Vocación
Este término que procede de la palabra latina vocatio, significa «llamada» y, aunque habitualmente se asocia a la elección del estado religioso, todo cristiano está llamado por Dios a alcanzar la santidad y participar en la misión sacerdotal y profética de Cristo, a través del apostolado. Para ello dispone de la gracia del Espíritu Santo que le ha sido dispensada por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, renovada constantemente a través de la Eucaristía.
Esa vocación se puede orientar, en la mayoría de los casos, a través del estado matrimonial o del celibato libremente elegido. Pero hay otros que, respondiendo a la invitación de Jesucristo optan por una opción más radical consagrándose al servicio de Dios, de la Iglesia y de todos los fieles, a través del ministerio sacerdotal o abrazando la vida religiosa, tareas necesarias por la necesidad de que existan ministros encargados de la administración de los sacramentos, por lo que se requiere orar constantemente, como enseñó el Señor, para que Dios envíe «obreros a su mies».
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