Alemania (deutschland) IV. Historia Antigua y Medieval. HIST.
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Historia
El territorio que comprende lo que hoy ’es A. estaba cubierto de selva espesa, la selva herciniana de los latinos, y de innumerables pantanos. Estas tierras fueron ocupadas en un principio por los celtas (v.), que, partiendo de las regiones occidentales, se habían extendido por las riberas del Rin superior y del Danubio. Uno de estos pueblos célticos, los helvéticos, ocupó Suabia y Franconia y se convirtió en aliado de Roma. Otro pueblo, los boyos, ocupó Baviera y Bohemia. Estas tribus célticas evolucionan más tarde hacia el nomadismo, abandonando sus primitivas prácticas agrícolas. En sus correrías van a extenderse por el N, ocupando el territorio comprendido entre el Weser y el Oder.1. Los germanos y Roma. Sobre estos pueblos celtas se lanzará una avalancha de pueblos germanos procedentes del N, apoderándose de sus tierras, hasta el punto de que a fines del s. VII a. C. habían conquistado todos los pueblos de la orilla derecha del Rin. Los boyos, al perder sus tierras, iniciaron un largo éxodo y la Selva Negra, en otro tiempo habitada por los helvetios, aunque aún no ocupada, fue talada completamente, pues estos germanos acostumbraban a talar las regiones fronterizas para evitar sorpresas del enemigo.Englobaba el nombre de germanos (v.) a una serie de pueblos, como los teutones, que habitaban las orillas del Báltico, los suevos (v.), los vándalos (v.): asdingos y.silingos, los lombardos, sajones (v.), anglos (v.), turingios, francos (v.), borgoñones, alamañes (v.), marcomanos, visigodos (v.), ostrogodos (v.), cimbrios, tongios, treverinos y nervianos. Pronto estos germanos no sólo llegaron al oeste del Rin y a su curso inferior, tratando a sus vecinos los galos como a vencidos y exigiéndoles tributos y rehenes,. sino que se dispusieron a atravesar el río. Los celtas, destrozados por luchas intestinas y amenazados por los germanos, se dividieron en dos bandos: los belgas y los secuanos se inclinaron á los germanos; los eduos, con sus sometidos los alóbroges y los arvenos, se aliaron con los romanos. En el 71 a. C. Ariovisto, un jefe germano aliado de los secuanos, atravesó el Rin con 1.500 hombres armados. Los eduos le atacaron, pero fueron derrotados en Admagetórica (hacia Pontalier), imponiéndóles el ven. cedor tributos, rehenes y la pérdida de la hegemonía, tratando como vencidos incluso a sus antiguos aliados. Roma no hizo nada por sus aliados los eduos, y, en el 59 a. C., Ariovisto aparece inscrito en la lista de los reyes amigos de Roma. Efectivamente, el jefe germano fundó un reino en el país galo y en el 58 a. C. ya habían pasado el Rin 120.000 hombres, atraídos por su prestigio.En el territorio comprendido entre el Weser y el Oder movíanse multitud de pueblos. Los suevos, puestos en movimiento, arrastraron a otros e intentaron establecerse en la orilla derecha; los boyos, todavía errantes, y los helvetios amenazaban extenderse hacia Italia. Roma reaccionó enviando a César como procónsul de la Galia el 58 a. C. Rechazados los helvetios y derrotado Ariovisto, las legiones llegaron al Rin y César encargó la defensa de esta frontera a los trivocos, asentados cerca de Estrasburgo, a los nemetas, que lo estaban en Spira, y a los bacgiones, en el país de Worms. Los suevos, que aspiraban a ocupar el país de Tréveris, penetraron en el interior de la selva herciniana tras la derrota germana. Al este del Rin se establecieron puestos fronterizos aislados y una guarnición atrincherada en Aliso, sobre el Lippe.En el principado de Augusto, durante la revuelta de Panonia, la frontera germana tuvo una tranquilidad llena de presagios. Los métodos fiscales del gobernador de la provincia de Germanía, P. Quintilio Varo, y su falta de tacto en el trato con las tribus, fue la causa del descontento. El a. 9 d. C., aprovechando su marcha hacia los cuarteles de invierno situados en Xanten, junto al Rin, fue atacado en el bosque de Tentoburger por Arminio, un germano romanizado que deseaba libertar a su pueblo de la ocupación romana. Las tres legiones de Varo sucumbieron y éste y su Estado Mayor se suicidaron. Este suceso fue un duro golpe para el orgullo de Roma y para la política de Augusto. Tiberio hubo de salir para el Rin a sofocar el levantamiento. Se abstuvo de recuperar el territorio perdido y se contentó con reforzar las legiones, pues el princeps se había percatado de que, para lanzarse a una guerra contra Germanía necesitaba tropas auxiliares y, sobre todo, desorganizar su plan económico.Los romanos aprendieron que Germanía era un peligro latente y, para protegerse, crearon en tiempos de Domiciano el limes, que debía rodear a Germanía del Rin al Danubio. Se extendió en un principio a lo largo del Taunus, prolongándose después por la desembocadura del Ahr hasta el Maine y se unía con el limes rético, alcanzando al Danubio por debajo de Ratisbona. Tenía una longitud de 370 millas romanas y más que una fortaleza infranqueable era una frontera convencional, que recordaba a los germanos la existencia de un mundo dominado por un pueblo poderoso, al que había que respetar.En su retaguardia creó Roma buenas calzadas destinadas al aprovisionamiento de las plazas fortificadas, como la de Colonia a Maguncia, y junto a estas vías surgieron ciudades completamente romanizadas, que eran como señuelos tentadores para los habitantes de la selva: Tongres (importante nudo de comunicaciones hacia los campos legionarios de Xanten y Nimega y, sobre todo, hacia los cuarteles generales de Germanía), Colonia y Maguncia. En Retia surgieron tres municipios romanos, entre ellos Augsburgo, capital de la provincia, pero seguían siendo ciudades rurales gobernadas por la nobleza local. Al este del limes las antiguas costumbres permanecieron inalterables y el comercio continuaba en manos de los mercaderes del S, que buscaban ámbar, jabón y pieles, a cambio de vino, especias y joyas. La efervescencia de Germanía continuó y las tribus fugitivas asaltaron sin éxito los limes. Para contenerlos, Roma introdujo grupos de vencidos en el interior del Imperio, repartiéndoles tierras. Más tarde, desde Constantino, el ejército se reclutó entre los bárbaros. De una parte, movió a dar este paso la necesidad de aumentar las fuerzas militares a medida que se ensanchaban las fronteras; y, de otra, la repugnancia cada vez mayor de los romanos a prestar el servicio militar.Teodosio introdujo la peligrosa novedad del pactus foederi por el cual pueblos enteros se instalaron en el interior del Imperio y se encargaron de proteger a la población civil. Pronto alcanzaron altas dignidades militaresy la ciudadanía romana. A partir de Constantino, la defensa del limes germánico sufrió modificaciones, llenándose de castella, con pequeñas guarniciones de soldados labradores, reclutados entre los mismos germanos.
2. La edad oscura. Sin embargo, la efervescencia continuaba al otro lado del limes y la gran convulsión de Germanía tuvo lugar a mediadas del s. iv, cuando la presión incontenible de los hunos obligó a los germanos a solicitar ansiosamente la entrada o a penetrar violentamente en tierras de Roma. Pasado el Imperio de Atila, las tierras de Germanía fueron ocupadas por los turingios al E, los sajones al N, los burgundios al S y los francos en el centro. Éstos, constituidos en reino, se volvieron hacia Germanía para incorporarla a la nueva política que nació de los escombros del mundo romano occidental.En el 491 el rey franco Clodoveo (v.) arrebató a los turingios parte de su territorio y, en el 486, sometió a los alamanes que ocupaban Spira, Worms y Maguncia. Sus hijos continuaron su política. Teodosco, que heredó las tierras limítrofes con Germanía (el protectorado de los alamanes y el país de los ripuarios) sometió el resto de la Turingia, situada entre el Fulda y el Verra, tras la batalla de Unstrut (531), y lo convirtió en gran ducado franco, pagándole tributo los sajones, situados entre el Elba y el Ems.A partir del 600, la Austrasia (v.) adquirió una fisonomía propia dentro del reino franco. Era el país más despoblado por las invasiones y en donde prevalecía la sangre germana; comprendía el territorio situado entre el Mosa y el Rin. Los antagonismos entre el E Austrasia y el O Neustria, le habían proporcionado una administración propia con un palatio y un mayordomo propios, aunque subordinados a un monarca franco común, más simbólico que real. Las rivalidades entre los dos mayordomos acentuaron estas diferencias. Al frente de la nobleza de Austrasia apareció Pipino II de Herístal, que ostentó no el título d;, mayordomo, sino el de duque y, tras derrotar a la Neustria (v.) en Terry (San Quintín), 687, la anexionó, aunque mantuvo al frente del Estado la figura simbólica de un rey fantasmal, encargado únicamente de recibir a los embajadores con pompa bizantina. El hijo de Pipino, Carlos Martel, gobernó apoyado en la Austrasia, donde tuvo sus propiedades privadas y de donde sacó sus mayores recursos. Con sus campañas de sometimiento de los turingios, bávaros y alamanes s.°, inició la evangelización de Germanía por S. Bonifacio (v.).Será la gran figura de Carlomagno (v.) quien incorpore definitivamente Germanía al mundo occidental. Para lograrlo debía someter a los sajones, situados entre el mar del Norte, el Elba y las montañas del Harz, costándole 30 años de lucha encarnizada. Mandaba a los sajones Widukind, vencedor repetidas veces de Carlomagno, que sólo tras muchas negociaciones pudo pacificar el país. La posterior fusión de estos sajones con los pueblos germanos vecinos (francos del E, turingios, alamanes y bávaros) hizo posible la etnia de la actual A. La codificación de las leyes sajonas, la división del territorio entre condes, representantes de la dignidad real, la creación de obispados y ciudades, que se convirtieron en centros difusores de evangelización y de civilización, aceleró este proceso y fueron plasmando la configuración del Estado (V. CAROLINGIOS).3. Los comienzos del reino alemán. En el tratado de Verdún (843) al repartirse el Imperio carolingio los hijos de Ludovico Pío, nació A. como reino al recibir Luis el Germánico, Baviera, Suabia, el distrito del Aar y el Thurgan, Franconia, Turingia, Sajonia y toda la orilla derecha del Rin y, en la orilla izquierda, los distritos de Spira, Worms y Maguncia. Estos territorios eran una especie de marcas situadas en el umbral del mundo pagano. Efectivamente, sobre el nuevo Estado alemán sobrevinieron pronto las invasiones húngaras de una crueldad inusitada que arruinaron al naciente Estado y lo precipitaron en la anarquía. Ésta y las luchas intestinas, consecuencia de los sucesivos repartos hereditarios, debilitaron la monarquía carolingia hasta el punto que al subir al trono Luis III el Niño (899911), último descendiente directo de Carlomagno, el país estaba sumido en el caos. Durante este reinado, la anarquía favoreció el desarrollo del feudalismo laico y eclesiástico y, una vez desaparecido el cargo de conde palatino, quedó roto el vínculo de unión entre el poder central y las regiones más apartadas del reino. Como consecuencia, los sajones, bávaros, francos, suevos y loreneses se erigieron en verdaderos Estados independientes con el nombre de ducados, con su lengua, costumbres y derechos propios. Al N, junto a Dinamarca, Sajonia se independizó con los descendientes de Liudolfo, poseedor de Ostfalia y Westfalia. Baviera hizo otro tanto con el margrave Luitpold. Lorena, recibida en investidura por el conde Hainaut, se separó de A., mientras entre los francos del E surgió el ducado de Franconia, cuya posesión se disputaron dos familias, los Bamberg y los Conradinos. Entre el Rin y el Danubio se formó asimismo el ducado de Suabia. Estos ducados van a desempeñar un papel primordial en el futuro político del país.4. El Sacro Imperio. La realeza, quebrantada por el cada vez más pujante feudalismo (v.) que en A. tiene un carácter muy especial, como constituido dentro del marco imperial que los carolingios habían impuesto alpaís, se apoya en la Iglesia y coloca, frente al poder hereditario y feudal de los condes y duques, el poder temporal de los obispos. Ésta es la causa de que, al restaurarse en el 962 la dignidad imperial, olvidada tras el reinado de Luis el Niño, el Papa la confiera al rey de A. El Imperio se transforma así en teocracia, si bien el Emperador, asumiendo el antiguo derecho de los césares romanos, interviene en la elección pontificia, que queda a su vez sometida al Emperador.
Al desaparecer la dinastía carolingia, los duques eligieron rey a Conrado I de Franconia (911918), que aunque contó con el apoyo de la Iglesia germana apenas pudo someter al duque sajón, aconsejando a su muerte que se eligiera a éste por rey, el más fuerte de los rebeldes. Con Enriaue I (919936) se inició la dinastía de Sajonia (v. LIUDOLFINGER, DINASTÍA). Supo este soberano sortear los más graves problemas: el peligro húngaro y la autoridad creciente de los duques, y. obligó a tributarle a las tribus eslavas del otro lado del Elba y al naciente reino de Bohemia. Otón I (v.), 936973, su hijo, que actuó apoyado por la Iglesia, consiguió someter a la nobleza y fue quien despertó la vocación imperial de A., aunque al precio de desentenderse de los problemas específicamente alemanes y concentrar sus anhelos y desvelos en las soleadas tierras de Italia. De esta época data la constitución del Sacro Imperio Romano Germánico (v.). Este espíritu político se acentuó con sus inmediatos sucesores Otón II (v.), 973986, y Otón III (v.), 9831002, con la diferencia de que la armonía con el Papado se fue rompiendo lentamente a medida que plasmaba en el seno de algunos sectores eclesiásticos el espíritu de reforma y de purificación de las costumbres (v. CLUNY, ABADÍA DE), aunque todavía los Otones intervinieron directamente en las elecciones papales, hasta el punto de colocar Otón III con el solio pontificio a sus más directos colaboradores5. El conflicto con el Papa. Al morir sin sucesión el último Otón, los nobles eligen a Enrique I de Baviera como su más próximo pariente, con lo que se inaugura la dinastía de Baviera (v.). El nuevo soberano favorece con la concesión de propiedades y derechos la evolución de los obispos hacia el principado territorial, aunque con ello aumenta su sometimiento a la autoridad real y, aunque recibe del Papa la corona imperial, pierde el control del Papado y la preponderancia política de A. se eclipsa al surgir Estados poderosos en el norte y en el este de Europa. El rey de Polonia trata de aglutinar a los eslavos de Occidente frente al Imperio y Canuto el Grande en el norte le resta autoridad. A la muerte de Enrique 77 (100224), los nobles eligen rey a Conrado II de Franconia (102439), que inaugura esta dinastía (v. FRANCONIA, CASA DE). Con ella aumenta la riqueza de los obispos ciudadanos y tropiezan éstos y la alta nobleza con las reivindicaciones de la pequeña nobleza que aspira a hacer hereditarios sus feudos. La influencia de A. se restablece en el norte y en el este: el arzobispo de Hamburgo y Bremen impone las misiones germanas en el Báltico tras la división del Imperio de Canuto; Hungría se declara vasallo del Emperador y Silesia se anexiona al Imperio.
Por un momento (reinado de Enrique III), 103956, el Imperio vuelve a obtener la plena autoridad para imponer su criterio en la elección papal; pero el conflicto sobre la dependencia del Imperio del Papado estaba latente, recrudeciéndose de nuevo la crisis con más virulencia en el reinado de Enrique IV (v.), 10561106, cuando se divide el Imperio en dos facciones: güelfos y gibelinos (v.). El estallido del conflicto de las Investiduras (v.) en 1075 precipita la descomposición feudal del Sacro Imperio, arruinando la autoridad imperial de los soberanos alemanes. Los señores feudales aprovechan la pugna entre el Emperador y el Papado para enriquecerse con las donaciones reales y con las potestades temporales abandonadas por los obispos. Las perturbaciones consiguientes permiten la instalación sólida del feudalismo en el Imperio, mientras la Iglesia deja de ser aliada poderosa de los soberanos. Éstos, elegidos por los nobles, suelen ser los más débiles de los pretendientes, ya que obtienen el triunfo previa hipoteca del poder real. Como consecuencia, antes del conflicto de las Investiduras, A. podía presentarse como heredera del Imperio carolingio, pero como consecuencia de la anarquía que aquél crea,Francia puede recoger la herencia del Sacro Imperio. 6. Auge y crisis del Sacro Imperio. La extinción de la dinastía de Franconia (v.) permitió a los nobles elegir a Lotario II de Sajonia (112537). Esto significaba el triunfo del principio electivo, preconizado por la Iglesia y por la feudalidad germánica. Contra tales principios se levantaron los gibelinos, representados por Conrado de Hohenstaufen, representante del principio electivo y de la independencia de la Iglesia. Éste consiguió ser elegido a la muerte de Lotario, no sin antes tener que hacer frente a una guerra civil entre güelfos y gibélinos que sólo desembocó en la paz, tras las conferencias de Francfort (1142). La nueva dinastía de los Hohenstaufen (v.) se consolidó con su sucesor y sobrino Federico I Barbarroja (v.), 115290, la personalidad más destacada de la A. medieval y el restaurador del Imperio universal, aunque basado ahora en el feudalismo (v.).
El ocaso del Imperio es contemporáneo al gobierno de Federico II (121550), basado en el feudalismo que se caracteriza en el plano económico por el régimen señorial cerrado y en el social por la división jerárquica de la sociedad y que entra en una crisis agónica al sobrevenir el desarrollo de la vida urbana y el nacimiento de las nacionalidades. Genuino representante de la tolerancia religiosa, de la independencia frente a la Iglesia y luchador infatigable por el restablecimiento de la unidad mediterránea, contribuye a la disgregación del Reich en un mosaico de principados y ligas urbanas. Es el último adalid del ideal de formar una autoridad laica superior a las demás, cimentada en una formación territorial con Federico II; el Sacro Imperio se disgrega como una concepción ya rebasada. La entrega sin condiciones de los Emperadores de esta dinastía a los intereses italianos, permite a los príncipes germanos marchar seguros hacia su independencia total. Todo esto explica la crisis del "Gran Interregno", que hace desaparecer el resto del poder real en A., agravado por la política de la Liga de las ciudades del Rin. Por fin, tras una serie de intrigas y de pugna entre varios aspirantes, algunos no germanos (como Alfonso X de Castilla), los nobles eligen a un príncipe modesto, Rodolfo de Habsburgo (127392), partidario de los Staufen, señor del castillo de Habitsburg y landgrave de Alsacia, que inaugura la dinastía de los Habsburgo (v.).Estos primeros Habsburgo supieron interpretar las exigencias del pueblo alemán, renunciando al sueño italiano y al espejismo del Imperio universal y concentrando todas sus energías en el resurgimiento de A. mediante la renovación de los estatutos de las ciudades y desarrollando la economía en el norte al favorecer las empresas de la Liga Hanseática (v.). Aunque los primeros reyes de la dinastía de Luxemburgo (v.) rompieron esta tradición política para volver sus ojos hacia el espejismo italiano, Carlos IV (134678), supo abordar el problema básico alemán, el estatuto imperial, mediante la publicación de la Bula de Oro (v.) en 1356, que sancionó la transformación del país en una federación de Estados y que rigió los destinos del pueblo alemán durante la época moderna. Asimismo, el colegio de príncipes electores surgido tras la crisis del s. xu adquirió una serie de regalías jurisdiccionales (minas, monedas, mercados, sal y protección de judíos), imitadas pronto por los nobles de menor categoría, con lo que la simple señoría territorial se trastocó en plena soberanía jurisdiccional. De ahí que la A. moderna surgiera estructurada como un conjunto de más de 400 Estados independientes unidos por la persona del rey y con un solo órgano político común, la Dieta (v.) o Reichstag, que salvaguardaba los privilegios de nobles y ciudades en detrimento de un Estado fuerte. Hubo intentos de reformar el Imperio Dietas de Neustad (1455) y de Ratisbona (1471), pero fracasaron por oposición de los príncipes o de las ciudades. Al lado de estas dos clases privilegiadas, la suerte de caballeros y campesinos había empeorado; respecto a los primeros, por los cambios experimentados en la milicia y respecto a los segundos porque sobre ellos recaían todos los tributos de las clases sociales propietarias. Su insatisfacción dio lugar a una serie de ininterrumpidas agitaciones que amenazaban con hundir en el caos al país. En este ambiente políticosocial tendría un campo abonado la Reforma (v.).A la muerte del último Luxemburgo, Segismundo, retornan al poder definitivamente los Habsburgo, acontecimiento con el cual se inaugura la historia moderna de A.V. t.: GERMANOS; CAROLINGIOS; GERMÁNICO, IMPERIO; SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO.M. J. ÁLVAREZ PANTOJA.
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