Anarquía POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto. Esta palabra procede de la griega anarjia, que, a su vez, deriva de an-arios, falta o ausencia de jefe. Sin embargo, en su acepción común indica algo más. Para entender su significado pleno, se ha de tener presente que la sociedad, como actividad humana en común, implica tres estratos o capas: 1) Un conjunto de ideas o creencias colectivas, lo que el prof. Tierno llama techo ideológico (v. IDEOLOGfAS). 2) Esas ideas setraducen en una serie de pautas de comportamiento extemo, de normas (v. NORMA III), que los miembros del grupo conocen y cumplen usual y habitualmente (v. usos sociALEs). Eso es la ordenación. 3) Pero en cualquier grupo humano un poco complejo ello no basta. Se requiere además la presencia de ciertas personas especialmente encargadas de establecer tal ordenación compleja y de velar por su cumplimiento. La separación de los individuos en simples miembros del grupo y encargados del orden social da lugar a la aparición del poder, de la autoridad (v.). Y entonces, como dicen algunos sociólogos, junto a la ordenación se establece la organización. Como si ’dijéramos, a un lado, el Código de la circulación o el Código civil o penal; a otro, los legisladores, los policías de tráfico, los jueces.
Si etimológicamente a. quiere decir perturbación del orden social por quiebra de la organización, el término se emplea asimismo para indicar el fallo de la ordenación, el incumplimiento de las normas (anomía). Aunque anomía y a. se hallen relacionadas íntimamente, lógica y fácticamente, son separables por abstracción e incluso en la realidad. Claro que no toda quiebra del principio de autoridad (desobediencia) ni todo incumplimiento de normas positivas implica a. Ésta supone: A) que el incumplimiento o desobediencia se halle ampliamente extendido por la sociedad; B) que tenga un carácter más o menos permanente o, por lo menos, agudo. Las infracciones comunes de los Códigos sociales vigentes no suponen a., si la autoridad es capaz de imponerse. Verdaderamente en los simples casos de infracción del orden, se incumplen ciertas normas y se desobedece a ciertas autoridades o agentes; en la a. se combaten la ordenación y la organización en su conjunto.Formas. Como todo hecho social, la a. es susceptible de una apreciación cuantitativa; y en ese sentido, la a. puede ser más o menos grave o profunda. Puede afectar a todos los sectores de la comunidad o sólo a parte de ellos (p. ej., las agitaciones estudiantiles). Desde el punto de vista cualitativo, la a. puede dividirse, como la anomía, en simple y aguda: la primera procede de una colisión entre dos sistemas de creencias o valores, el que sirve de base al orden actual vigente -y otro que aspira a sustituirlo apoyado por los que promueven la a.; la segunda es más honda y grave aún, pues deriva de una desintegración plena de los valores o ideologías vigentes, sin hallar sustituto alguno. Tal sucede justamente en las fases de "decadencia", como en la Roma del s. i a. C. y quizá en el Occidente contemporáneo. La a. puede ser además pacífica (mera desobediencia civil, resistencia pasiva) y violenta, como la promovida por los movimientos anarquistas (v. ANARQUISMO). Y esto nos lleva a otra división: a. simplemente existencial, por decirlo así, en que se expresa la oposición al poder y al orden de modo impulsivo y sin pretensiones metafísicas, y a. ideológica, en que análoga actitud se cubre con el ropaje de doctrinas o ideas de cualquier tipo, ya buscando otro orden social, ya intentando la destrucción de todo orden social.Repercusiones en la sociedad y en el gobierno. Supuesto que los movimientos anárquicos se expresan externamente en negación de la autoridad y de la fuerza de sus mandatos, los efectos son, en general, ruptura del supuesto básico de la convivencia interhumana, que es el orden; y, a la vez, quiebra del poder, ya que la fuerza de éste no nace de él mismo, sino del acatamiento que le prestan los sometidos y que falta en la situación de a. (obedientia facit imperantem): ausencia de jefes esANARQUÍA - ANARQUISMO153
realmente ausencia de obedientes. Más en concreto, los efectos de la a. son todos los que pueden ir derivando de la falta de orden normativo y ordenación autoritaria. La historia y la prensa nos enseñan inequívocamente los resultados de la a.: la vida, la libertad, la propiedad y la integridad personal quedan en precario y a merced de la fuerza. El estado de a. es el estado- de la naturaleza; pero no en la forma bonachona de Rousseau, sino al modo de Hobbes: la guerra de todos contra todos.
Causas. Como todo hecho social, la a. puede tener diversos orígenes. Más aún: en cada estado de a. suelen confluir varias causas. Unas veces-estados anárquicos transitorios-la causa está claramente en alguna calamidad pública (terremotos, invasiones, etc.), que hacen imposible la presencia eficaz de la autoridad. Estas situaciones, temporales y localizadas, no suponen un grave mal social ni afectan a la sociedad y al gobierno. Las a. profundas y duraderas derivan o de una mala ordenación (las normas vigentes no responden a las exigencias sociales del momento), de una mala organización (quiere decirse que los jefes o autoridades son incompetentes e impopulares), o de la eterna lucha por el poder (v. OLIGARQUÍA I), o sea, cuando fuerzas sociales que están fuera de la jerarquía dominativa quieren apoderarse de ésta; y.la pugna entre gobernantes y oponentes se traduce en a. (que paga la masa pasiva), hasta que una de las facciones resulta vencedora.Juicio moral y político. En principio, la a. no encuentra justificación social, política ni ética. La primera condición de la vida humana (que es vida en común) es el orden y su mantenimiento por la autoridad; y la a. es la negación de eso, es decir, la negación de lo que es condición de la vida misma. Esta proposición podríamos decir que es la afirmación o tesis inicial. Contra ella viene la negación o antítesis: esa tesis es una postura conservadora, que trata de legitimar, al amparo del valor del orden, posiciones de privilegio e injusticia. La famosa frase atribuida a Goethe, "prefiero la injusticia al desorden", es atacada duramente por los que sólo ven en ella el conservadurismo y no la exigencia de sobrevivir todos los hombres. Semejante antítesis puede tener su justificáción moral, corno una especie de legítima defensa contra un orden injusto (derecho de resistencia a la opresión, licitud de la lucha contra la tiranía, etc.). Sin embargo, es preciso concluir en una síntesis final, que niegue, a su vez, la -negación. Sin duda que hay gobiernos injustos (¡muchos!) y que, como dice Bertrand Russell, todo gobierno restringe la libertad, que es el mejor de los bienes políticos; pero, como añade el mismo filósofo inglés, la ausencia de poder (la a.) no es de suyo el triunfo de la justicia y la libertad, sino el triunfo de los fuertes sobre los débiles, de los violentos sobre los pacíficos. Esto es lo que no debe olvidarse al hacer de la a. un programa ideológico de acción. Es un axioma de teoría política que el peor Gobierno es mejor que ningún Gobierno. Unas palabras de Paulo VI compendian la sabiduría ética en la materia: "La anarquía como injusticia general, es un mal mayor que las injusticias parciales resultantes del mal funcionamiento del orden" (Carta a las Semanas Sociales de Catania de 1968). V. t.: ANARQUISMO; CAMBIO III; DEMAGOGIA; PODER I; PROTESTA; RESISTENCIA A LA AUTORIDAD II; REvoLUCIÓN; TERRORISMO.A. PERPIÑÁ RODRÍGUEZ.
BIBL.: B. RusSELL, Los caminos de la libertad. El socialismo, el anarquismo y el sindicalismo, Madrid 1934; S. DE MADARIAGA, Anarquía o jerarquía, Madrid 1935.
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