Alegoría I. Estilistica. LIT.
Categoria:
Literatura
Su sentido etimológico ("decir otra cosa", "hablar de otra manera") nos esboza ya una primera definición: una ambigüedad significativa en un texto. Desde la retórica, la a. se presenta como un tropo (metáfora compuesta o continuada) en el que una sucesión de elementos reales sustituyen a una sucesión de elementos abstractos. Es decir, es un sistema de equivalencias mentales, desarrolladas por el lenguaje: dos cadenas de significados que se aparejan, eslabón a eslabón, dándole al texto dos sentidos, uno literal o explícito, otro alegórico, oculto o profundo. La a. más sencilla es la representación personal que hacemos de conceptos. La Fortuna es una mujer con una rueda, símbolo de su volubilidad. En la literatura los ejemplos son más complejos. En La cárcel de amor, Diego de San Pedro nos presenta una torre con cimientos de piedra, cuatro pilares, tres figuras humanas, un águila en un capitel, etc.; y luego nos explica lo que respectivamente significan: la cárcel de amor, la fe; entendimiento, razón, memoria y voluntad; tristeza, congoja y trabajo; el pensamiento, etc. Más allá de la retórica, en la teoría literaria general, la a. es, más que un recurso de estilo, un tipo, un género de literatura, pues en ciertas épocas y subgéneros obras enteras tienen como base el ser alegóricas. En estos casos la estructura de la obra es la explicación y análisis de una idea abstracta por medio de elementos concretos, personas, objetos y sucesos.Hay tres tipos de a.: aquellas cuyo sentido literal tiene valor por sí mismo, y, con sólo entender éste, un lector ingenuo queda satisfecho; aquellas en las que llegar al sentido alegórico es condición necesaria para sacar un fruto de la obra; y un tercero llamado a. mixta, porque presenta primero el sentido literal y luego se explica el alegórico; tal es el caso citado de La cárcel de amor. El Criticón de Gracián recurre a los tres tipos: en las cuatro crisis primeras tienen valor los hechos novelescos por sí mismos; en la última crisis, no; y además hay a. mixtas. Como el lenguaje poético es por definición algo ambiguo y múltiple, nos encontramos con que lo alegórico, simbólico y metafórico es inherente a él. No sólo porque el autor, aun inconscientemente, es ambiguo y múltiple, sino porque lo es el lector, según el siglo, la lengua, la cultura, la sociedad o la religión. Esto ha producido la interpretación alegórica, forma de crítica que va desde los griegos a la crítica moderna, pasando por la patrística. Los renacentistas interpretaron los mitos y la poesía pagana a la luz del cristianismo. P. ej., Pérez de Moya en su Filosofía secreta explica sistemáticamente los mitos grecolatinos y distingue cuatro modos de "declarar" las fábulas: literal, alegórico, anagógico y natural. Y en el alegórico nos define la a. cuando "diciendo una cosa la letra, se entiende otra diversa". La Égloga IV de Virgilio se relacionó con las profecías de Isaías. Los judíos y cristianos interpretaron alegóricamente muchos pasajes bíblicos, llegando a formular que, cuando el sentido literal era incongruente, había que buscar el alegórico. La erudición medieval escribió claves para explicar la Biblia, como el Allegoriae quaedam Sacrae Scripturae, atribuido a S. Isidoro, interesante aún para entender autores como Dante o Calderón. Poemas como Os Lusiadas tuvieron (Faria y Sousa) interpretaciones alegóricas, precedentes de las esotéricas del Quijote en el s. XIX.La a. como género literario es un hecho típicamente medieval; lo simbólico fue entonces un hábito, un sistema mental. Dice Ganivet que la ciencia opera con fórmulas, la religión con símbolos y el arte con imágenes. La literatura teocéntrica medieval opera, pues, con imágenes simbólicas, y hasta la visión del paisaje (Berceo, Troyes) es simbólica, y no natural (Garcilaso, Du Bellay). Todos los géneros medievales abren sus puertas a la a. El teatro crea las moralidades, representación de vicios y virtudes. En lo épico la Divina Comedia y el Roman de la Rose, llevan la a. a sus más grandes cimas, y ambas obras influyen en todos los géneros posteriores. La literatura caballeresca, de Li contes del Graal a Le chevalier délibéré, ocultan un profundo sentido alegórico. En la lírica se suceden las visiones, infiernos, triunfos, etc. Desde el s. XVI la a. decae, aunque siga viva en libros de viajes y críticas de costumbres (Voltaire) y se renueva en la lírica y el teatro del simbolismo (v. SIMBOLISMO II). En España, como fruto tardío, la a. alcanza cumbres universales: S. Juan, S. Teresa, Gracián, Calderón. La literatura moderna se ha dejado a veces influir por el alegorismo medieval y del Siglo de Oro: Verlaine (Sagesse); Eliot (Four Quartets), Bernárdez (El Buque) en la lírica; Claudel (Le soulier de satin) en el teatro; Marechal (Adán Buenos Aires) en la novela.V. t.: SIMBOLISMO II.J. MANUEL ROZAS.
BIBL.: 1. HUIZINGA, El otoño de la Edad Media, Madrid 1965; C. S. LEwIS, The Allegory of Love. A study in Medieval Tradition, Oxford 1936; S. BAYRAv, Symbolisme médiéval, Estambul 1957; H. F. DUMBAR, Symbolism in Medieval Thought and its consummation in the Divine Comedy, New Haven 1929; CH. R. POST, Medieval Spanish Allegory, Cambridge (USA) 1915; F. MPEz ESTRADA, Introducción a la literatura medieval española, Madrid 1966; C. GARIANo, El enfoque estilístico y estructural de las obras medievales, Madrid 1968; C. CLAVERÍA, Le Chevalier Délibéré de Olivier de la Marche y sus versiones españolas del siglo XVI, Zaragoza 1950; A. A. PARKER, The Allegorical Drama of Calderon, Oxford 1943; B. W. WAROROPPER, Introducción al teatro religioso del Siglo de Oro, Madrid 1953.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.