Estados Unidos de América Del Norte. Filosofia.
La filosofía en EE. UU. no goza de una tradición continua ni homogénea. El mayor influjo ha venido casi siempre de Inglaterra. Algunas de las primeras figuras, como Alfred North Whitehead (v.); han sido extranjeras.
Puritanismo. El calvinismo (v.), que no es filosofía sino teología, ha sido desde el s. xvii una fuerza potente en EE. UU. La versión puritana del calvinismo afirma que el hombre está predestinado a la salvación o perdición; Dios pacta con los hombres mediante alianzas (covenants), que sellan la salvación de grupos eclesiales. El puritanismo ponía gran énfasis en la Biblia y, por consiguiente, en la educación, al menos en la educación en grado suficiente para poder leer la Biblia; en el caso del clero ello suponía un dominio del latín, griego y hebreo. Existía una teología muy desarrollada ya en el s. xvii, pero a diferencia de la escolástica (v.) era una teología que se ceñía estrictamente a la exégesis de textos bíblicos, careciendo de especulación de índole más metafísica. La vida filosófica de EE. UU. hasta 1850 tiende a ser puramente anecdótica.
Una derivación bastante superficial de la teología puritana llevó al cultivo de las ciencias naturales. Se confiaha en que la alianza entre el hombre y Dios llevaría a un comportamiento regular de éste, y por consiguiente, a la existencia de unas leyes fijas en la naturaleza, cuyo descubrimiento glorificaría a Dios. Esta mentalidad recibió con interés las especulaciones de Newton (v.); con ese interés se mezclaba un sentimiento antimedieval, es decir, anticatólico e incluso antianglicano, que veía a Newton como una refutación de Aristóteles (v.) y sus seguidores escolásticos.
El primer texto filosófico escrito en los actuales EE. UU. se tituló Elementa Philosophiae; se publicó en Filadelfia en la imprenta de Benjamín Franklin, que más tarde sería gran estadista. Su autor era Samuel Johnson (1696-1772), clérigo congregacionalista, contemporáneo del literato inglés del mismo nombre. El más famoso de los pensadores puritanos fue Jonathan Edwards (1703-58), discípulo de Samuel Johnson. Edwards, famoso predicador, intentó poner el empirismo inglés al servicio de la religión, igual que su maestro. Cadwallader Colden (1688-1776) es el primer pensador estadounidense que se interesó primariamente por la filosofía de la naturaleza. Era newtoniano, al contrario de Edwards y del idealista inglés George Berkeley (v.), que residió en Rhode Island algún tiempo como misionero entre los indios. Colden destacó también por recomendar que se evitasen excesos de entusiasmo, incluso en materia de religión.
Los puritanos consiguieron fundar una teocracia en Nueva Inglaterra, que duró hasta después de la guerra de Independencia. La herejía era delito civil y la rebelión contra la autoridad civil constituida era poco menos que herejía. Por otra parte, los puritanos organizaron una curiosa mezcla de democracia y autoritarismo. Sus iglesias eran casi completamente autónomas, pero cada parroquia tenía una fuerte organización, no menos férrea por estar en parte bajo el control de pequeños comités laicos. El teócrata John Eliot de Roxbury, Massachusetts, enseñaba que Iglesia y estado deben identificarse bajo el reinado de Dios.
Ilustración. Hacia el fin del siglo aparecen ideas de la Ilustración (v.) difundidas por el panfletista Thomas Paine (1737-1809), Benjamín Franklin (1706-1790; v.) y Thomas Jef ferson (1743-1826; v.). Paine fue el más revolucionario y escéptico de los tres. Jef ferson y Franklin eran deístas.
Jefferson, debido a su destacada posición política (fue autor de la Declaración de Independencia de 1776 y uno de los autores de la Constitución, además de presidente entre 1800 y 1808), influyó enormemente en toda la filosofía jurídica estadounidense. Creía en la bondad innata del hombre y, por tanto, afirmaba que el gobierno tenía por finalidad exclusivamente facilitar la felicidad individual: la Constitución de EE. UU. debe ser el único documento de su tipo que garantiza al hombre además del derecho a la vida y a la libertad, el de "la persecución de la felicidad". "El mejor gobierno -reza un famoso dicho suyo- es el que gobierna menos". El gobierno es un mal necesario, que no debe poner ninguna clase de cortapisas a la libertad de los ciudadanos, especialmente en lo que respecta a su pensamiento, creencias religiosas y expresión. Los principios jeffersonianos se han extendido gradualmente para erigir una muralla entre Iglesia y estado en EE. UU. y evitar la presencia de cualquier enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Su labor inmediata fue el hacer que la nueva confederación de Estados fuese aconfesional, aunque de momento muchos Estados individuales retuvieron su confesionalidad.
Hay que hacer notar que Jefferson basaba su filosofía política sobre la visión de EE. UU. como sociedad de pequeños terratenientes, bien instruidos y responsables. Quería prescindir del desarrollo industrial que empezaba a cambiar las estructuras sociales de algunas naciones europeas. En la sociedad jeffersoniana habría una división real de bienes y de poder material y, por tanto, se garantizaría la dignidad y la libertad. Jefferson en la Declaración de Independencia, refleja el típico iusnaturalismo (v.J del s. xviii: no sólo afirma que todos los hombres son libres e iguales sino que este hecho es evidente.
Es útil contrastar el pensamiento puritano y el jeffersoniano. Antes del 1800 quedó planteada en el espíritu estadounidense una dialéctica todavía no resuelta. Las fuentes de la mentalidad estadounidense son el puritanismo y la democracia de la Ilustración. El uno es religioso, casi fideísta y un tanto pesimista; el otro es optimista y más bien "laico" o laicista.
Trascendentalismo. A principios del s. xix aparece en Boston un círculo filosófico y literario conocido por trascendentalismo (v.). Su miembro más conocido es el ensayista Ralph Waldo Emerson (1803-82; v.), que destaca por la belleza de su estilo y absoluta carencia de rigor filosófico. Los trascendentalistas eran panteístas, un poco a la manera de Schelling (v.), influidos también por el idealista inglés Coleridge (v.). Emersoh tomó el nombre de trascendentalismo de Kant (v.); pero no parece que aceptara la Crítica ¿le la razón pura, ni que la conociera siquiera. Emerson veía en la naturaleza y en las personas la oportunidad de conocer místicamente a Dios o SobreAlma, que todo lo cubre. Buscó en el platonismo y en la filosofía oriental doctrinas que oponer al empirismo inglés y filosofía del sentido común escocesa, que predominaban en las universidades estadounidenses de principios del s. XIX (v. SENSISMO ESCOCÉS).
Algunos de los miembros del círculo de Emerson fundaron la sociedad socialista utópica de Brook Farm en West Roxbury. Brook Farm comenzó en 1841 como un intento de poner por obra la filosofía de Charles Fourier (v.). Llegó a haber unas 41 falanges (el término es de Fourier) repartidas por EE. UU., aunque ninguna duró mucho tiempo. Amigo de Emerson fue Henry David Thoreau (1817-62), conocido como inventor de la resistencia pasiva y amante de la naturaleza. Se negó a pagar impuestos durante la guerra entre EE. UU. y México y fue encarcelado. Residió solo cerca del lago de Walden en Corcord, Massachusetts. Profesaba sentimientos casi religiosos hacia la naturaleza.
Quizá Orestes Brownson (1803-76) fue el intelecto más agudo del trascendentalismo; ciertamente, era el trascendentalista que mejor conocía a Kant. Abandonó el movimiento y se convirtió al catolicismo tras una larga odisea espiritual. Su conversión le apartó de las corrientes intelectuales principales de EE. UU., pero le dio la oportunidad de conocer el pensamiento de Gioberti (v.) y de S. Anselmo (v.). Brownson prestó un gran servicio intelectual a los católicos estadounidenses, en su mayor parte inmigrantes recientes (v. vii).
Ortodoxia protestante. El s. xix se caracteriza por la reacción de los herederos de la tradición puritana contra la Ilustración. Los personajes más destacados de este movimiento fueron Francis Wayland, Laurens P. Hickok y Noah Porter. Los dos últimos intentaron hacer una síntesis entre la filosofía del sentido común escocesa, cuyo máximo exponente era Reid, y la de Kant. Hickok logró construir una filosofía teísta en base a la Crítica de la razón pura (hazaña nada despreciable y claramente contraria al kantismo).
El estímulo de las teorías evolucionistas (v. EVOLUCIÓN) sacudió a la filosofía de este país de su puritanismo y de su romanticismo trascendentalista. Ya en la época colonial, los estadounidenses estaban al tanto de las ideas evolucionistas de Buffon (v.). Jefferson, al parecer, se sintió herido en su orgullo patrio por la teoría de éste, de que, debido al clima norteamericano tan duro, se producía un gradual empequeñecimiento de los animales; mandó cazar un bisonte para enviarlo a Buffon como mentís.
Los elementos más conservadores entre el profesorado estadounidense reaccionaron inicialmente ante Darwin (v.), como lo habían hecho ante Locke (v.) y Newton, es decir, intentaron asimilar las ideas nuevas. Concretamente, se esforzaron en demostrar que la teoría de Darwin, igual que el descubrimiento de fósiles indígenas, no contradecía al Génesis. Fueron precisamente los protestantes liberales quienes se sirvieron de la evolución como arma contra sus adversarios más ortodoxos. Los protestantes tradicionales no supieron asimilarlo y aún no se ha logrado la unidad cultural rota por las discusiones entre científicos y teólogos después de Darwin.
Uno de los divulgadores más ávidos de Darwin fue el filósofo político William Graham Sumner (1840-1910), que como tantos de sus predecesores en la filosofía estadounidense era pastor protestante. Sumner defendía lo que él llamó el darwinismo social, teoría liberal a ultranza, que sostenía que una competencia despiadada y sin ninguna reglamentación gubernamental, eleva a la sociedad.
Pragmatismo. Un renacimiento filosófico comienza durante los años 60 y 70 del s. xix en la Univ. de Harvard bajo la influencia de Charles Sanders Peirce (1839-1914). El grupo de filósofos conocido como el "club metafísico" incluía a personajes de distintas tendencias. Uno de sus temas principales era la validez y significación filosófica de la evolución. Además de Peirce, el grupo contaba entre sus miembros a Chauncey Wright, William lames (v.), y Oliver Wendell Holmes ir. Los socios más conocidos, Peirce y James, fueron los fundadores de una tendencia que parecía en su época captar el espíritu de este país: el pragmatismo (v.). Se puede distinguir entre Peirce y James, pues éste defendía un pragmatismo de la verdad, mientras que aquél mantenía un pragmatismo del significado.
Peirce era buen lógico. Conocía a Duns Escoto (v.) y mantenía una teoría de los universales similar a la de éste. Peirce pretendía hacer lo que a su juicio Aristóteles, Descartes y Hegel no habían conseguido, es decir, recomenzar la filosofía, dándole un método nuevo y seguro. El pragmatismo de Peirce enseña que se descubre el significado de una expresión mediante una operación que dé un resultado universal y necesario. Por ej., el que una piedra sea dura significa que raspándola no la rayamos. El que un cuerpo sea pesado significa que se cae si alguna fuerza no se interpone. Es decir, toda la concepción consta de resultados concretos.
En cambio, William lames, que además de filósofo era psicólogo, mantenía que cada uno puede creer lo que le convenga, siempre que la conveniencia no sea sólo momentánea; se sobreentiende que creer algo obviamente falso no es conveniente, no es útil. Sin embargo, lames afirmaba que algunas veces hay que dejar que nuestra voluntad o nuestras emociones sean los últimos jueces. La voluntad de creer es la aplicación del pragmatismo a cuestiones religiosas. James creía en un Dios personal limitado, y no pretendía que la apelación a consideraciones sentimentales diera más que conclusiones probables.
John Dewey (v.) no pertenece al club, pero fue influido por lames de modo decisivo y es el tercero de los grandes pragmatistas. Veía a la filosofía como una expresión de los ideales y aspiraciones de una cultura concreta. En el caso de la filosofía estadounidense, ello significa que había que prestar consideración a los problemas de la democracia, en vez de especular sobre el ser o sobre problemas del último destino del universo. Dewey ha tenido poco impacto entre filósofos, pero una enorme influencia entre teóricos de la educación (v. x). Para él, uno de los objetivos de la educación es el de enseñar a los hombres a estar dispuestos a crear nuevos valores. Los valores no se encuentran hechos ya, sino que se construyen mediante la acción humana deliberada. La creación de valores es, para Dewey, un proceso gradual en el que progresivamente se va alcanzando la satisfacción humana.
Idealismo. Contemporáneo de Peirce y James hubo un grupo de neohegelianos (v.) en EE. UU., paralelo al grupo capitaneado por Bradley, McTaggart y Green en Inglaterra y Croce y Gentile en Italia. Sus miembros más importantes son Borden Parker Bowne (1847-1910) y Josiah Royce (1855-1916).
La primera obra importante de Royce lleva por título El aspecto religioso de la filosofía, donde explica cómo sus preocupaciones religiosas le llevaron a la filosofía. Las experiencias personales son parciales y fragmentarias; sólo se entienden a la luz de la experiencia absoluta y universal, que es Dios. Dios también se puede concebir como comunidad absoluta o iglesia, algo que exige toda nuestra lealtad.
Realismo. A final de 1911 apareció un libro llamado El nuevo realismo, que venía a ser el manifiesto de un grupo de seis filósofos: R. B. Perry, E. B. Holt, W. T. Marvin, E. G. Spaulding, W. P. Montague y W. P. Pitkin. Los realistas intentaban evitar el subjetivismo, a la par que la teoría representativa del conocimiento (v.), que afirma que conocemos, no las cosas, sino ideas, que son copias de las cosas. Aunque respecto al conocimiento no llegaron a los extremos de algunos empiristas, negaron con Hume (v.) la existencia de cualquier sustrato 0 sustancia debajo de lo que conocemos mediante nuestros sentidos (V. EMPIRISMO; SENSISMO).
Siete filósofos autotitulados realistas críticos publicaron un segundo manifiesto en 1920. El grupo se componía de D. Drake, A. O. Lovejoy, J. B. Pratt, A. K. Rogers, R. W. Sellars, C. A. Strong y Jorge Santayana (v.), filósofo harvardiano, madrileño de nacimiento. Intentaron superar las supuestas superficialidades de los nuevos realistas, negando que los objetos son percibidos exactamente como son. Negaron también que lo que se percibe es un estado mental nuestro sino que un dato es dado en el estado mental, como su contenido. No percibimos nuestro estado subjetivo, sino el contenido objetivo. El más conocido y el mejor escritor entre los realistas críticos era Jorge Santayana. En su Escepticismo y fe animal defiende a la vez la duda total en la vida o esfera intelectual y el activismo irracional en la vida práctica.
Lógica simbólica. C. S. Peirce hizo frecuentes incursiones en la filosofía matemática, aunque su obra no tuvo repercusiones inmediatas. Más importante fue el idealista C. I. Lewis que introdujo a los universitarios de EE. UU. en los descubrimientos europeos sobre lógica matemática e inventó su propio sistema de lógica modal.
Tal vez la figura máxima de lógica matemática en EE. UU. es Willard Van Orman Quine (n. 1908), de la Univ. de Harvard. El profesor Quine ha escrito ampliamente en cuestiones de lógica formal y sobre métodos de deducción. Últimamente sus investigaciones se han dividido en dos vertientes: teoría de conjuntos, de índole matemática, y epistemología, de cariz pragmatista.
Al comienzo de la II Guerra mundial varios miembros del Círculo de Viena (v. NEOPOSITIVIsmo) huyeron a EE. UU., reforzando la tendencia ya existente en este país de trabajar con lenguajes artificiales. Entre los emigrados de esta época destacan el matemático K. Goedel, Rudol f Carnap (v.) y el semántico polaco Alfred Tarski. En la actualidad ha desaparecido el positivismo rígido de antaño, pero sigue su herencia en la obra de algunos filósofos como Carl Hempel y Paul Feyerbend. Este último enseña una especie de relativismo cultural como consecuencia de la presión del lenguaje sobre el pensamiento.
Tomismo. Al principio, en las Universidades católicas de EE.. UU., la filosofía se desarrolló en casi completo aislamiento de las demás corrientes filosóficas del país; éstas, a su vez, hicieron caso omiso del tomismo (v.). Los personajes preeminentes del tomismo estadounidense han sido dos franceses: Jacques Maritain (v.), que residió en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton durante muchos años, y Étienne Gilson (v.), que ha ejercido su magisterio desde el Instituto Pontificio de Estudios Medievales situado en la ciudad fronteriza canadiense de Toronto.
Quizá parezca paradójico dada la poca edad de EE. UU., pero el volumen de actividad tomista de este país ha sido el mayor del mundo. Entre los muchos tomistas estadounidenses cabe destacar a Gerald Smith, George Klubertanz, Norris Clarke, William Carlo y Frederick Wilhelmsen. Recientemente algunos tomistas estadounidenses han sufrido una fuerte influencia del escolástico canadiense Bernard Lonergam (n. 1904), que emplea un método similar a la fenomenología.
Otras tendencias. Debido a la actitud antimetafísica del positivismo lógico y su tendencia hermana, el análisis del lenguaje ordinario, el mundo angloparlante y en concreto EE. UU. han descubierto el existencialismo (v.) durante los años 60. Lo mismo cabe decir de la fenomenología (v.). Por el año 1970 tendencias neomarxistas un tanto nebulosas han comenzado a sentirse, en general, a través de Sartre (v.) o Marcuse (v.).
En la década de 1960 a 1970 se popularizó en los medios universitarios el estudio del pensamiento oriental. Algunos tomistas consideran que el interés por la filosofía oriental es señal de la pérdida de contacto con la gran tradición occidental.
V. t.: VII.
JAMES G. COLBERT, IR.
BIBL.: E. T. FLOWER y M. G. MURPHEY, Principalgs tendencias de la filosofía norteamericana, Washington 1963; J. L. BLAU, Filósofos y escuelas filosóficas en los Estados Unidos de América, México 1957; A. J RECK, Present Philosophical Tendencies, Nueva York 1964; W. G. MUELDER y L. SEARSA, The Development of American Philosophy, Boston 1940; P. MILLER, The New England Mind from Colony to Province, Cambridge 1953; H. C. GODDARD, Studies in New England Transcendentalism, Nueva York 1960; R. KREMER, Le Néo-Realisme Américain, Lovaina 1920; R. B. PERRY, The Thought and Character of William lames, Boston 1935; P. A. SCHILPP, The Philosophy of George Santayana, Evanston (Illinois) 1940.
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