Aristides, Publio Elio
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Biografía GER
Publio Elio A. (129-189 aprox.), también llamado Teodoro, retórico y sofista griego, no improvisador, sino maestro en el discurso artístico cuidadosamente preparado, que consiguió tanta fama como Herodes Ático. N. en Adriani, ciudad de Misia, viajó por Egipto y todo el mundo griego pronunciando conferencias, visitó igualmente Roma y se sabe que estuvo en Esmirna. A. tenía la cultura y condiciones necesarias para la elocuencia, en la que tomó como maestro a lsócrates . En su discurso Sobre la retórica trata de refutar las críticas formuladas por Platón en el Gorgias e intenta demostrar la primacía de la retórica y su carácter de techne (en el sentido de arte u oficio aprendido); estos ataques fueron recogidos por los círculos neoplatónicos y respondió a ellos Plotino.En su Discurso sobre los cuatro (fragmento 46 D) defiende, con románticas nostalgias del pasado ático, a cuatro ilustres hombres de Estado atenienses (Milcíades, Teniístocles, Pericles y Cimón), también juzgados negativamente por Platón. En el Paticitenaico resume a grandes rasgos la historia de Atenas (13 D). Aticista de corazón se muestra también en su Monodia (literalmente, "lamento") sobre el desastre de Esmirna, destruida por un terremoto en el a. 178, a la que dedicó igualmente su discurso Esmirnaico (17 K) en pro de la reconstrucción de la ciudad; Para ello interpuso toda su influencia, escribió al emperador Marco Aurelio y en la Palinodia celebra la resurrección de la ciudad gracias a éste.Hay que citar también, entre los 55 discursos conservados, el Elogio de Roma (26 K), que Rostovtzeff (Gesellschaft und Wirtschalt im rómischen Kaiserreich, 1, Leipzig 1929, 112 ss.) considera como la mejor descripción del Imperio en el s. II. En este discurso, Roma aparece como la gran aportadora de paz a una inmensa liga de ciudades.Junto a los elogios dedicados a ciudades, se encuentran declamaciones sobre temas de historia clásica, discursos de circunstancias y cartas. En sus discursos históricos, demuestra una gran erudición y mucho ingenio para encontrar argumentos sutiles; sabe dirigir una discusión; su lengua y estilo evocan los de los mejores escritores áticos, como Demóstenes y Jenofonte. Desgraciadamente, trabajada en un género falso, en el que el énfasis, la paradoja, las figuras retóricas y el afán declamatorio para conseguir efecto, desvalorizan sus mejores obras. En sus Discursos sagrados (Hieroí lógoi) 47-52 K, describe con detalles ridículos la cura a que se sometió en un templo de Esculapio contra una enfermedad que padeció durante 16 años sin que pudieran curarle los médicos; en el templo se siente un elegido con especial protección del dios, que le favorece con visiones y le sana. Estos discursos, que dan un testimonio personal de las relaciones de un intelectual del s. II con un dios, dejan muy mala impresión de la vanidad e hipocondría de A.L. ZARAGOZA BOTELLA.
BIBL.:Ed. de G. Dindorf, 3 vol. Leipzig 1829 (con escolios en el t. III); Nueva numeración en B. Keil, 11, Berlín 1898; W. SCHMID, Aristidis qui feruntur libri retorici, II, Leipzig 1926; l. E. SANDYS, A history of Classical Scholarship I, 1921, ss.
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