Azorín (josé Martínez Ruiz)
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Biografía GER
Escritor español. N. en Monóvar (Alicante), el 8 jun. 1873. M. en Madrid el 2 mar. 1967. Primero de los nueve hijos que tuvieron Isidoro Martínez Soriano y María Luisa Ruiz Maestre. Su padre, natural de Yecla, era abogado y gozaba de una posición económica holgada. Fue alcalde de Monóvar y militó en el grupo conservador. A los ocho años, A. ingresa en el internado de los escolapios en Yecla. Las experiencias vividas en él dejaron honda huella en su carácter como ponen de manifiesto algunas de sus obras. En el otoño de 1888 acude a Valencia para realizar en su Univ. el curso preparatorio de Derecho. No fue buen estudiante; su espíritu inquieto, curioso ante muchas cosas, se avenía mal con el estudio, prefijado, de unos programas escolares. El futuro A. empieza a revelarse en este estudiante universitario. En su vida diaria, no muy distinta a la de sus compañeros, aflora un doble rasgo revelador del espíritu que manifestará más adelante: su amor a la lectura y una creciente pasión por la naturaleza.En Valencia da comienzo la actividad literaria de José Martínez Ruiz. Publica artículos en El Pueblo, periódico de Blasco Ibáñez; en El Mercantil Valenciano y en los semanarios de Monóvar El Pueblo y El Eco Monovero. Fruto principal de esta etapa inicial en su vida de escritor son varios folletos, el primero de los cuales, firmado con el seudónimo Cándido, se titula La crítica literaria en España y está fechado en 1893. Dos años más tarde publica ya con su nombre.La tercera y última fase de su vida juvenil se inicia el día que arriba a la Corte desde su Levante nativo, en el otoño de 1896. Esta nueva circunstancia, las experiencias de toda índole que ella ha de depararle serán, como las vividas hasta entonces, decisivas en su formación intelectual; a recordarlas consagra A., en 1941, su libro Madrid; el mismo año había dedicado el libro titulado Valencia a rehacer los recuerdos de su vida en la capital mediterránea. En Madrid, el aprendiz de escritor se entrega totalmente al quehacer literario; su estancia en la Corte le permite conocer personalmente a los escritores ya consagrados, convivir con la generación literaria que como él se prepara a la conquista de la celebridad, aumentar también el panorama de sus lecturas. Aquellas nuevas relaciones se inician y consolidan en redacciones de periódicos y tertulias de café. Como periodista escribe en El País y en la casi totalidad de las revistas redactadas por los escritores jóvenes; su consagración en el quehacer periodístico le llega al colaborar con su firma en los famosos Lunes de El Imparcial; luego figurará en la redacción de El Globo y, en fechas posteriores, en los diarios España y ABC.Primeras obras. Desde su llegada a la Corte reanuda la edición de los libritos que vienen recogiendo los tempranos frutos de su labor literaria; en 1897 aparece Charivari, especie de diario íntimo, desenfadada presentación de la vida literaria madrileña, y Bohemia, colección de. narraciones breves; siguen a éstos otros títulos y en 1900 aparecen Los hidalgos y El alma castellana. En 1901, las obras Diario de un enfermo y La fuerza del amor, tragicomedia nunca representada a la que puso prólogo Pío Baroja. La presencia del tema de España en la literatura de José Martínez Ruiz es muy precoz. Su rastro se descubre ya en estos primeros libros. Más tarde, razones circunstanciales, la hora histórica nacional que el futuro A. convivió con los españoles de su tiempo en los años finales del siglo, harán que tal presencia cobre amplitud, hondura, sentido e importancia decisivos.Entre 1902 y 1904, su bibliografía se enriquece con tres libros de muy singular factura, pioneros de una nueva etapa en la vida de su autor. Estas obras, La Voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo ( 1904 ), constituyen, en realidad, partes de un mismo relato, a modo de trilogía, testimonio de la crisis en que desemboca una evolución estética y personal, íntima, que empezó a fraguarse en Valencia al calor de las lecturas juveniles y en cuyo desenlace influyó también, decisivamente, la situación politicosocial de España, puesta al desnudo por el desastre colonial de 1898.
Colaboración en la prensa y reconocimiento de su obra. Desde 1904 hasta su muerte, la vida cotidiana de A. discurre plácida, dedicada por entero al quehacer literario. En ella podemos delimitar dos periodos, separados por los años de exilio voluntario en París durante la guerra civil española. El apartamiento de A., apenas iniciado el siglo, de tertulias y reuniones literarias fue casi total; su vinculación política al partido conservador, a Maura primero, a La Cierva después, contribuyó no poco a distanciarle de sus compañeros de generación. Sostuvo, sin ninguna interrupción, su labor periodística. Buena parte de su obra, recogida más tarde en volúmenes, está constituida por colaboraciones literarias aparecidas en diversos periódicos y revistas; durante años redactó en ABC la crónica parlamentaria, uno de sus mayores éxitos de periodista; posteriormente su firma se hizo familiar en El Sol, Crisol, Diario de Madrid y Ahora; durante los últimos años aparecieron de nuevo en ABC sus breves artículos.
La obra literaria de A. ha conseguido el reconocimiento, digamos oficial, de diversos homenajes y distinciones. Recuérdense la Fiesta en Aranjuez en honor de A., celebrada en 1913, y la elección, en 1924. para ocupar el sillón P de la Real Academia.Tras su muerte, varias revistas españolas le consagraron números monográficos. Reverso de esta vida pública de A.. periodista, político y literato, es la ordenación definitiva de su vida hogareña, hecha posible a raíz de su matrimonio (Madrid 1908) con Julia Guinda Urzanqui. En bastantes de sus libros, en algunas novelas suyas y, muy especialmente, en las obras París (1945) y Memorias Inmemoriales (1946), figuran recuerdos de su vida parisina.Bibliografía azoriniana. La bibliografía azoriniana. rica en títulos, en número superior al centenar y editados en más de 60 años, incluye, con excepción del poético, todos los géneros literarios: novela. teatro, crítica literaria, rememoración histórica, confesión autobiográfica, descripción paisajística, teorización política y crónica de actualidad. El género novelesco, cultivado de modo bien particular, comprende con varios de los títulos ya citados, las obras Don Juan (1922) y Doña Inés (1925); en 1928 publica la novela Félix Vargas y, en 1929, Superrealismo, obras, ambas, en las que ensaya formas nuevas de expresión literaria; el capítulo más nutrido en títulos de la labor creadora de A. corresponde al periodo final de su vida, que se inicia en 1942 con El escritor y al que pertenecen obras tan importantes como El enfermo (1943) y La isla sin aurora ( 1944) ; de sus volúmenes de relatos breves citaremos el titulado Blanco en Azul (1929), que dedicó a Gabriel Miró. Como autor teatral escribió varias obras, la primera de las cuales hemos mencionado ya. Se interesó por el teatro, sobre todo, en los años de renovación de su credo estético, 1926-1936, durante los cuales escribió entre otras, Comedia del arte, Lo invisible, Brandy, mucho brandy, el ’auto sacramental’ Angelita y La guerrilla.Sus libros procedentes de impresiones de lecturas. en los que evidencia su sincero amor por los clásicos y una singular capacidad para captar el espíritu que anima sus obras, forman parte importante de su producción. Sin contar los capítulos de crítica literaria que figuran en sus libros de memorias, e igualmente no pocas de sus obras dedicadas a dibujar la faz de España, el constante quehacer crítico de A. tiene su confirmación en las muchas obras editadas que recogen esta labor de enjuiciamiento y análisis de valores literarios, tanto antiguos como coetáneos. Hemos de advertir también que la reedición de artículos y trabajos, aún no rescatados de diarios y revistas, hará elevar de modo notable el elenco de títulos ya impresos. Entre estos destacan: Lecturas españolas (1912), Clásicos y Modernos (1914), Tomás Rueda (1915) y Al margen de los clásicos (1916); Los dos Luises y otros ensayos (1921) y Racine y Moliere (1924); de fecha posterior son las obras Lope en silueta ( 1935) y Clásicos redivivos. Clásicos futuros (1945). García Mercadal, en la serie ’Obras pretéritas’, ha recogido en varios volúmenes otra nutrida colección de artículos y trabajos menores de A. Como él mismo destaca al enumerar los rasgos que dibujan el perfil de la generación a que pertenece, los ’noventayochistas’ llevaron a cabo el redescubrimiento del paisaje español, preferentemente el austero de Castilla; esta peculiaridad generacional cobra en la literatura azoriniana singular amplitud y hondura como lo demuestran varias de sus más logradas obras, y entre ellas, las tituladas los pueblos y La ruta de Don Quijote, ambas de 1905; Castilla (1912) y Un pueblecito (1916), El paisaje de España visto por los españoles (1917) y Pueblo (1930).Características de su obra. El lenguaje azoriniano es, sin discusión, uno de los elementos que más ayudan a personalizar su obra literaria. A esta particularidad ha de ligarse, pues se encuentra íntimamente fundida con ella, la relativa al canon estético que preside su labor de escritor. La evolución propiamente estilística de la literatura azoriniana pasa por tres periodos: el primero finaliza con su filiación al movimiento surrealista y en ella se pliega fielmente a este doble precepto: subjetivismo y fidelidad a la percepción sensorial, a la realidad tal como ésta se nos ofrece. Su adscripción al surrealismo le obligó a proclamar un día nuevos principios estéticos, amoldando a ellos su producción literaria de entonces. Consciente de que tal paso suponía clausurar toda una etapa de su labor, titula a los libros que ahora escribe ’nuevas obras’. Su liberación del surrealismo tiene lugar en una fecha que puede situarse, aproximadamente, por los años que anteceden a su voluntario exilio en París; destaca ahora el recrudecido interés con que A. razona en torno a la cuestión, siempre capital para él, del estilo y el lenguaje.L. SÁNCHEZ GRANIEL.
BIBL.: J. ALFONSO, Azorín, íntimo, Madrid s. a. ; A. CRUZ RUEDA, Nuevo retrato literario de Azorín, prólogo a Obras Completas de Azorín, I, X111-CXXVII, Madrid 1947; M. GRANELL, Estética de Azorín, Madrid 1949; L. S. GRANIEL, Retrato de AZORÍN, Madrid 1958; A..KRAUSE, Azorín, el pequeño filósofo, Madrid 1955; W. MULERTT, Azorín. Contribución al estudio de la literatura española a fines del siglo XIX, Madrid 1930; I. OR- TEGA y GASSET, Azorín o primores de lo vulgar, en Obras Completas, 11, 153-85, Madrid 1946; M. C. RAND, Castilla en Azorín. Madrid s. a.
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