Viernes Santo
Dentro del Triduo Pascual, el Viernes Santo, día en el que se conmemora la Pasión y Muerte de Cristo, tiene un carácter profundamente penitencial, siendo uno de los dos días del año, señalados por la Iglesia como de ayuno y abstinencia.
A diferencia del Jueves Santo, el color litúrgico es el morado y no se celebra la Eucaristía, sino los llamados Oficios o Liturgia de la Pasión, que se suele hacer coincidir, dentro de lo posible, con la hora en que murió el Señor. Si la preside un obispo, en esta ocasión prescinde del báculo y del anillo pastoral, en señal de humildad.
Las campanas permanecen mudas desde que, en la tarde el Jueves Santo, se cantó el Gloria y del altar han sido retirados los manteles y todo tipo de adornos.
Cuando el celebrante entra en la iglesia el primer signo que realiza es el de la postración ante el altar que sólo se lleva a cabo ese día y en el transcurso de la recepción del Sacramento del Orden.
Tras el rezo de una oración, da comienzo la Liturgia de la Palabra, en la cual se proclaman unas perícopas del libro del profeta Isaías, relativos al «siervo doliente» y otras de la Carta a los Hebreos, seguidas de la Pasión según el Evangelio de San Juan.
Seguidamente, tiene lugar la «Oración universal» por la que la Iglesia, ante Jesús crucificado, pide por todas las necesidades de la humanidad. Son diez oraciones: Por la Santa Iglesia; por el Papa; por todos los ministros y fieles; por los catecúmenos; por la unidad de los cristianos; por los judíos; por los que no creen en Cristo; por los que no creen en Dios; por los gobernantes; y por los atribulados. En ocasiones especiales, como ocurrió en 2020, se añaden otras como fue, en ese caso, la petición por quienes sufren en tiempos de pandemia.
A continuación se lleva a cabo el rito de adoración del «Árbol de la Cruz». Desde el fondo del templo, el celebrante avanza portando una cruz recubierta por un velo que va descubriendo en tres etapas, mientras entona la aclamación «Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo», a la que los fieles responden «Venid a adorarlo». Al llegar al presbiterio, todos pasan a besarla. En el transcurso de este momento es cuando se cantan en muchos lugares los llamados «Improperios» u otros cantos previstos en el Misal Romano.
Comoquiera que ese día no se celebra el Santo Sacrificio, el sacerdote retira del monumento la Eucaristía consagrada el día anterior, depositándola sobre el altar, recubierto con un sencillo mantel y, después de rezar el Padrenuestro, distribuye la comunión, finalizando los oficios sin la habitual bendición.
Como expresión de la piedad popular, es el Viernes Santo cuando tienen lugar los más importantes desfiles procesionales, especialmente el del Santo Entierro en el que suelen participar todas las cofradías y hermandades penitenciales.
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