Agitación MEDICINA
Categoria:
Medicina
Introducción. Es un síntoma frecuente en la clínica de las enfermedades mentales. Su concepto resulta más preciso de acuerdo con la expresión generalizada en Psiquiatría de a. psicomotora (o psicomotriz), puesto que se trata de un estado variable en su intensidad y duración, significado por la inquietud externa de los pacientes que lo sufren.En los tratados clásicos se emplea también el término excitación, pero la psicopatología actual tiende a distinguir ambas expresiones que, en el lenguaje común y en el propio léxico psiquiátrico, suelen utilizarse como sinónimas. La excitación se estima como una cualidad. general de los organismos vivos, en tanto son capaces de responder a estímulos exteriores. La a., aun cuando pueda ser provocada, se interpreta como efecto de estados de conciencia internamente motivados. La excitación se refiere a la relación del sujeto con el medio, la a. al sujeto mismo. Sin embargo la práctica muestra una efectiva reciprocidad entre ambos fenómenos, suficiente para acreditar la existencia de ciertos nexos. Realmente, todo proceso psíquico desemboca, de un modo u otro, en fenómenos motores.La motilidad (movimiento propio de los seres vivos en general) puede estudiarse en el hombre desdé dos perspectivas: en su aspecto meramente físico (orgánico o neurológico) como se hace, p. ej., al investigar los llamados reflejos (v.) motilidad en sentido estricto, o bien cuando se trata de comprender la razón o motivo de determinadas acciones. Sin embargo, las anomalías pueden originarse en uno u otro campo. La a. no se refiere a los fenómenos exclusivamente dependientes del estado orgánico del sistema nervioso (motilidad), sino a aquellos en los que, existiendo o no alteración neurológica, implican algún trastorno psíquico y ofrecen, por tanto, cierta significación o faceta expresiva de la personalidad (v.). Por eso no todas las alteraciones del movimiento como simple incremento del mismo en órganos o zonas más o menos extensas del cuerpo se incluyen en la a. Quedan fuera, p. ej., las del Corea de Sydenham (v.) y enfermedades afines, los tics (v.) y el temblor de ciertas encefalopatías (v. CEREBRO).Sus causas. La a. revela un estado global del enfermo. Por consiguiente puede originarse partiendo de aquellos trastornos funcionales del psiquismo capaces de alterar los contenidos de conciencia o los modos de experimentar íntimamente la realidad: desde simples alteraciones de los estados de ánimo (v. SENTIMIENTOS) hasta las del pensamiento, características de las psicosis (v.), pasando por las de los órganos de los sentidos alucinaciones (v.)y las anomalías específicas de la conciencia (v.); de suerte que, al modificarse el equilibrio de los factores naturales sobre que descansa la acción voluntaria (v. voLUNTAD) pueden aparecer la a. o su fenómeno contrario, el estupor (v.). Ambos fenómenos remiten, en definitiva, a mecanismos muy primarios emparentados con los instintos (v.) de defensa, según demostró en un trabajo ya clásico sobre la histeria (v.) el neuropsiquíatra alemán E. Kretschmer (v.). La a. vendría a ser una especie de la tempestad de movimientos descrita por dicho autor y que actualmente se conoce con el nombre de reacción de sobresalto propuesto por López Ibor (v.).Aspectos clínicos. Los grados y maneras de la a. son muy variables y diversos. Dependen de la enfermedad causal y de la personalidad del paciente. La a. puede ser más o menos intensa, oscilar y mudarse incluso en el mismo sujeto. En ocasiones parece como si la enfermedad consistiese exclusivamente en la propia a. La forma más leve está representada por la inquietud que eventualmente exhiben ciertos psicópatas; como tales pueden considerarse las proverbiales "pataletas" de los niños.En las neurosis (v.) la inquietud puede ser ya un síntoma indicativo. Es distinta, sin embargo, la a. de la neurosis de angustia y otras especies de la timopatía (v.), de la que aparece en algunas neurosis histéricas. En las primeras y, en general, cuando no hay perturbaciones de la conciencia, el enfermo se desplaza continuamente dentro de la casa o en la misma habitación, o realiza ciertas acciones reiterativas con una pierna, una mano o los dedos, porque "no puede estarse quieto"; se da cuenta y deja escapar, por decirlo así, ese superávit de inquietud interior que no es sino angustia (v.) endotímica, en forma de movimiento. En la histeria puede manifestarse esa misma inquietud, pero en ciertos episodios agudos, con trastornos de conciencia, la a. llega a alcanzar grados muy intensos: los enfermos van de aquí para allá, chillan, gesticulan, se arrojan al suelo, se revuelven en la cama, forcejean con quien trata de sujetarles; todo con la particularidad de que, si no se les hace caso y lo advierten, tienden espontáneamente a calmarse.En las psicosis la a. puede ser más o menos aguda, aparentemente, que en las neurosis, pero con mucha frecuencia llega a ser incidencia grave en el curso de la enfermedad. El ejemplo típico de a. psicótica es el de la manía o euforia patológica (v. Psicosis II). A través de su exuberante y desacompasada actividad, el enfermo maniaco revela el trastorno de sus facultades anímicas superiores y el profundo desequilibrio de su estado emocional: no sólo se mueve físicamente, sino que hace o pretende hacer muchas cosas; lo ordinario es que tales actos queden incompletos y que carezcan de oportunidad; todos sus sentidos parecen estar abiertos, pero esta atención nunca llega a ser eficiente por falta de ese mínimo reposo requerido por la actividad reflexiva. Un grado más y los pacientes declaman, bailan, cantan, discursean, etc., en.cualquier lugar y a cualquier hora. Es muy característica la locuacidad de los maniacos, aun en los casos leves. Sin embargo, todavía puede ser más llamativa y peligrosa la a. en las formas graves de la manía, en la esquizofrenia (v.), en ciertos episodios de la epilepsia (v.), en el delirium tremens de los alcohólicos y en determinados momentos de las toxicomanías (v.): los enfermos permanecen desnudos, gritan desaforadamente, se encaraman en los muebles, trepan a los árboles, destruyen cuanto tienen a su alcance; pueden llegar a cometer delitos múltiples de sangre; resisten el frío y el calor, no conocen la fatiga. Estos cuadros constituían antaño la anécdota dramática a veces, y desagradable siempre, de la psiquiatría hospitalaria y la mayor preocupación, sin duda, de facultativos y profanos. Afortunadamente, los progresos en el tratamiento y asistencia de los enfermos psíquicos han reducido casi por completo tales episodios a los momentos iniciales de las psicosis agudas.La instauración precoz de una terapéutica adecuada logra siempre resultados satisfactorios, sin tener que recurrir, como hasta hace algunos años, a medios físicos de contención. De hecho, las tristemente famosas salas de agitados de los hospitales y clínicas psiquiátricas han desaparecido. Como consecuencia de los referidos avances, la importancia clínica y social de la a. tiende a desplazarse de las formas aparatosas de las psicosis a aquellas otras más mitigadas de las neurosis y personalidades disarmónicas. Los problemas que se plantean en estos últimos pacientes son también distintos ahora.Es difícil explicar de modo científico y suficiente la indudable correlación que existe entre la a. de la vida actual y la a. neurótica. No se trata sólo de factores psicológicos. El problema es más complejo: hay que contar con disposiciones constitucionales y con, actitudes éticas y religiosas. La progresiva inquietud de las gentes de este tio,mpo tiene que ver, sin duda, con otro fenómeno históricocultural con el que la Medicina se enfrenta cada día: el umbral de resistencia frente al dolor, el sufrimiento y la contrariedad han disminuido considerablemente (v. DOLOR II). Hoy resulta difícil canalizar la inquietud fuera de la derrota marcada por el afán de bienestar. No pocas personas llegan a "sentirse mal" simplemente a causa de esto. La natural intranquilidad del corazón humano sólo parece neutralizarse, aunque parezca paradójico, cuando se orienta en direcciones económicamente no rentables.Esta potencial a. es en determinadas personalidades disarmónicas el punto de partida de muchas toxicomanías. La vieja psiquiatría utilizaba camisas de fuerza para reducir a los agitados, pero también empleaba otros medios que sólo eran físicos en apariencia: la balneoterapia, el aislamiento, los cambios de ambiente y de ocupación. La moderna psicofarmacología parece hacerlos olvidar y ha creado nuevos problemas. Además del hábito que, poco o mucho, producen siempre los medicamentos tranquilizantes, la nueva expectativa de poder disponer de ellos en cualquier ocasión y la creencia en las posibilidades indefinidas de la investigación en torno a los mismos, provoca, evidentemente, actitudes que nada tienen que ver con la realidad y los sentimientos de la limitación humana: cualquier grado de incertidumbre o de inseguridad, por leve que sea, resultan intolerables. Huyendo de la natural inquietud se cae en la a. patológica (v. ALUCINACIONES).Los grados leves de a., que son los más frecuentes y numerosos, pueden beneficiarse, como demuestra la experiencia médica con una reorientación más racional y razonable del quehacer personal. Las formas de mediana gravedad pueden ser tributarias, además, de una medicación controlada facultativamente.V. t.: NEUROSIS;HISTERIA;PSICOSIS II;TOxICOMANÍAS; ALUCINACIONES.JOSÉ M.A POVEDA.
BIBL.: E. ICRET La Histeria, Madrid 1958; J. J. LópEz IBoR, Rasgos neuróticos del mundo contemporáneo, Madrid 1964; M. REICHARDT, Psiquiatría general y especial, Madrid 1958,
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.