en su origen indígena, usado posteriormente por los cartagineses y aceptado por los romanos. Ya en plena época histórica, Mallorca y Menorca reciben el nombre de Maior y Minor.Los griegos llamaron, a su vez, Pityoussai o islas de los Pinos a Ibiza y Formentera. Esta última recibía especialmente entre ellos el nombre de Ophioussa, por las muchas serpientes que había en la isla. En los textos de Plinio y Mela, recibe el nombre de Colubraria, que alude a sus culebras. A mediados del s. I a. C., estaba aún deshabitada. Plinio cita algunas islas más del archipiélago, entre ellas la de Capraria, peligrosa para los navegantes, y otras hasta ahora no identificadas, que deben ser simples islotes o peñascos aflorando sobre el mar, y que, según este autor, son visibles desde Mallorca.Ibiza. La colonia más antigua de todo el archipiélago fue Ebussus, emplazada en la actual ciudad de Ibiza, primera fundación colonial de los cartagineses en Occidente. Parece que entonces la isla estaba escasamente habitada o quizá desierta. Pronto adquirió gran importancia por su floreciente comercio y en el s. I vivían ya en ella gentes de todo el Mediterráneo: púnicos, griegos, iberos y romanos. Las excavaciones de sus necrópolis Isla Plana y Puig des Molins dan testimonio de la riqueza de este emporio. Varios yacimientos más en otros puntos de la isla hablan de su importancia, pudiéndose juzgar a través de los hallazgos arqueológicos el carácter cosmopolita de sus habitantes. El comercio, la industria, la pesca con sus salazones y la agricultura, iniciada en seguida por la importación de colonos, transformaron la isla en un centro de auténtica importancia.Mallorca y Menorca. Estas islas continuaron con su tipo general de vida hasta la llegada de los romanos. El suelo de ambas era de gran fertilidad y riqueza agrícola. Plinio habla del trigo baleárico y elogia sus viñedos. Sus habitantes, de natural pacífico, permanecieron al margen de los acontecimientos políticos del Mediterráneo occidental, pero en el último tercio del s. II a. C. los piratas que tenían sus bases en estas islas y sus aliados indígenas atacaron naves y costas de dominio romano, lo cual provocó la intervención directa de Roma, que, tras dos años, pudo conquistarlas. Cecilio Metelo, que efectuó la toma en el 121 a. C., introdujo a continuación en las islas 3.000 colonos de entre los romanos de Hispania, fundando con ellos las colonias de Palma y Pollentia. Las excavaciones en las ruinas de esta última, en la actual Pollensa, están dando a conocer el plano y los restos de la ciudad romana. Algunas ciudades mallorquinas citadas por Plinio siguen aún sin identificar. En Menorca, la actual ciudad de Mahón conserva todavía el nombre de Mago, citada en los textos antiguos y que sería fundada por el general cartaginés Magón, a finales del s. III a,. C., al retirarse con su escuadra a la isla, tras la caída de Cádiz en manos de los romanos (206 a. C.).Las noticias referentes a hechos puramente históricos de las B. son bastante escasas, reduciéndose exclusivamente a datos esporádicos. Se sabe que Cneo, asesinado su padre Pompeyo, no pudiendo invadir el reino de Bogud, aliado de César, optó por dirigir su escuadra a las B., apoderándose de ellas y convirtiéndolas en base de sus expediciones a la Península. Con la división de Hispanfa en el 27 a. C. por Augusto en tres provincias, las B. fueron adscritas a la Tarraconense, y, después de Diocleciano, quedaron separadas de ésta, formando provincia aparte.Indígenas baleáricos. Los naturales de las B., a pesar de su condición pacífica, aprendieron pronto a defenderse de los invasores. Usaban como armas de combate una jabalina endurecida al fuego, en contadas ocasiones una lanza con una pequeña punta férrea, y un escudo de piel de cabra. Pero el arma que los hizo famosos fue la honda, en cuyo manejo demostraron una habilidad excepcional. Este uso debió ser muy antiguo, dada la economía pastoril apropiada en las islas mediterráneas, ejercitándose en su manejo todos los indígenas desde muy corta edad. Estrabón dice que las hondas las llevaban alrededor de la cabeza y que eran de tres tamaños diferentes según la distancia de tiro que intentaban alcanzar. Estaban hechas con junco negro, cerdas o nervios. Con ellas lanzaban piedras de gran tamaño, a las que no resultaban inmunes incluso las corazas y cascos de metal. Cecilio Metelo, en la conquista de las islas que le valió los honores del triunfo y el sobrenombre de "Balear" a su vuelta a Roma, tuvo que proteger sus barcos con pieles para defenderlos de los tiros de honda. Los cartagineses utilizaron a los honderos baleáricos en sus guerras, especialmente las mantenidas en los s. vIII a. C. con los griegos de Sicilia y en las de Aníbal con Roma hasta la batalla de Zama. La organización de estas gentes debió ser paralela a su cultura material, estrechamente enlazada con el Mediterráneo hasta la llegada de los colonizadores. Todavía en el s. II a. C. antes y después de la conquista de los romanos, siguieron utilizándose los santuarios baleáricos de tradición antigua. Las figurillas encontradas en las cuevas sepulcrales y qué representan toros y palomas hacen referencia a cultos de raigambre mediterránea. Con la presencia púnica y especialmente con la definitiva organización romana, comenzada por Quinto Cecilio Metelo en Mallorca y Menorca, irían sustituyéndose las organizaciones antiguas.V. t.: ESPAÑA VI.M. PELLICER CATALÁN.
BIBL.: L. PERICOT, La España Primitiva, Barcelona 1950; A. GARCÍA Y BELLIDO, Colonización púnica, en Historia de España Espasa Calpe, I, 2, Madrid 1952; P. BoscH GIMPERA, Etnología de la Península Ibérica, Barcelona 1929; B. ENSEÑAT, Los problemas actuales de la historia primitiva de Mallorca, "Arqueología Balear" 1, Palma de Mallorca 1953; J. M. QUADRADO, Islas Baleares, Barcelona 1968; FHA, IV; J. MASCARO PASARIUS, Prehistoria de las Baleares, Palma de Mallorca 1968.
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