Siete Palabras
Con esta denominación se alude a las siete frases o expresiones que Jesucristo pronunció en la Cruz, en el momento culminante de la Redención. Han sido reunidas a partir de los testimonios de los cuatro evangelistas, ninguno de los cuales alude a todas ellas y han sido formuladas desde un punto de vista lógico, aunque no necesariamente en el orden en que fueron pronunciadas.
La primera de ellas es «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Aparece en el Evangelio de San Lucas, y constituye la manifestación más clara de un perdón que no se circunscribe a los causantes de su muerte, sino que se proyecta a toda la humanidad.
La segunda, también recogida por San Lucas fue: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso» y fue dirigida al llamado buen ladrón, uno de los dos crucificados con Él que, cuando el otro ladrón se dirigió a Cristo demandándole «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros», el buen ladrón le reprochó su actitud: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena?» y dirigiéndose al Señor le pidió con humildad: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino», lo que dio lugar a esa segunda palabra de Cristo que expresa de manera rotunda su capacidad de perdonar al pecador arrepentido.
El Evangelio de San Juan da testimonio de la tercera palabra que incluye dos frases, la primera dirigida a la Virgen que estaba al pie de la Cruz: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» y a continuación el «Ahí tienes a tu madre» dirigido a San Juan, el discípulo amado que fue el único presente en el Calvario, lo que le confiere especial valor. Por medio de ellas le encarga a San Juan el cuidado de su Madre, pero a través de la figura del discípulo María se convierte en Madre de todos los creyentes.
La cuarta palabra es recogida por los Evangelios de San Mateo y San Marcos y el primero lo hace afirmando que con voz potente exclamó: «Elí, Elí, lemá sabaktaní» en arameo, la lengua hablada por Cristo, por lo que algunos de los presentes interpretaron que estaba llamando al profeta Elías, cuando en realidad estaba recitando el salmo 22 que comienza con esa frase «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?».
La quinta palabra fue «Tengo sed». De ella da testimonio San Juan y se interpreta más allá del sufrimiento propio de todo crucificado, que dio lugar a que le ofrecieran la esponja empapada en vinagre para aliviarlo. La sed de Cristo en la Cruz, es una sed espiritual por todos que le ha llevado a aceptar el supremo sacrificio de su muerte.
De nuevo es San Juan quien recogió la sexta palabra «Consumamatum est» (Todo está consumado). Con su muerte se va a dar cumplimiento a lo anunciado en el Antiguo Testamento por los profetas y por Él mismo a lo largo de diversos momentos de su vida pública.
En último lugar se incluye la séptima palabra que aparece en el Evangelio de San Lucas: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», manifestación de la total entrega a la Primera Persona de la Santísima Trinidad, tras haber culminado el plan salvífico de la Redención.
Es importante destacar también el simbolismo que encierra el número siete en la Biblia, al que parece ajustarse el hecho de que sean siete las frases pronunciadas que han sido objeto de atención por parte de todos los comentaristas y exégetas.
Para todo fiel cristiano constituyen asimismo materia de especial reflexión y existen cofradías que, bajo el título de las «Siete Palabras», las meditan en el transcurso de la Semana Santa.
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