Celo
(De delos, un derivado de deo "hervir", "palpitar con calor"), es "un efto nesario del amor", siendo "la acción vehemente de quien ama para [asegurar] el objeto de su amor" (vehemens motus amantis in rem amatam, Santo Tomás, Summa Theol. I-II:28:4). Aquí, la nota distintiva es la vehemencia, o intensidad, de la acción a la que impulsa el amor, una intensidad que es proporcional a lo que siente el amor. Así como existen dos clases de amor, el amor concupiscentiae, que es auto-complaciente, y el amor amicitiae, que es altruista, podrían distinguirse dos clases de celo, pero por su uso el término está restringido al celo inducido por el amor amicitiae; eftivamente en su sentido religioso se aplica solamente al celo inspirado por el amor de Dios, el esfuerzo ardiente o las obras emprendidas para promover Su gloria. Aquí de nuevo podemos subdividir de acuerdo a como este celo por Dios se manifieste en obras de devoción dirigidas al cumplimiento del primero o del segundo de los dos grandes Mandamientos. En la Biblia (cf. Sal., lxiii, 10; Num., xxv, 11; Tit., ii, 14, etc.) se utiliza principalmente en la primera de estas aplicaciones; en la frase "celo por las almas" se usa en la segunda, y en este sentido es la más común entre los escritores religiosos. El celo, siendo amor en acción, por lo mismo tiende a remover en cuanto esté en su poder todo lo que sea injurioso u hostil al objeto de su amor; tiene así sus antipatías como también sus atracciones. Más aún, puesto que, si bien en sí mismo pertene a la voluntad, presupone un ejercicio de juicio en cuanto a los medios apropiados para el logro de su objeto, debemos distinguir además el verdadero y el falso celo, según que el juicio conductor sea sano o insano. Así el celo de San Pablo era celo de principio a fin, pero era celo falso en los días en que perseguía a la Iglesia, y celo verdadero cuando se convirtió en su Apóstol. "Caritas Christi urget nos" son las palabras con las que este Apóstol describió los impulsos dentro de su propio pho de este celo que contribuyó tan poderosamente a cimentar las bases de la Iglesia Católica. Y es un celo de naturaleza tal que, encendido en los phos de tantas generaciones de seguidores ardientes de Cristo, en su cooperación con los copiosos dones del Espíritu Santo, ha constituido esa Iglesia en la más grande maravilla de la historia humana. Por ello es el celo de todas aquellas almas devotas el que, a diferencia de la tibieza del Cristiano corriente, ha lanzado a los Apóstoles y misioneros a sus vidas de auto-sacrificio, ha llenado los santuarios con una fuente inagotable de buenos sacerdotes y los claustros con multitudes de fervientes religiosos, que ha organizado, sostenido, y desarrollado una formación tan espléndida de obras de caridad para satisfacer casi cada nesidad concebible de la humanidad doliente.
SAN. FRANCISCO DE SALES, Tratado sobre el Amor de Dios, X, xii-xv; RODRIGUEZ, La Práctica de la Perfción Cristiana, III, tr. 9, chap. x; SAINT-JURE, Sobre el conocimiento y el Amor de Nuestro Señor, xxii, st. 13; HOUDRY, Bibliotha Praedicatorum, s.v. Zeal, el cual contiene una completa bibliografía y numerosos extractos relacionados con el tema.
SYDNEY F. SMITH
Transcrito por Michael T. Barrett
Dedicado a todos los que son fervorosos por la Fe Católica.
Traducido del Inglés por Daniel Reyes V.
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