África, Guerras de II. Guerra de 1921-27. HIST.
Categoria:
Historia
La g. de A., espina clavada en España, que tantas vidas le había costado, aún le costará muchas más hasta que llegue a su solución. El de 1920 había sido un año de éxitos: en la zona oriental del Protectorado, el jefe de la Comandancia militar, general Fernández Silvestre, había ocupado Tafersit; en la zona occidental, las operaciones dirigidas por el alto comisario, general Berenguer, habían tenido como consecuencia la conquista de Xauen y la sumisión de los BeniAros. En definitiva, se dominaban las comunicaciones entre Melilla, Tetuán y Fez.El desastre de Anual. Los proyectos de Fernández Silvestre eran muy ambiciosos: ocupar todo el territorio rifeño y llegar hasta el corazón de las cabilas más feroces y hostiles. Para ello, pedía continuamente al Estado Mayor dinero, soldados y material; pero los informes de Berenguer, que estimaba suficientes los recursos y hombres situados en Melilla, contrarrestaron todo el efecto de aquellas peticiones. Por otra parte, Fernández Silvestre, sin un plan de campaña previamente trazado, fue esparciendo torpemente hombres y posiciones, sin cuidar las comunicaciones con Melilla. P. ej., entre SidiDris y Anual había aproximadamente 12 Km.; de ahí que se creyera conveniente establecer entre ambas posiciones un punto de apoyo en el monte Abarrán, en plena cabila de Tesamán. El propio Silvestre asistió a la instalación de este puesto que, a los pocos días, se vio en grave peligro por el ataque de los cabileños de BeniUrriaguel, dirigidos por Abd elKrim. No hubo más salida que abandonar la posición; después, difícilmente pudo mantenerse la plaza de SidiDris, también atacada por los cabileños. En breve tiempo, la situación había dado un giro total, que aún se tornaría más desfavorable. La derrota de Igueriben (16 jun. 1921) ocasionó un gran pánico en los mandos españoles que, desde entonces, perdieron la iniciativa. Silvestre decidió concentrar todas las tropas en Anual, procuró prestar desde aquí ayuda a la sitiada posición de Igueriben y quiso mandar personalmente el convoy de víveres que se envió como socorro y que fue destrozado por los cabileños (21 de junio). Esta derrota obligó a evacuar Igueriben, y la retirada, tanto de la guarnición como de los hombres del convoy, fue catastrófica. En Anual, amenazado, se acordó retirarse a BenTied; pero Abd elKrim, atacando en formación regular, lo impidió. Pese a la resistencia, en ciertos casos heroica, la muerte de Silvestre provocó la indisciplina total y el desastre: todas las posiciones españolas cayeron en manos de los moros, que acuchillaron a sus defensores. En pocos días se habían perdido 5.000 Kmz.La matanza de Monte Arruit. Cuando el alto comisario acudió a Melilla, donde se había refugiado lo que queda’ ba del destrozado ejército español, la situación era lamentable: incluidos los civiles, sólo giiedaban 1.800 hombres, totalmente desapercibidos, y la plaza estaba reducida a sus límites de 1909. La precipitada llegada de refuerzos desde Ceuta y la Península y el hecho de que Abd elKrim no pudiera utilizar los cañones capturados salvaron en aquel momento a Melilla.En cambio, no tuvo la misma suerte la columna del general Navarro, con fuerzas tan desmoralizadas que, al no atreverse a operar con ellas, se refugió en Monte Arruit, puesto cercano a Melilla, cuyos generales no se atrevieron a ayudarle. Abandonado a sus propios recursos, Navarro capituló: si entregaba la posición y las armas, tendría paso libre hasta Melilla. Pero los cabileños no cumplieron su compromiso y, una vez desarmada la guarnición, organizaron una espantosa carnicería entre los soldados, mientras conservaban al general Navarro y a sus oficiales como rehenes (12 ag. 1921). Es el momento de gloria de Abd elKrim, caíd de la tribu de BeniUrriaguel, que había estado al servicio de los españoles en la administración de justicia indígena de Melilla y que, expulsado por Silvestre, había jurado vengarse. Para ello, supo aunar los intereses determinados por los odios tribales, religiosos y raciales con un vago espíritu nacionalista beréber; y supo, también, despertar un amplio eco internacional, especialmente entre las izquierdas europeas, al publicar en el periódico francés L’Intransigeant una carta en la que defendía el derecho de los pueblos a su propia autodeterminación política. Sin embargo, aunque creara graves problemas al ejército español, nunca pasó de ser otra cosa que el dirigente en la zona oriental del Protectorado de un conglomerado de tribus en armas, sin llegar a convertirse en un auténtico organizador político.Las responsabilidades. La crítica situación de Melilla había obligado a dimitir al presidente del Consejo de Ministros, Allendesalazar (3 ag. 1921), y la opinión pública dio su apoyo a un Gobierno nacional, presidido por Maura (v.), cuya misión había de ser depurar y exigir las responsabilidades por la marcha de la guerra. Ya antes de llegar Maura al poder, el vizconde de Eza, ministro dimisionario de Guerra, había ordenado la instrucción de un expediente acerca del abandono de las posiciones de Melilla, cuya formación se encargó al general Picasso. Este expediente Picasso será uno de los temas más polémicos a lo largo de los próximos años; pero, inicialmente, nacía tarado, puesto que de él. se excluían las posibles responsabilidades de Berenguer.Mientras tanto, en Marruecos, Berenguer, confirmado en su cargo de alto comisario, comenzó, gracias al envío de nuevos pertrechos militares, la lenta recuperación de los territorios orientales, al mismo tiempo que, en el occidente, reducía a Raisuni a su último reducto (septiembreoctubre 1921). Pero el problema no radicaba tanto en A. como en la Península. En ella, el ambiente parlamentario era hostil al Gobierno de Maura, los periodistas manifestaban en una permanente campaña de prensa su recelo hacia el ejército y la patente rivalidad entre los militares de las juntas de Defensa y los "africanos" salía a la superficie con motivo de un proyecto de recompensas para la nueva campaña. Todo ello, y la creciente oposición entre los partidarios de seguir en Á. y quienes querían abandonarla, explica que se produjera la crisis (7 mar. 1922) y que se encargara a Sánchez Guerra la formación de un nuevo Gobierno de concentración.Los últimos Gobiernos constitucionales. Aunque el Gobierno de Maura ya había acordado lanzarse a la decisiva empresa de conquistar la bahía de Alhucemas tan pronto como fuera posible, lo cierto es que las operaciones marroquíes se redujeron durante el Gobierno de Sánchez Guerra a unas pocas acciones, algunas favorables y otras no. Y es que, en virtud de la creciente exigencia de responsabilidades, lo que de verdad preocupaba a los políticos en el verano de 1922 era la marcha del expediente Picasso. Se había acordado, al fin, el procesamiento de Berenguer, su sustitución en la Alta Comisaría por el general Burguete y, parlamentarizando el problema, que el expediente fuera sustanciado por las Cortes, que nombrarían para ello la oportuna Comisión especial. Burguete era partidario de acabar la guerra mediante el soborno de las cabilas, lo que implicaba confesar el fracaso de la solución militar; y de ahí que las acciones bélicas quedasen reducidas a lo estrictamente indispensable. Pero, como cabía imaginar, esta humillación provocó el profundo disgusto de los militares "africanos" y, especialmente, de quienes habían creado allí las mejores tropas de choque (los Regulares y la Legión). Sánchez Guerra no tardó en caer. Cuando la Comisión parlamentaria designada para sustanciar el expediente Picasso no llegó a una decisión acorde, la controversia provocó la crisis gubernamental. Al liberal García Prieto, presidente del último Gobierno constitucional, se le ofrecía un difícil panorama.La opinión pública se encontraba molesta por la forma como se llevaba el asunto de las responsabilidades; la oposición política quería aprovechar la coyuntura para involucrar en el descrédito tanto al Ejército como al monarca; y, por último, el descontento de los militares iba en aumento. En efecto, los "africanos", que eran partidarios de lanzarse inmediatamente a la conquista de Alhucemas, se sintieron ofendidos por la designación de un civil, Luis Silvela, para la Alta Comisaría; se indignaron cuando el Gobierno encomendó al millonario vasco Horacio Echevarrieta que había comprado las acciones alemanas en las minas del Rif negociar con Abd elKrim el rescate de sus prisioneros; y se sintieron heridos en su honor por las campañas de desprestigio organizadas contra ellos, con el consentimiento tácito del Gobierno. liste no dio la menor satisfacción al ejército de A. Por el contrario, rechazando el avance sobre Alhucemas que ahora patrocinaba el jefe de la Comandancia de Melilla, general Martínez Anido, ordenó un repliegue de las líneas. Más aún: como los envíos de tropas a Á.’ocasionaban mavimientos de protesta como el conato de sublevación en Málaga, fueron suspendidos por el Gobierno, que daba así una prueba de debilidad contra la que protestó enérgicamente el capitán general de Cataluña, Primo de Rivera (v. PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA, MIGUEL). Poco después, el propio Primo de Rivera ponía fin al régimen constitucional con el golpe de Estado del 13 sept. 1923.La acción militar de la Dictadura. Inicialmente, Primo de Rivera era partidario del abandono de Á., propugnado por muchos políticos. Y, sin embargo, sería 61 quien cambiara radicalmente el planteamiento de la g. de A. Nombró a Aizpuru alto comisario, se hizo cargo personalmente del mando militar y visitó el Protectorado para recoger las opiniones de los jefes militares (julio de 1924). El temor de que se produjera un alzamiento general de las cabilas se hizo realidad en agosto de 1924. La situación se hizo grave, pues los moros estaban mejor armados y aprovisionados que nunca. El dictador acudió de nuevo a Marruecos; ordenó el repliegue general hacia la línea "Primo de Rivera", paralela a la costa en las zonas de Ceuta, Tetuán y Melilla (septiembre); evacuó Xauen (diciembre), y suprimió 180 posiciones más. Cuando tan cerca se había estado de que se repitieran los desgraciados sucesos de 1921, el éxito de la retirada no dejaba de ser alentador y más aún si se tiene en cuenta que, a partir de entonces, las tropas españolas se encontraban protegidas detrás de una sola y segura línea.Con todo ello cambió la orientación de la g. de A. y del propio Primo de Rivera que, de una actitud defensiva, pasó a la idea de derrotar a Abd elKrim. Éste había conseguido vencer a Raisuni, sometiendo Yebala (febrero 1925); y, envalentonado por el triunfo, cometió el error de atacar la zona francesa (abril). Esta agresión determinó el acuerdo hispanofrancés, países que hasta entonces no habían colaborado entre sí, por lo cual Abd elKrim podía ser abastecido desde el Marruecos francés. El hecho es que, en la Conferencia de Madrid, que terminó con el acuerdo de 25 jul. 1925, ambos países se comprometían a no firmar la paz por separado con Abd elKrim, a suprimir el contrabando en Tánger, a permitir recíprocamente el derecho de persecución y a delimitar precisamente la frontera. En la Conferencia de Algeciras (21 ag. 1925), Primo de Rivera y Pétain prepararon el plan de campaña que se inició con el feliz desembarco de Alhucemas (8 de septiembre), continuó con la marcha hasta Áxdir, la capital de Abd elKrim (2 octubre), y terminó con el establecimiento de una línea desde Monte Palomas a la Rocosa. El 2 nov. 1925, concluida la acción principal, Primo de Rivera dejó el mando del ejército, después de recibir la Laureada, en el apogeo de su prestigio.El fin de la guerra. Quedaba la tarea de acabar rdn Abd elKrim y a ello se dispusieron franceses y españoles. El plan se preparó en Madrid, por Pétain y Primo de Rivera (febrero 1926). Y, aunque el rifeño, para ganar tiempo, solicitó la celebración de una conferencia con Francia y España, ésta se interrumpió (mayo) al mes de iniciarse, reanudándose la lucha. Su resultado fue la total derrota de Abd elKrim, que se entregó a los franceses, los cuales lo confinaron en la isla de La Reunión.El resto fue más fácil, cuando Primo de Rivera se decidió por la total ocupación militar. En la segunda mitad de 1926 se estableció la comunicación entre las dos zonas del Protectorado español, se ocupó Xauen y se dominaron 62 de las 66 cabilas existentes en el territorio encomendado a España. Las restantes serían sometidas en la primavera de 1927. El problema marroquí, obsesión española desde 1909, quedaba resuelto: los reyes visitaron el Protectorado a primeros de octubre de 1927 y el día 12 se creó la Medalla de la Paz de Marruecos.V. t.: ALFONSO XIII DE EsPAÑA.O. GIL MUNILLA.
BIBL.: ESTADO MAYOR CENTRAL DEL EJÉRCITO, Historia de las campañas en Marruecos, Madrid 1947; E. BUENO Y NúÑEZ DE PRADO, Historia de la acción de España en Marruecos desde 1904 a 1927, Madrid 1929; F. BASTóN ANSART, El desastre de Anual, Barcelona 1922; VIZCONDE DE EZA, El desastre de Melilla, Madrid 1923; E. AYENSA, Del Desastre de Anual a la Presidencia del Consejo, Madrid 1931; F. HERNÁNDEZ MIR, La Dictadura en Marruecos. Del desastre a la victoria, Madrid 1930.
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