Ammoníes (Ammonitas) ANTROP.
Categoria:
Antropología
Habitantes de Ammón, palabra de etimología incierta (hebreo `am, árabe `amm, "tío paterno", o tal vez hebreo `am, "pueblo" y árabe `amm, "multitud"). El territorio de Ammón estaba situado entre el jordán y el desierto, limitado al N y al S respectivamente por los cursos de los ríos Yabboq y Arnón. Aunque inicialmente hay, sin duda, en esta zona asentamientos más o menos permanentes de tribus nómadas, confirmados por textos cuneiformes que los llaman "tierra de la casa (o tribu) de Ammón", los a. propiamente dichos se establecen en esta región hacia el s. xii a. C. Se trata con toda probabilidad de tribus nómadas pertenecientes a la gran expansión aramea (v. ARAMEOS) que se produce en esta época.Restos arqueológicos. En los primeros siglos, los a. gozan de autonomía y cierto esplendor, a juzgar por la serie de torres-fortalezas descubiertas, generalmente de forma circular, que bordean la frontera occidental del país como puestos de vigilancia. Más tarde, los a. son subyugados por el Imperio asirio (v. ASIRIA). Los textos de Salmanasar III de Asiria hablan de la derrota infligida el a. 854 a. C. al rey a. Ba’asa, hijo de Ruhubi. Parece ser que desde entonces los a. continúan siendo un pueblo vasallo de Asiria, como consta por los datos que mencionan los tributos pagados por reyes a. a los asirios: Sanipu tributa a Tiglat-Pileser III, Pudullu, a Asarhaddón; Amminadbi, del que se conservan dos sellos propios, a Asurbanipal (v.). A pesar de este vasallaje, los a. viven una época de prosperidad, gracias a los ingresos del comercio de caravanas que les permite la protección asiria, ya que su tierra es uno de los pasos del comercio de Oriente a Occidente.De esta época son precisamente las tumbas descubiertas cerca de la antigua capital Rabbat, también llamada Rabbat’Ammon o Rabbat de los a., actualmente AmIñá (v.); la relativa suntuosidad de estas tumbas, consistentes en cámaras generalmente excavadas en la roca, con bancos para sentarse, una especie de alacena y un fogón, refleja la elevada posición de los a. de este periodo, tal vez el más próspero de toda su historia. Al caer Asiria, los a. pasan a ser vasallos del imperio sucesor, el neobabilónico (v. BABILONIA), pero iniciando ya una franca decadencia, que continúa sin interrupción en los siglos siguientes. Los a. están sujetos sucesivamente a los grandes imperios que dominan el Próximo Oriente: persas, griegos y romanos, con sólo breves periodos de alguna independencia. Después del gran vacío que se advierte a raíz de la invasión babilónica, aprovechado por esporádicas incursiones de pillaje de hordas beduinas (los béné qédem, o "hijos del Oriente"), se conoce la dinastía de los Tobías, que gobierna entre los s. Iv y iI a. C. Ptolomeo- II Filadelfo de Egipto restaura la capital Rabbat y le da el nombre de Filadelfia, aunque también se sigue usando el anterior. También los romanos hacen restauraciones y construyen en Rabbat un anfiteatro que se cuenta entre los mejores conservados de la época. Durante la dominación romana, los a. son también subyugados por los nabateos (v.), y, finalmente, en el s. in d. C. desaparecen de la historia absorbidos por los árabes.Caracteres culturales. Lo expuesto arroja un balance de cultura a. poco peculiar y producto más bien de influencia extranjera, con la excepción casi única de las tumbas mencionadas. En cuanto a la lengua, el mismo origen de los á. y unas cuantas palabras conservadas en sellos (no han quedado otros documentos escritos), los emparentan con el pueblo hebreo y el cananeo, esto es, pertenecen al grupo de las lenguas semitas occidentales (v. SEMITAS in). La escritura de esas palabras está también en caracteres paleohebreos.Su historia en la Biblia. Todos estos datos son confirmados, en parte, y rellenados por los textos bíblicos, que constituyen, indiscutiblemente, la principal fuente sobre el pueblo a. La Biblia interpreta el origen arameo de los a. haciéndolos hijos de Lot (v.), tenidos de su hija menor, como los moabitas (v. MOAB II) lo son de la mayor (Gen 19, 30-38). Se trata de una narración popular, cuyo sentido general parece que es desprestigiar al pueblo a. ya desde sus orígenes, aunque algunos autores sostienen que su sentido es laudatorio, ya que era el único procedimiento para repoblar estas regiones después de la destrucción de la Pentápolis. Según otra narración, los a. expulsan a los anteriores pobladores, los refaftas, a quienes ellos llamaban zanzumíes (o zazummitas), pero son a su vez obligados por los arameos a replegarse hasta el borde del desierto y al sur del curso alto del río Yabboq (Dt 2, 20-21; 3, 11; Num 21, 24). Los a. entran en contacto con los hebreos cuando éstos vienen de Egipto en su camino del Éxodo (v.) hacia la Tierra Prometida. Y desde este momento se muestran enemigos del pueblo elegido, se unen a los moabitas alquilando a Balaam (v.) para maldecir a los israelitas, y por esta razón el Deuteronomio prohibe admitirlos en la comunidad israelita hasta la décima generación (Dt 23, 3-61 Num 22, 5).En adelante, su actitud con los israelitas (v. HEBREOS) y viceversa, es de perpetua enemistad. Los primeros choques armados empiezan en la época de los jueces (v.), los a. ayudan a Eglón, rey de Moab, a oprimir a los israelitas del este del Jordán (Idc 3, 13); también en tiempo del juez Jefté oprimen a los israelitas; Jefté los derrota (Idc 10, 6-9; 11, 1-14). Poco antes de la unción de Saúl como rey de Israel, el soberano a. Najás (o Náhás) asedia la ciudad israelita de Jabes-Guilead; Saúl acude en ayuda de los sitiados y derrota a Najás (1 Sam 11, 1-11). Un ligero paréntesis se abre en el reinado de David (v.); el mismo Najás es aliado de David (2 Sam 10, 2), pero esto se debe, sin duda, a la enemistad de ambos con Saúl (v.). Las hostilidades se reanudan pronto; Janún, hijo y sucesor de Najás, afrenta a los enviados por David para condolerle por la muerte de su padre, y estalla la guerra. En una primera campaña, los israelitas, mandados por los capitanes de David, Joab y Abisay, derrotan a los a. federados con los sirios (2 Sam 10; 1 Par 19); en la segunda, los israelitas conquistan Rabbat (2 Sam 11-12; 1 Par 20, 1-3).Otro paréntesis lo impone Salomón (v.) con su política pacífica, llegando incluso a tomar por esposa varias mujeres a. (1 Reg 11, 1). Después del cisma israelita, los a. vuelven a la carga, aliándose a los moabitas y edomitas (v. IDUMEA) en un intento fallido de invasión de Israel bajo Josafat (2 Par 20, 1-30); más tarde aparecen tributarios de Ozias y de su hijo Jotam (2 Par 26, 8; 27, 5); y poco antes del destierro de Judá se desquitan integrando las fuerzas enviadas por Nabucodonosor para acosar al débil rey Joaquim (Yoyaquim) (2 Reg 24, 2). El rey a. Ba’ális paga al mercenario Ismael para asesinar a Guedelías (o Godolías), dejado por Nabucodonosor al mando de los israelitas que quedaban después de la deportación (2 Reg 25, 25; Iier 40, 14-41, 2), y en la época de la restauración posexílica, los a. -guiados por uno de los Tobías, que coincide con la dinastía mencionada- figuran entre los que se oponen a la reconstrucción de las murallas de Jerusalén (Neh 4, 3-7). No obstante, en el periodo posterior de pacificación, y, sin duda, obligados por las circunstancias, algunos israelitas se casan con a. Estos matrimonios mixtos son duramente censurados y reprimidos por Esdrás y Nehemías (Esd 9, 1.2; Neh 13, 23-31). El último contacto, siempre hostil, que refiere la Biblia se produce en la época macabaica (v. MACABEOS) cuando los a., con su jefe Timoteo, reciben la dura represalia de judas Macabeo por haber matado a los judíos que vivían entre ellos (1 Mach 5, .1-8).Debido a esta eterna hostilidad, que como se ha visto no era por parte de Israel otra cosa que una legítima defensa y una salvaguarda de su pureza étnica necesaria en aquella época, los a. son frecuentemente objeto de la condenación de los oráculos proféticos. En estos oráculos, los profetas de Israel censuran a los a. por su afán de expansión a costa de Israel (Am 1, 13-15). Particularmente vehementes son los de Sofonías (2, 8-11) que lanzan la maldición sobre los a. por haberse mofado y aprovechado de la humillación de Israel por las tropas babilónicas. En todos ellos se predice la destrucción de Ammón, concretamente en Ez 25, 1-7 (cfr. Ez 21, 33-37), por los béné qédem ("hijos del Oriente"), hordas nómadas, cuyo pillaje parece confirmar el vacío hallado en Ammón por la arqueología. Ier 49, 1-6 predice también el destierro de Milkom, la divinidad a. que en este caso representa al pueblo. Esta divinidad, cuyo culto se conoce también en Israel (1 Reg 11, 5.33; 2 Reg 23, 13; Soph 1, 5), parece ser un préstamo de la asiria Molok.M. REVUELTA SAÑUDO.
BIBL.: F. JOSEFO, Antiquitates ludaicae, 1,11,5; 4,5,3; 12,4,2-11; 13,9.1; J. A. G. LARRAYA, Ammonitas, en Encl. Bibl., I, 415-420; H. HAAG-S. DE AUSEIO, Ammón, Ammonitas, en Diccionario de la Biblia, Barcelona 1963, 69-71; N. GLuEcK, Exploration in the Land o( Ammon, aThe Bulletin of the American Schools of Oriental Researchn 68 (1937) 13-21; fD, Explorations in Eastern Palestine IV, aThe Annual of the American Schools of Oriental Researchn 25-28 (1951) 423 ss.; M. NOTH, Beitrüge zur Geschichte des Ostiordanlandes 11113, "Beitrüge zur biblischen Landes und Altertumskundeu 68 (1949) 36-50.
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