Apocalipsis LIT.
Categoria:
Literatura
1. Definición. Se entiende por literatura apocalíptica la producción literaria que floreció especialmente en el judaísmo desde principios del s. ii a. C. y que es presentada como una revelación directa de los secretos de Dios a tal o cual personaje del pasado, desde Adán hasta Esdras. A estos mismos individuos se atribuye la escritura de ciertos libros. Apocalipsis, apocalíptico, viene del griego apokalyptein, revelar. En la versión griega de los Setenta, el término se encuentra, en el Ecc1i 11, 27; 22, 22 (mystéríou apokalypseós); 42, 1; el verbo apokalyptein se encuentra en Amós 3, 7, con un sentido religioso, revelar algo oculto. El término apokalypsis se halla también en el griego clásico en el sentido de poner al desnudo, descubrir, mas parece ser que el sentido religioso de este término no se encuentra en el mundo griego pagano (cfr. art. Apokalyptó-Apokalypsis, en TWNT 111, 565-597).. Dentro de la literatura inspirada y canónica se encuentran diversos ejemplos de literatura apocalíptica; así, en el A. T. hay partes apocalípticas en Isaías, Daniel, Ezequiel, cte., y en el N. T. encontramos el Apocalipsis de S. Juan, con el que se cierra el canon bíblico (v. BIBLIA II). La literatura apócrifa de los s. II y I a. C. y de los primeros siglos de la era cristiana manifestó una gran predilección por este género literario; entre los A. apócrifos que nos han llegado están: a) de los s. II y I a. C.: Libro de Henoc (etiópico), Testamento de los Doce Patriarcas, parte de los Oráculos sibilinos; b) del s. I d. C., y anteriores al año 70: Asunción de tfloisés, Henoc (eslavo), Ascensión de Isaías; c) posteriores al año 70: Apocalipsis de 16loísés, Vida de Adán y Eva, Apocalipsis de Esdras, Apocalipsis de Baruc, parte de los Oráculos sibilinos, Testamento de Isaac, etc. Para un estudio de los principales, v. APÓCRIFOS BÍBLICOS I.2. Caracteres de la literatura apocalíptica. Los hombres a quienes han sido hechas las revelaciones divinas son a menudo transportados a los cielos, ya en espíritu (I Henoc LXXI, 1), ya en su propia carne (I Henoc XXXIX, 3, 4; 11 Henoc III, 1; XXXVI, 1, 2; XXXVIII, 1; Testamento de Abraham 7 B y 8 B; Apocalipsis de Baruc VI, 3; IV Esdras XIV, 9). Estas revelaciones revisten la forma de visiones, siendo así que en los profetas eran hechas por vía auditiva. En muchos A. se mencionan las tablillas celestiales donde se guardan los secretos de los tiempos; en I Henoc, recuerdan "todos los actos de la humanidad... hasta las más remotas generaciones" (LXXXI, 2; cfr. XCIII, 2); en estas tablillas Henoc ha leído la injusticia que caerá sobre la tierra, mayor que la ya realizada (Henoc CVI, 19; CVII, 1). Los autores de A. afirman que las revelaciones divinas contenidas en las tablas celestiales fueron escritas por antiguos videntes en libros sagrados mantenidos ocultos hasta el fin de los tiempos; es lícito, pues, hablar del carácter esotérico de la literatura apocalíptica. Se recordará, por otra parte, que los miembros de la secta esenia (v. ESENIOS) estaban obligados a guardar ciertos secretos: p. ej., no podían divulgar el nombre de los ángeles contenidos en sus libros (Guerra Judía II, viii, 142); incluso han sido hallados en Qumrán (v.) fragmentos de horóscopos escritos de izquierda a derecha y con la ayuda de un triple alfabeto (griego, hebreo cuadrado y fenicio) con objeto de mantener secretos estos escritos para los no iniciados. Las visiones se presentan, desde el punto de vista literario, como verdaderas parábolas o alegorías, cuya exégesis es preciso hacer. Ésta lleva a menudo al ángel intérprete. El lenguaje de las visiones es simbólico, y suele ser imitado del A. T., aunque también puede ser de origen mitológico, como, p. ej., el conflicto entre Dios y los monstruos del Caos. Los escritores apocalípticos emplean con gran profusión las figuras de toda clase de animales para simbolizar las realidades que describen, en particular los imperios paganos (cfr. Dan cap. 7). También recurren al simbolismo de los números.La seudonimia. Una de las características importantes de la literatura apocalíptica apócrifa es la. seudonimia, es decir, la atribución a un personaje célebre del pasado (p. ej., a Henoc, los doce patriarcas, Baruc, cte.) de revelaciones divinas de las que no es autor. Este procedimiento no es exclusivo de la apocalíptica apócrifa, sino que se encuentra también -aunque con mucha más moderación- en los escritos canónicos del A. T. (así, p. ej., se atribuye a Salomón, considerado como prototipo del sabio, el Libro de la Sabiduría, cte.). Por lo demás, la seudonimia no es ni siquiera un fenómeno judío propiamente dicho, pues concierne a toda clase de literaturas. Sostienen algunos que existía en los escritos de los antiguos egipcios, p. ej., en la XII dinastía, pero también en el periodo inmediato anterior al florecimiento de la apocalíptica judía. Se cita la crónica demótica que data de mediados del s. III a. C.; los especialistas están de- acuerdo en que los oráculos o interpretaciones dadas a este escrito no son anteriores al periodo tolomeico, pero el autor quiere hacer creer que vive bajo el reinado de Tachos (362-361 a. C.). Se nombran algunos reyes del pasado, mas no los últimos, ya que éstos están aún por venir. La historia del pasado, al igual que en la literatura apocalíptica judía, es presentada, pues, como una predicción cuya realización estimula a los lectores de la era tolomeica (D. S. Russell, The Method alld Message of Jewish Apocalyptic, 200 b. C.-a. D. 100, Londres 1964, p. 128). También los griegos utilizaron el procedimiento seudonímico en la literatura mítica, en las colecciones de profecías y en los escritos órficos, herméticos, etc., procedimiento que ha sido recientemente objeto de un libro (J. A. Sint, Pseudonimit¿it im Altertum, Innsbruck 1960).3. Origen de la literatura apocalíptica y su mensaje. En el A. T. el profeta es, ante todo, el hombre de la palabra de Dios, palabra viva que debe transmitir como un mensaje directo; es decir, que el profeta tiene por misión hablar en nombre de Yahwéh, y no será escritor más que subsidiariamente (v. PROFECÍA Y PROFETAS I). Así como el profeta habla y puede transmitir por escrito sus mensajes, el escritor apocalíptico, en cambio, sólo escribe, y no habla nunca; así lo postula el género literario mismo del a. Pero ello no quiere decir que no exista relación alguna entre a. y profecía; más bien lo contrario, como vamos a demostrar.1) El primer hecho a señalar es que la literatura apocalíptica aparece cuando la profecía está en etapa final.La disminución de las profecías, e incluso su desaparición, son hechos registrados por los propios autores bíblicos; según 1 Mach 9, 27, es evidente que han transcurrido muchos años desde el día en que los profetas desaparecieron de Israel. Mas paralelamente a la constatación de la desaparición de los profetas, alborea la espera de un profeta (cfr. 1 Mach 4, 46; 14, 41); esta esperanza la comparte asimismo la comunidad de Qumrán (Manual de Disciplina, IX, 11); y en el N. T. se habla de la espera del retorno de Elías (Mc 9, 11; lo 1, 21; etc.), al igual que en las literaturas rabínica y samaritana. El historiador judío Josefo llega incluso a precisar la época en que tuvo fin la inspiración profética: en el s. v, en tiempo de Artajerjes I (Contra Apión, I, 8, 40).2) Existen ya en la profecía elementos apocalípticos. Se dice con frecuencia que la literatura apocalíptica en el judaísmo comienza con el libro de Daniel en el s. II a. C. Esto sólo es verdad en parte, ya que si el libro de Daniel es el más antiguo de los A., la literatura apocalíptica en sí tiene fuentes mucho más antiguas, particularmente proféticas, y, en especial, los escritos de los profetas de la época posterior al exilio: Ez 38-39; Zach 1-8 y 9-14; Ioel 3; e Is 24-27.La influencia de Ezequiel (v.), con su grandiosa imaginería, su simbolismo, sus revelaciones auditivas y visuales, es considerable en la literatura apocalíptica; ya en los cap. 38-39 de Ezequiel se encuentran rasgos que cobrarán importancia en la apocalíptica posterior: Gog, del país de Magog, es una figura misteriosa que conduce a las fuerzas del mal a la lucha contra Dios (V. ANTICRISTO). A partir de Ezequiel, los rasgos apocalípticos son cada vez, más numerosos en los profetas; tal ocurre en Zach 9-14, que trata del fin de los tiempos, del juicio y de la destrucción de los paganos, y en Joel, en el que la idea del "Día de Yahwéh" se explota con profusión (V. DÍA DEL SEÑOR).3) La literatura apocalíptica es un desarrollo de la profética. Sin duda, influencias literarias extranjeras, y en particular la iraniana, se dejan sentir en la apocalíptica. Pero los autores de A. están situados dentro de la tradición profética, y, como los profetas, tienen un mensaje divino que transmitir. Las profecías del A. T. contienen predicciones, lo cual representa uno de sus elementos importantes, y no de los menores. Ahora bien, los escritores apocalípticos se han atenido a predicciones hechas en el pasado, a fin de reinterpretarlas o, más exactamente, buscando en ellas significados ocultos y simbólicos. Tal es la característica de la literatura apocalíptica: su preferencia por el símbolo y a través de él la manífestación de un sentido más profundo, en el que se atiende no tanto a la historia cuanto a lo eterno y sapiencia¡ que en la historia misma opera y se manifiesta.Si bien se pueden señalar semejanzas entre profecía y a., ello no quiere decir que no haya diferencias. Josefo las percibe en sus Antigüedades Judaicas (X, 266-281) a propósito de Daniel. Así como los profetas anunciaban solamente acontecimientos futuros, Daniel, dice, predijo la fecha exacta de dichos acontecimientos; en tanto que los profetas solían predecir desastres, Daniel es un profeta de felicidad, y la realización de las predicciones le valió la confianza de sus compatriotas. Para Josefo, lo que constituye el carácter especial de la apocalíptica es el gobierno del mundo de acuerdo con un plan determinado; según él, es éste un argumento contra los epicúreos científicos, que negaban la idea de la Providencia y sostenían que el mundo marcha por sí solo, sin ninguna clase de guía.A. Sabatier ofrece una acertada fórmula para señalar la relación entre profecía y a.: "El apocalipsis es a la profecía lo que la Misnáh es a la Toráh" (v. TALMUD). La apocalíptica, estima T. W. Manson, es un ensayo de racionalización y sistematización de la profecía en tanto que predicción (Soxpe Reflections on Apocalyptic, en Mélanges Maurice Goguel. Aux sources de la tradition chrétienne, Neuchátel-París 1950, 139-145). En efecto, en tres puntos esenciales el mensaje de los A. continúa y desarrolla el profético: la unidad de la historia, las concepciones escatológicas, y las creencias referentes a las formas de la inspiración divina:a) En lo que concierne a la unidad de la historia, no se puede decir que Daniel haya sido el primero en enseñar dicha unidad, que no hubieran captado los profetas. Amás e Isaías (segunda parte) entre otros, habían enseñado que Dios controla la historia; pero los escritores apocalípticos van más lejos; ven los acontecimientos de la historia "sub specie aeternitatis", reconociendo, en el desorden aparente de los hechos, un fin y un orden.
b) Con esas modificaciones y desarrollos experimentados, la apocalíptica conserva las grandes líneas de la escatología profética (v. ESCATOLOGÍA II, p. ej., la idea de la restauración de Israel y el mesianismo (v. MESíAS). Y así los autores de A. creen en la resurrección (cfr. Dan 12, 2), pero esta idea va unida a la concepción profética de restauración, no sólo colectiva, en el reino terrenal, sino también en el celestial. Los A. describen el día del juicio final, lo que no es otra cosa que continuar la noción profética del "Día de Yahwéh" a la que se han reconocido cuatro características principales: juicio, universalidad, intervención sobrenatural y proximidad; el Día de Yahwéh se presenta además, en la literatura de los profetas, como la manifestación del designio de Dios en la historia; es un día en el que Dios obra y en el que no se contenta sólo con hablar; es un día en-el que se inicia una nueva era sobre la tierra; es un día en el que Dios será victorioso en el plano de la historia. Ahora bien, estas características se encuentran también, con algunas transformaciones, en la noción del juicio general de la literatura apocalíptica; aquí, lo que se subraya es el juicio, no ya en el plano de la historia, .’sino más allá y por encima de la historia; este juicio englobará no sólo a los vivos, sino también a los muertos.c) La idea profética de que un hombre puede ser poseído por el Espíritu de Dios, se encuentra también en los escritores apocalípticos. Pero así como los profetas indican la inspiración divina que experimentan con la frase estereotipada "así habla Yahwéh", los autores de A. dirán, por lo general, que han visto. Esta manera de expresarse de los escritores apocalípticos puede interpretarse algunas veces como referida a una comprensión de orden intelectual; pero no siempre: hay en efecto casos en que los autores dicen haber realizado verdaderas experiencias psicológicas, y hasta corporales, de la posesión divina en el momento de sus revelaciones: caen al suelo como muertos (Dan 8, 17, 18; 11 Esdras, X, 30); sus pensamientos les turban (Dan 7,28) e incluso "enferman (Dan 8, 27). Es posible que, tal como ha observado D. S. Russell, la inspiración de los profetas difiera de la de los escritores apocalípticos en el hecho de ser esta última más literaria. En efecto, los apocalípticos a menudo tienen conciencia de escribir bajo la influencia directa del espíritu (Between the Testaments, Londres 1960, p. 113).G. Von Rad ha rechazado la tesis, muy comúnmente admitida, de que la literatura apocalíptica se deriva de la profética; el dualismo, el determinismo y el pesimismo de la apocalíptica, dice, son ’un abismo que separa el a. de la profecía. Así busca en los sabios (v. SAPIENCIALES, LIBROS) la patria espiritual (geistige Heimat) de la apocalíptica; señala que Daniel, Henoc y Esdras se caracterizan como sabios (Dan 1, 3 ss.; 2, 48; Henoc XXXII, 2-4; Esdras XIV, 50); la explicación de los sueños, añade, es del dominio de los sabios (Dan 2,. 20; 5, 11; Gen 41, 8.39); además, las parábolas son un género literario eminentemente sapiencial; en fin, los temas astronómicos, meteorológicos, geográficos o relativos á ,problemas de calendario, que se encuentran en Henoc LXXII-LXXIX, son temas sapienciales (Théologie des alten Testaments, II, Munich 1960, 319-320). Pero puede objetarse a von Rad que los escritos sapienciales no contienen ningún elemento escatológico concerniente al fin del mundo, pese a ser éstos esenciales de la literatura apocalíptica. No hay más remedio, pues, que reconocer las estrechas relaciones existentes entre profecía y a., si bien admitiendo influencias sapienciales en este último (E. Hennecke-Schneemelcher, Neutestamentliche Apocryphen, II, Tubinga 1964, p. 420).4. Importancia de la literatura apocalíptica y su influencia. Es preciso señalar un hecho importante: el rabinismo no ha reconocido nunca la masa de escritos apocalípticos judíos. Los rabinos sólo han reconocido como escrito canónico un a., el libro de Daniel (v.). De hecho, no se encuentra ninguna cita de la literatura apocalíptica en los escritos rabínicos (V. RABINO; CABALISMO; TALMUD). Por tanto, observa G. F. Moore (Judaism in the f irst centuries of the Cristian Era. The Age of Tannain, Cambridge Mass. 1927), representa un error de método por parte de los historiadores el buscar en dicha literatura la fuente principal de la escatología judía.La desaprobación de la literatura apocalíptica por los rabinos parece demostrar, pues, que no procede del judaísmo rabínico, sino de una comunidad separada. Esta literatura ha sido atribuida sucesivamente a los fariseos (v.) (Bousset, Charles), a los celotes (v.) (Herford) y a los esenios (v.) (Kohler). El descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto (v. QUMRAN) representó un nuevo argumento en favor de la tesis eseniana. En primer lugar, es preciso señalar que los escritos apocalípticos parecen haber ejercido cierta fascinación en los miembros de la comunidad eseniana de Qumrán, cuyo carácter apocalíptico reconocen diversos autores (cfr. F. M. Cross, The Ancient Library of Qumrczn, Nueva York 1958, p. 56). Esta comunidad produjo además cierto número de escritos de carácter más o menos apocalíptico, como el Libro de los Misterios, Las revelaciones de Daniel o la Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de las Tinieblas (Y. Yadin, The scroll of the War of the Sons of Light against the sons of Darkness, Oxford 1962, p. 15; A. Dupont-Sommer, Les écrits esséniens découverts prés de la Mer Moore, París 1959, p. 335 ss.). Pero también se han encontrado en las grutas fragmentos de cierto número de escritos apocalípticos, conocidos, por lo demás, desde hace mucho tiempo y conservados en diversas lenguas orientales: restos del libro de Daniel aparecen en siete manuscritos; el Libro de Henoc era también muy popular en dicha comunidad, ya que se han hallado fragmentos, en arameo, de unos diez manuscritos; el Libro de los Jubileos está también representado en otros tantos manuscritos; en fin, respecto a los Testamentos de los Doce Patriarcas, aunque no se ha encontrado vestigio alguno del arquetipo hebreo o arameo confirmado por la versión griega llegada hasta nosotros, sí se han encontrado, en cambio, restos de las fuentes utilizadas por este escrito, en particular los fragmentos de un Testamento de Leví y de un Testamento hebreo de Neftalí (cfr. J. T. Milik, Dix ans de découvertes dans le désert de Juda, París 1957, 29-32). De ahí, a decir que estos escritos apocalípticos son de origen esenio, no hay más que un paso, paso que se ha dado con facilidad. Creo que, en efecto, actualmente se puede atribuir con cierta verosimilitud el Libro de los Jubileos o el Libro de Henoc a los esenios, dado que numerosos pasajes de estos escritos tienen un paralelo con los escritos propiamente qumranianos.Se debe señalar, por último, que muchos de estos escri. tores apocalípticos. han sido transmitidos y conservados por la Iglesia cristiana, indudablemente por los judeocristianos, cosa comprensible, ya que los A., por la enseñanza que encierran, ayudaban en alto grado a la propagación del mensaje cristiano. ¿Acaso no anuncian la venida del Mesías, el reino mesiánico, el juicio del mundo, la suerte de los buenos y de los malos, la resurrección? Si bien algunos de estos escritos han sido transmitidos por los cristianos sin alteración alguna, otros han sido glosados o interpolados, para mejor servir a la causa cristiana. Tal es el caso, p. ej., de los Testamentos de los Doce Patriarcas, del IV Libro de Esdras, de la Ascensión de Isaías, etc. (V. APÓCRIFOS BÍBLICOS I).Los cristianos, además de transmitir A. judíos, han introducido a su vez A. cristianos (nos referimos con ello no al Apocalipsis canónico, v. i, sino a escritos apócrifos). Si bien se han perdido algunos, solamente conocidos por su nombre, y otros se conservan fragmentariamente, han llegado a nosotros el A. de S. Pedro, el Pastor de Hermas (v.), la Epístola de los Apóstoles, del s. ii d. C. (cfr. J. Daniélou, Théologie du Judéo-chrétianisme. Histoire des doctrines chrétiens avant Nicée, I, París 1958, p. 35). Si estos A. cristianos difieren de los judíos por el lugar en que sitúan a Jesús, el Cristo, ofrecen, en cambio, rasgos familiares con la literatura apocalíptica judía: lenguaje simbólico, una imaginería fantástica, la insistencia en la angelología, la resurrección, el juicio, el reino mesiánico, el mundo futuro (v. APóCRIFOS BÍBLICOS 11). Hemos dicho que la teología rabínica había adoptado, respecto a la literatura apocalíptica, una gran reserva, incluso una actitud negativa. Ello se explica por diversos motivos: 1.0 En razón de su enseñanza tradicional, los rabinos no sabían qué hacer con las visiones y las revelaciones atribuidas a una intervención sobrenatural y a menudo sin relación alguna con la revelación bíblica, la única reconocida como auténtica, pues las bases de la enseñanza rabínica eran la Toráh y la tradición oral. 2.0 El carácter de iniciación esotérica de los A. explica la actitud negativa de los medios oficiales, pues según la enseñanza rabínica, la Toráh ha sido dada a todo Israel, y todos y cada uno tienen la obligación de estudiarla para ser fieles a ella. 3.0 Por otra parte, el cristianismo recogía algo de lo apocalíptico. En efecto, lo que para los A. fue una ferviente espera, en el cristianismo se transformará en la certeza de la realización, junto con una ampliación de perspectivas. Se comprende, pues, que el desarrollo experimentado por la corriente apocalíptica en el cristianismo provocara, por reacción, desconfianza del rabinismo. Sin embargo, hay que reconocer que la teología rabínica ha hecho suyas, en el terreno de la escatología, ideas desarrolladas por los A., sin que ello quiera decir que las haya copiado de los mismos; tal es el caso de la resurrección, de la que dicen los fariseos es enseñada formalmente por la Toráh, en tanto que los saduceos lo niegan (cfr. K. Hruby, L’influence des apocalypses sur I’eschatologie judóo-chrétienne dans VOrient Syrien, 1966, 291-320). V. t.: APÓCRIFOS BÍBLICOS I.MATHIAS DELCOR.
BIBL.: Además de las obras citadas en el contexto del artículo: M. 1. LAGRANGE, Le Messianisme chez les Juifs, París 1909; fD, Le Judaisme avant Jésus-Christ, París 1931; H. H. RowLEY, Relevance of Apocalyptic, Londres 1963; P. VoLz, Die Eschatologie der Jüdischen Gemeinde im Neutestámentlichen Zeitalter, Hildesheim 1966, 4 ss.; J. B. FREY, Apocalyptique, en DB (Suppl.) 1, 326-354; 1. LEVi, Apocalypses dans le Talmud, "Rev. des $tudes Juives" 1 (1880) 108-114; H. H. ROWLEY, Jewish Apocalyptic and the Dead Sea Scrolls, Londres 1957; L. KOHLER, The Essenes and the apocalyptic Literature, "Jewish Quarterly Review" (1920-21) 145-168.
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