Angustia
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Varios
Definición. Puede establecerse una diferencia entre el miedo o temor y la a. El primero se experimenta con respecto a algo concreto, al sentirse amenazado por un peligro real que puede ser definido; por el contrario, la segunda surge en medio de lo inexplicable, allí donde el peligro que amenaza es vago e indeterminado. Esta diferencia es muy reciente en la historia del pensamiento: Kant (v.), Nietzsche (v.), Rilke (v.), Freud (v.) y otros muchos emplean la palabra miedo donde hoy parecería más correcto hablar de a. En Kierkegaard (v.) se aprecia un comienzo de la separación clara de ambos conceptos. El temor se relaciona con algo determinado y la a. surge como consecuencia de las posibilidades que se presentan ante la libertad del individuo. Este autor (quizá por haber padecido de crisis de a. patológica) destacó la relación de la a. con el pecado y la culpa ("Lo más horrible es que la a. del pecado produce el pecado". La libertad no puede dejar de fijarse "en la culpa con la ambigua mirada de la a., pues dentro de la posibilidad hasta el evitar es apetecer"). También para Heidegger (v.) la a. es fundamentalmente distinta del temor. Éste surge cuando un ente determinado nos amenaza en una dirección concreta. La a. en cambio revela la nada. Sin embargo, existe una serie de matices comunes al temor y a la a. (Wandruszka los engloba bajo el término phobos). La transición entre ambos es gradual como lo expresan muchas descripciones del lenguaje cotidiano y literario: miedo angustioso, a. temerosa, etc., pero no por ello es posible establecer una escala gradual en cuyos extremos se sitúen el pánico y la a. En el niño, ésta y el miedo están casi fundidos, como consecuencia de su mundo peculiar y de su vida interior menos diferenciada. Lo mismo sucede en el hombre primitivo. La experiencia clínica ha demostrado cómo bajo muchos miedos concretos se esconde una vivencia angustiosa, tan insoportable que levanta en torno a sí mecanismos de defensa que tienden a concretarla.De la angustia existencial a la nada. La a. es importante en el existencialismo, que nace en reacción frente al racionalismo iluminista y hegeliano, intentando defender la intimidad del hombre. La analítica existencial llega a la conclusión de que la "esencia de la existencia radica en la existencia humana". El análisis de la existencia humana demuestra que ésta se manifiesta siempre en ciertos estados, que son los sentimientos. Cada estado de ánimo (v. ÁNIMO, ESTADO DE) es’ una posibilidad de revelación de un modo existencial; sin embargo, la experiencia de la a. es la que revela de un modo más total la estructura de la existencia; precisamente porque en ella se presiente su aniquilamiento: la nada.La existencia humana no puede considerarse de un modo aislado, sino en relación con el mundo (ser-en-elmundo, estar-en-el-mundo). El hombre no podrá ser comprendido por los contenidos de su horizonte más que de un poco parcial, pero a la hora de tratar de comprender el hecho más simple y radical del existir, hemos de eliminar (reducción fenomenológica) los contenidos y quedarnos con la estructura vacía. En el miedo operan los contenidos, en la a. éstos se desvanecen en la nada. La a. es la referencia de la propia existencia a la nada. Será consecuencia de la facticidad humana. Por eso la crisis de a. se manifiesta muchas veces como amenaza de la disolución del yo.El hombre actual está más sensibilizado que el de otras épocas frente a ella. La de hoy es la época de la a. no por ser ésta una particularidad del hombre del presente, sino porque es capaz de vivenciarla de un modo más claro y peculiar. De ahí la gran difusión de la filosofía existencialista tanto en su vertiente germánica y difícil de entender (Heidegger), como en la francesa, más literaria y accesible (Sartre). El hombre siempre se ha angustiado aunque expresara esta crisis con otras palabras. Tillich ha estudiado estas diferencias históricas entre los modos de manifestarse la a. A finales de la civilización antigua predominaba la a. óptica, al final de la Edad Media la a. moral y al final del periodo moderno la a. espiritual, caracterizada por sensación de vacío y de falta de sentido. Estamos bajo la amenaza del noser espiritual; estas diferencias son consecuencia, por una parte, del descubrimiento de la intimidad y, por otra, del cambio en la concepción del mundo que ha ido teniendo lugar a lo largo de los siglos. El mundo más sacralizado, nouménico y cargado de significados del hombre antiguo, ha sido sustituido por el universo técnico actual, cuyos horizontes se dilatan a medida que es mayor el poder del hombre sobre él. El poder material disipa los miedos ancestrales, pero lo deja inerme frente a su intimidad en la que encuentra la "amenaza del no-ser espiritual".La angustia morbosa y la angustia normal. Así, la a. se nos aparece cada vez más en su pureza; y al manifestar trastornos mentales se plantea el problema de la diferencia con la á. del hombre no éhfermo. Para Freud y otros muchos, la diferencia es de intensidad. Lo mismo sucede en las concepciones mecanicistas o cibernéticas según las cuales puede surgir tanto por un exceso de estímulos como por una carencia de ellos (deprivación sensorial). Sin embargo, en la a. morbosa aparecen rasgos que la diferencian cualitativamente de la normal: mecanismos de repetición (Kubie y otros), tendencia a la somatización y sobre todo porque en esta variedad compromete a la libertad humana mientras que la a. existencial supone siempre un enriquecimiento del hombre. Tillich ha visto bien estas diferencias y sobre todo, nosotros a partir de la experiencia clínica. Desde la fenomenología puede establecerse una primera diferencia basada en la división de la vida sentimental en diferentes estratos, tal y como la hizo Scheler. La a. del hombre sano pertenece a los sentimientos del yo, mientras que la, morbosa es un sentimiento vital, igual que la tristeza del melancólico. Se trata de la "a. vital" de López Ibor que no es reactiva frente a los acontecimientos de la vida, sino todo lo contrario, es inmotivada. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este estrato de la vida sentimental, a pesar de su enorme importancia en psicopatología, forma parte de la vida psíquica de todo hombre. En la enfermedad, este plano de la vida sentimental adquiere preponderancia y domina toda la vida psíquica del individuo e incluso su acontecer somático, ya que los sentimientos vitales, próximos a los sensoriales, son a veces un híbrido entre sensación y sentimiento.Hay hombres más sensibles que otros para percibir este fondo de su personalidad, pero no cabe duda que durante la enfermedad surge, en su conciencia, esta realidad del ser, cuya experiencia puede ser extraordinariamente enriquecedora. Por esto la analítica existencial se nutre de las experiencias de hombres con una necesidad imperiosa de estudiar su vida interior. Entre estos hombres geniales, algunos son melancólicos. Hoy no cabe duda que Kierkegaard y Freud, p. ej., padecieron alteraciones de este tipo. Otros, sin padecer la enfermedad, tienen una sensibilidad para percibir estas alteraciones en sus semejantes y a partir de ahí enriquecen el conocimiento de la naturaleza humana (S. Teresa de Ávila, v., p. ej.).La angustia neurótica. En psiquiatría la a. se manifiesta sobre todo en las neurosis (v.) y está en su fondo ("todas las neurosis son equivalentes angustiosos", según Freud). Frente a ella se levantan mecanismos de defensa para escapar del carácter insoportable que tiene la crisis. El primero es concretarla en forma de miedos dando lugar a las "fobias" (v.). De éstas las dos más importantes son: el temor de la muerte y el de la locura, en las que aparece muy clara la estructura del presentimiento y amenaza de la disolución de la identidad propia. En las obsesiones destaca el carácter reiterativo propio de la a. morbosa. Otras veces éste se descarga en forma de síntomas de contenido aparentemente simbólico (histeria, reacción de conversión), o en forma de correlatos vegetativos (organoneurosis y trastornos psicosomáticos).El origen de la a. neurótica es interpretado de manera diferente por las diversas escuelas. A partir del psicoanálisis generalmente se le atribuye una psicogénesis. Para las teorías conductistas es una reacción aprendida y mantenida por una serie de mecanismos de refuerzo. Para nosotros tiene un origen endotímico análogo al de la tristeza vital de las depresiones endógenas, sobre el cual se montan luego una serie de formaciones psicogenéticas. La a. también es una manifestación de la ciclotimia, de la esquizofrenia, de las personalidades anormales. También en la epilepsia (v.) pueden aparecer vivencias angustiosas (en las epilepsias temporales, sobre todo), aunque clínicamente muy diferentes a las de las neurosis (hay autores americanos que no encuentran tal diferencia, porque piensan que la a. neurótica no es psicogenética y no encuentran otra explicación de su génesis que la epilepsia, ya que para ellos también lo que en Europa se llaman trastornos endógenos son psicogenéticos). Existen determinadas estructuras del sistema nervioso central que tienen que ver con los estados de a. (v. ÁNIMO, ESTADO DE).Angustia y ansiedad. En español hay diferencias entre a. y ansiedad. Por una parte, las manifestaciones de ambas son distintas. La primera alude a constricción (angor, angosto, angina) y suele localizarse en la región precordial, en la garganta o en el epigastrio. La ansiedad se relaciona más con el aparato respiratorio. Aquélla tiene un carácter más físico, visceral y estático (reacción de sobrecogimiento) mientras que la ansiedad tiene un matiz más psíquico y de movimiento (reacción de sobresalto) y en ella hay ya un de reacción. Ésta es solamente una diferencia de matiz, relativamente reciente en el castellano que no existe en algunas otras lenguas.J. J. LÓPEZ IBOR.
BIBL.: J. J. LÓPEZ IBOR, Las neurosis como enfermedades del ánimo, Madrid 1966; íD, La angustia vital, Madrid 1950 (reimp. 1969); M. HEIDEGGER, Sein und Zeit, Halle 1927 (trad. esp. de J. Gaos, El ser y el tiempo, 1951); S. KIERKEGAARD, Tagebücher, Leipzig 1941 (trad. Haecker); íD, Concepto de la Angustia, Madrid 1965; !D, Gesammelte Werke, Leipzig 1939; S. FREUD, Obras completas, Madrid 1948-68; J. RuBio ESPINA, Hitos en la Psiquiatría europea contemporánea, "Atlántida" 38 (1969) 207224.
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