Rosa de Oro
Es la más alta distinción que otorga el Papa. Elaborada en oro, por prestigiosos orfebres, tiene la forma de una rosa con su correspondiente tallo, a veces inserta en una base y otras en un búcaro donde iban grabadas las armas de la persona a la que se otorgaba.
Tiene consideración de sacramental ya que es bendecida y ungida por el Pontífice el Cuarto Domingo de Cuaresma, el domingo «laetare».
Antiguamente esta ceremonia estaba rodeada de un brillante ceremonial que se iniciaba con el traslado del Papa, a caballo y coronado con la tiara, desde su residencia del Palacio de Letrán hasta la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén. Allí la rosa era bendecida y ungida con el Santo Crisma, espolvoreando sobre ella, a continuación, un poco de incienso. Seguidamente se entrega al portador de la Rosa de Oro, encargado de llevarla a su destinatario.
Esta distinción existía ya a mediados del siglo XI, pero la Rosa de Oro más antigua que se conserva pertenece al tesoro de la catedral de Basilea, y es la que la Papa Juan XXII envió a Rodolfo III de Nidau, conde de Neuchâtel, a comienzos del siglo XIV.
Se concede a personas, ciudades, corporaciones e imágenes, aunque ha sido una distinción con la que se distinguió, preferentemente, a reinas. Pero son muchos los casos de varones que la recibieron.
En España, el primero fue Alfonso VII, a mediados del siglo XII. También le fue concedida a Juan II de Castilla, a Fernando el Católico, y a Gonzalo Fernández de Córdoba «el Gran Capitán».
Entre las reinas españolas que fueron distinguidas con tan preciado honor figuran Isabel la Católica; Ana de Austria, la cuarta esposa de Felipe II; Mariana de Austria, segunda esposa de Carlos II; las dos mujeres de Felipe V, María Luisa de Saboya e Isabel de Farnesio; Isabel II; María Cristina de Austria, segunda mujer de Alfonso XII; y Doña Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII.
El Papa al conceder la Rosa de Oro quiere recompensar algún servicio distinguido a la Iglesia aunque, a veces, los destinatarios plantearon más tarde serios problemas. Ese fue el caso de Enrique VIII de Inglaterra.
En los últimos años, los Papas han concedido esta distinción a diversas imágenes, la mayoría de ellas marianas.
San Pablo VI la ofreció al Niño Jesús que se venera en la Basílica de Belén y, cada año, es utilizada en la Fiesta de la Epifanía, cuando la comunidad franciscana se acerca a la gruta llevando incienso, mirra y el oro, representado por esa «rosa de oro» que envió el Papa.
En 1965, el mismo San Pablo VI se la otorgó a Ntra. Sra. de Fátima; en 1966, a Ntra. Sra. de Guadalupe, Patrona de México; y en 1967 a Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil.
El Papa San Juan Pablo II la concedió en 1985 a la Basílica de Velhral, en la entonces Checoslovaquia; en 1982, la envió a Ntra. Sra. de Luján, patrona de la Argentina; a Ntra. Sra. de la Evangelización, patrona de la Archidiócesis de Lima, en 1988; y a Ntra. Sra. de Loreto, en 2000.
Benedicto XVI la ha otorgado a la Virgen de Cezestokowa, en 2006; y a Ntra. Sra. de Aparecida, en 2007.
Es significativo el hecho de que la patrona de Brasil ha recibido la «Rosa de Oro» en dos ocasiones, mientras que ninguna imagen española haya sido distinguida con tan alto honor.
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