Árabes LIT.
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Literatura
Literatura. A. Época anteislámica (Yáhiliyya). El arranque cronológico de la literatura a. puede fijarse, aproximadamente, alrededor del a. 500 d. C. Al periodo comprendido entre esta fecha y la consolidación del Islam en la península arábiga desígnasele comúnmente con el apelativo de anteislámico y, para la terminología á. con el nombre de Yáhiliyya (ignorancia, tiempos de ignorancia). La población de Arabia era nómada en su mayor parte y vivía agrupada en tribus, con profundas rivalidades entre ellas. Sin embargo, una vez al año acostumbraban olvidar sus diferencias y acudir a las ferias o mercados que se celebraban en distintas localidades. Estas ferias eran posibles gracias a la observancia de una tregua en las luchas y odios tribales durante determinados meses, a fin de poder realizar pacíficamente sus transacciones comerciales, incluso los más encarnizados enemigos. Aprovechando la numerosa concurrencia que se daba cita en estas ferias anuales, solían celebrarse en ellas certámenes literarios en los que competían poetas y oradores bajo la dirección de un árbitro.. El poeta (s¿¡`ir) era un personaje destacado en la sociedad anteislámica, pues tenía en su mano un arma poderosa: su capacidad para ensalzar a su tribu y para ridiculizar la de sus enemigos. Una de las ferias más renombradas era la de `Ukáz que, al parecer, duraba 20 días, y donde se dieron á conocer las mu’allaq¿it (las colgadas) (v. MU°ALLAQAS). Además de en esos centros periódicos, las letras conocieron un cultivo permanente en esta época, al amparo de la protección real, en dos pequeños Estados: el de los lajmíes, de Hzra, vasallos de los persas; y el de los gassáníes, de Siria, que lo eran de los bizantinos.a) Poesía. Las composiciones de los poetas anteislámicos no quedaron fijadas por escrito hasta dos o tres siglos después de la desaparición de sus autores. Fueron transmitiéndose oralmente, conservadas en la memoria de los ruwát (narradores), gentes dotadas de una capacidad extraordinaria de retención mental y poetas también ellos mismos, a quienes los autores iban confiando de viva voz sus versos, por hallarse poco-difundido el uso de la escritura. Estos ruwÚt transmitieron, a su vez, a otros por el mismo procedimiento oral, las composiciones que guardaban en su memoria. Muchos de ellos acudían, para incrementar su acervo, a los beduinos, considerados como los depositarios del legado poético anteislámico. El más célebre de tales rapsodas es Hammád al-Ráwiya (s. viii), que nos ha transmitido sieté mu’allagát cuyos autores son, respectivamente, Imru’ 1-gays, Tarafa, Zuhayr, Labid, `Amr b. Kultñm, `Antara y al-Hárit b. Hilliza.Las mu`allagát son el exponente máximo de la gasada á. Es ésta un tipo de composición poética, enmarcada dentro de unos moldes fijos y tradicionales, cuyo número de versos, métricamente iguales, oscila, por término medio, entre 60 y 100, rimando todos al final en la misma sílaba. Cada verso consta de dos hemistiquios y constituye, por regla general, una entidad independiente dentro del poema, encerrando cada uno su propia idea, hasta el punto de que pueden ser desgajados varios de estos versos sin que por ello se resienta el conjunto. El tema de la gastda acostumbra ser el panegírico o la sátira, pero en ambos casos se distinguen en ella tres partes bien definidas y características: el nasib o prólogo erótico en el que el poeta, de camino en un viaje, llega ante las ruinas del campamento de la amada y recuerda los momentos felices pasados en su compañía, lo que le da pie para hacer la descripción de la amada con tintes más o menos delicados o desvergonzados; a continuación viene el rahzl, donde el poeta relata sus aventuras en el desierto, describiendo los peligros de toda índole que le acecharon y las excelencias de su propia montura; y acaba el poema con el tema principal, el madih (panegírico) o la hiYE (sátira), de una persona o tribu. Este molde tripartito se rompe, reduciéndose a dos partes, en las composiciones cuyo objeto es el recuerdo de un difunto. Tales elegías (martiyya) empiezan con unas reflexiones sobre la vida, la muerte, etc., para acabar con el recuerdo de la persona desaparecida.Los tópicos y las metáforas se repiten en toda la poesía anteislámica, cuyos autores se preocupan no tanto de formular ideas nuevas como de expresarlas con la mayor belleza y elegancia. Por eso resulta, en ocasiones, difícil de entender en su sentido, pero está llena de musicalidad y ritmo para el oído. Rasgo sorprendente de esta poesía -como señala el prof. García Gómez-, es el de aparecer, tal como ha llegado a nosotros, perfecta desde su nacimiento, donde no se observan los balbuceos iniciales de todo lo que empieza a ser. Varios tratadistas, dentro y fuera del mundo á., han negado su autenticidad, destacando las críticas adversas de Margoliuth y Táhá Husayn, y no han faltado también los defensores á ultranza que proclaman la autenticidad absoluta de todos los poemas de esta época. Una postura intermedia frente a estas dos extremas parece la más adecuada, reconociendo que si en efecto ha habido alteraciones en las poesías no bastan para justificar su total rechazo como espurias.Además de los poetas mencionados como autores de rpu’allagát, pueden citarse los nombres de Ta’ abbata Sarran, Sanfará y `Urwa b. al-Ward, entre los denominados sa’álik (bandoleros), por haber transcurrido sus vidas en el desierto dedicados al asalto y el pillaje. `Antara, ya citado, es otro poeta del desierto, aunque no dedicado al bandidaje. Es célebre por haberse granjeado con su valor y bondad de alma la estimación de las gentes, predispuestas en su contra a causa del color negro de su piel. Tarafa y al-Nábiga son prototipos de poetas cortesanos, cuyas vidas transcurrieron en la corte de Hira y, durante algún tiempo la del segundo, en la de los gassáníes. Al-Nábiga, Imru’ 1-Qays -el príncipe poeta-, y Zuhayr son quizá los más destacados poetas anteislámicos. Se conocen también los nombres de algunas poetisas, como al-Jansá’, que participó en las justas literarias de `Ukáz.b) Prosa. La prosa tuvo realidad, sin duda, en este periodo. Existieron hombres que aun no expresándose en verso lo hicieron en un lenguaje y con un estilo artísticos. Abundantes referencias nos hablan de la existencia de suhuf u hojas escritas en este género literario. Los temas tratados por la prosa anteislámica fueron varios: narraciones breves que encierran una sentencia (hikam); frases proverbiales concisas (matal); relatos de hechos heroicos protagonizados por una tribu o un individuo (ayy5m al-`arab); oráculos de un adivino o káhin, discursos de oradores, de carácter político o religioso, etc. Son bastantes los fragmentos prosísticos conservados en las antologías atribuidos a esta época, pero su autenticidad es muy discutible, teniéndose por creaciones de los filólogos á. posteriores, artífices de la sistematización de la lengua, para apoyar en ellos sus asertos gramaticales. Los más breves en extensión y los que están redactados en prosa rimada (say`) son los que ofrecen mayores garantías de autenticidad.B. Primer siglo del Islam: nacimiento y época omeya. En tiempos de Mahoma, la manifestación prosística más importante es el Qur’án (Corán), libro sagrado, eterno e increado para todo musulmán, que compendia la predicación del Profeta. En su aspecto literario, es una obra capital y única, escrita en un estilo propio en el que el contenido prevalece sobre la forma. La poesía de los primeros años del Islam está influida por la del periodo anterior y sigue sus cauces, pero ocupa un segundo plano debido a la falta de simpatía que Mahoma profesaba a los poetas. No obstante, durante su estancia en Medina y convencido de la utilidad de sus servicios, tuvo sus poetas panegiristas entre los que destacó Hassán b. Tábit. Es éste uno de los poetas llamados mujadramún, denominación que se aplica a los que vivieron el final de la Yáhiliyya y el nacimiento del Islam. A este grupo pertenecen también Ka’b b. Zuhayr y al-IIutay’a.Durante la época omeya florece una poesía del amor, gazal (v.), cultivada como género independiente, no como parte integrante de la gaszda. Del mismo modo, la poesía de tema báquico (jamriyya) es tratada en esta época por ella misma y con carácter independiente. Las querellas políticas y religiosas del tiempo, protagonizadas principalmente por las dos grandes secesiones SVi y járiy1, tuvieron reflejo en el terreno poético y la poesía de carácter político-religioso encontró también sus adeptos. Los tXes grandes poetas de la época omeya fueron al-Farazdaq, Yarir y al-Ajtal, rivales entre sí, que infundieron a la gaszda un espíritu renovador. Las producciones en prosa de este periodo van desde los discursos pronunciados por el califa y los gobernadores de las provincias en la oración del viernes y en ocasiones señaladas, o por los diferentes oradores, propagandistas de ideas y doctrinas, hasta los escritos de carácter oficial redactados por los secretarios de la cancillería real (kuttáb), en un estilo conciso y dentro de un predominio del contenido sobre la forma externa. Las epístolas (risálas) de carácter doctrinal o didáctico, las tradiciones (haftes) referentes a la vida de Mahoma, y las monografías históricas de Abñ Mijnaf son otras tantas manifestaciones de la prosa en estos años.C. Época `abbási (750-1255). Con los `abbásies, el elemento no á. de raza representado de manera especial por los persas desempeña un papel de gran importancia en la vida de la comunidad musulmana. Bagdad, la nueva capital de la dinastía, es el centro cultural que irradia su influencia a los diferentes pueblos integradores del imperio, unidos por el vínculo común de la lengua á. El a. 1000 aproximadamente, marca en la literatura de esta etapa `abbási el comienzo de la decadencia, que seguía al declinar político iniciado tiempo atrás. Los años transcurridos entre el 750 hasta esa fecha, constituyen la llamada primera época `abbási, caracterizada en poesía por la pugna entre los modernos y los antiguos. Los primeros, continuando el camino ya iniciado por sus predecesores de la época omeya, pretendían romper los rígidos moldes de la gasida, y trataban con independencia temas como el del amor, el vino, la caza, etc. Los partidarios de la segunda tendencia veían la perfección en las creaciones de los poetas antiguos y siguieron sus huellas.La lucha entre ambas corrientes terminó con el triunfo de la poesía al estilo tradicional, ya que el modernismo nunca consiguió imponerse totalmente y sus mismos seguidores no desdeñaban emplear también el modo clásico de componer cuando querían agradar a sus mecenas o demostrar su dominio del género. Son famosos entre los modernistas los nombres de Abñ Nuwás (v.), cantor del vino y de los placeres; Abñ-1-`Atáhiyya, autor de poesías ascéticas (zuhdiyyát); Bassár b. Burd, de origen persa, que cultivó el panegírico, la sátira y el tema erótico; e Ibn al-Mu’tazz, califa durante un día, versificador y prosista, a quien se deben composiciones de tema báquico y escritos sobre la poesía y los poetas. Entre los neoclásicos, merecen citarse Abñ Tammám, poeta y antólogo, como su discípulo al-Buhturi, y en lugar destacadísimo la figura gigante de al-1Vlutanabbi (v.), el mejor poeta árabe (E. García Gómez, Cinco poetas musulmanes, Madrid 1944; R. Blachére, Un poéte arabe du IV siécle de l’Hégire, Abou t-Tayyib al-Motanabbi, París 1935).Con el desarrollo cultural y científico que tuvo lugar en esta primera época `abbási, la prosa, su medio de expresión, alcanzó gran auge. Filósofos, historiadores, geógrafos, filólogos, jurisconsultos, etc., produjeron importantes obras en estos años, muchas de ellas escritas en un estilo excelente. La prosa literaria, por su parte, brilló en el género epistolar, de carácter oficial o privado, cultivado principalmente por los kuttáb o secretarios. Pero a diferencia de la época omeya, el empleo de la prosa rimada será su característica a partir de mediados del s. ix, y el preciosismo, llevado a límites extremos de afectación en la segunda época `abbási, causará la decadencia de la prosa literaria. Figura destacada en el género epistolar es la de al-Juwarizmí, de origen persa. Otro género prosístico cultivado con éxito en estos años es el llamado adab (v.) en el que sobresalen al-Yahiz (v.), persona de vastísima cultura y autor de numerosas obras, y el persa Ibn al-Mugaffá’ (v.). En el género de la magáma (v.) destaca la figura de su creador al-Hamad_áni (v.), y la de su precedente Ibn Durayd.A partir del a. 1000 se inicia la llamada segunda época `abbási, de franca decadencia literaria que, sin embargo, cuenta con un poeta ilustre, Ab¡¡-1-`Alá’ al-Ma’arri (v.), también notable prosista, y con un gran místico, Ibn al-Fárid. La prosa, dominada por la retórica, busca ante todo la sonoridad y cae en la ampulosidad y la afectación. Descuella la figura de al-Hariri (v.), en el género de la magáma.D. Decadencia (s. XIII-XIX). La literatura á. conoce en estos siglos una época de letargo y si bien cuenta con numerosas producciones éstas adolecen de falta de originalidad. Abundan las compilaciones, los extractos y las obras de carácter enciclopédico, cuya importancia reside en los datos y citas que aportan. En esta corriente sobresale al-Suyñti, escritor y compilador fecundo. La literatura popular, por el contrario, conoce momentos de auge. Y es ahora cuando la colección de cuentos que componen Las mil y una noches (v.), ampliamente difundidos por vía oral desde el s. ix, es recogida por escrito.E. Renacimiento (Nahda) (a partir del s. xix). La Nahda significa el resurgir de los pueblos á., el despertar de su propia conciencia de ser poseedores de una gran cultura y el fin de una existencia letárgica de varios siglos para la literatura á. El desembarcó de Napoleón en Egipto, en 1797, produjo el descubrimiento de la cultura occidental por los pueblos á. y fue el primer hito en su transformación. La difusión de la imprenta y la creación de los primeros periódicos y revistas, gracias al esfuerzo libanés, el envío de estudiantes pensionados a Europa -a Francia principalmente-, la traducción de obras occidentales al á., fueron otros tantos acontecimientos que marcaron su impronta en este Renacimiento, a lo largo del s. xix. Desde los primeros momentos han ido a la cabeza de la Nahda Egipto y la zona geográfica de Siria y el Líbano, incluyendo en esta última a sus intelectuales emigrados a Norteamérica, Brasil y Argentina, quienes agrupados en asociaciones literarias infundieron a la poesía un aire nuevo en su forma y en su contenido. La Nahda no ha concluido, está en marcha y en la actualidad asistimos a una notable floración literaria en todo el mundo á. En una muy incompleta relación, nombres como los de los egipcios Táhá Husayn, máxima figura de la literatura á. contemporánea, Tawfiq al-Hakim, Nayib Mahfñz, Mahmñd Abñ-l-Waf5’ y `Abd al-Rahmán Badawi; los irág1es Názik al-Malá’ika y `Abd al-Wahháb al-Bayyáti; los sirios Nizár Qabbáni y Sawgi Bagdadi; los libaneses Bñlus Saláma y Sa’id `Aql; los tunecinos Sadili Zukar y Muhammad al-Marzugi; la palestina Fadwa Tuqan y los marroquíes `Alál al-Fási y Muhammad Sabbág atestiguan con sus obras este florecer de las letras á. en la actualidad.R. CASTRILLO MÁRQUEZ.
BIBL.: J. VERNET, Literatura árabe, Barcelona 1966; P. MARTINEZ MONTÁVEZ, Poesíq árabe contemporánea, Madrid 1958; J. M. ABD-EL-JALIL, Bréve histoire de la Littérature arabe, París 1946; R. BLACHÉRE, Histoire de la Littérature arabe des origines á la fin du XV siécle, París 1952-66; C. BROCKELMANN, Geschichte der arabischen Litteratur, 2 ed. Leiden 1944-49; VARIOS, Nuevos Cuentos Árabes, Madrid 1965; VARIOS, Narraciones árabes del siglo XX, Madrid 1969.
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