América BIOL.
Categoria:
Biología
El estudio de los diferentes parajes de que está compuesto el continente americano, enlazando prácticamente el Polo Norte con la zona austral es, por exigencia, tan variado que resulta muy difícil resumirlo.América del Norte. Este gran territorio comprende desde el casquete de hielo del Polo Norte hasta, más o menos, la parte media de México, cabecera, a su vez, de la A. Central y del Sur. Comprende la región zoogeográfica Neártica (v. ZOOGEOGRAFÍA). Su superficie queda dividida por una cuadrícula de zonificaciones, bastante bien perfilada y real, motivadas por factores ambientales, creando típicas regiones, donde se afinca una flora y fauna concordante con los mismos. La parte extrema N está dominada por los hielos persistentes, de gran potencial territorial. Unos son masas flotantes de agua congelada y otros residen sobre sustratos de tierra firme, donde Groenlandia (v.), con su importante archipiélago y las penínsulas del E (Keewatin y Ungava) son sus residencias más caracterizadas. El oso blanco y el buey almizclado, acompañados de algunas aves, las golondrinas árticas p. ej., podrían ser auténticos símbolos de estas pobres regiones donde el vegetal lucha para exteriorizar sus pequeños destellos de vida. Hacia el S, en la península del Labrador y el golfo de San Lorenzo, se desarrolla la tundra (v. ASIA III), en cuyas zonas de costa se pueden observar núcleos importantísimos de aves marinas: gaviotas y alcatraces, esencialmente. Focas, en las plataformas costeras, y ballenas en el mar son, a su vez, pobladores frecuentes; más al interior, los pequeños lemming (v. ASIA III) forman legiones inmensas. En el Canadá existe una amplia planicie ocupada por una sucesión de grandes lagos: el del Gran Esclavo, el Winnipeg, etc. En sus zonas pantanosas, donde vegetan coníferas y árboles del bosque caducifolio, pasta el alce, el mayor de los ciervos (v.), con su cornamenta espectacular. El zorro ártico, junto con otros depredadores -linces, martas y comadrejas americanas- se reparten el territorio, alternando con las aves rapaces.En la parte O, Alaska es el ambiente generalizado del oso Kodiak, el más corpulento entre todos los de su estirpe. Como emigrantes resignados, gran número de renos caribúes se desplazan, en un peregrinar obligado, buscando la base de su sustento. Otras asociaciones de morsas, de largos colmillos, se apelotonan en refugios junto al mar. Una extensión de bosque húmedo se adiciona, nacido de corrientes templadas. Las excepcionales sequoias (Sequoia sempervirens), atalayas de 100 m. de altura, los abetos Douglas, los cedros colorados, etc., son gigantes milenarios, verdaderos monumentos vivientes. El glotón (Guío gulo) es un carnicero mustélido (v.) muy activo, que regula la proliferación de toda una legión de aves y otros animales. En las montañas se alberga la preciosa cabra montés, de pelaje blanco. En la llamada Depresión Central bordeando las masas acuáticas de los lagos Superior, Michigan, Erie, Ontario, etc., existe una plataforma de tierras bajas, muy rica en animales de pantano: gansos, cisnes, patos, garzas, al igual que castores, visones y comadrejas, etc. En su límite oriental le dan marco los montes Apalaches, sede de zorros, ardillas y toda una legión de pájaros de coloridos muy atractivos, protegidos por un techo de pinos de varias especies.Notables son las regiones ocupadas por marismas, las cuales pueden estar situadas en puntos climáticos diferentes. Son destacadas las que se corresponden frente a los Apalaches, en la costa Atlántica, las del Sur, frente al golfo de México y las situadas en el extremo de la península de Florida: los Everglades, gran parte de las mismas convertida en parque natural. El llamado "ciprés" (Taxodium) vive inmerso en estos parajes, formando auténticas masas con intrincadas estructuras donde pulula todo un mundo de aves acuáticas, reptiles (cocodrilos, tortugas), ranas, etc. La zarigüeya, el mapache (v. CARNíVOROS) u oso lavador (Procyon lotor), ratones, etc., animan el decorado al que el denominado musgo de España, pendiendo de los árboles como desgajos de cortinajes, infunde un aspecto de parajes de leyenda. Con importancia potencial, la Gran Pradera Americana se inicia a lo largo de la cara oriental de las montañas Rocosas y desde Alberta hasta el golfo de Texas, con una anchura de unos 800 Km. La hierba cubre su piso y los árboles, prácticamente, no existen; muchas hectáreas de la misma han sido destinadas al cultivo. Es este nuevo "mar de hierba", observado ya en otros continentes, la residencia del gran bisonte, protagonista de tanta historia y leyenda. El "perrito de la pradera", tejón, ardillas listadas y algunas aves, son sus moradores más representativos. Pero A. del Norte requeriría un extenso tratado: las altas montañas, los cañones, los géiseres y lagos salados, los desiertos petrificados, los arenales inmensos, que la genialidad de Walt Disney (v.) supo hacer vivir al mundo entero, constituyen las bellezas de esta extraordinaria tierra.América Central y del Sur. Es una zona que queda enmarcada entre el trópico de Cáncer y el de los hielos de la Antártida, cruzándolo, por su parte central, la línea del Ecuador y el trópico de Capricornio, comprendiendo la región zoogeográfica Neotropical (v. zooGEoGRAFÍA). Esta sola panorámica ya invita a un razonamiento previo respecto a su clima, el cual, partiendo de temperaturas elevadas, con las alternancias propias del Ecuador, va disminuyendo conforme nos acercamos al extremo austral del continente, ocupado por la Tierra del Fuego. Todo ello, aparte de algunos localismos, se ve afectado por la espina dorsal que forma la cordillera de los Andes (v.), prácticamente ininterrumpida en toda su extensión, recorriendo el borde costero del océano Pacífico.Sus grandes alturas, llegando a sobrepasar los 6.000 m., permiten una estancia permanente de la nieve en gran parte del macizo, concediendo a sus zonas de influencia un notable cambio de temperatura que puede ser de suavización del calor o, incluso, de intenso frío. La simetría que se observa en África (v.), con sus diferentes y repetidas franjas ambientales, no se presenta en este contínente. El núcleo que se puede señalar quizá como más destacado es la gran cuenca del Amazonas, de unos 3.000 Km. de longitud por 2.000 m. de anchura, el mayor imperio de una de las tres más grandes selvas húmedas que posee el mundo y que son, además de la citada, la indo-malaya y la africana del Ituri. Hay buenas representaciones de bosque caducifolio y matorral, con especial concentración en el Gran Chaco (v. cRAco), transformándose en auténtica sabana, en el Mato Grosso (v.), dentro de la meseta Brasileña, así como también en la cuenca del Orinoco y en buena parte de la zona que riega el río de La Plata, al norte de Buenos Aires y Montevideo. Una variante, que ha tomado carta de naturaleza muy singular, son las tan popularizadas Pampas que, desde el Gran Chaco llegan hasta la Tierra del Fuego, encajadas en el gpéndice final del continente sudamericano. El desierto propiamente dicho ocupa una estrecha faja que discurre entre los Andes y el mar, iniciándose su cabecera en el Perú para terminar al norte de Chile.El piso vegetal tiene tantas expresiones como exigen las condiciones ecológicas y de acuerdo con el mismo se afincan formas animales idóneas. Las vastas regiones de selva húmeda recuerdan a sus similares africanas o indomalayas, con bejucos y lianas, palmeras, manglares, etc., variando, tan sólo, el determinismo de las especies. En la techumbre de su espesa arboleda pulula una extensa legión de monos, tales como los diminutos titís, el más común de los cuales es el Happale jacchus, junto con el "tití plateado" (Callithrix argentatus) y los de mayor tamaño "tití cabeza de león" (Leontocebus), provistos de una particular y característica melena. Los "monos capuchinos" (Cebus) de varias especies, los "monos arañas" y "monos barrigudos" (Áteles, Lagothrix, Aotes, etc.), junto con los "monos aulladores" (Alouatta), cuyo grito peculiar es un signo característico en la región donde residen, desarrollan su actividad recordando a los gibones asiáticos. Muchos de estos ejemplares son exhibidos en las colecciones zoológicas (V. PRIMATES). Corretean por el suelo o se esconden en cavidades de árboles las zarigüeyas (Didelphis marsupialis), que poseen, como sus próximos parientes australianos, bolsa marsupial (v. MARSUPIALES). Los perezosos, así llamados por la parsimonia de sus movimientos, avanzando, suspendidos cabeza abajo, por el entretejido de las ramas (v. PLACENTARIOS). LOS pécaris, bajo dos formas distintas, son jabalíes de gran ferocidad cuando acometen con el repiqueteo de sus mandíbulas a modo de taladro (V. ARTIODÁCTILOS). Destaca sobre ellos el tapir o danta (Tapirus terrestris), mostrando su ostensible prominencia en los labios iniciando una auténtica trompa. El jaguar (Panthera onca) es el mayor depredador que existe y al cual se le apellida "tigre" en aquellas regiones; le sigue, en parecido y costumbres, el ocelote (Felis pardalis; V. CARNÍVOROS). Tucanes con picos decorados de gran envergadura; colibríes diminutos, reflejando destellos de luz metálica; guacamayos tricolores y papagayos; tangaras de colores azulados y verdes. Todo un mundo de gemas aladas vive en las ramas de la tupida vegetación. En los innumerables charcos y corrientes fluviales se encuentran el ibis escarlata, las garzas, ostreros, flamencos rojos, etc., que cazan gusanos, insectos o anfibios como dieta alimenticia. Guardando distancias, los caimanes, en varias formas, y serpientes; algunas de ellas destacan por ser extraordinariamente venenosas y otras por su gran tamaño, como las boas (Constrictor constrictor) y la anaconda (Eunectes murinus), sobre cuyas dimensiones se han escrito exageraciones insólitas (v. SERPIENTE I). La fauna acuática propiamente dicha la integran una colección de peces de bellísimos colores y formas, varios de ellos muy conocidos entre los acuariófilos por ser de cultivo frecuente en acuarios: "peces ángel", "porta espadas", etc. Las temibles pirañas, de voracidad increíble, y las anguilas eléctricas, son otros típicos seres de estos confines.La Pampa es otra región singular, llamada también "mar de praderas" (v. i). Su vegetación dominante son las gramíneas (v.), faltando los árboles o al menos las agrupaciones de los mismos integrando bosques. De su fauna cabe destacar varios ciervos: pudú, ciervo de las Pampas y ciervo andino. El mundo de los roedores (v.) está particularmente dotado: la liebre de la Patagonia o mara, agutíes, vizcachas, tuco-tuco, etc., sobre los cuales el gato pampero y el puma o "león americano", ejercen activa caza. El "lobo de crin", junto con zorros y chacales, son asimismo carniceros complementarios en aquellas acciones (v. CÁNIDOS). El guanaco (Lama guanicoide) vive también en parte de esta región, alcanzando la Patagonia y Tierra del Fuego, extendiéndose asimismo por Bolivia y Perú. Afines a 61 son la llama y la vicuña, así como la alpaca, todos ellos camélidos y sobre cuya genealogía existen grandes dudas; son, todos ellos, animales de gran utilidad para la economía del país donde habitan (v. AUQUÉNIDOS).Las zonas costeras quedan, en muchos lugares, invadidas por millones de aves "guaneras": alcatraces, cormoranes, gaviotas, pelícanos, etc., los cuales, con sus deyecciones, consiguen formar los grandes depósitos de guano, material nitrogenado muy apreciado como abono. Como supervisando todo el imperio desde el aire, el cóndor, la mayor de las aves voladoras, recorre incansable las comarcas, remontándose hasta los 8.000 m. La región de la Patagonia y la Tierra del Fuego son como el confín del mundo sudamericano, con sus regiones desérticas y páramos helados. Con todo el valor de una reliquia, el archipiélago de las islas Galápagos tiene la fuerza expresiva que le conceden varias formas arcaicas del mundo animal, así como el histórico de la teoría evolucionista que vislumbró el naturalista Carlos Danvin (v.) estudiando la esencia de estos parajes.V. t.: AuQuÉNIDOS.A. JONCH CUSPINERA.
BIBL.: A. JONCH, El Aíundo viviente, Barcelona 1967; R. CARRINGTON, Great National Parks, Londres 1967; M. NEWBIGIN, Geografía de las plantas y animales, México 1949; P. BIROT, Formations vegétales du globe, París 1965; A. S. LEOPOLD, Wildlife of México, Los ángeles 1964; P. MATTHIENSEN, The cloud foresta a chronicle of the South American Wilderness, Nueva York 1961; íD., Wildlife in America, 1. c., 1964; M. y L. ROCKEFELLER, Parks, plans and people. How South America guards her Breen legacy; "National Geographic" (enero 1967); WALT DISNEY, Wonders of the animal uorld, Edimburgo 1965; R. T. PETERSON, The Galápagos, "National Geographic" (abril 1967); E. ScHuHMACHER, The last of the mild, Londres 1968.
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