Action Franoçaise POLÍTICA
Categoria:
Política
Movimiento intelectual y político francés, que desde la última década del s. XIX hasta la II Guerra mundial influyó considerablemente entre grandes sectores de católicos. El movimiento se presentaba como un intento de restauración del espíritu nacional y para ello promovía el restablecimiento de la monarquía y la vuelta a los valores tradicionales de Francia. Bajo el mismo nombre se conocen también sus principales órganos de expresión: la "Rev. d’Action Frangaise" (quincenal, fundada en 1899) y el diario L’Action Frangaise (fundado en 1908).El origen del ideario de la A. F. podemos verlo en la abundante literatura dedicada en el último cuarto de siglo a profundizar en las causas del desastre francés en la guerra francoprusiana (187073). La pujanza creciente del vecino Imperio alemán en todos los órdenes mantuvo constantemente viva esa preocupación, y un grupo de pensadores de formación positivista Renan, Taine, etcétera coincidirían en la práctica con otros, entre ellos diversos católicos, en atribuir la debilidad de Francia y el descenso de su papel en el mundo al espíritu revolucionario que consideraban utópico y socialmente disolvente.Como grupo social autónomo, la A. F. nació en 1899, fundada por Henri Veugeois, reuniendo a activistas y escritores que habían militado en el nacionalismo y se habían opuesto con rigor a la revisión del proceso de Dreyfus (v.). De entre todos destacará Charles Maurras (v.), escritor prolífico y polemista brillante, que será el máximo teorizador del movimiento y ejercerá su jefatura. El pensamiento de Maurras y sus colaboradores L. Daudet, J. Bainville, H. Massis, etc., que contribuyeron eficazmente a amplificarlo y divulgarlo no fue expuesto nunca en sistema cerrado, sino a lo largo de una abundante literatura periodística y de ensayo, al compás de múltiples incidencias políticas, pero tiene sin duda una fuerte unidad de inspiración.La doctrina políticosocial de A. F. puede ser resumida así: a) Insistencia en la necesidad de una fuerte descentralización, concibiendo a la nación como un conjunto de repúblicas; b) Valoración de las culturas regionales, cuya vida se considera necesario potenciar; c) Afirmación del sentimiento nacional; d) Consideración de la monarquía como forma de gobierno inseparable del ser histórico de Francia; e) Propugnar un gobierno centrado en el monarca, junto al cual existe no un parlamento sino un conjunto de consejos, de acuerdo con la fórmula "el rey en sus estados; el pueblo en los consejos"; f) En lo económicosocial defiende un corporativismo (v.).El movimiento de A. F. tuvo un gran auge en los primeros decenios del s. XX, entrando en decadencia a partir de los años 20 y desapareciendo prácticamente con la II Guerra mundial y las incidencias del régimen de Pétain (v.) o de Vichy, al cual apoyaron algunos de los representantes del movimiento. En esa decadencia influyeron diversos factores, que van desde los cambios sociales ocurridos durante esas fechas hasta la condena del movimiento por la Santa Sede. Detengámonos a exponer este último punto, y para ello refirámonos a la visión del catolicismo que tenía Maurras.Como pensador positivista, influido por Comte, Maurras mantiene la primacía de lo social sobre lo individual y, valorando lo existente concreto, identifica lo social con las naciones. De aquí deducirá una actitud ante la vida en la que la primacía absoluta la tendrá el servicio a los intereses nacionales, o nacionalismo integral. Por otro lado, la definición de los "intereses nacionales" se hace según criterios naturalistas y transpersonalistas. Todas las corrientes culturales que debilitan los lazos sociales y defienden una superioridad, mejor o peor fundada, del individuo sobre la sociedad, como el individualismo roussoniano, la moralidad kantiana, la concepción romántica del amor y la’ versión popularizada de estos elementos en la ideología del partido radical francés, reciben la hostilidad implacable de Maurras. En el cristianismo en general, Maurras que personalmente se profesaba agnóstico ve una amenaza de evasión antisocial del individuo, especialmente en sus formas protestantes. No obstante, Maurras hace una excepción a favor del catolicismo, que piensa ha sabido reglamentar y disciplinar la intimidad gracias al ejercicio constante del poder magisterial y disciplinario, y en su virtud se ha convertido en un factor históricocultural de valor social positivo. El catolicismo romano añade debe este sentido de lo concreto y social a su espíritu mediterráneo, que contrasta con la vaguedad intimista de lo gótico, y supera la inquietud anarquizante del profetismo judío.Como se ve su visión del catolicismo es deformada y ambigua. Ello no impidió que Maurras tendiera la mano a los católicos que, hostilizados duramente por el régimen francés de la III República, se congratularon de tener a su lado un grupo de pensadores jóvenes, dinámicos y brillantes, aunque Maurras fuera escéptico, así como algunos de sus más íntimos colaboradores, y su fuente de inspiración fuera naturalista. Las repercusiones de la crisis modernista (v. MODERNISMO TEOLÓGICO), la política anticatólica del presidente Combes, algunas reacciones ante la condena de Le Sillon (v. FRANCIA V), son acontecimientos con ocasión de los cuales varios grupos de católicos se adhieren a la jefatura de Maurras. Por otro lado éste extrema su respeto a la Iglesia, corrige algunas expresiones de sus anteriores obras y procura el asesoramiento de teólogos.No obstante, debido a frecuentes denuncias, Pío X encarga al Santo Oficio que dictamine sobre la obra escrita de Maurras, y este Dicasterio redacta un documento, el 26 en. 1914, prohibiendo siete de sus libros y la revista; pero no el diario. El Santo Padre retuvo la publicación del decreto, así como su sucesor Benedicto XV. Pío XI (192239) cree en cambio oportuno revisar la situación y provoca al card. Andrieu, arzobispo de Burdeos, a que exprese públicamente las críticas que pueden hacerse a la A. F., sosteniendo al Prelado cuando, a raíz de sus intervenciones se desata una fuerte polémica y es atacado acremente por diversos miembros del movimiento. Finalmente, Pío XI avoca a sí el estudio de la causa y el 26 dic. 1926 decide hacer público el texto condenatorio del decreto del Santo Oficio de 1914, ratificándolo y condenando al diario L’Action Frangaise por su actitud indisciplinada frente a Roma durante la polémica.La condena de Roma suscitó una vivísima emoción en Francia y una sucesión de incidentes ruidosos tales como la dimisión del card. Billot, que apoyaba a la A. F., y dio lugar a crisis, en más de un caso profundamente dolorosas, así como a diversos cambios en los cuerpos directivos de las organizaciones y movimientos eclesiásticos. Provocó además una abundante literatura, criticando la decisión pontificia o defendiéndola y explicando los motivos y razones en las que se funda, que tiene interés desde el punto de vista doctrinal, ya que contribuyó a precisar el valor de las decisiones disciplinares de la Santa Sede y el ámbito de su jurisdicción en el terreno de las realidades temporales.Durante el pontificado de Pío XII (193958), después de que el comité directivo de la A. F. rechazó públicamente los escritos erróneos y todo precepto o teoría contrarios a las enseñanzas pontificias, fue levantada la condena romana.R. GUTIÉRREZ NIETO.
BIBL.: A. DANSETTE, Histoire Religieuse de la France contemporaine, París 1951; 1. ROGER, Las ideas políticas de los católicos franceses, Madrid 1953; N. FONTAINE, SaintSiége: Action franpaise et catholiques integraux, París 1928; I. MARiTAiN, P. DONCOEUR y oTRos, Pourquoi Rome a parlé, París 1927; M. Pulo, Comment Rome est trompé, París 1929; V. BERNADOT y OTROs, Clairaoyance de Rome, París 1929.
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