Amistad SOCIOL.
Categoria:
Sociología
Definición. Relación social privada, normalmente entre dos personas, de carácter afectivo y desinteresado, basada en una atracción y afinidad espiritual y tendente a una colaboración vital. Se deriva etimológicamente de la palabra del bajo latín amicitia, y ésta del vocablo latino amicus, que viene, a su vez, del latín amor. Comúnmente, la a. se suele definir como afecto recíproco desinteresado. Esta definición expresa preferentemente el contenido de la a., el sentimiento en que se funda, pasando por alto su naturaleza radical, es decir, el ser una relación social de carácter específico. En esencia, no es propiamente un afecto, sino una relación social que supone el afecto. En dicha definición ha influido, sin duda, la íntima conexión, incluso etimológica, entre amor y a. Sin embargo, el amor no exige necesariamente la reciprocidad y la a. sí; de aquí que ésta no sea simplemente un afecto, sino una relación social afectiva. Por ello, y por enfocarse en este artículo la a. desde un punto de vista sociológico, aspecto hasta ahora muy poco estudiado, se sigue en él la definición inicial.Naturaleza y elementos de la amistad. La relación en que se basa la a. es esencialmente social. Además del yo, supone el "otro" y no se puede dar sin el "otro". No obstante, en ella lo social, aunque esencial, conserva todavía muchos rasgos individuales. Como sucede en la naturaleza, donde no existen compartimentos estancos, el paso de lo individual a lo social es gradual y progresivo, de tal modo que las primeras formas sociales conservan muchas notas individuales e incluso parece que este elemento predomina en ellas. Esto ocurre en la a. En ella, la relación social es eminentemente personal y concreta, basada en las cualidades individuales peculiares de cada amigo. De aquí que, desde un punto de vista sociológico, la relación amistosa sea para L. Recaséns Siches -Tratado General de Sociología, 5 ed., México 1963, 377una relación "interindividual", fundada en lo que cada uno tiene de "característicamente individual como persona irreduciblemente singular", y para García Morente -Ensayos, p. 166-167- una relación privada que, como tal, se basa en el conocimiento mutuo, íntimo, en oposición a la relación pública, que se da entre dos hombres cuando uno no conoce personalmente al otro. Según la terminología comúnmente aceptada, la a. es relación social personal y no categórica.Este carácter social, tan cercano aún a lo individual, se encuentra también en sus elementos. El primero de ellos son los individuos o personas. A la a. le ocurre como a todos los conceptos que el uso los amplifica y hace elásticos, y así se aplica corrientemente el nombre de a. a relaciones de más de dos individuos, incluso relativamente numerosas, que en sentido estricto y propio no lo son. La a. verdadera, íntima y profunda, sólo se puede dar entre dos e incluso excluye el tercero, sin descartar que, en la práctica y en casos muy señalados, puedan existir excepciones. Pero la relación dos, o pareja social, conforme ha puesto de manifiesto G. Simmel (Sociología, vol. 1, Madrid 1939, 86), es indudablemente social, mas conserva al mismo tiempo un fuerte carácter individual. Puede aparecer ante los otros como una unidad transindividual, pero, dentro de la unión amistosa, cada uno de sus miembros se halla frente al otro y no frente a una colectividad superior a ambos. Además, la formación social que supone depende. inmediatamente de uno cualquiera de ellos, de tal modo que desaparece al desaparecer uno de los dos amigos.El segundo elemento de la a. es su origen, o causa de que se produzca. Para que surja la a. no basta con poner frente a frente a dos personas, incluso que se relacionan personalmente. Es necesario que se dé en ellas una afinidad espiritual en gustos y aficiones, sentimientos e ideas, que no necesita ser total para producirse, puesto que pueden reforzarla divergencias accesorias complementarias. Esto significa, en términos sociológicos, la necesidad de un amplio consenso o acuerdo que, sin dejar de ser social, es todavía, en gran manera, individual, pues no se realiza alrededor de ideas y valores generales, sino en relación a convicciones y cualidades individuales muy concretas. Al tercer elemento se le puede llamar formal porque es el que tipifica o distingue la relación amistosa de otras relaciones. Lo peculiar de la a. no es el sexo, como en la unión conyugal, la ganancia o el interés, como en la lucrativa, o una empresa común, como en otro tipo de sociedad, sino el afecto desinteresado, o el amor de benevolencia, según el cual la define S. Tomás (Sum. Th. 2-2 q23 al) como amor que quiere simple y puramente el amor del amigo. Este amor es, por oposición al egoísmo y dirigido al otro, esencialmente social, pero, al mismo tiempo, hace relación a una persona muy determinada y se apoya en sus cualidades individuales específicas.Aristóteles (Ética Nicomaquea, lib. 8, cap. 8-9) parece considerar también que lo específico de la a. es el afecto desinteresado, pues, por una parte, declara que la a. "consiste sobre todo en los sentimientos afectuosos" y, por otra, afirma que es enormemente exacto que "entre amigos todo es común"; dentro de esta concepción, distingue la a. fundada en la semejanza en la virtud, de la basada en la semejanza en el vicio y, ambas, de la a. que se funda en la utilidad y nace, sobre todo, de la oposición o del hecho de carecer uno de lo que otro tiene.La a. es vida. No puede quedarse en un bienquerer platónico. Otro elemento esencial es su fin, indudablemente de carácter social, pero también individual y concreto, que consiste, como dice García Morente -o. c., 185- en una "colaboración vital", es decir, en la ayuda mutua en orden al pleno desarrollo del ser y de la personalidad de los amigos. La a. implica, pues, esencialmente, algo tan social como la comunicación recíproca de los dones individuales y el cambio mutuo de servicios. En este sentido, S. Tomás enseña que "la a. con una persona sería imposible si no se creyera o no se esperara tener alguna comunicación o familiar coloquio con ella" (o. c., 1-2 q65 a5). Se ha de tener en cuenta que la comunicación que supone la a. es genérica y se extiende, en principio, a todos los aspectos de la personalidad y a todos los bienes poseídos que se puedan comunicar lícitamente.Valor humano y social de la amistad. La a. tiene un valor humano y social muy destacado. Representa en sí uno de los aspectos más nobles de la vida humana y uno de sus goces más puros y elevados. La a. rodea al hombre de una atmósfera de cariño e influye en todas las facetas de su personalidad. El hombre aparece sin secretos ante el amigo y la función esencial de aquél es ayudarle a corregirse y superarse en todos los aspectos. De aquí que sea un factor de primer orden en la formación humana. Se puede afirmar que la autoformación es siempre imperfecta, de donde se deriva que, a este respecto, la función de amigo sea insustituible. Este valor humano de la a. representa su mejor contribución a la sociedad, pues el hombre es el origen, el fundamento y el fin de la misma. Pero, además, presupone y fomenta virtudes eminentemente sociales: el desinterés, la beneficencia, la comprensión, la condescendencia, el don de sí, el espíritu de colaboración, la unión social. En este sentido, se la puede calificar de germen y raíz de la vida social humana, pero no de una vida social impersonal, según patrones abstractos, como impera en nuestra sociedad masificada, sino de una vida social personal, íntima, vital, creadora, que refleja una vez más la naturaleza social e individual de la a.Hay que señalar por último, siguiendo a García Morente, otro aspecto importante del valor social de la a.: su influjo social como fuente de esfuerzo creador y renovación social y cultural. Frente a la vida social "pública" que se desarrolla según modelos culturales fijos, ya hechos, que sólo exigen la conformidad del individuo y no su esfuerzo creador, en la a., el amor y la soledad, que son formas radicales de la vida privada basadas en lo peculiar e íntimo de cada persona, se manifiesta la autenticidad y originalidad del espíritu humano y su capacidad de creación. "La especie, escribe García Morente -o. c., 164- se renueva por los individuos. En la soledad insobornable de cada cual es donde tiene su origen todo empuje y aliento, que transforma la faz de las cosas para cumplir el eterno destino del hombre: hacerse y deshacerse en la duración del tiempo, en la historia".V. t.: COMUNICACIÓN SOCIAL.R. SIERRA BRAVO.
BIBL.: M. GARcí* MORENTE, Ensayo sobre la vida privada, en Ensayos, Madrid 1945; W. AIO;N, Los jóvenes y la amistad, Madrid 1965; A. G. BIRLAN, El amor y la amistad, Buenos Aires 1954 (antología); H. D. NOELE, La amistad, Bilbao 1966; P. PIIILIPPE, Papel de la amistad en l¿ vida cristiana según S. Tomás, Roma 1938; A. VÁZQUEZ DE PRADA, Estudio sobre la amistad, Madrid 1956.
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