Arte Español Contemporáneo I. Arquitectura. ARTE
Categoria:
Arte
Se trata en este artículo de la evolución de la arquitectura española desde el 1939 final de la Guerra civil hasta la actualidad (para la época inmediatamente anterior, v. RACIONALISMO). La tremenda convulsión que los acontecimientos de 1936-39 supusieron para toda la vida española, tuvo también una gran influencia en la arquitectura. El hecho de que un número importante de los arquitectos que más se habían esforzado por introducir en España las ideas del racionalismo en arquitectura, participase de los planteamientos políticos que fueron derrotados en la contienda civil, llevó a la falsa conclusión de que esas ideas respondían a una mentalidad internacionalista, sin arraigo en las características de cada país, y que incluso estaban contaminadas por el marxismo. A esta confusión se unió el que, al estallar, a los pocos meses de terminar la Guerra española, el segundo conflicto mundial, quedó España aislada del resto del mundo, sin más contacto apenas que el que sostenía con dos países: Alemania e Italia, que atravesaban una etapa de nacionalismo y autoritarismo exacerbados, reflejados en una arquitectura estatista, que abominaba de las ideas del racionalismo arquitectónico.Fue, pues, un conjunto de causas el que llevó a los arquitectos españoles en la década 194050 a buscar un estilo propio, que enlazase, por un lado, con la arquitectura imperial de los Austrias y, por otro, con las vetas populares. Los resultados pueden calificarse de poco valiosos, con gran abundancia de "pastiche", aunque, como es lógico, también hubo excepciones de arquitectos que, aunque dominados por el ambiente, hicieron aportaciones de interés. Algunas correspondían a arquitectos veteranos como Eugenio Aguinaga en Bilbao y Luis Gutiérrez Soto en Madrid, pero la mayoría proceden de arquitectos jóvenes, recién salidos de la Escuela de Arquitectura, que no se dejan arrastrar plenamente por el ambiente. Es el caso de un Francisco Cabrero, pero, sobre todo, hay que destacar las primeras y sencillas obras de viviendas unifamiliares de José Antonio Coderch y Manuel Valls, en la zona catalana. Se trata, sin embargo, de obras pequeñas, que pasan inadvertidas ante la gran masa de construcciones estatales de estilo tradicional o clásico, como la Univ. Laboral de Gijón, obra de Luis Moya, el Ministerio del Aire en Madrid, del ya citado Luis Gutiérrez Soto, y los primeros edificios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de Miguel Fisac (v.) y Ricardo Fernández Vallespín.En los comienzos de la década 195060 se produce un cambio importante del panorama. Terminada en 1945 la II Guerra mundial, los arquitectos españoles comienzan a salir al extranjero y a visitar, sobre todo, los países menos afectados por la contienda: Escandinavia, Suiza, Estados Unidos, Brasil, etc. El impacto que sobre ellos producen las realizaciones arquitectónicas llevadas a cabo en esos países durante nuestros años de aislamiento, resulta muy fuerte. Los pioneros del racionalismo: Mies Van der Rohe (v.), Marcel Breuer, R. Neutra (v.), Le Corbusier (v.), etc., y también algunos de los arquitectos españoles exiliados han realizado en ese tiempo obras maestras, que demuestran que el camino iniciado por el racionalismo estaba lleno de fecundidad. Algunos de los veteranos arquitectos españoles que habían abandonado esa orientación, tratan de iniciarla de nuevo, pero con poco éxito.Son, en cambio, los arquitectos más jóvenes los que comienzan a realizar obras de mayor interés, obras que, al ser conocidas fuera de nuestras fronteras, obtienen importantes éxitos, decisivos para el avance de estas nuevas tendencias. Se consiguen los siguientes premios: 1951. Gran Premio de la IX Triennale de Milán. Arquitectos: J. A. Coderch y M. Valls; 1954. Gran Premio de la X Triennale de Milán. Arquitecto; Ramón Vázquez Molezún; 1954. Medalla de Oro de la Exposición de Arquitectura Religiosa de Viena. Arquitecto: Miguel Fisac, con sus edificios para los dominicos en Valladolid, en los que se aprecian ya las fuertes influencias recibidas en Escandinavia. 1957. Premio Reynolds del Inst. Americano de Arquitectos. Arquitectos: Manuel Barbero, César OrtizEchagüe, Rafael de la Joya, por el edificio de comedores de la SEAT en Barcelona, con estructuras de aluminio; 1957. Primer Premio de la XI Triennale de Milán. Arquitectos: Javier Carvajal y José María García de Paredes, 1958. Medalla de Oro al pabellón español en la Exposición Internacional de Bruselas, obra de los arquitectos José Antonio Corrales y R. Vázquez Molezún.Como características generales de la buena arquitectura de esta década 5060, podrían señalarse: El deseo de enriquecer los valores ya logrados por la arquitectura internacional con las características esenciales no las anecdóticas de nuestra arquitectura tradicional. La escasez de materiales en el mercado español, que lleva a soluciones muy sencillas y económicas, sin complicaciones formales. La alta calidad de los proyectos, motivada por una cierta escasez de trabajo y un elevado deseo de convencer con las nuevas ideas.Además de los arquitectos citados, galardonados todos fuera de España, son dignos de destacar por su labor en esta década, entre otros que no cabe citar por falta de espacio, los nombres de Javier Sáenz de Oiza, Alejandro de la Sota, Carlos de Miguel, Rafael de la Hoz, José Luis Fernández del Amo, José Luis Romany, Manuel Sierra, Rafael Aburto, José Luis Iñiguez de Onzoño, Antonio Vázquez de Castro, Luis Cubillo, Carlos Sobrini, Julio Cano, Rafael Leoz, etc., todos ellos trabajando desde Madrid. En la zona catalana: José María Martorell, José María Sostres, Joaquín Masramón, Roberto Terradas, Federico Correa, Alfonso Milá, Javier Subías, etc. Al final de la década comienzan a destacar en la zona donostiarra Juan Manuel Encío y Luis Peña Ganchegui, y en Vizcaya, José Chapa.Con un cierto grado de simplificación, puede afirmarse que en 1960 se inicia una nueva etapa en la arquitectura española, de características bastante diferentes a la anterior. El cambio de planteamientos económicos que se produce en España hacia 1958, con su apertura hacia Europa, trae una serie de consecuencias para la arquitectura, que podríamos resumir en: intenso aumento del trabajo, con la creación de grandes conjuntos turísticos, crecimiento de la inmigración en las ciudades, desarrollo de la industria y de los centros de enseñanza. Fuerte industrialización de la construcción, que proporciona a los arquitectos una variedad mucho mayor de materiales. Máximo contacto con los movimientos arquitectónicos mundiales, que consideran ya superada la etapa del racionalismo y van cuajando en un nuevo formalismo.La producción arquitectónica española está fuertemente influida por esos factores, produciéndose un cierto confusionismo y una pérdida de personalidad. Sin embargo, algunos de los arquitectos que destacaron en la década anterior continúan afirmándose en úna línea ascendente, con obras cada vez más logradas. Es el caso de Fernández del Amo, Fisac, Carvajal, Alejandro de la Sota, Corrales y Molezún, Peña Ganchegui, Martorell, etc. Pero, sobre todo, resulta interesante la incorporación de nuevas generaciones de arquitectos que sintonizan fuertemente con los movimientos neoformalistas, línea que también adoptan algunos de los arquitectos veteranos. Entre los nuevos valores que destacan ya, con obra de interés realizada, pueden citarse dada la brevedad de este artículo los nombres de Antonio Fernández Alba, Rafael Echaide, Francisco de Inza, Fernando Higueras, Juan Pedro Capote, Rafael Moneo, en Madrid. En Cataluña destacan Enrique Tous, José María Fargas, Juan Rius y Luis Cantallops. En la zona navarra, Fernando Redón, y en la de levante, Fernando García Ordóñez.C. ORTIZECHAGÜE.
BIBL.: C. FLORES, Arquitectura Española Contemporánea, Bilbao 1961; C. ORTIZECHAGÜE, La arquitectura española actual, Madrid 1965; Rev. suiza "Werk", no monográfico de junio 1962; Rev. alemana "Baumeister", no monográfico de junio 1967.
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