Autarquia I. Politica. POLÍTICA
Categoria:
Política
Significado y antecedentes. El término a., del griego autarkeia, significa aquella condición o calidad que reúne el ser que no necesita de otro para su propia subsistencia o desenvolvimiento. Referido al Estado, expresa la independencia económica de éste. Concebido el Estado como organización total del poder, hemos de matizar la esencia de ese poder soberano y distinguir sus facetas políticas (V. PODER I y II, 1) y económicas. Que en el Estado se encarne el poder político y no el poder económico es lo que le diferencia, en nuestro tiempo, de otras organizaciones políticas que existieron en la Historia, en las que se identificó lo político con lo económico.Si característica esencial del Estado moderno es el haber marcado esa distinción, ello no implica una postura abstencionista (V. ABSTENCIONISMO) ante las luchas económicas, sino que indica que la intervención (v. INTERVENCIONISMO) estatal en el orden económico solamente estará justificada para que, en este ámbito, prevalezca el interés general, el cual, como sinónimo del bien común, es el que ha suscitado en las países de economía más desarrollada unas formas inéditas que no tienen nada que ver con la concepción centralizadora de la economía en el Estado, y ha abierto un amplio campo de posibilidades a la acción gubernamental. Si en el Estado se refleja, como expresión totalizadora del poder soberano (v. SoBERANfA), la idea de lo total hacia un extenso número de actividades, esa totalidad no se realiza bajo un punto de vista netamente operativo, ya que hemos de distinguir, con la mayor claridad, la esencia de ese poder totalizador. La organización total del Derecho es lo que transforma a la sociedad en Estado. Profundizando en ese aspecto normativo, conoceremos cómo se realiza esa manifestación totalizadora, que deriva directamente de la postura que se adopte al considerar al Estado, y según éste sea poder público o poder social. Bajo el primer supuesto, diferenciamos claramente lo público de lo privado, y el Estado de la sociedad. Bajo el segundo supuesto, al no originarse tal distinción, nos hallamos ante el Estado totalitario (V. TOTALITARISMO).Ante la existencia de unos Estados con gran poderío económico frente a otros de débil economía, se abrió camino el concepto de la a. que implicaba, para las naciones más destrozadas por la contienda de 1914-18, la posibilidad de potenciar sus propios recursos, como único remedio viable, para hacer frente al caos económicosocial en que yacían. En su origen y ulterior desarrollo histórico, el concepto a. se presentó íntimamente ligado a la idea de expansión; de ahí que, en los Estados en que tomó cuerpo esta doble concepción, se proclamara, como legítimo e inalienable derecho, la necesidad de prepararse para la guerra, si su consustancial imperativo de expansión no encontrara eco y viable solución por los medios pacíficos puestos en juego. Y al ser evidentemente incompatibles y antagónicos los referidos conceptos, aun cuando se encubrieron bajo una enmarañada trabazón de causas y motivaciones diversas, su fruto no podía ser otro que esa variada gama de formas potenciadas de nacionalismo, que se adecuaron como el instrumento idóneo para hacerlas prevalecer, estructurándose como Estado totalitario.Del necesario encauzamiento del fenómeno asociativo, que se había convertido en un elemento de perturbación sindical en todos los Estados, se llegó a la drástica medida de la absorción por el Estado de todas las asociaciones (v. ASOCIACIONES III). Frente a esa unidad moral del pueblo, que la tradición jurídica española configuró como corpus mysticum, se llegó a la destrucción de toda fecunda diversidad, y la intervención estatal que pretendía resolver armonizadamente los conflictos sociales se transformó en la subsunción por parte del Estado de todo un orden moral, que hizo prevalecer lo posible sobre lo justo.Es precisamente ese Estado totalitario, que cristalizó entre las dos guerras mundiales, el que se presenta como Estado éticoeconómico. Frente a la inhibición del Estado liberal en los conflictos entre el trabajo y la sociedad, se declara fiel intérprete de una moral que pretende la integración de todas las fuerzas sociales en una concepción unitaria de la vida, al mismo tiempo que absorbe íntegramente la economía eliminando toda forma libre de organización social.Significación actual. Después de la II Guerra mundial el viejo concepto de la a., que sólo puede concebirse bajo una situación aislacionista meramente transitoria (v. AISLACIONISMO), ha sido subsumido por el concepto más dinámico del desarrollo económico y social (v.), que de forma subyacente viene pautado por ese otro de carácter internacional que conocemos bajo el nombre de integración económica (v.).Cuando las recíprocas implicaciones económicas incidieron en la vida misma de los Estados, provocando cambios dentro de comunidades cerradas y estáticas, se produjo una violenta y radical ruptura del aislamiento cultural en que yacían los países de economía más débil, que ha originado una creciente marejada de exigencias por parte de las masas tradicionalmente pasivas y calladas y de sus líderes, para que se les conceda mayor igualdad de oportunidad económica y una participación más generosa en la sociedad del bienestar (v.).El vocablo integración se utiliza hoy para significar un ideal en la dirección del cambio social (v. CAMBIO II) en sentido amplio y, más específicamente, expresa la meta ansiada para un ajuste interno y recíproco de los Estados cuya mutua dependencia se ha vuelto más íntima y estrecha. De ahí que haya de plantearse con un criterio diñámico y práctico la forma de prever y dirigir con una política de planificación (v.) el desarrollo económico y los demás cambios sociales, de forma que las instituciones, las normas y las costumbres se ajusten, con la finalidad de evitar el empobrecimiento cultural y las bancarrotas sociales.La existencia de países progresistas, en el ámbito occidental, que en mayor o menor grado de su potencial socioeconómico han conseguido un despliegue industrial inconcebible hace 50 años, que aumenta constantemente de forma que ha hecho desaparecer de su seno endémicas zonas de depresión al transformarlas en zonas de desarrollo, y que tienen confiada esperanza en disponer de reservas aún más altas de productividad y consumo en un futuro no muy lejano, ha hecho que salte a un primer plano la desventajada situación en que se encuentran las naciones subdesarrolladas (v. SUBDESARROLLO), en las que, paradójicamente, las recíprocas implicaciones económicas hacen aumentar el tradicional estancamiento, y en las que existe hoy en día una relación francamente desarmonizada entre la población y los recursos, ya que tampoco se dan aquellos esenciales requisitos que pueden favorecer un fácil desarrollo industrial.Los países subdesarrollados no pueden por sí mismos salir de su actual estancamiento mediante un proceso de cambio semejante al que siguieron los países hoy más adelantados, porque los factores históricos, políticos, sociales y ecológicos son esencialmente distintos. Se impone, como afirmó Paulo VI en su enc. Populorum progressio, que mediante la solidaridad muntlial sea posible que todos los pueblos, sin excepción, puedan ser artífices de su propio destino.L. MENDIZÁBAL OSÉS.
BIBL.: G. VIVIANI CONTRERAS, Estructura cristiana de la sociedad, Buenos Aires 1964; G. MYRDAL, El reto a la sociedad opulenta, México 1964; J. SILVA SOLAR y J. CHONCHOL, El desarrollo de la nueva sociedad en América latina, Santiago de Chile 1965; H. J. P. ARNOLD, Aid for Developing Countries. A Comparative Study, Londres 1962; J. LARRAZ, La integración europea y España, Madrid 1961; R. PREBIScH, Nueva política social para el desarrollo, MéxicoBuenos Aires 1964; S. DELL, Trade Blocs & Common Markets, Londres 1963.
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