Altar I. Arqueología. HIST.
Categoria:
Historia
Es el centro del culto (v.) y su más antiguo monumento, indispensable para los sacrificios (V.).Grecia. Entre los griegos fue primero un simple túmulo de tierra o de hojas, o bien una piedra o un montón de ellas que se colocaban delante de la imagen del dios, según sabemos por las pinturas de los vasos o los relieves; pueden existir santuarios sin templo, pero no sin a. La forma griega esencial del a., desde el s. IX a. C. era la mesa de ofrendas donde se disponían y quemaban los donativos de los fieles a la divinidad. Su origen estuvo, seguramente, en los pozos sagrados de ofrendas de los ritos micénicos (bothros). Se orientaban normalmente hacia el E (salvo el a. de Artemisa del Asia Menor, hacia el O), en el eje del templo, de manera que con la puerta abierta se pudiese ver la imagen del dios a quien se rendía culto. El desarrollo del a. fue, desde el punto de vista monumental, paralelo al del templo (v.), llegando a alcanzar grandes proporciones, como el de Rhoikos, rehecho en la época romana, erigido en la isla de Samos sobre el emplazamiento de un lugar de culto del 11 milenio, que medía 36 por 16 m.; hacia el O tenía una escalera y por los otros tres lados antepechos protectores. Otro tipo distinto nos muestra el a. de Poseidón, en Monodendri, pequeña mesa de ofrendas con un gran podium protegido por antepecho y con escalera, siendo de este tipo también los a. de Magnesia, Priene y el famoso de Pérgamo. Los hubo también cilíndricos, adornados con frisos, gigantescos como el de Hieron II, en Siracusa, que aún hoy mide 198 por 23 m., o bien pequeños y domésticos o anejos a las tumbas. Su número, en cada localidad era variable; Pausanias contó 65 en Olimpia, aparte del gran a. dedicado a Zeus.Roma. Se siguió el modelo griego, en la forma y disposición. Igualmente se construían para un solo sacrificio y se abandonaban después o eran permanentes. De este tipo existieron en las casas manteniéndose en ellos el fuego encendido y depositándose primicias de comida o libaciones de líquidos y las plegarias familiares. Como en Grecia, estaban en la parte privada de la vivienda, pero los extraños podían acogerse a su asilo sentándose sobre las cenizas. Los lares y los genios tutelares se agruparon alrededor del a., originándose así el culto doméstico; existían también a. para grupos de familias. Tanto en Grecia el 13 nov. 1834, en Tixtla (Guerrero). Merced a una beca ingresó en el Inst. Literario de Cholula. Tomó parte en la revolución de Ayutla en la guerra de la Reforma y en la de la intervención francesa. Restablecida la república en 1867, comenzó la misión a la que estaba destinado. En 1869 fundó la rev. "El Renacimiento" que dará nombre a su época. Realizó una de las más asombrosas carreras literarias: colaboró activamente en la prensa, fundó sociedades culturales, se dedicó a la cátedra y ocupó puestos públicos: Magistrado, diputado al Congreso de la Unión. Representó a su país en reuniones internacionales. Fue cónsul de México en Barcelona (España) en 1889.M. el 13 feb. 1893 en San Remo (Italia). Su labor poética se condensa en un volumen, Rimas (1880), que abunda en logradas descripciones de la realidad mexicana. Dejando aparte sus numerosos artículos de costumbres, sobresalió en el campo de la novelística. Para 61 la novela tenía una esencial misión social, y se convirtió en su mejor vehículo de propaganda. Consiguió crear una auténtica literatura nacional. Clemencia (1869), La Navidad en las montañas (1870) y El zarco (1888) son sus obras fundamentales. En ellas la realidad histórica le sirve para como en Roma, formaban parte del recinto sagrado del templo (temenos limitado por un muro o períbolo), pero fuera de la construcción, separando así el lugar donde se sacrificaba y quemaba la víctima. Además de quemarse directamente sobre el a. donde se mantenía a veces constantemente el fuego (a. de Vesta) se depositabaü incienso o perfumes, cuyo aroma acompañaba al culto y era agradable a los dioses; otras veces se quemaban en braserillos o pebeteros especiales, tal como lo vemos en las pinturas y relieves de etruscos y romanos.Eran de diversas clases: de pequeño tamaño y uso doméstico (arulae), simples tablas o mesas para ofrendas en las que se depositaban frutas o pasteles, dependientes de un templo en su períbolo o independientes con su temenos propio; se encuentran también en las cimas de los montes, bosques sagrados, fuentes o ríos, vías, tumbas y en cualquier lugar donde se pudieran realizar actos de culto. Varrón diferenció focus, ara y altar, dedicados a los genios locales, héroes y dioses respectivamente, aunque esto no se llevase a la práctica. En los altares más ricos se extendía una capa de ceniza sobre la tabla para evitar que el fuego dañase el mármol o la piedra.Por su forma, se componían de un cuerpo macizo, cuadrangular, de piedra, sin adornos; o bien eran simples cipos; o adoptaban una forma arquitectónica, es decir, un dado con molduras y decoración de filas de ovas o triglifos, una base en la parte inferior y como remate una tableta, con un hueco o con rebordes salientes, para colocar las ofrendas, encender el fuego del sacrificio o contener las libaciones, en tanto que un canalillo dejaba escapar el vino o la sangre de las víctimas. A los dos lados tenía sendas volutas (corona) o bien podía rematar en el centro como un edificio, por medio de una antef ixa. Del a. se suspendían coronas, cintas (infulae) o guirnaldas vegetales e incluso cráneos de animales sacrificados (bucráneos) que desempeñaban un papel importante en la decoración de los frisos romanos. La figuración en los a. se complica, apareciendo imágenes y atributos de los dioses, inscripciones, etc. La fundación de un a. estaba sometida a principios estrictos (lex arce, lex dedicationis o consecrationis).Los a. más antiguos de Roma, con su parte central estrangulada, se imitaron de los etruscos (p. ej., el de Verminus o el del Palatino consagrado sive deo sive deae). Desde la República se extendió la forma ya descrita, con la más variada decoración (p. ej., la vestal Claudia Quinta arrastrando con su cinturón al barco que lleva a Roma la imagen de Cibeles, en el Museo Capitolino; o un viento en el ara ventorum; o la escena de sacrificio en el a. de Vespasiano en su templo de Pompeya).Algunos a. fueron consecuencia de importantes acontecimientos históricos; así el de Roma y Augusto en Lyon, en el que estaban grabados los 60 nombres de los pueblos de la Galia, estando además simbolizados por otras tantas estatuas que se levantaban a su alrededor y flanqueado por dos columnas rematadas por sendas Victorias. En Tarragona hubo un a. en el que nació una palmera, prodigio que recogieron las monedas y que al ser comunicado al emperador motivó su comentario de que poco se sacrificaría en 61 si había podido nacer el palmito. La victoria sobre los cántabros y astures y la pacificación del Imperio ocasionó la dedicación de numerosos a. (p. ej., el de CarthagoNova del Museo de Barcelona, con relieves alusivos a la paz, a la religión y al buen gobierno). El a. más famoso de Roma fue el Ara pacis Augustae hallado en la antigua vía Flaminia, erigido entre el 13 y el 9 a. C. para celebrar el regreso de Octavio de las Galias; conocido en parte desde el s. XVI, fue excavado en 1938; formaba un cuadrado de unos 11 m. de lado, con muros de 6 m. de alto y relieves de 1,55 m. muy importantes para el conocimiento de la escultura augustea, con motivos decorativos y una procesión de la familia imperial, alegorías de la Tierra madre, Rómulo y Remo con la loba, Eneas y otras representaciones alusivas al origen de Roma. Otros a. famosos fueron el de Domicio Ahenobarbo (en la Gliptoteca de Munich y en el Louvre), erigido del 35 al 32, junto al templo de Neptuno, con relieves alusivos; o el de Nerón consagrado tras el incendio de Roma, para ofrecer sacrificios anuales incendiorum arcendorum causa. En España, con varias aras circulares se levantó en Mérida la llamada columna de S. Eulalia; en Tarragona, otra dedicada al genio tutelar de la Colonia; en Mérida, la dedicada por Valeria Avita a Cibeles, y las de Mithra y muchas más con dedicatorias a diversos dioses.Altar paleocristiano. Conserva una cierta influencia del a. clásico. Según algunas tradiciones, los a. en los que ofició S. Pedro se conservan en S. Juan de Letrán y S. Pudenciana de Roma. Es posible que algunos a. fueran dispuestos sobre las sepulturas de las catacumbas (v.), en los arcosolios donde reposaban los cuerpos de los mártires. En general, el a. cristiano adoptó la forma de la mensa eucarística y pudo ser de madera y portátil, situándose en el presbiterio de las iglesias (pocas veces en el centro como en la cripta de los Papas del cementerio de Calixto). Después de Constantino se extendió y confirmó más la costumbre de celebrar sobre las reliquias de un mártir, como atestigua Prudencio, apareciendo la mesa marmórea con cuatro o cinco columnas sobre las que descansaba la mensa; en general se adornaron ricamente. Un tipo especial, el a. de forma de sigma, se relaciona con las antiguas mesas funerarias que servían también para las celebraciones eucarísticas. La extensión del culto de los mártires hizo que desde mediados del s. iv se cubriera el a. con un ciborium y que hubiera un espacio dedicado a las reliquias, que quedaban en contacto con los fieles mediante una especie de cancela o ventanita (Jenestrella). Arqueológicamente estaban formadas por una superficie plana, como una mesa, sostenida por un muro, en el cual se excavaba un hueco para colocar las reliquias, o bien apoyada en columnas o en tableros verticales (S. Vital de Rávena, s. vi) con dosel (ciborium) o sin él.En España, los restos de a. son exiguos y poco expresivos, aunque de importancia histórica, puesto que muy pocos templos conservaron sus a. en la posición de origen. Por otra parte, los ejemplares que conocemos deben fecharse a partir del s. v, aunque debieron conservar la tradición anterior. Sólo así podemos conocer su total estructura y su posición en el templo; los ejemplos más expresivos son los de la basílica de Es Fornás de Torelló (Menorca) de fines del s. v y el de S. Pedro de Mérida, de principios del s. VII, pero dentro de la forma mediterránea corriente. Las piezas conocidas permiten establecer la siguiente clasificación tipológica y cronológica: a. sobre columnas, cuyo ejemplar más completo es el de Es Fornás de Torelló, de fines del s. v, compuesto por una plataforma rectangular de tres bloques de caliza colocados en el presbiterio, sobre la que se apoyan cinco columnitas de mármol con capiteles corintios, con moldura periférica y centro rebajado; probablemente la columna central, un poco más ancha, debió contener reliquias que no se han encontrado. Este tipo mediterráneo comprende la mayor parte de mesas de a. que se conocen en España (Rosas, Ampurias, Tarrasa y San Pedro de Caserres, Barcelona) y perduró entre los visigodos, como se advierte en Quintanilla de las Viñas (Burgos), dando lugar a los a. románicos.El segundo tipo es el de a. de mesa en sigma, que se funda en el hallazgo de la iglesita de S. Félix de San Feliuet de Vilademilans, Rubí (Barcelona); tiene forma semicircular por la parte posterior y recta por la anterior, hacia la que está inclinado, y está decorado con una inscripción en hexámetros; es el único ejemplar occidental de este tipo, que acostumbra estar provisto de 13 alvéolos como representación de los platos de la última cena; se le ha supuesto también función funeraria y no de a. Finalmente, hay a. prismáticos, compuestos por un gran bloque con una cavidad para las reliquias (loculus), cubiertos con un ara sencilla, algunas veces movible; de este tipo son los de Son Peretó y puerto de Manacor (Mallorca). En algún caso se aprovechan cipos romanos a los que se añaden las inscripciones de consagración o donación (fin del s. v).V. t.: III; TEMPLO 1 y IV; PALEOCRISTIANo, ARTE.A. BELTRÁN MARTÍNEZ.
BIBL.: C. G. YAVIS, Greek altars, San Luis (Missouri) 1949; H. MiscHKOURSKI, Die heilige Tische im GBtterkultus der Griecher und Rómer, 1917; W. HERMAN, R6mische G6tteraltare,. 1961; G. MORETTI, Ara Pacis Augustae, Roma 1948; A. GARCíA x BELLIDo, Arte Romano, Madrid 1955; P. DE PALoL, Arqueología cristiana de la España Romana, MadridValladolid 1967.
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