Jerusalén
La ciudad de Jerusalén se desarrolló a partir de la ciudad yebusea de Urusalim (o algo similar, con el significado de “ciudad del dios Salim”) que David conquistó y convirtió en su ciudad (la “ciudad de David”). Salomón amplió el recinto urbano hacia el norte, añadiendo a la colina de la ciudad davídica, que descendía en dirección este hacia el valle del Cedrón, otra parte de dicha colina, con un total de unas 9 hectáreas. Sobre dicha colina construyó la ciudad del palacio y del templo y la rodeó de un muro. Así pues, aquella Jerusalén de los reyes limitaba por el este con el valle del Cedrón, y por el oeste con un valle que, según un informe tardío de Josefo, se llamó Tiropeón (“Valle de los queseros”). Este valle cortaría la actual ciudad antigua de Jerusalén de norte a sur, de no haberse colmatado en parte.
Del tiempo del rey Ezequías (721-693 a.C.), o anterior es la “ciudad nueva” (misneh, es decir, la “ciudad segunda”), sita al oeste de la ciudad del palacio y del templo, y por tanto al oeste del Tiropeón, y así mismo amurallada; quizás el muro se construyó antes que la ciudad. Por el mismo tiempo debe de haberse amurallado también la parte sur de la colina occidental, como resulta de la instalación de Siloé. Jerusalén quedaba así circunscrita entre el valle del Cedrón al este y el Ge-Hinnom, que rodea la colina suroccidental; un tercer valle, el Tiropeón, la atravesaba de norte a sur. Los tres valles confluían por debajo de la punta meridional de la ciudad alargada de los yebuseos (la ciudad de David) en el actual wadi en-Nar.
El territorio de la ciudad a derecha e izquierda del Tiropeón no hay que representárselo sin más como una meseta. Tanto la alargada colina oriental (la ciudad de David y la ciudad del palacio con el templo) como la colina así mismo longitudinal del oeste con los nuevos barrios estaban cruzadas por numerosos y pequeños pliegues y fallas transversales, de modo que Jerusalén no era sólo una ciudad sobre el monte sino también una ciudad montañosa.
El año 586 a.C. la ciudad fue destruida por el babilonio Nebukadnezzar II; la ciudad de David y la ciudad nueva pronto debieron de quedar escasamente habitadas; el templo y el palacio, así como las murallas, debieron de ser reducidos a escombros con toda seguridad por orden de Babilonia; el servicio de los sacrificios en el altar se mantuvo al principio, como ofrendas también por el rey babilonio y seguramente que en honor también (¿o exclusivamente?) de los dioses babilónicos. La restauración empezó lo más pronto en el 536 a.C., después de que Ciro n permitiese el retorno de los judíos de Babilonia y la construcción de un nuevo templo.
Las guerras subsiguientes dañaron sin duda la ciudad en gran medida, pero no la destruyeron. Heredes el Grande levantó construcciones suntuosas en su ciudad regia; pero ese esplendor de Jerusalén duró muy poco. Al terminar la guerra judeo-romana, el año 70 d.C., fue arrasada hasta los cimientos, y por orden de Tito sólo quedaron en pie algunos lienzos de muralla y las torres junto al palacio herodiano.
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