BASÍLICA DE SANTA CLARA
por Romeo Cianchetta
Ofreceremos luego algunas noticias sobre la vida de santa Clara al comentar la pintura en tabla, atribuida a Cimabue, que se guarda en el interior de su Basílica y que reproducimos al final de esta página. La Basílica de Santa Clara, de estilo gótico italiano, fue edificada según diseños del arquitecto Filippo de Campello en los años de 1255-1265. La nueva iglesia quedó agregada a la de San Jorge, la que conservó hasta 1230 el cuerpo de san Francisco, antes de su translación a su propia Basílica. Es digno de recordar también que los sacerdotes de esta iglesia de San Jorge impartieron los primeros elementos del saber al joven Francisco. Hermosa es la fachada de la Basílica con su paramento de piedra de fajas alternadas rosadas y blancas, con un portal enriquecido por dos simbólicos leones, con un gran rosetón central magníficamente elaborado. Contra el flanco izquierdo del edificio se añadieron, por necesidades de estática, tres grandes arcos rampantes, que no perturban en absoluto el equilibrio estético de la fachada, sino que más bien lo enriquecen. A la altura del ábside, un esbelto campanario puntiagudo, el más alto en Asís, da realce al movimiento arquitectónico del conjunto, de cuatro arcadas. El interior, de cruz latina y única nave, es de estilo gótico. En el presbiterio, pintó al fresco la bóveda un desconocido giottesco, con figuras de santos entre ángeles. El altar mayor, sostenido por doce columnitas de arte umbro del siglo XIV, está encerrado en una verja de hierro forjado de notable valor artístico. Del ábside cuelga una bella cruz pintada en tabla perfilada por un discípulo de Giunta Pisano. En el brazo izquierdo del transepto, pared del fondo, aparece la pintura de un Belén, de la escuela umbro-sienense del siglo XIV: suave y lleno de gracia es el abrazo de la Virgen, en un medio de genuina lozanía. En el brazo izquierdo del transepto, paredes de la derecha e izquierda, hay frescos de Stefano y de otros pintores giottescos. De la pared izquierda cuelga una tabla (que reproducimos al final de esta página web), atribuida a Cimabue según algunas peculiaridades de su estilo: la figura de Santa Clara, muy alargada, hierática en su expresión, está rodeada por ocho recuadros simétricos, en los que aparecen los principales episodios de la vida de la Santa. Breves noticias sobre la vida de santa Clara, siguiendo las ilustraciones de la tabla atribuida a Cimabue: La lectura de los recuadros de la tabla hay que hacerla empezando por la izquierda, desde abajo. Del noble Favarone de Offreduccio y de Ortolana, el 16 de julio de 1194 nació en Asís santa Clara. Se crió en una casa acomodada que le permitió, en contraste con las costumbres de aquellos tiempos, que excluían a las mujeres hasta de los primeros elementos del saber, aprender a leer y escribir en latín. Ortolana, piadosa mujer que había peregrinado a los Santos Lugares (hecho excepcional en aquel entonces), se había cuidado de la preparación religiosa de su hija Clara. ésta, en la observancia de las prácticas religiosas y devotas, tanto se distinguió de las demás niñas, que llevaba el cilicio ya en tierna edad. A sus quince años se negó a casarse con un noble pretendiente porque, tal como lo confesó a sus pasmados progenitores, se había consagrado a Dios. Tal íntima consagración se había fortalecido en ella tras escuchar la predicación cuaresmal que Francisco había pronunciado en la iglesia de San Jorge en 1212. Primer recuadro.- El obispo Guido, en la misa del domingo de Ramos de dicho año, en la Catedral de San Rufino, entrega a Clara el ramo de olivo. Manifiesta el Obispo particular predilección para con Clara, pues sabe, por boca de Francisco, lo que va a suceder en la noche siguiente. Segundo recuadro.- Por la noche de aquel domingo, huye Clara de la casa paterna y, acompañada de su nodriza Bona de Guelfuccio, se encamina hacia la Porciúncula. Francisco y sus frailes, que la aguardan con antorchas encendidas al borde del bosque, la reciben y acompañan hasta la iglesita. Tercer recuadro.- Ya en la iglesita de la Porciúncula, Clara, tras deponer su precioso traje y los adornos, viste una basta cogulla y se ciñe las caderas con una soga. Córtale Francisco la rubia cabellera, y le cubre la cabeza con un velo negro. Pronuncia Clara los votos de pobreza, castidad y obediencia, y reconoce a Francisco cual superior suyo. Tiene así principio la vida de la Orden de las Hermanas Pobres. Terminada la ceremonia, santa Clara es acompañada al monasterio de las benedictinas de San Pablo, cerca de la «Insula Romana» (ahora, Bastia Umbra)
Cuarto recuadro.- Su padre Offreduccio en balde intenta disuadir a Clara de su propósito y reconducirla a su casa. Ante la firme determinación de la hija, trata de arrancarla del monasterio por la fuerza. Clara se agarra entonces del altar. Es un acto sacramental, reconocido por la ley: el padre tiene que rendirse. Quinto recuadro.- Inés, hermana de Clara y próxima a contraer matrimonio, abandona a su vez la casa paterna y se refugia en el mismo monasterio. El furor de Offreduccio es ahora sin límites: otra vez va al monasterio, acompañado ahora de hombres armados. No quiere perder a una segunda hija. Agarran a Inés con el propósito de llevársela a casa, pero no lo logran. Por intercesión de las plegarias de Clara, el cuerpo de Inés se torna más pesado que el plomo y es imposible removerlo. El brazo de su tío paterno, Monaldo, que amenaza con aplastarla, queda paralizado en el aire. Posteriormente, se reunirán con Clara, en el convento de San Damián, también su madre Ortolana y una hermana más, Beatriz. Sexto recuadro.- Un día, santa Clara, en el refectorio de San Damián, en presencia del papa Gregorio IX, bendice los panes antes de su distribución: en cada uno, milagrosamente, se dibuja una cruz. Séptimo recuadro.- Un grupo de vírgenes, presididas por la Virgen María y con coronas de oro, se aparece a Clara moribunda; Nuestra Señora le da un dulcísimo abrazo, y las vírgenes extienden un espléndido velo sobre el cuerpo de Clara. Octavo recuadro.- Inocencio IV celebra las exequias de la Santa. Desde la pared derecha de la nave se pasa a la restaurada iglesia de San Jorge, dividida al través en dos partes por una vidriera. La primera parte (hacia el ábside) se llama Capilla del Sacramento, decorada por frescos giottescos y de Andrea de Bolonia; la segunda, Capilla del Crucifijo, guarda el Crucifijo que en San Damián habló a san Francisco en 1206, indicándole su misión: «Anda, Francisco, restaura mi casa que, como ves, amenaza ruina». Este Crucifijo fue traído desde San Damián hasta el actual protomonasterio de las Clarisas con motivo del traslado de éstas. Ha quedado expuesto al público, tras las restauraciones de la capilla, en 1958. Está pintado en una tabla perfilada de estilo umbro-románico también algo bizantino. En la pared del fondo, detrás de una reja, se conservan las reliquias de la Santa. Bajando una escalera en el centro de la iglesia, se alcanza la cripta en donde aparece la urna que contiene el cuerpo momificado de la Santa. Desde la Plaza de Santa Clara, bajando por la Vía Sant’Agnese, llegamos a la iglesia de Santa María la Mayor, catedral de Asís hasta que la sustituyó la actual de San Rufino. [Romeo Cianchetta, Asís. Arte e historia en los siglos. Narni-Terni, Plurigraf, 1986, pp. 85-88]
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