Sensismo I. Estudio General.
Concepto. Se designa con este término la doctrina filosófica que reduce el conocimiento humano al sensitivo. Se trata, por tanto, de una posición epistemológica, enfrentada radicalmente a todo intelectualismo (v.) -y más aún, como es de suponer, al racionalismo (v.) y al idealismo (v.)-, y diferente incluso del empirismo (v.). En castellano (y en italiano), distinguimos entre las palabras "sensismo" y "sensualismo" (v.). Con esta última designamos más bien un sistema moral que una actitud epistemológica. Sensualismo es la doctrina ética que defiende la primacía de la sensualidad en la conducta humana. En francés, inglés o alemán, las voces respectivas sensualisme, sensualism y Sensualismus denotan primariamente la teoría gnoseológica que nosotros denominamos s. Con ese término se designa, además de una teoría, unaescuela, cuyo principal representante es Condillac (v.; 1715-80).
El s., en cuanto doctrina, niega que en el hombre haya otro conocimiento que el sensitivo; rechaza, pues, el conocimiento intelectual como superior, e incluso como distinto, del sensitivo (v. CONOCIMIENTO I, 6-7). El error del s. no está en afirmar que nuestros conocimientos tienen su origen en el conocimiento sensible, lo cual es cierto, sino en sostener que estos conocimientos no encierran nada que no sea de naturaleza sensible.
El s. guarda cierta relación con el empirismo y el positivismo (v.), pero no se confunde con ninguno de ellos. El hecho de que estas palabras designen también escuelas, además de actitudes, puede, sin embargo, introducir cierta confusión, ya que, indudablemente, entre los pensadores caracterizados de las escuelas empirista y positivista hay algunos decididamente sensistas.
El empirismo es, fundamentalmente, una doctrina gnoseológica que concede la primacía en el conocimiento humano a la experiencia sensible. Rechaza radicalmente las ideas innatas, y afirma con extremo rigor que nada hay en el entendimiento (v.) que no esté en los sentidos (v.). Pero no entraña formalmente la negación del conocimiento intelectual, ni reduce la conciencia (v.) a mera sensibilidad, aunque en Hume (v.; 1711-76) se presente próximo a tales tesis. El positivismo, por su parte, es una teoría epistemológica que defiende la necesidad de superar todo planteamiento trascendental y de considerar conocimiento científico sólo aquel que discierne relaciones empíricas entre los fenómenos; a la filosofía entonces no le queda otro papel que el de reasumir e interpretar los resultados de las ciencias positivas. El dato sensible adquiere aquí un valor de primer orden. Tampoco en el positivismo, sin embargo, hay una radical negación del conocimiento intelectual, ni, por consiguiente, una reducción de la conciencia a pura sensibilidad, aunque Stuart Mill (v.; 180673) y Russell (1872-1970) se hayan expresado en algunas ocasiones con frases de acusado sabor sensista.
Resumen histórico. Las raíces del s. se encuentran ya en los sofistas (v.). Según el testimonio de Platón (Teeteto, 151e-152a), para Protágoras (v.) el conocimiento consiste en la sensación (v.), por lo que, dado que "el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son, y de las que no son en cuanto no son", todo es verdadero. Platón (v.) mismo replicará por boca de Sócrates (v) a ese relativismo sensista. Zenón de Citio (s. IV-III a. C.) continúa en buena parte este subjetivismo sensista. Para él, la mente humana es de suyo pasiva, por lo que el conocimiento casi se reduce a la representación sensible (v. ESTOLCOS, I). De todas formas, el fundador de la escuela estoica admitirá una cierta distinción entre la impresión sensible y la auténtica percepción (v.), que es fruto también de la comprensión o asentimiento de la mente (v.).
En el Renacimiento, Campanella (v.; 1568-1639) asumirá esta teoría, ampliándola a nivel cósmico. El dominico italiano afirma que "scire esi sentire", esto es, que ciencia (v.) y sensación se confunden. No hay distinción entre sentidos e intelecto, pues "el sentido es un intelecto próximo" y "el intelecto es un sentido alejado" (Del senso delle cose, Bar¡ 1925, 106). También Campanella, sin embargo, distingue la auténtica percepción de la mera impresión sensible. Sensista es también en buena parte Hobbes (v.; 1588-1679). Hay en él una clara reducción de lo psíquico a lo fisiológico, y de lo fisiológico a lo físico: "... no siendo la vida más que un movimiento de miembros cuyo comienzo se halla en alguna parte principal de ellos, ¿por qué no podríamos decir que todos los autómatas (ingenios que se mueven a sí mismos por medio de resortes y ruedas como lo hace un reloj) tienen una vida artificial?" (Leviathan, intr.). Aunque con vacilaciones, también Gassendi (1592-1655) defiende tesis sensistas: "¿Qué es la idea de una cosa sino la imagen de esa cosa?... ¿Es que hay, pues, alguna diferencia entre la imaginación, que nos hace percibir las cosas por imágenes, y el entendimiento, que nos hace percibir cosas por imágenes?" (Disquisitio metaphysica, París 1962, 245).
El s., sin embargo, alcanza su plenitud en el pensamiento de Condillac, sobre todo tal como aparece expuesto en el Traité des sensations (1754), obra escrita con una claridad admirable, que es como un manifiesto de la escuela, y que ha quedado hasta hoy como la más perfecta exposición del s. Condillac (v.) considera que el análisis (v.) es el método (v.) por excelencia de la filosofía, puesto que es la única forma de llegar al verdadero conocimiento de cualquier realidad. Para saber lo que es un reloj, p. ej., no basta con echarle una ojeada; es preciso descomponerlo para recomponerlo, conocerlo en todos los elementos que lo constituyen. Idéntica operación es necesaria para conocer cualquier otra cosa. Y en eso consiste el análisis. En el Tratado de las sensaciones, Condillac, con el fin de comprender al hombre, considera conveniente prescindir del hombre tal como es, e imagina una estatua, a la que poco a poco se la irá dotando de sensaciones hasta que, una vez con todos los sentidos en funcionamiento, quede transformada en persona.
"Para alcanzar este objetivo, imaginemos una estatua organizada interiormente como nosotros y animada de un espíritu privado de todo tipo de ideas. Supongamos aun que su exterior, todo de mármol, no le permite el uso de ningún sentido, y reservémonos la libertad de abrírselos a nuestra elección a las diferentes impresiones de que son susceptibles... Este plan es nuevo, y pone de manifiesto la simplicidad de los caminos del autor de la naturaleza. ¿Puede no admirarnos que no haya sido preciso sino colocar al hombre sensible ante el placer y el dolor para hacer nacer en él las ideas, los deseos, las costumbres y las capacidades de todo tipo? ...". "Pero, se dirá, los animales tienen sensaciones, y, sin embargo, su alma no tiene las mismas facultades que la del hombre. Esto es cierto, y de ello dará razón suficiente la lectura de esta obra. El órgano del tacto es en aquéllos menos perfecto; y, como consecuencia, no puede ser para ellos la causa ocasional de todas las operaciones que se advierten en nosotros. He dicho causa ocasional, puesto que las sensaciones son las modificaciones propias del alma, y los órganos no pueden ser sino ocasión" (o. c., "Aviso importante al lector").
Condillac nos conduce paso a paso a través de lo que podríamos llamar desarrollo fisiológico-psíquico de la estatua. Primero pone en funcionamiento el sentido del olfato, que para él es el inferior de todos; y a partir de ahí surgen ya el gozo y el dolor, la atención (v.) y el deseo, la memoria (v.), la comparación (entre los olores) y el juicio (v.), la reflexión (v.) y la imaginación (v.), el razonamiento (v. RAZÓN), las pasiones (v.). Todavía de un modo vago y difuso, puesto que todo ello responde a un solo -e imperfecto- sentido. Pero ahí está ya toda esa gama de fenómenos psíquicos, que, por lo demás, no sobrepasan el plano de la sensación. La puesta en marcha de los demás sentidos completarán la obra. La vista, el oído, el gusto y el olfato no dan, sin embargo, más que cualidades específicas. Sólo el tacto nos pone en contacto con el mundo exterior como tal, y es por ello el queenseña a los demás sentidos a juzgar que las cualidades sensibles (v.) proceden de cuerpos externos. El tacto es el único sentido que nos dice algo que no puede ser simple modificación subjetiva. La costumbre hará luego que atribuyamos a los otros sentidos lo que debemos sólo al tacto. Todas las ideas y operaciones humanas no son, pues, sino sensaciones transformadas. No es posible trascender el plano de la pura sensibilidad. Intentarlo es perderse en cuestiones vanas.
V. t.: SENSUALISMO.
ANTONIO DEL TORO.
BIBL.: A. BARATONO, Il mondo sensibile, Méssina 1934; R. BIZARRI, Condillac, Brescia 1945; C. CAPONE BRAGA, La filosofía francese e italiana del Settecento, 3 vol. 3 ed. Padua 1947; E. CASSIRER, El problema del conocimiento en la filosofía y en la ciencia moderna, 4 vol. 2 ed. México 1963 ss.; íD, Filosofía de la Ilustración, México 1943; 1. MARÉCHAL, El punto de partida de la Metafísica, 5 vol. Madrid 1957-59; P. SALZI, La génése de la sensation dans ses rapports avec la théorie de la connaissance de Protagoras, Platon et Aristote, París 1934; E. TROILO, La teoría della conoscenza nei moderni precursori di Kant, Turín 1904.
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