Arfe, Familia HIST.
Categoria:
Historia
Familia originaria de Harff Alemania, región de Colonia- que dio a la España del s. xvl sus mayores y más famosos orfebres. Enrique, el padre, n. en 1475 y m. después de 1545; Antonio, el hijo, n. hacia 1510 y m. en Madrid hacia fin del siglo; y Juan el nieto, n. en León en 1535 y m. en Madrid en 1603. Ejecutaron, en especial, magníficas custodias procesionales, trabajadas en metales preciosos; Enrique es esencialmente un artista gótico, Antonio acepta ya la arquitectura renacentista, que será consustancial con Juan.Enrique desde su natal Harff fue a Colonia, donde aprendió el oficio de orfebre y debió alcanzar ya allí categoría, en ambiente tan adecuado y de tanta tradición platera, ya que cuando llegó a España, en un momento en que todavía duraba el gusto y el esplendor germanizante del estilo Reyes Católicos, se le designaba como Enrique de Colonia. El será seguramente el creador de la gran custodia (v.) procesional, a modo de tabernáculotorre, de espectacular efecto y concepción adecuada para ser vista todo.alrededor y desde múltiples puntos de mira, concepción ésta que no es preciso buscar, como algunos han apuntado, en las torres flamencas, sino más bien en los tabernáculos del Santísimo, que tampoco es necesario buscar, aunque allí los haya, en Centroeuropa sino en la propia España, donde debieron ser abundantes (en Daroca podemos encontrar uno muy bello en el altar de S. Miguel de la Colegiata); como tantas cosas del arte de este momento podemos pensar en una corriente internacional. En todo caso, de ese tipo fue su primera obra sabida en España: la custodia de la catedral de León que comenzó en 1501, que sabemos cómo era, pero parece debió fundirse en 1809, aun cuando se ha indicado que con parte de ella se hizo la custodia de la catedral de Cádiz, hecho que rechaza Sánchez Cantón, quien asigna ésta a un artista influido por Enrique de A. Contemporánea de la de León debe de ser la custodia del Monasterio de Sahagún, pieza sencilla, grácil y elegante aunque de modestas proporciones, que anuncia ya el estilo de las posteriores obras y dentro de su flamígero texto deslízanse algunos elementos de raíz italianizante, al modo de la portada de S. Gregorio de Valladolid, pero devorados por los elementos circundantes. Hizo después una muestra (1511) para la catedral de Salamanca, pero la custodia no se hizo, aunque sí otra para la catedral de Córdoba y que ya salió en procesión en 1518. La custodia de Córdoba, muy esbelta y armoniosa, es, para muchos, la obra que señala la culminación del arte de maestre Enrique, aun cuando otros se inclinan por la más monumental y artificiosa de la catedral Primada, pieza deslumbradora y ejemplar en la historia de la orfebrería. Para esa custodia de Toledo dieron trazas el escultor Copin de Holanda y el pintor Juan de Borgoña, pero posiblemente Enrique no debió atenerse demasiado a ellas; tardó en realizarla ocho años y según datos que suelen dar las guías, pesó 661 marcos, dos onzas y seis ochavas y media de plata, tiene 2,5 m. de altura, se cuentan hasta 260 estatuillas y consta de 5.000 piezas; fue dorada en 1594 por Francisco Merino. Trabajó en otras obras menos importantes, pero no menos primorosas, especialmente cruces procesionales, entre las cuales es la más hermosa la de S. Isidoro de León; el arca de S. Froilán (1518-20) de la catedral de León, creo que si bien puede ser obra suya en cuanto a -las figuras, no lo veo probable en cuanto a la decoración. Enrique tuvo esencialmente su domicilio en León, donde casó y tuvo su taller; conocemos algunas cosas de su vida y tenemos testimonios suficientes de su producción para juzgarlo como uno de los más grandes plateros de todos los tiempos; su genio centroeuropeo engarza maravillosamente con el afán y estilo del momento más característico, quizá, del arte español.Con su padre debió formarse, aun cuando no siempre trabajara con él, Antonio, que probablemente nació en León, y de cuya obra no se conoce nada anterior a 1539, año en que le encargaron la custodia para la catedral de Santiago de Compostela, ya concebida a la manera plateresca de superposición de templetes y con columnas de candelabro (el mismo año se comenzaba en Zaragoza una muy semejante por Forment y Lamaison); similar será la custodia de Medina de Rioseco y dentro del mismo tono estará el resto de la producción de Antonio, que tras viajes, residencia en Valladolid y final en Madrid, dejará un rastro menos importante que el de su padre y del que dejaría su hijo.Juan. Más inquieto de saber posiblemente que su padre, acompaña sus cambios de residencia con estudios, en especial del dibujo del cuerpo humano, con diálogos y conocimiento de artistas e intelectuales. En 1560 hace una monumental cruz y en 1564 contrata la custodia de la catedral de Ávila, más decididamente clasicista que las obras de su padre, todavía un poco confusa y pesada, pero el paso decisivo lo dará con la custodia de la catedral de Sevilla (1580-87), bellísima, de neta silueta, clara disposición con su estructura de planta circular y diáfanos templetes; el monumental tamaño y su valor arquetípico la hace pareja a la de Toledo del maestre Enrique. En 1588 le encargan la custodia de Burgos. El trabajó de Juan es múltiple y casi incontrolable en todos los aspectos, pues no contento con producir varias y variadas obras de orfebrería produce obras técnicas tales como el libro Quilatador de la plata, oro y piedras (Valladolid 1572) y La varia conmensuración para la escultura y la Arquitectura (1585), tratado útil, sin duda, en su época. Trabajó para El Escorial y para Felipe III, no disminuyendo su actividad con los años y él, que se designaba a sí mismo como "escultor en oro y plata", pone mano e interés en convencer al duque de Lerma para que le encargue la factura de las estatuas que habían sido encargadas a Pompeyo Leoni, obtenida la encomienda pone manos a la obra: la magnífica escultura orante de D. Cristóbal de Rojas (Colegiata de Lerma), es el triunfo resonante que alcanza, a sus 67 años, la gloria de la plena escultura. Es su epílogo.La familia de los A. -hispanización que usaron transformando su toponímico de Harff- llena prácticamente un siglo de la orfebrería española, dándonos la evolución y tónica de los estilos del momento y, a la par, varias obras maestras insustituibles. V. t.:. CUSTODIA; ORFEBRERÍA.FEDERICO TORRALBA.
BIBL.: J. SÁNCHEZ CANTÓN, Los A’rfes, Madrid 1920.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.