Restricción mental
Se habla se restricción mental cuando una persona, para evitar decir la verdad, utiliza un circunloquio o una mentira que interiormente desmiente. Es preciso recurrir a un ejemplo para explicarlo. Si se le pregunta si ha visto a una persona y da una respuesta afirmativa, pero pensando interiormente «en fotografía», estaríamos ante un caso de lo que los moralistas llamaban restricción propia o estrictamente mental. Un caso muy conocido es el de San Francisco de Asís que encontrándose con quienes perseguían a un fugitivo, le preguntaron si lo había visto pasar y el Santo, metiendo sus manos en las mangas del tosco sayal respondió «Por aquí, no».
Por el contrario, si a un confesor o a un juez se les pregunta inoportunamente sobre un caso que han conocido, y responden: «No sé nada», es una restricción impropia o latamente mental, ya que quien le escucha puede entender que no quieren revelárselo, algo que no sucede con el otro tipo que induce a error como la mentira.
De ahí que la opinión de los moralistas ha sido siempre divergente sobre la licitud de la restricción e incluso hay condenas explícitas de algunos Pontífices. Otros, por el contrario, la defendieron como una forma de ocultar una verdad cuyo conocimiento puede resultar inconveniente. Entre sus partidarios destacaron algunos teólogos jesuitas y aunque actualmente resulta indefendible no faltan quienes siguen asociándola con sus antiguos defensores.
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