Acueducto TECNOL.
Categoria:
Tecnología
Construcción destinada a la conducción de aguas, por canales subterráneos o a cielo abierto o soportados por estructuras de pilastras o arcos.Grecia. El agua fue una de las necesidades esenciales de las ciudades y se llevó hasta ellas desde largas distancias, consumiéndose a través de fuentes (adornadas arquitectónicamente desde el s. VI) dedicadas a las ninfas o a dioses, pozos y cisternas. En Frontino y Vitrubio (v.) hallamos textos sobre a. La técnica de ingeniería la tomaron de Oriente; conducciones subterráneas que seguían la disposición del suelo provistas de pozos verticales de aireación a distancias regulares, llevaban el agua con la inclinación requerida. Son famosas las conducciones a las fuentes de Micenas y el desagüe del lago Copais, en Beocia, que hizo la riqueza de Orcomenos. Uno de los prototipos, citado por Polibio, es la conducción desde el Tauro a Hecatompilos, residencia de los Arsácidas, y otro la red de aguas de Palmira, en el desierto sirio. Aparte de los ejemplos literarios de Cadmo en Tebas o Danao en Argos, se conoce el a. de Samos celebrado por Heródoto como obra excepcional de la arquitectura griega, con galería de siete estadios, 2,48 m. de alto y otro tanto de ancho y canal en el suelo de 0,23 por 0,93 m., debido al arquitecto Eupalino (522 a. C.). Aparte de la famosa fuente Pirene en Corinto, la Castalia de Delfos, la monumental de Teágenes en Megara, la de Aretusa en Siracusa o la de Cirene de la Tróade, en la que se conservan los tubos de barro cocido de la conducción, son importantes los a. de Atenas, usados aún en parte en la ciudad moderna, realizados en tiempo de los Pisistrátidas, que llevaban las aguas del Himeto, el Pentélico y el Licabeto hasta el Ágora, pasando algunos de los canales de roca, en tres niveles, bajo el Iliso, corrigiendo así la escasez de las fuentes (Clepsidra en la Acrópolis, Calímoe del Himeto) y llegando parte de las aguas al Cerámico y hasta el Pireo.Roma. Los romanos heredaron de los etruscos la experiencia en conductos para desagüe del lago Albano (2.500 m. de largo con pozos de ventilación). Introdujeron las estructuras sobre arcos para atravesar valles o desniveles y una técnica complicada de ingeniería de la que conservamos muchos textos y restos arqueológicos. Normalmente la conducción no se hacía a presión, sino en canales abiertos o subterráneos de mampostería, tubos de plomo o de cerámica, según Vitrubio, lo que obligaba a evitar pendientes desfavorables y cambios bruscos de velocidad del agua, conservando el canal a nivel más alto que el depósito distribuidor; el punto débil estaba en la falta de impermeabilidad de las paredes que se corregía, en parte, con un revestimiento de cal y puzzolana (opus signinum) y que obligaba a permanentes obras de entretenimiento y reparación, hasta el punto de que los a. de Roma, que llevaban a la ciudad durante el Imperio más de un millón de metros cúbicos de agua, quedaron inservibles en la Edad Media.El agua se recogía, a veces, a mucha distancia; el a. de Cartago partía del monte Zaguan, a 132 Km. Se captaban por galerías subterráneas desde las fuentes o bien de las corrientes por medio de diques de derivación, de lo que tenemos importantes ejemplos en Argelia y Túnez. El curso de agua podía ser cortado en sentido perpendicular a la corriente o partiendo de depósitos artificiales, como el de Kasrin, antigua Cilium, en Túnez. Se acumulaba así el agua en un depósito (castellum, caput aquae), de donde partía el canal (specus) que, cuando era subterráneo, se ventilaba por aberturas o respiradores (lumen, spiramen) y por pozos de vigilancia (putei), como los de Dugga, en Túnez, que según Vitrubio debían practicarse a distancias regulares (240 pies). Los montes se atravesaban por galerías subterráneas (cuniculi) y los valles sobre muros plenos o arquerías (substructiones, arcuationes); la pendiente (libramentum, vis currendi) era escasa, pero variable entre un pie por cien y un pie por mil y, para evitar que fuese mayor, se alargaban los recorridos de los canales (p. ej., el de Nimes, con el famoso Pont du Gard, era cerca del doble del trazado directo). El specus era muy especial en Patara (Asia Menor), donde se formaba por piedras calizas perforadas cilíndricamente en el centro y adosadas luego. Era muy frecuente el uso del sifón, normal o invertido, como en el ejemplo últimamente citado; también se usó en Termini Imerese, Caerwent, Angitia, Aspendos (Panfilia) doblado en ángulo, el de Metz que llevaba a la naumaquia, Alatri (184 a. C.), el de Constantina o uno de los de Lyon, de época imperial, todo él sobre substructiones y arcuationes; en algún caso el mismo muro sostenía varios canales superpuestos; así, la puerta de San Lorenzo, en Roma, soportaba de arriba abajo los conductos de las aquae Iulia, Tepula y Marcia.Al llegar a la ciudad, las aguas pasaban a ’un castellum aquae y a una piscina limaria, donde se purificaban por decantación, y luego a un emissarium o castellum divisorium (de lo que tenemos un bello ejemplo en Nimes) desde donde se hacía el reparto del líquido por tubos, midiéndose la distribución por quinarios y dígitos (un digitus tenía 0,019 m. de diámetro).La construcción de los a. se confió durante la República a los censores, quienes utilizaban fondos públicos y actuaban por orden del Senado. Agripa se distinguió en estas tareas en tiempo de Augusto. La construcción se protegía por expropiaciones del terreno que ocupaba, más una franja vecina, marcándose límites de servidumbre colindante para evitar daños. La ley Quinctia defendía específicamente los a. El año 12 Augusto instituyó el cargo de curator aquarum asistido por una numerosa officina de técnicos. El agua era pública y gratuita y sólo muy excepcionalmente se hacían concesiones a particulares, midiéndose el agua que podían aprovechar por una especie de contador.Los a. de Roma fueron: Aqua Appia (312 a. C.), 16,5 Km. de longitud, obra de Appio Claudio el Ciego, con una corta parte de su recorrido sobre arcos; Anio Vetus (272 a. C.), 60 Km. partiendo del río Anio, realizado por M. Curio Dentato y Fulvio Flacco, con parte del botín tomado a Pirro; Aqua Marcia (144 a. C.), 90 Km. de los que 11 corrían sobre estructuras lo suficientemente elevadas como para que el agua llegase hasta la cumbre del Capitolio y obra de Q. Marcio Rex; Aqua Tepula (125 a. C.), que iba desde el campo de Lúculo al Capitolio, realizado por Cn. Servilio Caepión y L. Cassio Longino, uniéndose con el Aqua Marcia por canal separado y sostenido por las mismas substracciones; Aqua Iulia (33 a. C.), 18 Km., y Aqua Augusta, obra de Octavio Augusto, quien el 34 a. C. construyó en Roma 700 estanques (lacus), 105 fuentes con surtidores (salientes) y 130 depósitos (castella), más 170 baños de uso gratuito; para resolver tan gran demanda de agua, Agripa reparó los antiguos a. el 35 a. C. y llevó el Aqua lulia por un nuevo conducto sobre el Aqua Marcia, tomando origen del valle entre Tusculum y el lago Albano; el Aqua Virgo (22 a. C.), 26 Km., hasta el Campo de Marte y el barrio Este del Panteón, reparado por Claudio; Aqua Alsietina (2 a. C.) con líquido de mala calidad que servía a la naumaquia del Transtíber y al riego de jardines y procedía del lago Martignano (Alsietinus); Aqua Claudia, 68 Km., que llegaba a cobrar una altura de 47,5 m. sobre el Tíber y que se unía a 7 Km. de Roma con el Anio Novus (ca. el 52 d. C.), comenzado por Calígula y terminado por Claudio. Aparte de estos nueve a. citados por Frontino, curator aquae, bajo Nerva y Trajano, existieron el Aqua Cracra, que no llegó hasta Roma, desviándose hacia Tusculum; Aqua Trajana, tomada del lago Bracciano, que iba hasta el Janículo y el Transtíber, y Aqua Alexandrina, que servía las termas de Severo Alejandro. Caracalla y Diocleciano llevaron el Aqua Marcia hasta sus monumentales termas. Parece que la entrada de agua en Roma, en tiempo de Nerva, fue de 700.000 m3, pero en otros tiempos del Imperio la cantidad fue mucho mayor. Procopio cuenta que cuando Vitiges sitió a Roma el 537, había 14 a. En determinados puntos los a. romanos tenían gran carácter monumental, como la Porta Maggiore, con dos arcos y triple inscripción. Algunos a. se usaron hasta tiempos modernos; así el Aqua Vergine o de Trevi, antigua Aqua Virgo, reparado por Nicolás V, Sixto IV y Pío IV, el Aqua Alexandrina, renovado por Sixto, V y el Aqua Paola, antigua Alsietina, restaurado por Paulo IV.En las provincias hubo numerosos a. con largos trazados y puentes monumentales, de todas las épocas; baste citar el de Cartago, del tiempo de Adriano, y el de Cherchel, en África; los de Meso y Aspendos, en Asia Menor; los de Adriano y Constantino, en Constantinopla, renovados por Valente y Justiniano; en las Galias hubo tres en París, cinco en Lyon, con obra de ingeniería muy complicada, y el famoso de Nimes (Nemausus), tendido sobre el río Gardon por un puente espectacular de tres series de arquerías superpuestas que miden 49 m. de altura y 273 de largo. En total pasan de un centenar los a. romanos que se conocen en el Viejo Mundo.Hispania. Hay muchas noticias sobre conducciones de aguas y copiosos restos arqueológicos. Los más importantes son el de Segovia, supuesto de tiempos de Augusto pero seguramente obra de Trajano, de 16 Km. de largo, desde el SE de la ciudad, en la Fuenfría, hasta el castellum llamado El Caserón; aquí se inicia una arquería de .813 m.que atraviesa el vallecillo del Azoguejo en línea quebrada y ángulo obtuso; es de piedra de sillería granítica, sentada en seco, con dos órdenes de arcos, de 7 m. de altura total en el arranque y 28,50 en la parte más alta y arcos, en este punto, de 4,5 m. de luz, que sostienen una cartela que tuvo una inscripción con letras de bronce. En el s. XV se restauraron algunos arcos y hoy su conservación es excelente. Se han eliminado algunas casas que estorbaban su contemplación.El Puente de las Ferreras o del Diablo de Tarragona, está a 4 Km. al NE de la ciudad; de 25 Km. de longitud, conducía las aguas del Gayá hasta la muralla, paralelo a la cual corría el specus, revestido de cemento, que penetraba por la puerta del foro alto; tiene dos órdenes de arcos de 200 m. de largo y 26 m. de altura máxima y arcos de 6,40 m. de luz; los pilares bajos están reforzados y la línea superior está ligeramente curvada, presentando el saliente a la parte más alta del valle. Se supone que es de los primeros tiempos del Imperio, posiblemente de época de Trajano. En la partida de Los Bañales, cerca de Sádaba, término de Uncastillo (Zaragoza) quedan los restos de un a. con 20 pilastras de sillería, sin arcos ni trazas del specus que llevaban el agua a unas termas cuyos restos se conservan. La localidad es la supuesta Clarina o Aquae Atilianae y de su importancia es testigo una alta columna del foro. Emerita Augusta (Mérida) celebró en sus monedas con reproducciones, la fundación de varios a., de los cuales se conservan tres. El de Los Milagros, al NE, sobre el río Albarregas y paralelo a un puente romano, midió 827 m. de largo y se originaba en el pantano llamado de Proserpina, en la sierra de Carija, a 5,5 Km. de la ciudad, con specus subterráneo hasta el castellum de arranque del a.; tuvo tres órdenes de arcos, de los que se conservan 38 pilares, con una altura máxima de 25 m.; está construido con piedra blanca y ladrillo rojo, en cinco hileras alternadas sobre alma de hormigón, lo que produce singular efecto; es importante por su posible repercusión en la arquitectura medievpl; forma un ángulo obtuso en su trazado. El de San Lázaro, de 6 Km., al NE, con la misma arquitectura, lo conocemos por sólo dos arcos y tres pilares; llevaba el agua desde el valle de las Tomas. Finalmente, cerca del anfiteatro, al NE, se advierten los restos de un tercer a., que tomaba sus aguas del pantano de Cornalvo.Hasta Híspalis (Sevilla) llegaba el agua desde Alcalá de Guadaira por un conducto en gran parte subterráneo y sobre 401 arcos de ladrillo (Caños de Carmona), en dos órdenes superpuestos, muy modificados por diversas restauraciones desde la época árabe. Otros restos y noticias hay de Almuñécar (Granada) con un solo orden de arcos, canal abovedado y torres de ventilación; de Barcelona, Sagunto, Coria, Cartagena (donde una lápida habla de sus filtros y las monedas aluden a él), Cella (Teruel), con canal elevado por el interior de un acantilado en el valle del Guadalaviar, y de Chelva, donde se conserva el descrito por Laborde, que atravesaba la roca perforada en diversos lugares para dejarle paso, con pozos de ventilación y comunicación del canal con el exterior por medio de escaleras.A. BELTRÁN MARTÍNEZ.
BIBL.: SEXTO lumo FRONTINO, Aquaeductus (98 d. C.); VITRUBIO, 8, 5, 1; TH. AsHBY, The Aqueducts of Ancient Rome, OXford 1935; E. B. YAN DEMAN, The building of the Roman Aqueducts, Washington 1934; P. GAUCKLER, Installations hydrauliques romaines en Tunisie, Túnez 18971904; J. R. MÉLIDA, Monumentos romanos de España, Madrid 1925, 29.
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