Americanismos
Categoria:
Cultura
Préstamos de procedencia indígena americana, incorporados al léxico castellano, previas las transformaciones fonéticas y morfológicas encaminadas a acomodarlos a la. estructura del sistema castellano y, a veces, con algunas evoluciones semánticas. Se les llama también indigenismos americanos, indoamericanismos y, menos frecuentemente, amerindianismos.Tuvieron que encararse los españoles del s. xvi, puestos en un mundo verdaderamente nuevo y asombroso, tan distinto al de Europa, con la necesidad lingüística de dar nombre a la naturaleza, plantas, animales, productos y utensilios extraños, costumbres y creencias que tan nuevas aparecían ante sus asombrados ojos. Primero aplicaron voces castellanas a términos indígenas; pero conforme fue aumentando la familiaridad con las lenguas autóctonas, gracias al continuo trato con los nativos y a las uniones entre peninsulares e indias, el número de a. creció incesantemente, hasta el extremo de que muy pronto pasaron a la lengua literaria, merced sobre todo a Fernández de Oviedo (unos 500), Castillejo, Cervantes, Lope de Vega, Tirso, Herrera, Argensola, Quevedo y G6ngora. El reconocimiento de que las lenguas americanas constituyen una de las fuentes más ricas del léxico del castellano moderno lo tenemos en el Diccionario de Autoridades (1726-39), donde ya figuran unos 150 a. Para su incorporación al Diccionario oficial, la Real Academia Española estudia las propuestas de las diversas Academias hispanoamericanas, previa supervisión de eminentes lingüistas americanos contratados con este fin. Muchos de los a. han llegado a ser universalmente conocidos y usados, como cacao, chocolate, tomate, maíz, alpaca, tapir, canoa, huracán o cacique; otros -la mayoría referidos a fauna, flora y a aspectos de la vida material cotidianasólo son familiares en ciertos países o regiones del Nuevo Mundo, aunque algunos vayan siendo propagados merced a la difusión de la literatura hispanoamericana y por la moda de los ritmos y canciones criollas.Eran prácticamente innumerables las lenguas de América: han llegado a citarse unas 170 grandes familias o troncos (A. Tovar, Catálogo de las lenguas de América del Sur, Buenos Aires 1961; Buesa, o. c. en bibl., 15-17). Las que han proporcionado más a. al español son: 1) el arahuaco (v. ARAuAcos) o maipure, hoy muerto, que se hablaba en las Antillas, emparentado con el taíno o arahuaco de Cuba, Haití y Santo Domingo; 2) el caribe (v. CARIBES II) de las Antillas del Sur y Guayanas; al de Venezuela se le llama cumanagoto; 3) el nahuatl azteca (v.) o mexicano, principal lengua del imperio mexicano; 4) el quechua (v.) o quichua, hablado en el Perú y propagado por los incas y misioneros españoles a lo largo de los Andes, que presenta discutidas relaciones con el aymará (v.), y que pervive aún en zonas de Bolivia y Perú; 5) el guaraní (v. TUPÍ-GUARANÍES II), hablado en las cuencas del Paraguay y del Paraná, emparentado con el tupí del Brasil; 6) el araucano o mapuche (v.), refugiado en el sur de Chile y parte de la Pampa argentina. La hispanización, antes lenta, es muy intensa en nuestros días: de unos 15 millones de indios -datos de 1960existentes en América, sólo la mitad hablan hoy sus lenguas indígenas y apenas la tercera parte (cinco millones) desconoce el español.La fuente más antigua es el arahuaco de las Antillas, las primeras tierras que pisaron los conquistadores. Como los caribes las habían invadido poco antes del descubrimiento, con frecuencia es difícil distinguir los préstamos arahuacos de los propiamente caribes. Muchos a. antillanos fueron propagados a todo el continente por los soldados españoles, desplazando a nombres peculiares de otras lenguas indígenas. Son arahuaquismos canoa, el primer a. del español, oído ya en 1492 por Colón y aceptado por todas las lenguas modernas; nombres de animales como guacamayo, iguana, nigua y comején; denominaciones del terreno como cayo ’isleta’.Del taíno proceden cacique, huracán, sabana, manigua, bohío, macana ’especie de maza’ (de donde macanudo ’excelente’), enaguas; plantas y frutos como maíz, yuca (de la que se hace cazabe ’pan’), batata, maní, tuna, maguey (de donde se extrae la pita), caoba, ceiba, bejuco, guayacán (de aquí guayaco), guanábana y acaso miraguano; también carey. Otros términos son específicos de América (así barbacoa ’zarzo, parrilla’) y muchos más están limitados al área del mar Caribe.Los indios caribes fueron llamados por su extremada ferocidad caribes, caribanos (ambas, voces históricas) y caníbales ’antropófagos, feroces’; emponzoñaban sus armas con curare, viajaban en piraguas y en enormes canoas, y cazaban el manatí y el caimán. Al caribe cumanagoto se deben nombres de animales como loro y mico; de objetos como butaca. Pueden ser arahuacas o caribes papaya, guayaba y cocuyo ’luciérnaga’; antillanas manglar y cholo.El nahuatl, lengua del gran imperio azteca, ha dejado abundante descendencia léxica en Mesoamérica y parte de la meridional. El castellano y algunas lenguas cultas le son deudores de tomate, cacao, chocolate, chicle, cacahuete, aguacate, nopal, jalapa, tamal, achiote y zapote, de nombres de animales como coyote, ocelote, quetzal, sinsonte y zopilote ’buitre’; de objetos como jícara, tiza, hule `caucho’, malacate y petate.Al igual que las lenguas antillanas y nahuatl, tiene gran importancia en el castellano americano -sobre todo en el andino- el aporte lingüístico del quechua, lengua del extenso imperio incaico y la más difundida por Sudamérica, hablada todavía por unos seis millones de personas. Con ella se ha relacionado el aymará, aunque ésta parece ser más antigua; como ambas, acaso durante milenios, mantuvieron estrecho contacto, hoy resulta a veces difícil deslindar los préstamos quechuas de los propiamente aimarás. Se han generalizado pampa, puna, cancha, guano; denominaciones de animales: puma, llama, vicuña, alpaca o paco, guanaco, chinchilla y cóndor, de vegetales: papa (cruzado con el antillanismo batata originó patata), mate y tal vez quina (de donde quinina) y chirimoya. Numerosísimos son específicos de Sudamérica o de algunos países andinos, donde la huella quechua es muy intensa: así taruga ’ciervo’, vizcacha ’un roedor’, quirquincho ’un armadillo’, pisco ’.pavo’, pique ’nigua’; plantas útiles como poroto ’alubia’, oca, arracacha, ulluco, totora, tagua entre otros muchos.La mayoría de los guaranismos, como suele ocurrir en los sustratos léxicos, se refieren a denominaciones de animales y plantas: entre las primeras merecen citarse tapir, zarigüeya, ñandú, tucán, tiburón, jaguar o yaguar y acaso cobaya; entre las segundas, mandioca, tapioca, ananá(s), ipecacuana y petunia. La literatura ha difundido bucanero, gaucho (de etimología controvertida: algunos defienden un origen quechua), catinga ’mal olor de negros, indios, algunos animales y plantas’, y mucama ’criada, sirvienta’; al auge de las melódías tropicales se debe maraca. Varios de estos préstamos no son directos, sino que han llegado a través del portugués brasileño, quien a su vez los tomó del tupí (guaraní del Brasil). La presencia del guaraní es muy notable en las capas populares del Paraguay, país bilingüe: el español, lengua de cultura, y el guaraní, lengua de comunicación.Escasos y con frecuencia dudosos son los restos léxicos debidos al araucano, lengua usada todavía en Chile por unos 200.000 hablantes. Pueden tener ese origen canchalagua, boldo y palqui, plantas de aplicación farmacológica.A veces resulta difícil fijar la exacta filiación de ciertos a. que por su estructura parecen préstamos de otras lenguas, como caucho, morrocotudo ’muy rico o grande’, y guadua ’bambú’.T. BUESA OLIVER.
BIBL.: G. FRIEDERICI, Amerikanistisches W6rterbuch, 2 ed. Hamburgo 1960; J. COROMINAS, Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana, 4 vol. Madrid 1954-57; T. BUESA OLIvER, Indoamericanismos léxicos en español, Madrid 1965; M. A. MoRiNIGo, Diccionario de americanismos, Buenos Aires 1966; W. J. ENTWISTLE, The Spanish Language, Londres 1936, 239-46; M. L. WAGNER, Lingua e dialetti dell’America spagnola, cap. II, Florencia 1949; R. LAPEsA, Historia de la lengua española,
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