Aeterni Patris
Carta Apostólica de Pío IX convocando el Concilio Vaticano. Está fhada en Roma el 29 de junio de 1868. Comienza con las mismas palabras, por lo cual se la cita bajo el mismo título que la Encíclica de León XIII sobre filosofía escolástica. Pero el propósito y la sustancia de ambas son completamente distintos. Esta carta empieza señalando las disposiciones dadas por Cristo para que se enseñaran Su fe y Su moral, y para que se asegurara la unidad de las dos. Encargó la enseñanza a los Apóstoles. Puso a san Pedro a la cabeza como Príncipe de los Apóstoles. Este cargo se establía para bien de la Iglesia. Luego de la muerte de Pedro, debía perpetuarse en la persona de una serie de sucesores, uno después de otro. A partir de entonces, el mismo poder supremo, la misma jurisdicción y primacía, se transmiten a los sucesivos Pontífices Romanos que ocupan la Silla de Pedro. Por eso los Pontífices Romanos, como lo requiere su cargo, siempre han guardado la fe y la moral cristianas. De igual modo, cada vez que la ocasión lo requería, han convocado Concilios Generales para afrontar las graves nesidades de la Iglesia. A continuación, se pasa revista, rápidamente, a los peligros existentes para la fe y la moral. Para ponerles remedio, Pío IX publica esta carta llamando a los obispos, y a otros que tuvieran derecho u obligación de estar presentes, a un Concilio General que se reuniría en San Pedro de Roma el 8 de diciembre de 1869, aniversario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción. Esta carta no debe confundirse con el Dreto Pastor Aeternus expedido por Pío IX en la clausura del Concilio el año siguiente, cuando se definió el dogma de la Infalibilidad Papal.
Bibliografía:
Acta PÍO IX (1868), 412-423, tr. in Dub. Rev., 1868, 529-535.
Escrito por M. O’Riordan
Traducción de Estela Sánchez Viamonte
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