Andalucía II HIST.
Categoria:
Historia
Situada al S. de la península Ibérica, frente a la costa africana, zona de paso de numerosos invasores, A. ha sido una de las regiones españolas más ricas en acontecimientos históricos.Sus primeros habitantes aparecen en tiempos remotos, habiéndose encontrado restos del hombre de Neanderthal (v.) e interesantes muestras del auriñaciense (v.) y magdaleniense (v.). En el Neolítico (v.), A. se convierte en uno de los centros de irradiación de la cultura megalítica (v. MEGALÍTICOS, MONUMENTOS), adquiriendo especial interés la zona occidental por la cantidad y calidad de los hallazgos, en general dólmenes, como la cueva de Menga, en Antequera; el del Romeral, y el de Soto, en Trigueros (v. III).Edad Antigua. En la Edad de los Metales (v.), A. se ve favorecida por su riqueza minera, que hace posible el desarrollo de la llamada cultura de Los Millares (v.), en Almería, y, sobre todo, la de Tartessos (v.). Tartessos es el nombre de una ciudad, un río-el Guadalquiviry un Estado, la más antigua monarquía del Occidente europeo. La localización de la ciudad de Tartessos continúa siendo un enigma, pues las diversas hipótesis sobre su emplazamiento no han podido ser confirmadas con descubrimientos arqueológicos. Según los escritores de la Antigüedad (Avieno y Estrabón), estaba próxima a las columnas de Hércules, en la desembocadura del río Baitis, en la región más occidental de la tierra, y su fama se basaba en la abundancia de metales preciosos, en su agricultura, ganadería y en el comercio del estaño.Con los Tartessos comercian los fenicios (v. FENICIA), los cuales, atraídos por sus riquezas, fundan Cádiz hacia el 1100 a. C. Además, como fruto de sus constantes navegaciones por esta parte del Mediterráneo, los fenicios fundan otras factorías en la costa andaluza, entre las que destacan Malaca (Málaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra).También la colonización griega alcanza a A. Sabemos por Heródoto, que hacia el 650 a. C. mantienen contacto los focenses (v.) con Tartessos y que fundan la colonia de Mainake, cerca de Málaga. Su penetración no es más intensa que la de los fenicios, y, posteriormente, la de los cartagineses (v.). El resto de A. está ocupado durante la protohistoria por otros pueblos hispánicos de origen ibero (v. IBEROS), cuales son los oretanos (v.), bastetanos (v.) y turdetanos (v. TURDETANIA), que se extienden por la Alta A. Las ciudades más importantes son Tutugi (provincia de Granada), Iponuba (provincia de Córdoba), Casteia (Algeciras) y Castulo (provincia de Jaén). En el s. vi a. C., hace acto de presencia en A. otro pueblo mediterráneo, el de los cartagineses. Según el relato tradicional, son llamados por los fenicios ante la presión tartésica: ocupan Cádiz y destruyen Tartessos. Más tarde, en el s. iii a. C., en el transcurso de la segunda guerra púnica, el general Amílcar Barca (v.) desembarca en Cádiz (238 a. C.), se impone a los pueblos turdetanos y extiende su dominio por toda la región. En el s. ii a. C., A. se convierte en campo de batalla durante las guerras púnicas (v.) y Cartago es derrotada en Bécula (Bailén) e Ilipa Magna (Alcalá del Río). Una vez expulsadas las tropas de Aníbal (v.), la Península forma la primera colonia romana. A. es escogida por Escipión (v. ESCIPIONES, FAMILIA DE LOS) como emplazamiento de Itálica (v.), edificada para asentar a los veteranos de su ejército.Convertida la Península en tierra de conquista, Roma la divide administrativamente. A., con el nombre de Bética (v.), queda incluida en la España Ulterior; en ella, por entonces, tienen lugar las luchas entre César (v.) y Pompeyo (v.), en el s. i a. C., y la derrota de este ultimo en Munda, cuya localización se discute (Montilla, Ronda o Estepa). Ya en el Imperio, se cataloga a A. como provincia senatorial, con capital en Córdoba y subdividida en cuatro conventos jurídicos: Corduba (Córdoba), Gades (Cádiz), Astigi (Ecija) e Hispalis (Sevilla). Desde un principio, constituye una de las regiones más romanizadas, con un alto nivel cultural; en ella nacen filósofos como Séneca, escritores como Lucáno y Columela; y de ella salen el primer cónsul provincial (Balbo el Mayor) y los primeros emperadores provinciales (Trajano y Adriano). De esta romanización son exponentes las numerosas ruinas que aún hoy conservan su esplendor (v. iii).Alrededor del 411 d. C., A. es invadida por los bárbaros, concretamente los vándalos (v.) silingos, que pasan pronto a África. Su lugar lo ocupan en el 458 los visigodos (v.), que se mantienen durante 253 años. Entonces, la Bética visigótica juega un importante papel. Culturalmente, la Sevilla de S. Leandro (v.) y S. Isidoro (v.) se convierte en un foco de primera magnitud. Políticamente, su importancia no es menor. La resistencia de los cordobeses contra el rey visigodo Agila (549-554) da pie a la sublevación de Atanagildo y a la intervención bizantina que incorpora al Imperio de Justiniano una amplia zona costera andaluza (desde la desembocadura del Guadalquivir a la del Júcar) hasta su expulsión por Suintila (621-631); y la conversión de S. Hermenegildo (v.), gobernador de Sevilla, provoca la guerra (582585) contra su padre el rey Leovigildo (v.), que acaba con la ejecución del primero.Edad Media. Por A. se inicia en el 711 una de las invasiones más trascendentales sufridas por España a lo largo de su historia. El caudillo musulmán Táriq pone pie en la Península y, tras permanecer fortificado varios meses en Gibraltar, vence al rey visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete (v.), conquistando a continuación Ecija y Córdoba. Con la llegada en el 712 de Mñsá (Muza), gobernador del norte de África, se refuerza la dominación islámica. `Abd al-`Azfz, hijo de Mñsá, es el primer gobernador o emir de al-Andalus (v.) -nombre que recibe el territorio ocupado por los musulmanes hasta los últimos días del reino de Granada-, dependiendo al comienzo, política y religiosamente, del _califa de Damasco. Sin embargo, en el 755 desembarca en Almuñécar `Abd al-Rahmán al-Dájil o el Emigrado (v. ABDERRAMÁN I), príncipe Omeya (v.) que huía de los califas Abbasíes (v.). Vencedor del emir Yñsuf en la batalla de La Alameda, se independiza políticamente de Bagdad el territorio de al-Andalus, el primero que se desgaja del Islam. Abderramán I establece la capital en Córdoba (v. CóRDOBA, EMIRATO Y CALIFATO DE), donde inicia las obras de la famosa mezquita. Ni las revueltas ni la invasión de los normandos (844), que saquean Sevilla y Cádiz, obligando a Abderramán II a fortificar las costas (rábidas de Huelva y Málaga), impiden el creciente auge del emirato independiente. La ciudad de Córdoba y el Estado musulmán, del que era capital, llegan a su punto culminante en tiempos de Abderramán III (v.), que se proclama califa en el 929, rompiendo así el vínculo religioso que le unía con Oriente. En este momento, el califato cordobés no sólo es el Estado más poderoso de España, sino de Europa.El último califa de al-Andalus es Hisam II, que reina dos veces (976-1008 y 1009-12), pero nunca gobierna, ya que el poder está en manos de Almanzor (v.). Precisamente, al morir este último (1002), la unidad de al-Andalus se rompe, apareciendo sobre sus restos numerosos reinos de taifas (v.), los más importantes de los cuales son Sevilla, Córdoba, Algeciras, Almería y Málaga, que ocasionalmente luchan entre sí e incluso pagan tributo a los reyes cristianos. Debilitados los musulmanes españoles, precisamente cuando la Reconquista cristiana se acentúa, necesitan recurrir a la ayuda ajena. En el último tercio del s. xi, aparecen en al-Andalus los almorávides (v.), tribus berberiscas del Sahara, fanáticos musulmanes, que unifican el territorio. Sin embargo, la inmoralidad administrativa y el desorden les hacen perder rápidamente su prestigio, hasta tal punto que son expulsados de varias ciudades, pudiéndose hablar de un segundo periodo de taifas. La nueva disgregación da lugar a la intervención de los almohades (v.), gentes del Atlas, a los que se someten los taifas, también efímeramente, pues derrotados (1212) en la batalla de las Navas de Tolosa (v.) se abren a los cristianos las puertas de A., que pierde su coherencia y otra vez queda dividida en un mosaico de débiles monarquías (Sevilla, Granada, Jaén, Córdoba y Niebla), cuyas disputas internas facilitan la Reconquista (v.).Fernando III el Santo inicia la empresa reconquistadora de A.; se apodera de todo el valle del Guadalquivir, desde Andújar (1225), pasando por Córdoba (1236), hasta Sevilla (1248). Su hijo Alfonso X incorpora Cádiz (1264). Paralizada la Reconquista por los conflictos internos de Castilla, la reanuda años más tarde Alfonso XI (1325-50), cuya victoria en la batalla del Salado (v.) (1340) le permite conquistar Algeciras (1344) y conjurar el peligro de los benimerines (v.), otra oleada africana que pretendía ayudar al reino de Granada, único Estado musulmán del s. xv en la Península. Los Reyes Católicos (v.), cuando consigúen entrar en Granada el 2 en. 1492, terminan la Reconquista del casi ocho veces secular al-Andalus. Loss de esta recién conquistada A. no son nada fáciles. El régimen de repartimientos de la tierra, en su mayoría de señorío, da origen a una distribución irregular de la propiedad, base del latifundio. La poderosa nobleza entabla entre sí frecuentes disputas, como las habidas en Sevilla entre el marqués de Cádiz y el duque de Medina Sidonia, a las que ponen fin los Reyes Católicos. Por último, los musulmanes que permanecen en A., llamados moriscos (v.), a quienes en las capitulaciones de. Granada se había garantizado sus bienes y la libertad de religión, ocasionan revueltas y sublevaciones por el incumplimiento de estas promesas, sobre todo en tiempos de Felipe II en La Alpujarra. Felipe III los expulsa definitivamente en 1610, medida que supone una gran pérdida para el campo andaluz, puesto que los expulsados representan la mayor parte de la mano de obra campesina capacitada de los latifundios, y que nadie quiere colonizar por no quedar sujetos a las exacciones de los nobles, dueños de la mayoría de aquéllos desde el s. XIII.Época moderna. A. adquiere una importancia decisiva en la época de los descubrimientos, iniciados desde La Rábida (Palos de la Frontera, Huelva). De ella parten los viajes ultramarinos, como resultado de una tradición marinera, comenzada siglos antes en la Baja A. Sevilla, sede de la Casa de Contratación (v.), receptora de los tesoros indianos, llega a ser una de las mayores ciudades de España en los s. xvi y xvii y cuna de hombres ilustres; sin embargo, a partir de 1717, año en que se traslada el Consulado Marítimo a Cádiz, comienza la decadencia sevillana. El descontento de la aristocracia latifundista contra las medidas fiscales del gobierno del conde-duque de Olivares es una de las causas del abortado movimiento de secesión (1640), que -pretendía erigir rey de Andalucía al duque de Medina Sidonia.El despotismo ilustrado (v.), en el s. XVIII,. por su tendencia a la explotación de sus riquezas naturales, fomenta el desarrollo económico andaluz e intenta, con regular resultado, la repoblación de Sierra Morena. Se crean, desde 1767, numerosas poblaciones en las cuencas media y alta del Guadalquivir, de las que Carlos III (v.) nombra director al asistente de Sevilla, Pablo de Olavide. En- cuanto a la libéración del comercio con América (1778), que acentúa el ocaso económico de Sevilla, no impide el desarrollo gaditano y favorece sustancialmente el auge de Málaga, donde empieza a surgir una importante industria.La guerra de la Independencia (v.) tiene una gran repercusión en A. En Bailén (1808) se produce la primera derrota de Napoleón y, poco tiempo después, ante la nueva invasión del emperador, se refugia en Sevilla la Junta . Suprema Central hasta que, amenazada por las tropas napoleónicas, se traslada a la isla de León (Sán Fernando) y luego a Cádiz, única ciudad que resiste el empuje francés y donde se convocan las Cortes que promulgan la primera Constitución española (1812). El ambiente revolucionario liberal deja honda huella en A., que fomenta en el primer tercio del s. xix varios pronunciamientos, el más importante de los cuales, el de Riego, en Cabezas de San Juan, marca el comienzo del Trienio constitucional (1820-23). Ante el empuje de las tropas del duque de Angulema, otra vez se establecen en Sevilla las Cortes, y, con Fernando VII (v.) en el poder, se refugian en Cádiz, último reducto de los liberales españoles. En la segunda mitad del s. xix, vuelve a ser Cádiz escenario de un nuevo pronunciamiento, el de la escuadra que, bajo el mando del almirante Topete, produce el destronamiento de Isabel II (v.).Socialmente, A. ha sido una de las regiones donde más se ha radicalizado el campesinado, a causa de su pésimo nivel de vida. Eüo ha dado ocasión a que surgieran organizaciones secretas como la Mano Negra, que impulsan manifestaciones violentas, de tipo anarquista, siendo famosas las de Loja (Granada) en 1861 y Jerez de la Frontera en 1892. La situación no se ha alterado en muchos años y durante la segunda República (v.) los brotes revolucionarios de tipo marxista han sido frecuentes en capitales y pueblos, que sufren las consecuencias del vandalismo de las masas extremistas. Al estallar la Guerra civil española (v.) quedan aisladas, en poder de las tropas nacionales, Sevilla, Jerez, Córdoba, Cádiz, Algeciras y Granada, y, como enclaves republicanos, Málaga, Jaén, Almería y la mayor parte de los pueblos y aldeas. Etapas singulares fueron el desembarco en’Tarifa de las fuerzas expedicionarias de África, y das protagonizadas por los generales Queipo de Llano y Varela y la del capitán Cortés en el Santuario de la Cabeza (Jaén). Al término de la contienda, los planes socio-económicos desarrollaron la agricultura e industria de A., así como su nivel general de cultura y vida. Se crearon polos de desarrollo en Sevilla, Campo de Gibraltar, Huelva y Granada (v. i y ii). En el nuevo Estado surgido tras la m. del general Franco, A. obtuvo un Estatuto de Autonomía por la vía del art. 151 de la Constitución de 1978. El pueblo andaluz ratificó el Estatuto en el referéndum del 21 oct. 1981, y entró en vigor el 11 en. 1982. Las primeras elecciones al Parlamento andaluz se celebraron en mayo ’1982. Por sus condiciones olimáticas, A. es una de las zonas preferidas por las corrientes _turísticas que visitan constantemente España.A. BRAOJOS GARRIDO.
BIBL.: 1. GUICHOT, Historia general de Andalucía-, Madrid 1969-71. V. t. las Historias de las distintas provincias andaluzas.
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