Alcibíades
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Biografía GER
Al desaparecer Pericles de la escena política ateniense, el partido democrático entonces preponderante había perdido su espíritu moderador. El pueblo se vio dominado por gente joven que arrastraría a Atenas, y con ella al mundo griego, a la mayor tragedia: a la guerra por sí misma, a un egoísta afán de dominio, a las ambiciones personales de sus líderes. El jefe del partido, máximo representante de las nuevas generaciones y perfecto exponente de una nueva manera de pensar y de actuar, será A.Pertenecía a una prestigiosa familia ateniense, los Alemeónidas, y era por ello pariente de Pericles. Aristócrata de nacimiento, se convirtió en jefe del partido democrático, pero sus aspiraciones eran establecer el dominio de una oligarquía en Atenas que, a su vez, habría de convertirse en la cabeza- de una talasocracia dominadora de todas las ciudades griegas.Cuando A. ocupa el poder, se ha producido en Atenas, en breves aflos, una vertiginosa evolución de las ideas. Atenas se olvida del afortunado equilibrio mantenido hasta el momento, y rueda hacia un progresismo sin medida, en donde la autoridad, las leyes, la religión, las tradiciones, los valores; en fin, más profundos que sustentan una colectividad, son sometidos a un revisionismo crítico y demoledor. Es la época de los sofistas, defensores del fin por encima de los medios y propugnadores de la satisfacción personal por encima de los escrúpulos. Los enriquecidos comerciantes atenienses apadrinarán la nuevas escuelas frente a las que sólo se alzará la voz de, Sócrates, al que sigue un pequeño grupo de jóvenes discípulos. Entre éstos aparece en un primer momento A., al que el maestro apreciaba particularmente por sus brillantes dotes. Pero A. pronto abandona al honrado filósofo en busca del triunfo personal. Se convierte en el árbitro y el modelo de las jóvenes generaciones atenienses. Ingenioso y elegante, escéptico y elocuente, vanidoso y egoísta, dirigirá todos sus esfuerzos, tras encumbrarse a la jefatura del partido democrático a la muerte de Cleón, a la ruptura de la paz con Esparta. A. piensa utilizar la renovación de las campañas para obtener éxitos y riquezas y aumentar su poder personal y su fuerza política. Sin embargo, la desgracia le convertirá en un traidor, incapaz de enfrentarse a la adversidad y ansioso, por encima de todo, de ocupar siempre un puesto relevante. Traicionará a su patria, pasándose a Esparta. Seducirá a la esposa del rey Agis de Esparta, y se pondrá al servicio del sátrapa persa Tisafernes; volverá de nuevo a Atenas aupado en una conjura antidemocrática y morirá en Persia, ironías del destino, asesinado a traición.A. aprovecha la tregua con Esparta para realizar febriles preparativos militares. Estos preparativos se acentúan a partir del a. 417; se busca un campo de operaciones que extienda el dominio ateniense. Y cuando Segesta, ciudad siciliana amenazada por Siracusa, pide auxilio a Atenas, el destino está trazado. A. organiza una fabulosa expedición militar que zarpa en el verano del a. 415, con los mejores generales atenienses. Pero, unos días antes, las estatuas de Hermes que existían en las puertas de las casas de Atenas habían aparecido mutiladas. Acusado A. de la profanación, un barco va a buscarle a Sicilia, en donde el ejército permanecía en inútiles negociaciones diplomáticas, víctima de las divergentes opiniones de sus jefes. En el camino de regreso A. puede huir y se refugia en Esparta.Puesto al servicio de los espartanos, cambia su forma de vida para granjearse su amistad. Y le vemos con un tosco calzado, rudos vestidos, comiendo frugalmente junto a los soldados. Convertido en consejero militar de Esparta, va a recrearse en la destrucción de su obra, y, con ella, en la destrucción de Atenas. Recomienda el envío de asesores militares a los sicilianos, y la conquista del fuerte de Decelia, que domina el Ática e impide el suministro de las minas de plata a Atenas. El consejo es diabólicamente perfecto. El ejército expedicionario es pasado a cuchillo en Sicilia con sus generales al frente y los supervivientes vendidos como esclavos. Atenas, mientras tanto, está maniatada por la guarnición espartana de Decelia. Pero, aun en estas condiciones, Esparta no se atreve a dar el golpe final contra Atenas, que aún posee fuerzas y aliados suficientes. Y en el a. 412 Esparta firma con Persia (el secular enemigo) un pacto para la destrucción de Atenas.Es ahora cuando A. traiciona la confianza del rey Agis, y huye a refugiarse en territorio persa. Desde allí hace propalar en Atenas la especie de que puede conseguir una inversión de alianzas, pero que para ello los atenienses deben derribar la democracia e instaurar la oligarquía. Un golpe de estado somete a Atenas a un gobierno de terror y llama a A., que regresa a su patria como triunfador. Efectivamente, Persia suspende por aquel año la ayuda a Esparta y en los a. 411 y 410 la escuadra espartana es derrotada en Cinosema, en Abydos y en Cícico, mientras A. es aclamado con delirio. Y Atenas vuelve a cometer el mismo error de siempre, arrastrada por su endémico militarismo: rechaza las ofertas de paz de Esparta.Pero en el a. 408 el rey Darío II se decide a apoyar a los espartanos. Era lo que el inteligente A. estaba temiendo. Persia decidiría la guerra. El a. 406 la escuadra del espartano Lisandro triunfa en Notion y en Mitilene. Tras la primera derrota (de la que no era culpable, pues la flota había actuado en contra de sus órdenes) huye a Bitinia y luego se refugia en Lampsaco. Allí, desde una colina, contempla el desastre final de la flota ateniense en la batalla de Egospótamos (405). Por la mañana, viendo la forma errónea en que se habían alineado los barcos atenienses había corrido a prevenir a sus compatriotas, siendo rechazado con insultos. Sólo se salvaron ocho de los 200 barcos atenienses. Era la primavera del a. 405.Refugiado junto al general persa Farnabazo, a los 46 años, en el 404 a. C. morirá asesinado una noche, quizá por emisarios de Esparta. Los persas, que probablemente conocían la conjura, no le previnieron; se trataba ya de un huésped molesto y sin importancia.A. MONTENEGRO DUQUE.
BIBL.:J. HATZFELD, Alcibíades, París 1951; J. BABELON, Alcibíades, París 1935; A. TOVAR, Historia de Grecia Barcelona 1963; H. BENNTSON, Griechische Geschichte, Munich 1160; L. FRIEDLANDER, Der grosse Alkibiades, Bonn 1921-23.
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