Arios HIST.
Categoria:
Historia
Rama de los indoeuropeos (v.) o indoeuropeos orientales que en época remotísima, imposible de precisar, fue desprendiéndose en el SE de Europa y penetrando a través del Cáucaso en el NE del Irán, marchando desde allí hacia el E. De ellos fueron la avanzada los indos y otros elementos étnicos análogos a ellos que se infiltraron en el Asia Menor y en Siria (mitannis e hititas). Siguieron luego los iranios, es decir, los medos y persas (con los partos), cimerios, escitas (v.) y sárma= tas (v.).Migraciones de los arios. Hasta mediados del tercer milenio no se puede señalar con cierta probabilidad la llegada a Anatolia de los primeros contingentes indoeuropeos: los luitas, precedesores de los hititas. Pero en el segundo milenio puede hablarse ya sin duda de la aparición en Asia de pueblos de origen a. Entre el s. xx y el xvin a. C. aparecieron en el Próximo Oriente grupos indoeuropeos que introdujeron allí el uso del caballo. Parece ser que estas tribus provenían de la zona ocupada entonces por los llamados "pueblos de las estepas". La civilización de estos pueblos ha podido además englobar poblaciones antropológicas y lingüísticamente muy diferenciadas, pero que, bajo la influencia de las mismas condiciones geográficas, adoptaron un mismo género de vida nómada parecido a lo que muchos siglos después sería el de los mongoles gengis-kánidas. Ló único cierto es la existencia de a. en medio de esas tribus, desde el comienzo del segundo milenio. Ahora bien, es sumamente difícil precisar el origen geográfico y el itinerario que siguió cada pueblo hasta su establecimiento. Así, estamos muy mal informados sobre los kasitas. En cuanto a los mitannis (v.), cuyos jefes y reyes tienen nombres a., incluso parecidos a los indios, verosímilmente se trata de una rama extraviada hacia el O, de un grupo salido del Turquestán y en marcha hacia el Irán y la India. Los indos emigraron hasta el Punjab y los medos y los persas se establecieron en un territorio menos lejano. Procedentes de Ucrania, del bajo Danubio y de los Balcanes, se asentaron en Anatolia los hititas (v.), que dominaron y asimilaron rápidamente a los anteriores luitas. Parece ser que esta invasión hitita fue la que destruyó la segunda ciudad de Troya (v.) ca. el a. 2.000. Otras tribus arias no buscaron asentamientos definitivos, sino que continuaron su vida nómada. Son los pueblos conocidos más tarde con el nombre de cimerios, escitas (v.) y sármatas (v.), creadores de un arte brillante.La primitiva civilización de los arios. Todos estos pueblos recién llegados al Asia histórica tuvieron al principio algunos rasgos comunes que han podido ser reconstruidos en parte, basándose en el lenguaje. Podemos, por tanto, afirmar algo de su cultura material, la situación de la familia y de la sociedad y, sobre todo, las creencias religiosas, ya que, si se presupone una unidad lingüística, es natural que hubiese una unidad de creencias sociales y religiosas. Puede suponerse que, antes de la dispersión, los a. se encontraban en el umbral de la Edad de los Metales. Esta afirmación. todavía no plenamente demostrada, se basa en la existencia de derivados del término ario: aios, metal: lat. aes, bronce, cobre; sánscrito aijas, hierro (evolución posterior) y otros. Probablemente estos pueblos habían domesticado el caballo (ario, ekuos), al que sacrificaban en determinadas ocasiones y estaban familiarizados con la agricultura (raíz aria, ar, arar), aunque vivían casi exclusivamente de la ganadería.Más difícil es reconstruir la organización social de los a. Podemos deducir que todos eran guerreros y belicosos y que la sociedad estaba jerarquizada componiendo tres niveles: un nivel sacerdotal y soberano, el cual comportaba dos aspectos, uno violento y mágico y el otro bienhechor y jurídico; un nivel guerrero y un nivel popular y productor. La familia era patriarcal con toda probabilidad y la principal unidad de su sociedad debía ser la familia extensa o "gran casa" (veik, voikos). La comparación del lituano vespat, señor, sánscrito vispati, jefe del clan y en lat. vicus, aldea, no nos dice mucho más sobre la organización.La religión primitiva. La religión de los antiguos a. ha sido objeto de mucha atención e interminables controversias entre los eruditos que constantemente presentan nuevas teorías que poco tiempo después deben ser abandonadas. Así, p. ej., hoy no es aceptable la teoría de Max Müller y su escuela que proponía que detrás de los mitos religiosos de los a. se escondían fenómenos celestes. La palabra con que los a. designaban al dios o divinidad es deiwos, quizá concebido individualmente como una deidad luminosa que brilla en el cielo. Consideraban como seres divinos el firmamento, el sol y varios fenómenos celestiales y de la Naturaleza, aunque también parece probable que los a. concibieran a sus dioses como fenómenos sociales divinizados como el indo-iranio mitra, contrato y Mitra, el dios de los contratos, según sostienen los investigadores Meillet y el P. Thieme. Parece también que cada tribu aria tenía su propio culto.Ya señalamos antes que la sociedad aria estaba compuesta de tres niveles. Esta idea ha sido sostenida por la escuela de G. Dumézil, quien basándose en sus investigadores de la India antigua y del Irán, afirma que a esa división tripartita de la sociedad corresponde una clasificación tripartita de los dioses. Después de ulteriores estudios concluyó que esta configuración era fundamental y exclusiva de los a. y que no se encontraba en los demás pueblos. Así, a la función sacerdotal en cuanto mágica y jurídica corresponderían los dioses indios Mitra (v.) y Varuna; al nivel guerrero correspondería el dios de la guerra Indra (v.), y al nivel productor o labrador, las divinidades de la fecundidad. Naturalmente, hay que considerar las teorías de Dumézil como meras hipótesis, ya que no hay testimonio directo, escrito o de otra clase, que las confirme.La entrada de los arios en la historia. Todas estas incertidumbres y suposiciones adquieren más consistencia cuando se trata de los a., una vez puestos en contacto con los pueblos históricos de Asia. Mientras que los hititas, kasitas y mitannis se confundieron pronto con las poblaciones anteriores y perdieron muchas de sus peculiaridades arias, los que marcharon hacia el Irán y la India se mantuvieron más homogéneos, con lo cual son el principal punto de referencia para esta cuestión y así nuestras fuentes principales la constituyen el Avesta y la literatura vecina de los Vedas (v.). Por ellas y por deducciones y analogías pueden reconstruirse, aunque a veces muy vagamente, algunos rasgos de los a., en el momento de su establecimiento definitivo, ya que la cerámica y los objetos descubiertos por los arqueólogos, las inscripciones cuneiformes de Mesopotamia y algunos nombres propios de dioses y reyes, entre los hititas y mitannis, no han sido de gran ayuda para el conocimiento de este periodo. Podemos suponer que, como entre otros pueblos pastores, la unidad más importante de la sociedad era el clan (avéstico, Zantu, sánscrito Janach, raza y fantú criatura, lat. genus). Es dudoso que tuviese algún significado una unidad mayor como el pueblo o la nación o la raza, aunque pudieron existir los conceptos embrionarios de ellos.Su religión es en nuestros días tema de controversias. Si, como señalamos más arriba, se puede dar por cierto que los a. primitivos creían en dioses de la Naturaleza, ahora, cuando iban a asentarse, podemos concluir que se encontraban en un periodo de transformación, en el que los dioses antiguos como dyaus, iban perdiendo su categoría frente a divinidades más personalizadas y antropomorfas. Se acepta generalmente que la religión de los a., si es que puede reconstruirse por los textos posteriores, está mejor reflejada en los Vedas (libros sagrados de la India), aunque es indudable que los a. antes de dividirse para formar naciones, no eran uniformes en sus creencias. Parece que el culto, los tabús matrimoniales, las ceremonias de purificación y demás, fueron las características más comunes entre los pueblos a. Las fuerzas de la Naturaleza eran todavía reverenciadas, pero de distintas maneras; posiblemente algunos eran henoteístas (v. MoNOTEÍSMO) mientras que otros eran politeístas. Pero parece que entre los a. tuvo lugar un cambio que pudo ser ético y cosmológico y que quizá fuese un reflejo de las condiciones y aspiraciones de estos pueblos personalizando sus dioses. Sobre ello, el profesor de cultura iraní en Harvard, Richard N. Frye hace algunas sugerencias interesantes. Algunos dioses, particularmente los conocidos en los Vedas como adityas, pueden entenderse como personificación de las ideas que sus nombres indican. Así, Aryaman es la personificación de la hospitalidad y Varuna de la palabra verdadera o juramento, todas ellas concepciones abstractas transformadas en divinidades concretas, guardianes de conceptos tan esenciales para el funcionamiento del universo. Con esto, los a. ya estaban muy lejos de las creencias primitivas que se referían a la Naturaleza, y más bien se encontraban en un medio en que existe una preponderante atención hacia el hombre, su relación con otros hombres y consigo mismo. Sin embargo, para tener un conocimiento suficiente de la religión aria no hay más remedio que recurrir a los textos de la India.Los arios en los cantos védicos. Los himnos de Rig Veda (v. VEDAS, ESCRITOS DE LOS), son himnos de sacrificios dirigidos a los dioses cuando se realizaba un rito. La recitación y el sacrificio eran paralelos. No hay testimonios de que hubiera ídolos o imágenes; antes bien, en los ritos era decisivo el poder de las palabras. No parece haber existido un orden jerárquico en el panteón védico, aunque algunos dioses se destaquen más o parezcan más importantes en los textos. Posiblemente algunos a. consideraban a un Dios como supremo o incluso como realidad única y última. Una figura central en el Rig Veda es el dios Indra, que podía caracterizarse como la apoteosis del hombre a. En algunos himnos, llenos de sentimientos extáticos sobre el dios, se le llama el sostenedor de los cielos, la más fuerte de las criaturas y extendido por todos los reinos. Indra es, en definitiva, el protector de las bandas guerreras de los a. Si Indra es el héroe del Rig Veda, el acto de beber soma, deificado como el dios Soma, es el rito central de los himnos. La descripción de la preparación de la bebida y de sus cualidades ocupa muchas estrofas de los himnos. No sabemos con precisión qué era la planta soma, que embriagaba a los que la consumían; posiblemente fuese comparable con la ambrosía de los dioses, pero sí sabemos que el soma indio, haona avéstico, desempeñaba un papel importante tanto en la vida ritual de los iraníes primitivos como entre los indios.Formación de los Estados arios. Los a. se dispersaron después de penetrar en Asia. Los hititas, kasitas y mitannis como ya hemos dicho, se mezclaron pronto con las poblaciones anteriores, desapareciendo disueltos entre ellas. Por eso, esas naciones ya en época histórica hay que considerarlas constituidas por una población heterogénea y mestiza, aunque con una clase dirigente aria: sólo los indios, por medio del sistema de castas que cuajarían más adelante, y los establecidos en el Irán, donde existía una población anterior bastante escasa, se mantuvieron relativamente puros desde un punto de vista racial. Aparte de los hititas que se instalaron en Capadocia, donde, constituyendo una casta militar, se integraron en los cuadros feudales ya existentes y adoptaron como suyos los santuarios nativos; los aqueos (v.), que se establecieron en Grecia y a lo largo de la costa de Asia Menor; los mitannis y los hurritas (v.) que se extendieron por Armenia y las regiones de lbs montes Zagros; los medos (v.) y los persas (v. PERSIA Iv), que ocuparon la altiplanicie irania; los tocarlos establecidos en los oasis del Turquestán y los ¡lirios (v. ILIRIA) que se asentaron por todo el SE de Europa, desde el mar Adriático al Danubio, el pueblo a. más importante que se introdujo en Asia en época ya histórica fue el de los kasitas. Este pueblo, atraído por las riquezas de Asia occidental y presionado por otras naciones arias, bajó a Mesopotamia. Allí, en un principio, los kasitas fueron completamente derrotados por el ejército babilónico; mas Babilonia (v.) fue incapaz de impedir sus infiltraciones pacíficas por los valles del Tigris y del Éufrates, donde se asentaron, desorganizaron la administración imperial y sustituyeron la propiedad privada por un rudimentario sistema de propiedad tribal. Aprovechando el desconcierto creado por esta inmigración masiva de kasitas, al O, bajo la presión de hititas y mitannis, invadieron el valle central del Éufrates. El resultado de estas convulsiones fue que la importante vía mercantil, que seguía los cursos de los ríos Éufrates y Tigris, quedó cortada y que el Imperio de Babilonia se hundió. En efecto; la ciudad sufrió una terrible crisis económica agravada por las razas de los jinetes hititas que en 1806 a. C. la hicieron víctima de un espantoso saqueo. Sesenta años después, instalóse en el solio de Babilonia una dinastía de bárbaros kasitas. Las ciudades del Imperio se sumieron en total decadencia y así, del Estado creado por Hammurabi, habitado por gentes apenas salidas del régimen de vida nómada, no quedaba en pie más que una ciudad, Babilonia, que, aunque continuaba siendo importante centro de la actividad económica, no era ya cabeza de un Imperio. La invasión kasita significaba, por tanto un giro radical en la historia. Destruido el Imperio babilónico, poco a poco, los a. fueron sustituyendo en la dominación del Asia occidental a los antiguos semitas.Estas convulsiones producidas por las invasiones arias volvieron a reproducirse, por idéntico motivo, en el curso del s. xlli. Entonces, una nueva oleada aria los llamados "pueblos del mar", cayó sobre Asia. Los dorios (v.) ocuparon Grecia y Creta, destruyendo la cultura aquea anterior, mientras que otros bandos guerreros, también a., franquearon el Helesponto y bajando hacia el S, a lo largo de las costas, aniquilaron a las poblaciones preexistentes que hubieron de huir en masa. A este periodo corresponde la llegada de los filisteos (v.) -coalición de aqueos, cretenses, cargos, lidios, misios y cilicios- a Palestina y la destrucción y desaparición del Imperio creado por los hititas, que no pudo resistir el choque ni al hambre aparecida al destruir las cosechas los nuevos invasores a. Sobre las ruinas del Estado hitita se fundaron en Asia Menor por Occidente dos reinos feudales, Frigia y Misia, que habían de juntarse, tres siglos después, para constituir el de Lidia. V. t.: HITITAS 1; MITANNI; MEROS; PERSIA IV; ILIRIA I; INDIA IV; INDOEUROPEOS I.A. LAZO DÍAZ.
BIBL.: A. MEILLET, La religion indo-européenne, París 1921; G. DUMÉZIL, L’idéologie tripartite des Indoeuropéens, Bruselas 1958; J. HERTEL, Die Methode der Arischen Forschung, Leipzig 1926; V. MAYHOFER, Die Indo-Arier ibalten Vorderarien, Wiesbaden 1965; P. THIEME, Mitra and Aryaman, Connecticut 1957; R. N. FRYE, La herencia de Persia, Madrid 1965.
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